Historia económica de la Europa preindustrial

Carlo Cipolla: Fragmento del Cap. 1

 

Imagen. Carolina Crisorio

“El funcionamiento de cualquier sistema económico puede observarse desde dos puntos de vista, el de la demanda y el de la oferta. Los dos aspectos, aunque distintos, están íntimamente ligados entre sí en el sentido que se influyen y determinan precíprocamente… (Se debe tener) presente que se trata de dos aspectos de la misma realidad.”

La población

 

“Desde el punto de vista de la demanda, el primer elemento que hay que tomar en consideración es, evidentemente, la población. Si no hubiera hombres no habría necesidades humanas. Y si no hubiera necesidades humanas, no habría demanda.”

 

“… a nivel nacional, sólo a partir de finales del siglo XVIII se dispone de cifras razonablemente precisas sobre la consistencia y la estructura de la población. Inglaterra efectúa su primer censo nacional en 1801, y lo mismo Francia. Para el período anterior al siglo XVIII, los expertos en historia demográfica han tratado de obviar la carencia de datos realizando estimaciones de los totales de población sobre la base de informaciones tan indirectas como heterogéneas, derivadas de campos tan dispares como la arqueología, la botánica, la toponimia y la naturaleza… Se dispone de cifras relativamente más fiables para ciudades aisladas, pero también están viciadas por amplios márgenes de error, y han de ser tomadas también no como concretas valoraciones estadísticas, sino como meras indicaciones de órdenes de magnitud.”

 

“Si una población no aumenta o aumenta poco, y no existen notables movimientos migratorios, la cosa puede depender de una baja fecundidad o de una elevada mortalidad. En la Europa preindustrial la fecundidad varió según las épocas y según las localidades, por lo que toda generalización ha de tomarse con muchas precauciones. El celibato estuvo siempre bastante difundido, y cuando la gente se casaba tendía a hacerlo a edad relativamente avanzada. Estos hechos en sí tendían a reducir las tasas brutas de natalidad, pero, sin embargo, las tasas que se encuentran siguen siendo muy elevadas. Aunque raramente la fecundidad alcanzaba los máximos biológicos, sin embargo, estaba más cerca de estos máximos que de los niveles de los países desarrollados del siglo XX, donde se practica ampliamente el control de la natalidad. Si en el período 1000-1750 los totales de población europea fueron bajos, ello se debió no tanto a una baja fecundidad como al predominio de una alta mortalidad.”

 

Si se distingue entre mortalidad ordinaria y mortalidad catastrófica, “podemos definir vagamente la mortalidad ordinaria como la mortalidad predominante en años normales, es decir, sin acontecimientos calamitosos como guerras, carestías, epidemias y desastres de este tipo. La mortalidad catastrófica era la mortalidad de los años calamitosos y por regla general superaba con mucho los niveles corrientes de natalidad.”

Necesidades y deseos

 

“Todos los miembros de una sociedad tienen necesidades. La cantidad y calidad de las necesidades varía enormemente en función de numerosas circunstancias. Incluso las necesidades que parecen más inelásticas, como la necesidad fisiológica de alimentarse, varían considerablemente de una persona a otra, según el sexo, la edad, el clima y el tipo de trabajo.”

 

“En general puede decirse que la cantidad y calidad de las necesidades de una sociedad dependen de a) El tamaño de la población; b) La estructura de la población por edades, sexo y ocupación; c) Factores geofísicos y d) Factores socioculturales.”

 

“Las relaciones entre necesidades y condiciones socioculturales son de carácter más sutil. En la Inglaterra preindustrial dominaba la convicción de que las verduras engendraban “humores insalubres y a menudo fiebres pútridas, además de ser causa de melancolía y flatulencia. Consecuencia de estas convicciones era una escasa demanda de frutas y verduras, hasta el punto de que la población vivía en un estado prescorbútico. También la leche era mirada con recelo. Por otra parte, aunque muchos se negaban a tomar leche fresca de vaca, bastantes adultos acomodados pagaban nodrizas para chupar directamente la leche de su seno. El viejo doctor Caius sostenía que su carácter cambiaba según el carácter de la nodriza de la que se alimentaba. Aquí no debe interesarnos si el cambio de humor dependía realmente de la leche o de descargas hormonales. El caso es existía una demanda sostenida de nodrizas, y no sólo para alimentar a los niños de pecho… Durante siglos los católicos consideraron un deber comer pescado en viernes. La religión musulmana veda a sus adeptos el uso del vino, mientras que la religión católica creó en todas las comunidades religiosas una “necesidad” de vino para la celebración de la misa. [...] La teoría galénica de los humores creó durante siglos una difundida “necesidad” de sanguijuelas, hasta el punto de que [...] en 1830 Francia aportaba más de 40 millones de unidades al año. Estos últimos ejemplos sirven para ilustrar la oportunidad de precisar el término “necesidades. El término parece implicar algo objetivamente indispensable, al cual se suma además la demanda de cosas más o menos superfluas. Además la línea de demarcación entre lo necesario y lo superfluo resulta difícilmente definible. …”

 

“Un hombre puede “necesitar” vitaminas, y, en cambio, puede “desear” cigarrillos. Mientras una persona sea libre de pedir lo que desea, lo que cuenta en el mercado no son tanto las “necesidades” reales como los “deseos”. La distinción es importante no sólo desde el punto de vista individual, sino también desde el punto de vista colectivo. Una sociedad puede “necesitar” más hospitales y más escuelas, pero los miembros de esa sociedad pueden desear, en cambio, más partidos de fútbol, más nigth-clubs o más autopistas. También puede haber dictadores que impongan o alimenten “deseos” de poderío militar o de cruzada religiosa. Para el mercado, lo que cuenta no es la “necesidad” objetiva, – que por lo demás nadie es capaz de definir salvo en los niveles mínimos de subsistencia -, sino el “deseo” tal y como es expresado.”

 

“En la práctica, nuestras “necesidades” (deseos) son ilimitadas. Desdichadamente, tanto en cuanto individuos como en cuanto sociedades, disponemos de recursos que son limitados. Por consiguiente, debemos continuamente realizar elecciones. Debemos, dicho de otro modo, dar un orden de prioridad a nuestros deseos y decidir cuáles satisfacer y cuáles sacrificar.”

 

“Las sociedades y los individuos hacen esta elección no sólo sobre la base de consideraciones económicas. También en este caso entran continuamente en juego elementos políticos, religiosos, éticos, sociales y de costumbres, influyendo de forma determinante en la formulación de un orden de prioridades dado. En la historia encontramos sociedades encantadas de erigir templos y pirámides a costa de pasar hambre, y sociedades que prefieren cañones a la mantequilla. No es problema discutir aquí el de si tales decisiones obtuvieron la aprobación de todos los miembros de dichas sociedades o si fueron impuestas por unas minorías autoritarias. Aquí interesa sólo anotar que, por una u otra razón, de un modo u otro, toda sociedad y todo individuo no sólo expresan necesidades- deseos sin que formulan asimismo una escala de prioridad para las propias “necesidades”.

 

Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. 1 a 4. 2006-2009


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