Esclavitud, esclavismo y desarrollo técnico. II

El problema de la libertad. La cuestión del método. La validez de concepto “clase social”. Las razones del marxismo.

Nicolas Kogan.

JarronGriego2-Berlin

Foto Carolina Crisorio

Es preciso para alcanzar un acercamiento profundo al problema de la esclavitud y el esclavismo puntualizar, también, la noción de libertad. Definir y aprehender al esclavo implica tener una noción bien fundada de su contraparte, el sujeto libre. Podemos asumir con Finley que el hombre libre es aquel que goza de derechos en contraposición al hombre esclavo que carece de ellos. Finley nos muestra que los derechos no son entidades fijas si no variables y condicionadas por la historia. Además los derechos están vinculados a cuestiones precisas y no deben ser pensados como conceptos abstractos.

La libertad del ciudadano griego era, fundamentalmente, la libertad de tomar parte en la stasis. La stasis estaba limitada al cuerpo de ciudadanos griegos, a los hombres libres. A diferencia de la concepción moderna (puntualmente la de la sociedad occidental tras la revolución francesa), los hombres no nacían ni libres ni iguales y esto no era una contradicción para el hombre griego. La libertad de unos implicaba la falta de libertad parcial o total para otros. Finley[i] es más provocador aun, sugiere que el termino libertad es un concepto que careció de significado y existencia en la mayor parte de la historia del hombre. Es una idea que tuvo que ser inventada.

Por otra parte es complejo, también, el punto de partida metodológico para la exploración de estas diversas problemáticas. El que se ha encargado de formular y precisar con una rigurosidad importante el problema del método en el análisis de la cuestión que nos ocupa es Zelin. Este autor de clara impronta marxista, subraya que “en toda relación (social) de dependencia que se investigue deben tenerse presentes tres elementos: la naturaleza de la relación establecida entre el que ocupa la posición dominante y el dependiente, b) el grado y la naturaleza de la dependencia que pesa sobre el individuo explotado; c) la situación social, la extensión y la naturaleza del poder del que ha sometido a este y utiliza su trabajo.” [ii]

Ste. Croix[iii] realiza una construcción metodológica que, en cierta forma, se inscribe  dentro de la propuesta elaborada por Zelin. Por ejemplo, en el abordaje de la situación del campesinado griego que nos ocupará en el apartado siguiente, el autor reconociendo que una parte importante de los campesinos pasaba a integrar la clase de los propietarios[iv] encara la siguiente descripción: El campesinado griego antiguo se definiría por estar principalmente conformado por labradores que poseen, sean o no sean de su propiedad, los medios de producción agrícola que los mantienen; no ser esclavos y, por consiguiente, no ser propiedad de otro; ocupar la tierra en condiciones variadas (arrendatarios, propietarios francos o colonos por voluntad); trabajar las tierras como unidades familiares, ocasionalmente haciendo uso limitado de esclavos o trabajadores asalariados; encontrarse asociados a unidades mayores que la familia, habitualmente, las aldeas; sostener a las clases superpuestas que los explotan en mayor o menor grado. Para este autor debe entenderse, entonces, al campesinado como una clase social compleja que puede ocupar una posición de propietaria en determinada formación social algo que se definiría a partir de la propiedad y/o posesión de los medios de producción, el tipo de ocupación de la tierra

Por supuesto que se abre, de este modo, un problema muy importante en la reflexión metodológica: el de la aplicabilidad del concepto de clase. Si nos trasladamos de los campesinos libres a los que estaban esclavizados el parteaguas tiene una magnitud importante. La cuestión está estrechamente vinculada con la caracterización de la sociedad y el período de la antigüedad que se analice pero fundamentalmente con la conceptualización que se realice sobre la categoría de esclavo. En síntesis, el problema tiene una entidad sumamente relevante.

Según Vidal Naquet[v] una clase social se define a partir de un grupo de hombres que ocupan un lugar bien definido en la escala social y en las relaciones de producción y que tiene conciencia sobre intereses comunes a partir de un lenguaje común y una acción común. Según el autor ni si quiera en los episodios más dramáticos de la antigüedad los esclavos asumieron una conciencia de intereses comunes. Todos reivindicaban la libertad pero las demandas no trascendían ese valor y no hubo aspiraciones políticas. Por otro lado, el esclavo posibilitaba el “juego social” pero no por asegurar la totalidad del trabajo material si no porque debido a su carácter de anticiudadano  (extranjero absoluto) permitía la conformación de la categoría de ciudadano. Se desprende de lo anterior que si bien la esclavitud no implicaba unidad de conciencia sí podía generarla en el conjunto de los libres.

Siguiendo a Meillasoux[vi] los esclavos sí fueron una clase social no por la relación particular que tenían con sus amos (en el proceso productivo o cualquier otro que se elija) porque eso nos remite a una perspectiva de tipo individual. El concepto de clase es adecuado en la medida en que los esclavos formaban un grupo dentro de la sociedad bien constituido por la existencia de determinadas instituciones que organizaban a las personas como esclavas. El autor señala, principalmente, a la razia y el mercado de esclavos (que actuaban de forma articulada). Es decir, la búsqueda y la apropiación de esclavos y el tráfico comercial.

El antropólogo francés ha cuestionado con gran claridad la visión basada en el derecho según la cual el esclavo es meramente un objeto de propiedad enajenable y sometido a su propietario. La asimilación del ser humano al objeto, asevera, es una ficción ideológica. En la práctica los esclavos no eran utilizados como instrumentos. Se recurría a su razón aunque sea mínimamente y su productividad se acrecentaba en proporción al recurso a su inteligencia. Dentro del marco jurídico ideológico en que ha sido encerrada  la relación de esclavitud según este autor, se hace referencia estrictamente al vínculo individual entre el amo y el esclavo. De este modo, la definición jurídica disimula las relaciones sociales orgánicas. Se enmascara y neutraliza la relación de clase. Desde la visión jurídica, el esclavo, por ejemplo, puede ser considerado igual que un niño libre en la medida en que ambos carecen de responsabilidades y derechos legales. La limitación del enfoque aquí se podría apreciar claramente.

Tal como ha mostrado Richard Saller[vii], a partir de un análisis de la familia nuclear romana, existen dos modelos interpretativos divergentes que polemizan en torno a la imagen sobre la jerarquía de ambos sujetos (niños y esclavos) en la sociedad romana (particularmente en la casa familiar). El primer modelo sería el que equipara al niño y al esclavo sugiriendo que ambos ocupaban un status similar. El segundo, dice el autor, haciendo gala de un gran sentido común remarca las diferencias que existían en el trato en los vínculos entre el amo con el esclavo y el mismo amo pero en calidad de padre con sus hijos. Para legitimar esta postura Saller  sugiere que es necesario remitirse a las prácticas, a los rituales y a los símbolos.

De ese modo concluye que en la sociedad romana había individuos que tenían honor y estaban aquellos que no lo tenían. Desde el seno mismo de su infancia los individuos reconocían esta distinción a través de los usos lingüísticos, el comportamiento simbólico y la ideología social. No reconocer esta diferenciación y jerarquización de la sociedad es minimizar la degradación física y moral de la que eran víctimas los esclavos. El nivel de deshumanización era tan profundo que es preciso atender a esta cuestión antes de equiparar a los niños libres de los esclavos en el análisis histórico.

Retomando el esquema explicativo de Meillasoux, otra de las debilidades de los enfoques jurídicos es que al tomar la normativa como refeerencia asumen que el esclavo es aquello que la ley define, una mercancía pasible de ser comprada y vendida. Desde esa perspectiva la enajenabilidad seria otro atributo inherente y distintivo del esclavo. En este punto también es insuficiente la explicación. La enajenabilidad es significativa sólo dentro del contexto de las instituciones que permiten su realización: la guerra de captura y el mercado de esclavos que eran los mecanismos y las operaciones que permitían que una clase de individuos se hallara privada de personalidad social, transformada en ganado y vendida como mercancía para ser explotada.  La enajenación no es el atributo original y distintivo sino el efecto y la afirmación de las operaciones de despersonalización que sufre el esclavo por medio de la captura inicial. “La despersonalización y la alienación natal son los caracteres esenciales de esta relación social. El esclavo, sea cual fuere su condición, puede tener una compañera pero no esposa, una progenie pero no descendencia, un abuelo pero no antepasados. Las relaciones contraídas con sus congéneres, aun cuando tengan las apariencias del parentesco, están todas mediadas por el amo que sigue siendo, en el polo de sus relaciones sociales, el único vector que lo vincula a su propia “familia” y a los demás esclavos”.

Por todas estas razones, desde esta perspectiva, el esclavo sí debe ser considerado una clase social. No hay que perder de vista que el estudio de Meillasoux está fundado en investigaciones sobre sociedades africanas modernas a partir de las cuales construye su interpretación teórica pero el propio autor sugiere la posible validez de sus interpretaciones para el contexto de la antigüedad. Puede observarse que a pesar de las críticas a las explicaciones de corte más materialista que observan en el esclavo solamente una mercancía que es explotada como fuerza de trabajo, Meillasoux es tributario de los aporte teóricos del marxismo en la medida que reivindica el concepto de clase social.

El marxismo ha tenido una larga tradición en la investigación de las sociedades precapìtalistas. Si bien el objetivo central de esta corriente teórica desde la voluntad máxima de su inspirador ha sido la investigación del funcionamiento de la sociedad capitalista, el conocimiento de su naturaleza más profunda obliga a indagar en las etapas previas para reflexionar sobre su origen antes que sobre su desarrollo. El propio Marx[viii] afirma que uno de los requisitos previos del trabajo asalariado y una de las condiciones históricas del capital es el trabajo libre y el cambio de trabajo libre por dinero a fin de reproducir dinero y convertirlo en valores que puedan ser consumidos por dinero. Otro de los requisitos previos es la separación del trabajo libre respecto de las condiciones objetivas de su realización, de los medios y el material de trabajo. Estos elementos pasan a ser propiedad del capital. Por estas razones se convierte en imprescindible el estudio de las formaciones sociales del pasado.

Los modos de producción en los que se ha desarrollado una explotación del trabajo de forma coactiva en los que los individuos estaban sujetados a diversas formas de dominación directa y en los que estaba ausente la noción de igualdad jurídica son, para el marxismo, etapas anteriores que necesariamente debieron ser superadas para arribar al desarrollo pleno del modo capitalista. En las sociedades en las que se instala el dominio del capital debe estar presente el requisito de la libertad jurídica para la inversión y para la explotación del trabajo asalariado.

Uno de los investigadores marxistas que ha encarado con mayor compromiso la reflexión socio-histórica sobre la antigüedad como uno de los períodos precapitalistas esenciales es Perry Anderson[ix]. Para este autor, la esclavitud se desarrolló antes de la antigüedad clásica grecorromana en formas diferentes. Durante toda la antigüedad en el oriente próximo y en toda Asia existieron relaciones esclavistas pero siempre había sido una condición jurídicamente impura que con frecuencia tomaba la forma de servidumbre por deudas o de trabajo forzado entre otros tipos mixtos de servidumbre. La esclavitud nunca fue el tipo predominante de extracción de excedente sino un fenómeno residual que existía al margen de la principal mano de obra rural. Los imperios sumerio, babilonio, asirio y egipcio, por ejemplo, no habían sido economías esclavistas. Fue la sociedad ateniense, para Anderson, la primera en la historia en desarrollar un modo de producción esclavista en la que las relaciones entre amos y esclavos predominaban sobre las demás formas de explotación del trabajo.

Podemos concluir que Anderson integra la corriente que desarrolla una noción materialista o jurídica de la esclavitud en la medida que los esclavos son considerados en su explicación como una mercancía eminentemente móvil. El autor afirma que en un mundo en que los obstáculos en el transporte tenían una importancia capital para la estructura de toda la economía el atributo de la movilidad que portaban los esclavos los convertía en un bien muy preciado para sus propietarios.

Retomando la polémica sobre las concepciones esa afirmación puede ser discutida. Desde la óptica de un autor como Patterson[x] muy cercano a los planteos ya desarrollados de Meillasoux lo verdaderamente esencial de la esclavitud no sería su carácter de mercancía móvil propiedad de un amo que puede adquirir y enajenar en el mercado. Este autor nos recuerda que los propietarios tenían poder sobre muchas personas que no eran esclavos. Es decir el hecho de ser propiedad de sus amos no define la especificidad de la relación. Tampoco es suficiente afirmar que los esclavos son sujetos sometidos a compra-venta en el mercado. No define esto la esencia de la relación esclavista. El punto central que define la especificidad del esclavismo es que el amo tenía un poder total sobre el esclavo mientras que con el resto de las personas el poder del propietario era relativo. El poder se ejercía a través de procesos simbólicos.

Patteron reafirma que la esclavización implicaba la alienación natal e, incorpora el autor, el concepto de “muerte social” del individuo. La esclavización, de acuerdo a esta perspectiva se produciría en dos fases: la primera está constituida por la negación social y la segunda por la introducción del esclavo en la comunidad del amo pero como alguien que no es. Existían, también, dos modos de incorporación del esclavo a la comunidad y de generación del proceso de muerte social. El modo intrusivo cuando el esclavo era incorporado por conquistas. En este caso se lo asimilaba al enemigo motivo por el cual el esclavo era un intruso en el espacio sagrado. Por otra parte, el modo extrusivo que se basaba en la esclavización de aquellos que desde el interior de la comunidad eran esclavizados debido a la violación de ciertas normas de comportamiento.

La riqueza de estas discusiones y estos desarrollos teóricos es amplia y promete extenderse a través de sucesivas investigaciones. A partir de aquí posaremos nuestra atención en los procesos históricos concretos de la antigüedad para echar luz sobre el terreno documental a partir del cual han confrontado los distintos abordajes.

La esclavitud en Atenas. Debate sobre la caracterización de la sociedad. Extensión de la esclavitud. Funciones de los esclavos.

Según Anderson, como afirmábamos antes, las ciudades estado griegas fueron las primeras en hacer de la esclavitud algo absoluto en una forma y dominante en su extensión transformándola de puro instrumento secundario en un sistemático modo de producción. Discutiremos esta idea en el apartado siguiente pero adelantemos que al autor británico no se le escapaba el hecho de que Atenas (ciudad priorizada en el análisis dentro del mundo griego) contaba con una importantísima presencia de aldeanos libres que participaban de la producción. El dilema que dicha observación origina para alguien que pretende definir la existencia de un modo de producción esclavista, era resuelto del siguiente modo: “cada formación social concreta es siempre una específica combinación de diferentes modos de producción  y las de la antigüedad no fueron la excepción. El modo de producción dominante en la Grecia clásica que rigió la articulación compleja de cada economía local e imprimió su sello a toda la civilización de la ciudad estado fue el de la esclavitud”. Por otra parte, el recurso al argumento cuantitativo le permitía a Anderson cerrar su hipótesis. Las estimaciones más dignas de crédito varían enormemente pero una reciente valoración es que la proporción de esclavos/ciudadanos libres en la Atenas de Pericles era aproximadamente de 3:2.

No sólo la cuestión de la cantidad es enfatizada por Anderson. El autor también remarca que en la Grecia clásica los esclavos fueron utilizados por primera vez en la artesanía, la industria y la agricultura en una escala superior a la doméstica. Por otra parte, la naturaleza de la esclavitud se hizo absoluta ya que pasó de ser una forma relativa de servidumbre entre muchas otras a ser una condición extrema de pérdida completa de libertad que se yuxtapuso a una libertad nueva y sin trabas. La libertad y la esclavitud atenienses pasaron a ser indivisibles: cada una de ellas fue la condición estructural de la otra en un sistema diádico.

Por supuesto que la emergencia de la democracia y la participación activa de los ciudadanos en la pólis son factores que necesariamente nos remiten al problema de la libertad pero el debat está abierto en la medida en que han aparecido importantes estudios que dan cuenta de los alcances más profundos que tiene la existencia de sujetos libres en la comunidad y que, de cierta manera, alumbran condiciones que ponen en jaque la noción de una estructura diádica que propone Anderson. La singularidad de la pólis ateniense no reside en el contrapunto entre libres y esclavos. En Atenas hubo una comunidad de labradores libres e independientes que realizaban el grueso de la producción y que fueron sujetos activos en la vida democrática ateniense convirtiéndose en la contraparte de una aristocracia  poderosa que no concedía fácilmente privilegios. Se abre la discusión sobre la caracterización de la sociedad ateniense como una sociedad esclavista porque los polos opuestos de la sociedad no serían tanto los amos y los esclavos sino la aristocracia y el campesinado independiente.

Siguiendo a un autor central en la caracterización y conceptualización sobre el campesinado como sujeto social, Shanin, tomado por Meiksins Wood[xi] en su trabajo ya citado, hay que remarcar que en el marco de la comunidad aldeana el campesino llega a un nivel cercano a la autosuficiencia social. La apropiación y división de la tierra, el matrimonio, las necesidades sociales y religiosas generalmente son atendidas al nivel de la aldea. Ahora bien los pequeños productores, reconoce Shanin, se organizan a partir de innumerables segmentos aldeanos dominados y explotados por jerarquías políticas externas.

La autora sostiene que existe una diferencia crucial entre la aldea campesina modelizada por Shanin y la que realmente existió en la región ática. Precisamente es en relación al último de los puntos señalados donde la autora encuentra la distinción fundamental. En la pólis democrática de Atenas se agotaba la relación dicotómica y jerárquica entre estado y aldea. La comunidad aldeana fue una unidad constituyente básica de la polis. En consecuencia la imagen de la comuna dominada y explotada por jerarquías políticas externas que describe Shanin no se corresponde con la experiencia histórica ateniense.

En sus relaciones con los campesinos libres, el terrateniente ateniense no tenía una dominación sobre sus conciudadanos basada en la posesión exclusiva del estado y su sistema tributario ni en una privilegiada condición jurídica si no en la posesión de más y mejores propiedades. La sociedad ateniense estaba organizada a partir de una producción agrícola dominada por los pequeños poseedores cuya disponibilidad para el servicio personal de los ricos y el servicio público al estado estaba limitada salvo como ciudadanos y soldados.

Por otra parte se trataba de una sociedad en la que la independencia y la autosuficiencia eran valores muy arraigados. Estos elementos son muy importantes para pensar cuál era el lugar que podía estar reservado para la esclavitud. Los esclavos, afirma la autora, fueron reservados para el servicio doméstico, las ocupaciones más degradadas y serviles como la minería y las posiciones administrativas. El trabajo esclavo se insertó en los intersticios del régimen campesino pero no constituyó la base material agraria de la sociedad.

Si retomamos la visión de Gallego sobre el período arcaico, la concepción de la conformación de la polis está basada en una configuración agraria a partir del  desarrollo de las comunas aldeanas, la ciudad se estructuraría como una sociedad campesina. Se admite, por supuesto la existencia de importantes diferencias sociales en su interior pero el soporte de la polis y el desarrollo de la democracia, desde esta perspectiva, estuvieron basados en el campesinado. La abolición de las deudas (seisákhtheia) o remoción de las cargas efectuada por Solón[xii] terminaría con la stasis entre campesinos empobrecidos sometidos a servidumbre y la aristocracia terrateniente y el lugar que quedaría vacante para la esclavitud, desde esta perspectiva, estaría dado por aquellas funciones que le asignarían los distintos ciudadanos que emergieron de estas reformas pero con seguridad el esclavismo no sería el motor central del sostenimiento material de la polis.

Cabe aclarar en relación a la situación de los ciudadanos libres de Atenas (aunque  se escape de los intereses centrales de este trabajo) que la reconstrucción hecha por Gallego no implica la emergencia de una sociedad absolutamente igualitaria, la centralidad asignada al conjunto de los labradores independientes a partir de las posibilidades concretas de controlar resortes activos del poder en la polis no impide que se observe, también, la persistencia de fuertes instancias de dominación que conservaba la aristocracia ateniense a través de diversas modalidades de prácticas clientelísticas o de patronato.

Podemos apreciar con lo brevemente expuesto hasta aquí que existe un debate importante en relación a la caracterización de Atenas. A partir del mismo cuerpo documental los autores han arribado a conclusiones diversas sobre el trabajo agrícola. La postura de Jameson que veremos más adelante enfatiza el uso de esclavos en agricultura estaba  difundido en al Ática y Ste Croix, desde una perspectiva marxista, también. De otra parte Meiksins Wood y autores como Gallego cuyas ideas profundizaremos en un apartado posterior, expresarían el punto de vista opuesto según el cual debe relativizarse la importancia del trabajo esclavo en la producción agraria de la Grecia clásica[xiii].

Finley[xiv] afirma que los esclavos en Atenas, a pesar de las discusiones, constituían un sector crucial de la mano de obra. Inclusive, sostiene que había más atenienses que sudistas norteamericanos que poseyeran esclavos aunque por supuesto dentro de una estructura muy distinta que no contaba ni con plantaciones ni con latifundios a la manera de los Estados Unidos o de su más coetánea Roma. El autor distingue cuatro grandes atributos característicos de la esclavitud ateniense:

a-      Los esclavos estaban presentes en todas las actividades existentes con excepción de las políticas y las militares aunque sí en la policía y la administración (funciones cercanas a las mencionadas).

b-      Los esclavos eran extranjeros en sentido doble por no ser atenienses y por no ser griegos aunque la ley autorizaba la esclavización de un griego no ateniense jamás permitió la esclavización de un sujeto nacido en Atenas.

c-      Los propietarios tenían el derecho casi sin restricciones de liberar a sus esclavos.

d-     La diferencia entre los libres y los no libres no era meramente política (por supuesto que el esclavo no podía ejercer cargos políticos), el no ciudadano no podía poseer bienes inmobiliarios, ni casarse con una ciudadana. Los hijos de un no ciudadano eran bastardos y estaban, también, excluidos del cuerpo de ciudadanos.

Para este autor, los elementos que obligan a ser cautelosos respecto a la esclavitud en Grecia no residen tanto en el peso relativo del número de esclavos y su participación real en la producción en comparación con otros sectores sino en la propia diacronía de la historia griega. La denominada Grecia antigua abarca una prolongada porción de tiempo histórico que presenta sus propias variaciones y que impiden (a pesar de que muchas veces se hace) considerarla como una unidad homogénea en sus valoraciones, estructuras, comportamientos, etc. El término doulos habitualmente traducido como esclavo tuvo diversas acepciones en los distintos períodos de la Grecia antigua Al mismo tiempo para designar a un esclavo podemos encontrar una terminología muy heterogénea. Finley lo remarca con gran lucidez: “la lista de las palabras que significan esclavo incluye una docena de raíces diferentes”.[xv] Es una verdad bastante expandida, que ya la observamos con Anderson: la presencia de esclavos no implica la existencia de una sociedad esclavista. Para Finley como para el resto de los autores que avalan la visión de una Atenas esclavista, el tránsito de una situación a la otra se habría producido en el siglo VI a.n.e. cuando se redactaron las reformas solonianas que originaron la condición necesaria de la demanda de una mano de obra insatisfecha por los recursos de fuerza de trabajo que estaban a disposición[xvi] cuestión que ya desarrollamos en el apartado inicial.

Según Jameson, la posesión de esclavos estaba bastante extendida y no era antieconómica (la idea de la esclavitud como una institución económicamente irracional ha sido sugerida desde variadas ópicas y loo desarrollaremos en el apéndice). En la época clásica habría existido esclavitud al mismo tiempo que se alcanzaban altos grados o niveles de libertad individual. Para este autor el hecho central a ser estudiado es la función que cumplía la esclavitud en una sociedad dada antes que estimar la cantidad de esclavos que había y su relación proporcional con los hombres libres. De todas maneras, en relación al número Jameson no tiene dudas, adhiere a la propuesta de Ste. Ccroix: un ateniense debía ser muy pobre para no tener un esclavo. Si bien no podemos establecer con exactitud cuan bajo había que descender en la escala social para no poseer un esclavo lo cierto es que en la mayoría de los hogares atenienses había uno o más esclavos.

Aquéllos que afirman que hubo un gran número de esclavos en la ciudad y que tuvieron gran importancia en la economía urbana suelen relacionar la esclavitud con el hecho de que Atenas era un centro comercial e industrial. Esto es claro para Jameson en dos de los casos más conocidos de esclavo:

Slaves with no particular skills (sin una habilidad específica) usados en largos grupos en minas de plata.

Skilled or experiences slaves (esclavos experimentados) que trabajaban junto a sus amos en los centros minoristas, algunos podían llegar a recibir un salario y, eventualmente, comprar su libertad.

Los esclavos domésticos son un problema aparte, han sido descriptos como consumidores antes que como productores. Pertenecían a los ciudadanos o a los metecos y, en virtud del gran número de ciudadanos y metecos que había podemos presumir que el número de esclavos domésticos fue bastante grande. El término más común para definirlos era el de oiketés que es un vocablo que no se limita a las funciones domésticas pero no había un solo término para definir a los esclavos domésticos (therapón, diakonos, akolouthos) motivo por el cual uno podría dudar sobre si los denominados esclavos domésticos solamente realizaban servicios personales ya que la variedad en la terminología tiene que corresponderse con alguna variedad en la realidad definida. Robin Osborne[xvii]agrega que el trabajo doméstico libre era muy poco importante en comparación con el trabajo esclavo doméstico. La evidencia literaria demuestra que existe una gran variedad de términos para describir al personal esclavo (therapon, therapaina y oiketes) pero ningún término para referirse a una persona libre.

Ahora bien, como señala Jameson, en la medida en que la Grecia clásica fue una sociedad basada en la agricultura resulta, tal vez, más importante que observar la situación en las minas, los comercios y los hogares, analizar lo que sucedía en la labranza. La importancia que se le asigne al papel de los esclavos n este sector reabre con fuerza el debate sobre el carácter de la sociedad ateniense. Ya señalamos que el ciudadano ateniense tenía como ideal la autosuficiencia. Este concepto abstracto podemos traducirlo en cuestiones bien concretas: tener propiedad de tierras, sostener a su familia, obtener la dote por la entrega de sus hijas, ligar a sus hijos a la propiedad de la tierra y tener la libertad que le permitiera comprometerse con sus funciones sociales: rituales, políticas y militares[xviii]. También planteamos, con Meiksins Wood que ese ideal es el que habrái acotado el lugar del esclavo en al producción. Según Jameson, en la práctica, la mayoría de los atenienses podían aproximarse a este ideal salvo durante la etapa disruptiva originada por la guerra del Peloponeso. En esa época, los más pobres tuvieron que dedicar más tiempo a sus tierras con sus familias y tuvieron menos libertad para sus funciones sociales y los más ricos encontraron a otros que hicieran el trabajo rural.

No obstante, al menos en las condiciones de la época clásica, habría sido esencial la adición de ayuda esclava a los productores. El autor discute con quienes sostienen que los esclavos eran insignificantes en la agricultura ateniense y que era ineficiente el uso de esclavos en el cultivo de cereales. Sostiene que, por el contrario, en las condiciones de la época clásica la adición de trabajo esclavo era esencial para todos los productores excepto para los más ricos y los más pobres. De esta forma se ampliaba la capacidad productiva de una familia y un productor podía convertirse en un ciudadano pleno.

Por su parte Robin Osborne[xix] reconoce que el área o sector de la economía en el que más se debate sobre la extensión del trabajo esclavo es en la agricultura y para zanjar la discusión sugiere una interesante hipótesis. Parte de la base de que la evidencia literaria es absolutamente insuficiente para sacar conclusiones en este punto y que se impone la búsqueda de fuentes alternativas. El autor toma como referencia las dimensiones de la superficie cultivable de la región ática y propone que entre un cuarto y un tercio de la tierra agrícola estaba en manos de las 2000 familias más ricas o a lo sumo 3000 ciudadanos.

Esto significa que 15000 ha de campos de cereales se cultivaban cada año mientras que 35000 ha eran cultivadas por los restantes 25000 ciudadanos .Por otra parte señala la existencia de dos grandes momentos de crisis laboral en el año en la faena agrícola (“poughing and sowing y harvesting”). La demanda de trabajo es muy alta en estas instancias. Aun así, los estudios realizados sobre la cantidad de trabajo necesario para las actividades realizadas en función de la superficie cultivada sugerirían que no se precisaban más que algunos trabajadores esclavos y que el resto de la faena podía realizarse con el aporte de los miembros de la familia  campesina. El contrapunto con Jameson es evidente.

Se puede observar, como conclusión, que la visión de Anderson[xx] según la cual “los esclavos aseguraban el servicio doméstico, el trabajo del campo y el trabajo artesano”, está hoy bastante discutida. Las investigaciones fueron mostrando lo relativo de sus planteos. Por supuesto que al cuestionarse la opinión sobre e lugar de los esclavos se pone en jaque la afirmación subsidiaria  (“la polis clásica estaba basada en el nuevo descubrimiento conceptual de la libertad posibilitado por la institución sistemática de la esclavitud: frente a los trabajadores esclavos, el ciudadano libre aparecía ahora en todo su esplendor”). No está claro que la democracia ateniense haya estado montada sobre la institución de la esclavitud.

La esclavitud en Roma. Las razones del recurso de la mano de obra esclava. El debate sobre la caracterización de la sociedad. Las variantes en los tipos de fuerza de trabajo empleadas.

El caso romano es más relevante y significativo en cuanto al papel del esclavismo en la estructura económica y social. La visión de Hopkins[xxi] emblemática de la caracterización de Roma como una sociedad esclavista se basaba en la comprensión de la transformación “de una economía de subsistencia que producía sólo un pequeño excedente en una economía de mercado que producía y consumía un gran excedente”. Según el autor este proceso tuvo lugar a partir del incremento de la productividad del trabajo agrícola en los grandes establecimientos. Para eso fueron expulsados los pequeños colonos de sus parcelas que los más ricos reorganizarían transformándolas en unidades agrícolas más grandes y más rentables incrementando el retorno de sus inversiones en tierra y en esclavos.

Si aceptamos la periodización tradicional de la historia romana en las grandes etapas de la monarquía, la república, el principado y la era imperial con su respectiva subperiodización en el alto y e bajo imperio hay que decir, con Hopkins, que fue en el período de expansión imperial cuando se produjo el crecimiento masivo de la esclavitud. En esta etapa fueron siete los aspectos importantes que tuvieron incidencia en el crecimiento de la esclavitud: la guerra continua, la afluencia de botín, su inversión en tierras, la formación de vastas propiedades agrícolas, el empobrecimiento de los campesinos, la emigración de los campesinos a las ciudades y a las provincias, el crecimiento de los mercados urbanos[xxii]. Todos estos elementos se retroalimentaban generando un sistema muy bien articulado. El esquema cerrado que plantea el autor sostiene que la explotación de esclavos permitió a la elite romana expandir su riqueza en un nivel consonante con el control político que ejercía en la cuenca del Mediterráneo sin necesidad de tener que explotar abiertamente a la masa de ciudadanos libres salvo en su papel de soldados.

Las razones por las cuales los ricos romanos optaron por el trabajo esclavo reside, según el autor, en factores de orden económico y de conveniencia estratégica: los esclavos estaban exentos del riesgo de ser llamados al servicio militar por varios años, estaban a total disposición de sus amos y se les podía forzar a trabajar muchas horas por día. La esclavitud permitía a los amos vender la tierra con una adecuada cantidad de mano de obra anexa. Por otra parte, los esclavos podían ser organizados en cuadrillas permanentes de trabajo equivalentes a varias familias. Los esclavos fueron el combustible de una revolución agraria, un medio de organización del trabajo en una economía sin mercado de trabajo.  La conceptualización teórica en este esquema explicativo es bastante simple. Se trata de una sociedad esclavista porque los esclavos desempeñan un papel importante en la producción y constituyen una gran proporción de la población.

Puede argumentarse que Hopkins realiza un análisis cargado de anacronismos economicistas. Sostiene, por ejemplo, que el elevado costo del capital de los esclavos llevó a la creación de unidades lo suficientemente grandes como para darles trabajo durante todo el año. Los fundos grandes, especialmente los que se dedicaban  predominantemente a la ganadería, el olivo y la viticultura, podían ser explotados con una economía de gran escala. Los propietarios podían pagar elevados precios por los esclavos debido a la elevada productividad a que se les podía forzar[xxiii]. Abundan en el desarrollo de su trabajo la introducción de términos conceptuales diseñados para el análisis de las economías modernas de mercado.

Finley[xxiv] discrepa con esta visión a partir de la observación de otras debilidades más vinculadas al poder explicativo de los procesos concretos de la historia romana que a las cuestiones estrictamente metodológicas en el empleo de las categorías de análisis. La opción por la esclavitud no vino dada, para este autor, por la tremenda expansión de las conquistas sino por un haz de condiciones que incluyen a una demanda de esclavos que es previa al proceso expansivo de Roma. Las conquistas explican el carácter específico que asumió la esclavitud en Roma pero no la aparición de la misma. Las condiciones habrían sido la existencia de un mundo dominantemente agrícola con gran concentración de la propiedad, la presencia de una fuerte actividad mercantil y, por último, la falta de mano de obra interna que obligó a los patronos a pensar en el exterior para el suministro[xxv]. El contrapunto más importante es que aquí se observa una demanda de mano de obra anterior al arribo de los contingentes de esclavos.

Sin embargo también en la experiencia romana se ha abierto el debate y la polémica sobre su caracterización en torno al problema de la esclavitud. En otras palabras a pesar de la presencia incuestionable de una enorme cantidad de esclavos en la producción, hay autores que revisan la pertinencia del concepto de régimen esclavista para entender la historia de la sociedad que extendió su dominio sobre toda la cuenca del Mediterráneo. Carlos García Macgaw[xxvi], acepta la existencia del funcionamiento de la denominada villa esclavista, inclusive, a partir de la imagen tradicional que se rescató de las fuentes de los agrónomos latinos[xxvii] (unidad central en el proceso productivo romano entre los siglos II a C a II d C. que contaba con una pars rústica ligada al ámbito del trabajo en la cual la villa produce y una pars urbana ligada a los aposentos del dominus y su familia directa con sus esclavos domésticos) pero destaca que en las mismas habría una producción heterogénea y diversificada tanto en su producto como en los tipos de fuerza de trabajo utilizados.

A través de las cartas de Plinio, se aprecia la existencia de una doble estructura productiva. Una parte de la tierra organizada sobre la explotación del trabajo directo controlado por el amo a través de un contramaestre esclavo y una parte (coexistiendo) organizada en función del trabajo libre. El trabajo libre y el trabajo esclavo se articulaban de diversas maneras. Plinio no precisa en sus epístolas, cuánto de lo que produce en sus fincas proviene del trabajo esclavo, cuanto de lo que cosecha proviene del trabajo de los colonos y cuánto proviene, inclusive, de lo que los colonos producen explotando a esclavos. Lo importante es que hay una fuente escrita muy contundente que en pleno período imperial hace alusión a la convivencia de trabajo esclavo y trabajo libre. El esquema es más complejo que lo que proponían los autores más emblemáticos. De todas maneras un autor como Finley, miembro central de los historiadores renombrados que han argumentado a favor de la imagen de una sociedad esclavista, nunca negó que hayan coexistido el trabajo libre y el trabajo esclavo[xxviii].

Tal vez el aspecto más profundo que haya que tener en cuenta es que el propio “modelo” de la plantación esclavista se organizó en la comunidad de historiadores a partir de la imagen que ofrecía el sistema de plantación americana del Caribe, Brasil y el sur de los Estados Unidos (sociedades con presencia fuerte de esclavos que fueron mencionadas ya en un apartado anterior). Es decir, el carácter de la sociedad del siglo XIX (su organización económica, su estructura jurídica, etc.) fueron factores que de algún modo estuvieron presentes cuando los historiadores intentaron hacer la reconstrucción del pasado romano desde diversas corrientes historiográficas y marcos teóricos[xxix].

Más allá de la polémica sobre la caracterización del régimen económico, sí existe un consenso importante en la aceptación de la presencia de variantes de fuerza de trabajo dependiente en etapas previas al período imperial y de la república tardía tal como observamos en la historia griega. Aquí hay que señalar la presencia de los nexi, siervos por deudas que conservaban su condición de ciudadanos romanos y seguían viviendo en Roma. La diferencia con los esclavos también residía en que no eran vendidos en tierras extrañas al otro lado del Tíber. La esclavización de un ciudadano romano, si se producía, tenía que ser realizada fuera del territorio romano (trans Tiberium peregre: en tierras extrañas al otro lado del Tíber).

La relación de dependencia más generalizada en la tradición romana más antigua, épocas de la monarquía y la república, era el patrocinio (forma que estuvo presente en otras formaciones sociales de la antigüedad). Era una relación basada en la desigualdad de riqueza y estatus entre individuos. Se trataba de un vínculo de carácter instrumental y hereditario que consistía en el mutuo intercambio de favores, beneficios y servicios. Los patronos eran poderosos, concedían protección. Los clientes correspondían con deferencia, respeto, lealtad, apoyo y sobre todo, servicios y regalos a sus patrones. Esta institución fue central en el proceso productivo. Se acepta que en el período arcaico fue la relación social primordial.

De cualquier manera lo que no puede negarse es que la esclavitud en Roma adquirió una generalización más que importante a tal punto que su desarrollo y evolución permitió la complejización y la diversificación. Existió una altísima heterogeneidad en la condición esclava que permite hablar también de una jerarquización interna muy grande. Había esclavos en las minas, esclavos funcionarios del imperio, cuerdas de presos esclavos, supervisores y administradores (villicus), esclavos urbanos que emprendieron negocios y establecimientos manufactureros gracias al peculium (práctica que autorizaba a los esclavos a realizar actividades comerciales enriqueciendo a sus amos a través de la misma).

Palabras finales

El análisis del funcionamiento económico en la antigüedad es un escenario muy proclive para la polémica académica. Como señala Annequin[xxx], la antigüedad greco-romana aparece casi como un laboratorio histórico útil para la reflexión sobre el funcionamiento de la producción, la circulación, la esclavitud, la dominancia de la economía rural, la relación entre la ciudad y el campo. Se trata de una de las experiencias histórico-sociales más antiguas en las que los teóricos pueden analizar estos fenómenos.

Más allá de la discutible pertinencia del enfoque marxista que sustenta la existencia de un modo de producción esclavista para el análisis de la antigüedad greco-romana, una conclusión que sí conserva validez explicativa es que en las sociedades precapitalistas una parte muy importante de la fuerza de trabajo necesaria para la producción debía obtenerse mediante mecanismos extra-económicos.

El esclavo es la manifestación más radical delas formas de trabajo obtenidas por ese tipo de mecanismos. Su incorporación al proceso productivo fue revolucionaria porque profundizaba la alienación del trabajador de sus medios de producción y del producto de su trabajo (condición que ya estaba presente en otras formas de trabajo dependiente) pero incorporaba, además, el ingreso del trabajo como parte del proceso de circulación de mercancías. También fue dramáticamente novedosa por los niveles de deshumanización (“alienación natal” y “muerte social”) a los que fueron sometidos muchísimos seres humanos.

En este trabajo hemos intentado mostrar la actualidad de nutridos y enriquecedores debates y discusiones sobre distintos aspectos que se vinculan con el problema de la esclavitud y el esclavismo tanto desde una dimensión estrictamente teórica como en su manifestación singular y concreta en el seno de determinadas sociedades.

La historia de Atenas, en particular, resultó un terreno fértil para explorar la validez de ciertas categorías de análisis (el concepto de clase y régimen o modo de producción esclavista) así como para repreguntarse importantes problemas teóricos (el surgimiento de las primeras formaciones estatales y la relación entre la organización política y el entramado económico y social).

Espero haber reflejado el panorama de las discusiones existentes en el seno de la comunidad de investigadores en torno a estas problemáticas. Acompaña la conclusión un breve apéndice sobre una temática sumamente estimulante para el análisis y que es subsidiaria (aunque con un grado de autonomía importante) de las cuestiones abordadas hasta aquí.


[i] FINLEY, M. (1984: 108-109, 131))

 

[ii] Ibid.

[iii] STE. CROIX de G. E. M. (1981:249-250)

[iv]El autor es uno de los referentes centrales de las posturas que avalan la existencia de un modo esclavista de producción. Sin embargo la caracterización que hace del campesinado griego y la clasificación propuesta puede resultar complementaria de las visiones que han matizado para el caso griego la postura tradicional de una sociedad esclavista dividida en amos propietarios y esclavos campesinos. Ibidem pp.

[v] Id. (1977: 189)

[vi] MEILLASOUX, C. (1990)

[vii] SALLER, R. (1996).

[viii] MARX, K. (1857)

[ix] ANDERSON, P. (1974)

[x] Ibid.

[xi] Ibidem: 298, 299, 313

[xii] La liberación de cargas se hacía sobre las tierras no sobre las personas. La tierra era la que estaba eclavizada y la que era liberada con la remoción de cargas a partir del levantamiento de los mojones que estaban hincados en la tierra. Los campesinos endeudados  moradores de  la tierra se esclavizaban por ser apéndices de la misma. Si se liberaba la esclavitud de la tierra, se liberaban también sus apéndices, los campesinos que pasarían a ser labriegos libres, probablemente engrosando las filas del censo más precario que era el de los thetes.

[xiii] Para una presentación clara de las distintas posturas es pertinente el estudio de CARLSEN, J. (1995).  Si bien este autor  se ocupa de evaluar el comportamiento de los administradores de las fincas áticas realiza un recorrido general por las posiciones más importantes en relación a la problemática de la esclavitud y la polémica sobre su extensión y el carácter de la sociedad en relación a la misma.

[xiv] Ibid. p. 134.

[xv] El autor afirma que los griegos disponían de un arsenal conceptual propio para definir a diversos grupos de la sociedad pero no desarrollaron un análisis del comportamiento social más que incipiente. No estaban dadas las condiciones, podemos pensar nosotros participando de las ideas de alguna corriente de la historia de la ciencia, para el surgimiento de una sociología científica. Cuando los griegos precisaban hacer una diferenciación se conformaban con transmitir normas locales sobre procedimientos, propiedad, matrimonio o lo necesario para una categoría social específica. Ibid. pp. 148-9. Ver supra nota 6 para otros aspectos de las diferencias entre el pensamiento antiguo y moderno.

[xvii] OSBORNE, R. (1995)

[xviii] Esta imagen,  asegura el autor, la construye a partir de los valores presentes en las obras de Eurípides, Aristóteles y Jenofonte.

[xix] Ibidem

[xx] Ibidem pp. 31-32-33

[xxi] HOPKINS, K. (1981).

[xxiii] Ibidem p. 139.

[xxiv] Ibidem p. 107.

[xxv] Estas condiciones estuvieron presentes, según Finley, en Roma en el siglo III a. C. y en Atenas en el siglo VI a. C. Véase supra, nota 6 y 44.

[xxvi] GARCÍA, C. (2006:40) afirma “es imposible determinar el porcentaje de la producción esclava sobre la libre en un mismo dominio. En los casos mejor documentados, como el de las propiedades de Plinio, no sólo no podemos conocer los porcentajes, sino tampoco siquiera el número de esclavos por cantidad de colonos presentes en sus tierras. No podemos saber cuántos de los esclavos que aparecen son “instrumentos”, verdaderos trabajadores rurales, y cuántos de ellos supervisores. Sobre el volumen de trabajo libre, tampoco podemos conocer qué porcentaje a su vez se obtiene de la explotación del trabajo esclavo por parte de los mismos colonos.. todo ello sin realizar la necesaria cuenta de la diferente productividad de ambos tipos de trabajo…El excedente apropiado supone una multiplicidad de sistemas, entre los cuales ninguno alcanza para definir al conjunto. Es por eso que la dominancia relativa de cualquiera de ellos, sea el esclavismo, el colonato, etc., no es suficiente para definir al conjunto de la relación social.”

[xxviii] Ibidem p. 98.

[xxx] ANNEQUIN, J. (1985:  203)

Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. 5. Marzo 2010-Febrero 2011

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