Integración y fronteras en el Caribe

nuevas visiones

Jorge Enrique Elías Caro *

I. A manera de Introducción

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Hace algunos días, después de leer un artículo del Ex-presidente de Colombia Alfonso López Michelsen (1978-1982), denominado “Hay despreocupación por los problemas de límites[1], me causó mucha sorpresa un párrafo en especial, por lo utópico y real que a la vez puede resultar:

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Ciénaga Grande, Magdalena, Colombia.  Foto Carolina Crisorio

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Hace aproximadamente unos 20 años en una librería de viejos encontré un libro escrito por un diplomático nicaragüense que tiene un título muy sugestivo: Un enclave colonialista en el Caribe. Y me pregunté: ¿Cuál puede ser el enclave colonialista en el Caribe? Para sorpresa mía, el enclave colonialista era Colombia.”[2]

Esta aseveración de Caribe, sin lugar a dudas presenta un matiz Garciamarquiano[3], pues, a la luz de la lógica en cuanto a límites y fronteras se refiere, en el espacio nacional colombiano, al hacer un comparativo entre el territorio continental y las posesiones marítimas que ostenta en el Caribe, al tenor de López (2005) estos espacios resultan similares[4].

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Hecho significativo que motivó la realización de este trabajo, por cuanto con él surgieron muchos interrogantes, no sólo sobre la dimensión fronteriza de Colombia, sino de todos los países que la circundan, pues al consultar los límites de éstos, incluso cuando se promocionan a nivel internacional en las páginas virtuales oficiales de los países centroamericanos y caribeños, como ilustraremos más adelante, éstos cuando de delimitación marítima se refiere, sencilla y llanamente estipulan “con el Mar Caribe”.

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Por eso con la elaboración de este trabajo, más que bosquejar los límites y las fronteras de los países caribeños, con esta disertación se pretende responder a la inquietud ¿por qué cuando de fronteras y límites marítimos se trata, no se discierne o se explicita cuales son éstos?, sino que sencillamente se castran por especificar “con el Mar Caribe”.

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Circunstancia que lleva consigo una serie de problemáticas implícitas, pues, este desconocimiento se refleja también a nivel de tomadores de decisiones[5], lo cual genera desintegración, porque da al traste con el desarrollo de políticas internacionales; por lo tanto, con esa ruptura conceptual se implementan tardíamente políticas de crecimiento, que en muchas ocasiones terminan siendo no coyunturales y sin continuidad, fuera de la inocua inserción internacional que pueden tener los países caribeños en los ámbitos económicos, políticos y de seguridad[6].

 

Lo paradójico del asunto, es que causa admiración tanto desconocimiento e indiferencia no sólo de parte de los colombianos sino de nacionales de muchos países latinoamericanos y caribeños, sobre ¿cuáles son en efecto sus relaciones internacionales? y particularmente ¿cuáles son las jurisdicciones que presentan en torno a los lindantes?[7], de ahí que exista lo que argumentó López (2005) en su tesis sobre “despreocupación hacia los límites”.

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Situación que no deja de ser objeto de preocupación, por cuanto se trata de una realidad no muy distinta a la Garciamarquiana[8], porque de una u otra forma afecta la política internacional de las Repúblicas. No obstante, a pesar de que Colombia y Venezuela en Sur América y los países continentales centroamericanos: Panamá, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, Guatemala y México en Norteamérica, poseen “una vertiente y pertinencia al Caribe Insular, esta región resulta tan extraña y desconocida[9], resultaría infrecuente para los nacionales de estos países, si se les preguntara ¿quienes hacen parte del CARICOM? y ¿cuál de ellos es país limítrofe con el suyo?, situación que de acuerdo a Ardila (2005), Abello (2006), Bell (2006) y Polo (2006), muy pocos sabrían responder.

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II. Límites, Fronteras y Demás Aspectos Geográficos de los Países Caribeños

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Santa Marta, Colombia.  Foto: Carolina Crisorio

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Cuando de límites se trata, empero, para el caso colombiano, aún en las escuelas de hoy a los niños se les enseña en Geografía, que Colombia posee cinco grandes fronteras y limita en cuanto a contornos terrestres con Venezuela, Brasil, Perú, Ecuador y Panamá y por fronteras marítimas, tajantemente los profesores dicen “por el Norte con el océano Atlántico” o “con el Mar Caribe”[10]. Inclusive, los mapas, solamente aparecen con sus fronteras en las cuales tiene límites con la porción de tierra firme y su parte insular, primordialmente San Andrés y Providencia, desdibujando las fronteras marítimas y sus límites totalmente.

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Verbigracia de lo anterior, algunos profesores de Geografía y muchos habitantes no saben que

Colombia tiene 1.600 Km. de costas, más de medio millón de Km2 del territorio del Mar Caribe y comparte fronteras marítimas con Venezuela, República Dominicana, Haití, Jamaica, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá[11].

 

Y más aún, con Panamá limita con tres fronteras, una de ellas la terrestre, y las dos restantes marítimas, puesto colinda con la del océano pacífico (Tratado Liévano-Boyd) y la del Mar Caribe (Tratado Liévano-Boyd). Cómo si fuera poco, hasta con Costa Rica también tiene más de una frontera, pues a pesar de que lo hace por el Mar Caribe (Tratado Fernández – Facio) como se mencionó en renglones anteriores, también lo hace por el Pacífico (Tratado Lloreda – Gutiérrez)[12], caso similar acontece con Venezuela, pues tiene frontera terrestre y marítima, ésta última generadora de discordia y problemas entre las partes.[13]

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Por su parte, Colombia con el resto de fronteras marítimas limita de la siguiente manera: Nicaragua[14] (Tratado Esguerra – Barcenas), Honduras (Tratado Ramírez – López)[15], Jamaica (Tratado Sanín – Robertson), Haití (Tratado Liévano – Brutus) y República Dominicana (Tratado Liévano – Jiménez)[16]. Vínculos que de acuerdo con González Arana (2007) por el excesivo sentido de andinización y concentración de poder en el centro del país, sólo hasta la segunda mitad del siglo XX se empezaron a dar evidencias de mayor presencia y búsqueda de estrategias coherentes hacia el Caribe. (Ver Ilustración 1).

En este contexto se iniciaría “la paciente y continua política exterior de amojonar nuestros límites marítimos en el Caribe”[17]; y es así cuando se avanzó en la delimitación de las áreas marinas y submarinas en el Caribe[18]

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Entre tanto, Costa Rica tiene una extensión[19] de 51.100 km2 y posee como límites geográficos terrestres una distancia total de 663 Km2: de los cuales, al norte está con la República de Nicaragua, mediante el tratado Cañas-Jerez del 15 de Diciembre de 1.858 y ratificado por el laudo del 15 de Abril de 1.888, presenta una distancia de 300 Km2; y el restante al sudeste con la República de Panamá, mediante el tratado Echandi Montero-Fernández Jaén, con una distancia de 363 Km2; de otro lado, como frontera marítima tiene en su totalidad 1.466, de los cuales al oeste y al sur con el Océano Pacífico posee una longitud de las costas de 1.254 Km. con el Pacífico desde Mojones, frontera Nicaragüense, hasta el hito Burica, frontera Panameña y al noroeste y al este con el mar Caribe con 212 Km. desde punta Castilla, boca del Río San Juan, frontera Nicaragüense, hasta boca del Río Sixaola[20].

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Santa Marta, Colombia. Foto Carolina Crisorio.

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Venezuela por su parte, se encuentra situada entre los 0º 43′ de latitud norte, en su punto más meridional (catarata Hua), y a los 12º 11′ de latitud norte, en el cabo de San Román (península de Paraguaná). En cuanto a la longitud, su extremo este se encuentra en la confluencia de los ríos Barima y Marumara (59º 48′ de longitud occidental) y el oeste en el nacimiento del río Intermedio (73º 25′ de longitud occidental). Como se puede apreciar, la nación se encuentra por completo dentro del hemisferio norte y al oeste del meridiano de Greenwich[21]. Venezuela limita por el norte con el mar Caribe y el océano Atlántico, al sur con Colombia y Brasil, al este con Guyana y al oeste con Colombia y ejerce su soberanía sobre los 912.050 km² del territorio nacional, el cual comprende no sólo la porción continental del país, sino también las islas incorporadas al mismo, sobre la plataforma continental y el mar territorial[22].

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El artículo 11 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, establece que la soberanía del Estado se ejerce en los espacios: continental, insulares, lacustre y fluvial, mar territorial, áreas marinas interiores, históricas y vitales y las comprendidas dentro de las líneas de base recta que ha adoptado o adopte la República; el suelo y subsuelo de éstos; el espacio aéreo continental, insular y marítimo y los recursos que en ellos se encuentran, incluidos los genéticos, los de las especies migratorias, sus productos derivados y los componentes intangibles que por causas naturales allí se hallen.

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En ese contexto, el espacio insular de la República Bolivariana de Venezuela

comprende el archipiélago de Los Monjes, archipiélago de Las Aves, archipiélago de Los Roques, archipiélago de La Orchila, isla La Tortuga, isla La Blanquilla, archipiélago Los Hermanos, islas de Margarita, Cubagua y Coche, archipiélago de Los Frailes, isla La Sola, archipiélago de Los Testigos, isla de Patos e isla de Aves; y, además, las islas, islotes, cayos y bancos situados o que emerjan dentro del mar territorial, en el que cubre la plataforma continental o dentro de los límites de la zona económica exclusiva[23].

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Sobre el espacio acuático constituido por la zona marítima contigua, la plataforma continental y la zona económica exclusiva, Venezuela ejerce derechos exclusivos de soberanía y jurisdicción en los términos, extensión y condiciones que determina el derecho internacional público y la Ley[24].  Situación que hace, que por su alta posesión de islas en el Caribe; la cercanía y sus nexos con éste sean muy próximos, pues tiene fronteras con más de 10 Estados caribeños, tanto continentales como insulares[25].

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La página virtual oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, ilustra

La República Bolivariana de Venezuela limita, al norte, con los mares territoriales de las Antillas Neerlandesas (Aruba, Curazao, Bonaire y San Eustoquio), República Dominicana, Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Islas Vírgenes (USA), St. Kitts y Nevis, departamentos franceses de ultramar de Martinica y Guadalupe, Trinidad y Tobago; al Sur Brasil y Colombia; al Este el Océano Atlántico y Guyana y al Oeste con la República de Colombia”.

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Lo anterior, nos muestra cuán grande resulta el territorio que tiene Venezuela en torno al Caribe.

Sobre Nicaragua, la página Web de IOCARIBE en torno a este país, tajantemente enuncia:

Localizada en la parte central del Istmo, haciendo límite con Costa Rica en el Sur y con Honduras hacia el norte, por el este con el Mar Caribe y por el oeste con el Océano Pacífico”.

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Presentando, 450 de costa por el mar Caribe y 305 por el lado del pacífico.

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Al igual que los otros países mencionados, se evidencia claramente esa violación de mención sobre extensiones fronterizas, que hemos venido tratando, a pesar de que con Nicaragua se viene presentando el tan sonado caso de límites en su frontera con Colombia[26]. Siendo que Nicaragua, fuera de colindar con Colombia, de forma marítima también lo hace y así parezca raro con El Salvador[27].

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En cuanto a la República de Panamá, este caso es peripatético, pues, a pesar de ser la esquina del mundo, sólo limita con dos países: Colombia y Costa Rica, con los cuales comparte fronteras tanto terrestres como marítimas, ya sea por el Mar Caribe, como por el Océano Pacífico[28].

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La República Dominicana ocupa unas dos terceras partes de la isla llamada antiguamente La Española (Hispaniola, en la versión latina de Pedro Mártir de Anglería). Tiene una extensión de 48,442 kilómetros cuadrados, es la segunda en tamaño de las Antillas Mayores, luego de Cuba que tiene 114,500 kilómetros cuadrados. En cuanto a sus límites geográficos, según PARME[29] (2007), lo hace así:

Al norte con el Océano, Atlántico; al sur con el mar Caribe; al este con el canal de la Mona, que lo separa de Puerto Rico y al oeste con la República de Haití.

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Si analizamos la anterior apreciación, la cual es hecha por una entidad oficial encargada de la reforma y modernización del Estado de la República Dominicana, que se espera de los demás estamentos, en cuanto a la concepción e intereses pueden tener éstos sobre sus límites, sí en acápites anteriores demostramos que en torno a fronteras marítimas, la República Dominicana, también limita con Venezuela y Colombia.

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Así mismo, desde la Administración Turística de Honduras en su promoción virtual, ésta manifiesta que dicho país limita al Norte con el Mar Caribe, al Sur con Nicaragua y el Golfo Fonseca que comparte con Nicaragua y El Salvador, al Este con Nicaragua, al Suroeste con El Salvador y al Oeste con Guatemala. Así las cosas, su litoral en el Mar de las Antillas se extiende desde el Golfo de Honduras hasta el Cabo de Gracias a Dios, mientras que el del océano Pacífico queda reducido al Golfo de Fonseca.

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Al igual que el caso anterior, Honduras también posee fronteras marítimas desde el lado del Mar Caribe (Colombia) y como se pudo evidenciar esta delimitación fue excluida de tajo. Hechos que de igual forma son consecuentes en Jamaica, Cuba, Haití y Puerto Rico, Estados Caribeños que en estricto sentido, entran al igual que los antes citados en la modalidad de encogerse de hombros, cuando de delimitación fronteriza sobre el Mar Caribe se trata.

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III. Problemática de la concepción geográfica de límites y frontera

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Ruta del Caribe colombiano. Foto Carolina Crisorio.

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Alarcón (2006), sobre las posibles causas del provincianismo con el que se manejan las fronteras exteriores en la concepción que tienen las personas, plantea que la legitimación del territorio de una comunidad regional y nacional pasó necesariamente por una pedagogía territorial, en el cual, los textos de geografía contribuyeron a la elaboración de representaciones sociales sobre estos espacios.

De esta manera los textos escolares se convirtieron en artefactos culturales que permitieron en primera instancia describir y enseñar el territorio considerado nacional, por lo cual se le ensalzó, se le cuantificó, a la par que surgió un afán por definir límites[30]

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A su vez

Esta pedagogía territorial estuvo estrechamente ligada…con la idea de prosperidad nacional y la cuestión de identidad nacional[31],

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pues con base en los preceptos de Ardila (2005) y Alarcón (2006) los países caribeños continentales han concentrado sus esfuerzos debido a los procesos de centralización que impera en los mismos, un modelo de desarrollo de políticas más andinas y/o de montaña, dándoles la espalda al mar, lo cual desde el siglo XIX en un intento de desconocimiento del espacio local y regional, construyen en el colectivo una imagen racial de inferiores condiciones[32].

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En ese orden de ideas, sobre el concepto de espacio geográfico, se podría citar:

El espacio es una unidad compleja multidimensional, que adquiere múltiples formas y comportamientos dentro de la totalidad global de la sociedad [33]

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De igual forma:

El espacio geográfico es parte indisociable de los procesos económicos, sociales y naturales, es decir, si la relación Sociedad- Naturaleza comprende básicamente un propósito de subsistencia y reproduccion que se organiza (en un espacio determinado), como un “metabolismo” entre los sistemas  sociales y los naturales, donde aquellas utilizan su base de sustentación ecológica para asegurar su supervivencia y reproducción y devuelven a la naturaleza sus desechos, entonces el proceso de acumulación de excedentes económicos, configura un eje central de esa relación[34]

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En tal sentido, a grosso modo se podría considerar que el espacio geográfico es parte de un conjunto de procesos que no se aíslan entre sí y en consecuencia, se define como una parte indisociable de un proceso conjunto de acciones sociales y naturales que se expresan a través de las configuraciones que adoptan estas acciones en una unidad territorial[35].

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De ahí que, la definición de territorio, de acuerdo con Anderson (1993) y Jodelet (2000) mantiene la delimitación de fronteras exteriores y la definición de vastos espacios inexistentes, fuera de los límites o posesión de las provincias[36], pero que de acuerdo con Alarcón (2006), el imaginario colectivo los incluye como partes irrenunciables en el proceso de formación del Estado[37]. Por eso, el hecho de siempre buscar la operacionalización de la legitimación social de los territorios, a fin de que sus habitantes puedan tener en la mente la imagen de comunión, es decir, la de una comunidad imaginada[38]. Pues, en ese sentido el mar Caribe es un mar que une y un mar que atrae[39].

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Avella (2006), precisamente sobre esa concepción de unidad caribeña, conceptúa que en la historia Regional del Caribe es donde se reconstruyen los mitos de la unidad latina o hispana, base de toda unidad nacional, ya que “lo único que nos une, es lo único que nos mata[40]. Sánchez (1998), arguye que la base de esa unión y separación a la vez, tiene en principio a la violencia como resorte fundador de las bases de unidad nacional, si se tiene en cuenta que el Caribe, al tenor de Germán Arciniegas en su libro clásico “Biografía del Caribe”, éste es un mar que “hierve” y permanentemente, parodiando a Fernando Braudel “se ha mantenido en movimiento[41], no sólo por ser el mar de los violentos huracanes[42], sino porque desde la geohistoria, siempre ha estado ligado a expediciones de conquista, invasiones piratescas, contrabando de armas y municiones, ideas libertadoras, guerras constantes y revoluciones independistas y expansionistas, etc., hechos que de una u otra forma siempre han estado marcado por actos violentos[43].

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Por ello, la importancia que se le debe conceder al aspecto geográfico, pues, es una muestra del papel otorgado al territorio en la identificación y reconocimiento del espacio, al cual, Alarcón (2006), con base en los preceptos de Quijada (2001), además, se le valora como un factor clave de identidad social[44]. En tal sentido,

el territorio no sólo será descrito sino también idealizado como soporte físico y como soporte simbólico de una comunidad imaginada, pero geográficamente asentada…representada de distinta manera a través del desarrollo histórico del Caribe…[45].

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IV. Concepciones sobre Fronteras y la Fronterización del Caribe

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Al referirnos sobre el concepto de fronteras, es de imperiosa necesidad, analizar el trabajo de Frederick Jackson Turner, publicado por primera vez en 1894,[46] para argumentar la temática desde una fundamentación teórica más profunda. Trabajo en el cual se muestra como al interior de los Estados Unidos a finales del siglo XIX, se hizo una “revuelta”[47] política y cultural del Oeste contra el Este[48].  La obra de Turner[49], como dice Polo (2006) ofreció una oportunidad para que se discutieran sus planteamientos a la luz de los procesos históricos hispanoamericanos.

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En ese sentido, se puede ver hasta que punto la frontera se convirtió en una especie de molde forjador de identidades de las naciones hispanoamericanas después de las independencias. Los estereotipos de la frontera construidos por Turner y sus partidarios (tierra fascinante de oportunidades democráticas y de libertad individual), tuvieron en principio un significado contrario. En efecto, la frontera como tierra de violencia, mestizaje e insalubridad llamó la atención sobre diferentes etapas con diversos grupos sociales interactuando entre sí, originado tipos humanos bien definidos como los gauchos, bainderantes[50], mineros, granjeros, rancheros, llaneros, cimarrones, arrochelados, entre otros[51]

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Así las cosas, desde este punto de vista, nace el arquetipo de caribeño. No obstante, resulta menester aclarar, que esta concepción de prototipo resulta importante desde un ámbito más mayúsculo, toda vez que se trata de la construcción de concepciones y axiomas que en últimas remiten a la elaboración de imágenes, que en “ocasiones terminan colaborando con la fabricación expresa de identidades sociales[52]

Sobre este aspecto y en particular sobre la identidad Caribe, Wade (2002) y Aja (2007), arguyen que al ser el Caribe un lugar de paso, de comercio, las mezclas entre pueblos, razas, dominadores y dominados, fueron construyendo una amalgama histórico-cultural[53]. Y más cuando, al momento de los procesos independistas y descolonizadores, se presenta una redefinición de lo Caribe, sobre todo por el “establecimiento de identidades territoriales vinculadas a incipientes procesos de modernización y construcción de la idea de Nación[54]. En ese contexto, las naciones fueron creando sus imaginarios de nación a partir de una ideología racista y discriminatoria, en donde “los valores asociados a lo blanco, europeo, español, era positivamente asumido, mientras que lo asociado a lo indio y a lo afro, eran considerados negativos, atrasados, por lo cual trataron de ser invisibilizados en la construcción de la idea de Nación[55].

/González Arana (2007) en su redefinición de lo que es Caribe, basándose en los preceptos de  Socorro Ramírez, aduce que es precisamente esa falta de unidad, lo que ha hecho que se haya despertado tal fragmentación; pues, se han

dispersados los caribes anglófonos, afrosajón, hispano, latino, afrolatino, holandés, francés, mestizo, insular o continental,…condición natural de ser países con vínculos fuertes pese a sus evidentes diferencias”.[56]

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Por ello, en el uso del concepto de Frontera y su aplicación en el análisis de los procesos de investigación histórica[57], se ha mostrado

la compleja formación de la naciones, cargada de agudos conflictos sociales, exterminio y exclusión sistemática de poblaciones indígenas y negras de los proyectos Estado-Nación[58]

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En cuanto a la fronterización del Caribe como tal, ésta contrasta con los demás procesos, especialmente con aquellos que se hacen llamar del “interior” en los países de tierra firme del Caribe, pues ha sido tan marcada tales diferencias, que al expresar de Polo (2006) y Múnera (2005), resultan siendo por sí solas en esa comunidad de fronteras imaginadas “cárceles historiográficas”, ya que, en ésta no sólo se dan las desvinculaciones con los del “centro” (donde se concentra el poder), sino con otras fronteras internas que con base en el colectivo imaginario de la gente, aún son aparentemente más lejanas, siendo que en los nexos que tiene con la sociedad, estos hacen parte de esa unidad nacional, caribeña o latinoamericana, donde a partir de esa ruptura de estereotipos se generó una bipolarización de imágenes en torno a la civilización y la barbarie[59].

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Siendo así, que la fronterización caribeña, a lo largo de los procesos históricos, se ha construido en la dinámica y en la forma, cómo se dé la relación entre los poderes centrales y los intereses de las poblaciones locales. En ese sentido, según Múnera (2005 y) Polo (2006) el concepto de frontera indica movilidad, porosidad, dinamismo, bi-conceptualidad del mundo y desplazamiento en un espacio geográfico política y culturalmente imaginado[60].  Estos procesos de fronterización ya no con los de montaña, sino al interior del Caribe, lejos de ayudar a establecer comunidades cerradas,

generaron por el contrario acercamiento, negociaciones, sincretismos e hibridaciones entre los distintos sectores sociales que produjeron un modus vivendi particular en la frontera[61],

de ahí que el Caribe desintegre, pero también reúna, y que repele, pero a la vez atraiga.

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En ese contexto, el término frontera alude, por lo tanto, a una peculiar estructura social y económica, determinada por la relación desigual con otros espacios. En este sentido, la frontera tiene un carácter ambivalente, pues resulta ser, al mismo tiempo:

lugar de avanzada (como pensaba Turner), donde se ensayan, por primera vez, respuestas y prácticas que posteriormente son asumidas en otras regiones, y también lugar de refugio, hacia donde los grupos perdedores de los procesos de cambio resultan expulsados[62]

 

Este doble carácter de frontera, marca su historia y dota a los territorios de un perfil peculiar que, en el ámbito simbólico, como antes se había expresado, se percibe en los discursos ambiguos elaborados desde los centros de poderes regionales[63]. Para comprender esta situación, es importante verla desde la nueva escuela historiográfica y en especial desde la teoría de la dependencia[64], donde como objeto primario se estudia la relación “Centro” – “Periferia”, categorías que a pesar, de que en un principio fueron hechas en términos económicos, pronto fueron adaptados a los estudios de la historia[65].

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Como se puede evidenciar, el término frontera, desde estas consideraciones, resulta enriquecida, pues no sólo tiene implícito las especificaciones meramente geográficas, sino también presenta diversas connotaciones. Es el caso de Rolando Mellafé (1969, 11) en su estudio sobre la ocupación del suelo en el Virreinato del Perú, quien definió a la frontera como: “frontera es, a un tiempo, un territorio y un proceso”, dándose como casos de procesos, los de producción, de estructuración, institucional y social[66], donde a nivel del Caribe, aún no se han institucionalizado en un continuo normal, pero que están en un camino de formación o transformación.

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V. La concepción de lo Caribe y sobre el Caribe

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En una de las primeras citas de este escrito, se referenció una frase de García Márquez: “Caribe: es el único mundo en que no me siento extranjero y donde pienso mejor”, palabras que dejan ver un senti-pensar de algo, que es ese universo llamado Caribe. García Márquez, aunque es colombiano de nacimiento, como dice él mismo, se siente caribeño, que de acuerdo con Santana (2007) en ese discernimiento, apunta a un fenómeno cultural a saber: el de la existencia de hábitos, costumbres, y modos de vivir y sentir la vida bastante similar.

“Se trata de la existencia de una cultura, y de una  historia común o con fuertes nexos y vasos comunicantes en el marco de una región pluriétnica, multirracial y diversa desde el punto de vista lingüístico. De hecho García Márquez nos sugiere un gran tema: el de la identidad o unidad de lo diverso; identidad cultural dentro de la diversidad y heterogeneidad de esa región que hoy en día denominamos Caribe”[67].

Santana (2007), de la misma manera expresa:

“Todo intento de estudiar las ideas y su evolución histórica en lo que hoy en día denominamos Caribe exige siempre un esfuerzo adicional para el estudioso: el pensar y repensar el Caribe, debido a la diversidad de criterios y puntos de vista que existen sobre la región y los países que la integran. El problema no se hace menor cuando se reduce el referente al contexto del Caribe hispano, pues en este caso existe igualmente disparidad de opiniones. Estas van desde las que consideran sólo a las Antillas hasta aquellas que partiendo del término cuenca incluyen a territorios continentales que se encuentran en el denominado complejo Golfo – Caribe”.


No obstante lo anterior, hay autores que tienen criterios diferentes, verbigracia de ello, Carlos Rojas Osorio (1997) en su libro Filosofía moderna en el Caribe hispano, deliberadamente omite a ciertos países en la integración de ese Gran Caribe.

“…. Quisiera indicar claramente que este estudio se circunscribe a los países de la cuenca del Caribe de habla hispana: Cuba, Santo Domingo, Venezuela, Colombia, Puerto Rico Panamá, Costa Rica, Honduras y Guatemala[68]

Al tenor de lo anterior, es de suma extrañeza que este autor excluya de raíz y sin ninguna explicación, a países que a la luz de la lógica y sin tener los más connotados conocimientos de geografía, se sabe hacen parte del Caribe hispano, es el caso de México y Nicaragua, repúblicas que como se evidenció anteriormente tienen inherencia directa con el Mar Caribe[69]. Aquí se podría decir que en relación a El Salvador que también excluye de tajo, tal vez tenga razón, si se le mira desde la óptica de límites con la masa de agua, como dijeran Gaztambide (2007) y Santana (2007), porque “no toca una gota de agua con el Mar Caribe[70], pero que, desde el punto de vista cultural, racial, histórico, entre otros, hace parte de esa hermandad[71], razón por la cual, no compartimos dicha teoría, aunque la respetamos, básicamente por lo que González Arana (2007) diserta sobre las características primordiales para ser concebido como país caribe, las cuales precisamente se dan por

la existencia en el Caribe de una serie de problemas comunes al conjunto de los países latinoamericanos, allí muchos procesos históricos coloniales y contemporáneos se han dado con mayor fuerza y nitidez que en el resto del subcontinente, ya que la opresión extranjera se ha ejercido en un universo geográfico y demográfico menos compacto y ha sido objeto del interés y las rivalidades de múltiples potencias, como centro también de importantes y singulares procesos socioeconómicos y de luchas sociales muy intensas[72]

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De ese Caribe que pretendemos tratar, existen muchas definiciones y delimitaciones, en las que se mira desde su dimensión geográfica, histórica, socio-cultural, geohistórica, geopolítica y filosófica.  En el concepto de Sadner (1984), (2003), Avella (2001), (2006) y Aja (2007), desde esas diferentes dimensiones, el Caribe se define ante todo por los procesos y dinámicas que se han generado

“…en el espacio que está conectado por ese mar semicerrado, por los bordes que se constituyen en el espacio insular y las porciones continentales…”[73].

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Ante eso, por la dificultad de haberse definido al Caribe polifacéticamente, y por la difusa idea que aún se tiene de Caribe, la pertenencia al Gran Caribe, en ciertos países surge más por unos intereses, que por una objetividad geográfica e histórica[74]. De esta manera, existen diferentes maneras de concebir al Caribe, pues, existen el Caribe Insular (Antillas mayores y menores), El Caribe amplio que incluye las costas de Centro América y Sur América y el Caribe extenso, que permite hablar de escenarios costeros del sur de México, el norte de la Florida, Centro América, Norte de Colombia, Venezuela, las Guyanas e incluso hasta algo del Norte de Brasil.[75]

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Por su parte González Arana (2007), tajantemente sentencia

Por Caribe entendemos no sólo las islas antillanas, sino también todos aquellos espacios marítimos y continentales que integran el perímetro geopolítico caribeño, el cual incluye a la Costa Atlántica de Colombia, Venezuela, las Guayanas, México y Centroamérica”.

Dando por sentado no sólo la integración de los países del Norte de América del Sur y Centro América al Caribe, sino también incluyendo de hecho a El Salvador, Nicaragua y México, países excluidos anteriormente por Rojas Osorio (1997), pero además incluyendo a pesar de no ser de habla Hispana a la antigua honduras británica, hoy conocida por Belice, de la cual aún no se había tratado.

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VI. Historiografía sobre el Caribe e historia de fronteras en el Caribe y de lo Caribe

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Al definir los estudios del Caribe, dentro de la concepción de historia regional, ésta ha sido definida cómo un área de regiones, quizás para aludir, al hecho puramente geográfico de que los procesos económicos, políticos, culturales y sociales toman rumbos diversos en cada espacio económico, dificultando así las interrelaciones globales del espacio latinoamericano y caribeño. Por eso, Bejarano (1994) manifiesta que a fines del pasado milenio, éste determinante estaba demasiado marcado, primordialmente por el renacimiento de la idea de región como concepto histórico-económico, cultural y político y ello confiere un sentido particular a la historia regional en el conjunto de la historiografía, pero dentro de unos contextos y pretensiones globalizantes[76].

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Así, en ese sentido, nos estamos refiriendo en primer término a unos estudios que conciben a la región como una unidad económica-social que sirve para diferenciarse y así poder precisar sus características; más que querer globalizarla. Pues la historiografía política de los países caribeños han sido tradicionalmente de corte nacional, en alusión al hecho de que erróneamente se ha concentrado en los actos de los Gobiernos centrales, en las figuras que han actuado dentro de un marco político y en la que lo regional aparece siempre como caso particular.[77]

 

Sobre este aspecto es bueno profundizar en el hecho, de que también es cierto, que en la historia social y económica, suelen invertir el procedimiento para convertir en nacional lo que apenas es una característica regional. Por eso, no es menos importante el papel de los investigadores que han utilizado dicha forma para hacer historia, sin embargo este hecho en lo que atañe al objeto de este escrito, tiene una digresión sobre lo que es frontera. Desviación por lo que muchos escritores norteamericanos seducidos por esta metodología historiográfica han denominado según Bejarano (1994) como “civilización de frontera”[78].  Denominación que al ser vista desde la concepción meramente de Región, y al no pertenecer a ese centro de poder y estar en la periferia, comienza a verse como una Región inculta y bárbara donde no es posible la civilización[79].

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Al aterrizar lo anterior ya en los estudios sobre el Caribe, estos nacieron entre las ciencias sociales, en Francia e Inglaterra, en la mitad del siglo XX, inicialmente dentro de la comunidad académica de esos países para analizar la problemática de sus territorios en ultramar. En ese contexto, en primera instancia, según Abello (2006), cuando nacen estos estudios, las Antillas mayores y menores que no hacían parte de estos territorios ultramarinos, al igual que todo el Caribe definido anteriormente les resultaron invisibles[80].  Aduciendo además, que las primeras investigaciones sobre el Caribe, sólo estaban circunscritas en buena medida a los estudios sobre la historia de las plantaciones en el Nuevo Mundo[81].

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Eso nos muestra dentro de la historiografía que tan recientes son los estudios sobre el Gran Caribe. Aunque, éste gran Caribe, desde su historia precolombina, ha mantenido relaciones históricas, especialmente dentro del proceso de comunicación entre los pueblos que habitaban su geografía, y como dijo Aja (2007) con los procesos de conquista y colonización se intensificaron dichos procesos, haciendo que la economía triangular (capital europeo, mano de obra africana y tierra americana) fueran el eje de la consolidación del capitalismo con los procesos de acumulación derivados de la esclavitud, el exterminio y al despojo que se vieron sometidos algunos pueblos africanos y aborígenes del Caribe.

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Ante eso, Antonio Gaztambide (1996) y (2007) enuncia que la palabra Caribe, cómo concepto que define al mar, las islas y las costas continentales adyacentes al mismo, es una invención de fines del siglo XIX, pero sobre todo del siglo XX[82]. Invento que arranca precisamente de la transición existente en la región de la hegemonía europea a la estadounidense[83], hechos que más adelante se explicarán en detalle.

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Aunque el término etimológicamente proviene de tiempos más remotos; es precisamente, en el primer viaje de Colón, en el diario de navegación, calendado lunes 26 de Noviembre, cuando usan la palabra Caribe por primera vez, en especial para nombrar a los indios que se encuentran al este de los arahuacos antillanos[84]. Más adelante en éste y en su segundo viaje los caribes son descritos como caníbales o antropófagos que navegaban por el mar, que siglos más tarde recibiría su nombre y poblaban las Antillas y parte de la costa norte de América del sur.

Con Colón comienza también la identificación de los caribes como indios bravos e irreductibles, pues fueron los primeros en oponer resistencia a la conquista de sus territorios”[85].

 

Según José J Arrom (1980) la palabra combina dos términos del tupí – guaraní; a saber carai = señor y be = poderoso.[86]. Bell (2006) dentro de ese contexto, también enfatiza que fue caribata el término exacto, con que Colón llamó a los indígenas caníbales que se devoraron a sus compañeros de viaje, de ahí, es pues, que se conoce entonces el origen de la palabra Caribe[87].

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Sin embargo, la palabra Caribe que se ha utilizado para bautizar al territorio y el mar que lo baña, no nace a la palestra al menos en los primeros 300 años posteriores al “Descubrimiento”, pues, en la cartografía sobre el Nuevo Mundo en el siglo XVI no aparecía este término, ya que en los mapas y cartas de navegación, según Santana (2007) lo que mostraban era “la más desconcertante y abigarrada amalgama de golfos, mares y océanos, para denominar al mar y las islas y tierras circundantes[88]. Entre estos se puede citar mar del norte (Mer du Nord en oposición al Océano Pacífico por ser éste conocido en sus inicios como mar del Sur), mar de las Antillas, Mediterráneo Americano, Caribby, o West Indies, cuando se trataba de mostrar a la traducción en inglés del imperio español, entre otros.

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En el decursar histórico, sobre los puntos geohistóricos que se pretende tratar de límites y fronteras, cuando nace el concepto de lo Caribe, estos sin lugar a dudas no tienen nada que ver con lo que es el Caribe actual. Sus límites geográficos, su territorio y las áreas de jurisdicción de la soberanía cambiaron con el tiempo, debido a los avatares políticos a los que fueron sometidos, verbigracia de ello, el desmembramiento de los territorios colonizados en su declaración de independencia, ya fuera de España, Inglaterra o Francia, la pérdida de Panamá por parte de Colombia, la desintegración de la Gran Colombia[89], entre otros.

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Justamente, para ilustrar esos cambios, con la promulgación de la constitución de Cúcuta, en el año de 1.821, en su artículo 5, se establece

el territorio de la República de Colombia será comprendido dentro de los límites de la antigua Capitanía General de Venezuela y el Virreinato y Capitanía General del Nuevo Reino de Granada…[90],

proyecto éste que después en 1.830, emergieron tres Repúblicas: Venezuela, Ecuador y la Nueva Granada y donde sus límites y fronteras incluso unían hasta algo inverosímil para esos momentos, adherir al pacífico con el mar Caribe, pues, al integrarse el Ecuador, territorio que sólo tenía salida por el Océano Pacífico, se presenta entonces política y administrativamente un ordenamiento directo con el Mar Caribe, siendo así, que la constitución del Estado de la Nueva Granada de 1.832, en su artículo 2, señalará:

Los límites de este Estado, son los mismos que en 1.810 dividían al territorio de la Nueva Granada de la Capitanías Generales de Venezuela y Guatemala y de las posesiones portuguesas del Brasil[91] .

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El párrafo anterior nos muestra cuán grande, a través de la historia, en cuanto a límites y fronteras en el Caribe resultó esa integración, pues a eso hay que señalar que ese espacio geográfico iba desde las fronteras Venezolanas con el Brasil, hasta Guatemala, teniendo en cuenta que Panamá para ese entonces hacía parte de Colombia y Costa Rica, Nicaragua y Honduras, por su parte de Guatemala. Hechos que si lo miramos a la luz de la lógica, y en concepto de Avella (2006), ese territorio sería responsable de más de dos (2) tercios al interior de la cuenca del Gran Caribe. Y desde esa óptica, con cierta validez es que se diga que Colombia, posea un factor dominante en el Caribe Suroccidental y esté destinado a ser tratado como un país conquistador y abusivo en términos de delimitación geográfica, tanto en áreas marinas como submarinas[92].

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Por eso cuando de historia se trata, al Caribe como mar no se le puede dar la espalda, de ahí que esa afirmación que se mencionó con anterioridad y expresada sólo en 1.993, por el Ex Vicepresidente de Colombia, Humberto de la Calle Lombana ¿quién iba pensar que hasta hace poco, Colombia limitaba con Jamaica?, según Bell (2006), si esta pregunta se hubiese hecho en los siglos XVIII y XIX, tal vez hubiera resultado mejor al revés: ¿Quién no sabe que Jamaica es vecino de la Nueva Granada?[93].  Esto para mencionar, lo importante que resultaron ser las jurisdicciones del Caribe en su relación externa durante los siglos mencionados, máxime cuando el único medio de comunicarse, acorde con las investigaciones de los profesores Sorhegui (2004), (2002) y Vidal Ortega (2002) era a través del sistema marítimo[94].

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En ese orden de ideas, si retomamos lo dicho anteriormente, sobre ese mar que se “mueve”, el Caribe a finales del siglo XVIII, por el meneo producido en las constantes guerras entre Francia, Inglaterra, Holanda y España y después de 1.776 con la entrada de los Estados Unidos, por la intención de expansión de algunos y sostenimiento de otros, sobre las provincias del Caribe, las fronteras de éstas, por supuesto, no se podían delimitar[95], por tanto, éste mar era una frontera imperial, que a pesar de que tenía más de dos siglos y medio de ser descubierto, aún no estaba claro en cuanto a fronteras, cómo estaba delimitado. Pues, durante todo el siglo XVIII, los países con inherencia sobre el Caribe, se convirtieron en países de rapiña, ya que, como no había confines que lo deslindara, los ingleses se tomaban a la brava las provincias españolas y francesas, los franceses a su vez se tomaban a mansalva las provincias holandesas, españolas e inglesas, y así sucesivamente[96].

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Hecho que hizo, que cómo ninguno de estos países sabía cuáles eran sus verdaderos territorios, se vieran obligados a realizar permanentemente su propia cartografía en la medida que se iban moviendo sus espacios geográficos. Temática, de la cual nos ocuparemos, en aras de establecer a partir de cuándo, cómo y quiénes, fueron los primeros en ilustrar gráficamente y en términos corrientes de hoy a la región como Mar Caribe[97].

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En renglones anteriores, ya se había argüido que sobre la forma de denominar al mar Caribe en los procesos históricos, éste fue variado, y en la medida que avanzaban las décadas fue más dinámico y lleno de una amalgama de alternativas, hasta llegar a lo que hoy conocemos como la gran cuenca del Mar Caribe. Es menester acotar, que por esos conflictos generados en el siglo XVIII y en el afán de demarcar dichos territorios, fue Inglaterra el primero en precisar en mapas y cartas de navegación a finales de esta centuria a Caribbean Sea, ya que algunos franceses para este mismo periodo lo hacía como Mer du Nord, entretanto otros lo hacían como Mer des Entilles[98], siendo imperioso aclarar que, en primera instancia cuando los anglosajones en el siglo XVII se referían a la región en mención, lo hacían como West Indies, mientras que al entrar el dieciochesco estos mismos al reseñar sobre lo que hoy es el Caribe, lo hacían con una bifurcación de concepto, pues para las Antillas mayores se ilustraba como Caribbean Sea, mientras que para las Antillas menores se reseñaba como Caribby[99].

“Fue a partir de la segunda mitad del siglo XVIII y primeras décadas del XIX que se hizo más frecuente  el nombre de las Antillas para designar al mar y las islas que esta baña y eventualmente el término Caribe con la misma función. La geografía se depuró marcada siempre por la geopolítica y los acontecimientos que tuvieron su expresión en el apogeo de la plantación esclavista, la consolidación de la hegemonía británica y el ciclo de revoluciones a ambos lados del Atlántico”[100].

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En esas consideraciones, el Caribe sólo estaba supeditado al mar que baña a las Antillas y no a los países continentales que la circunscriben, sin embargo, no fue hasta fines del siglo XIX e inicios del XX cuando el término Caribe alcanza una verdadera cédula de ciudadanía para designar al área[101]. De ahí que haya sido hasta el siglo XX y en especial en la segunda mitad, cuando se empezó a visionar y tratar con seriedad el asunto de la gran Cuenca del Caribe, básicamente producto de la irrupción de los Estados Unidos a partir de 1898 como potencia en el Hemisferio Occidental, hecho sin precedentes, aunque, para la consolidación del Caribe marca el punto de viraje[102].

 

La intervención de los Estados Unidos en la guerra de independencia de Cuba fue el paso decisivo que abrió la marcha del imperialismo en la región del Caribe e impuso por su parte a Cuba con la famosa Enmienda Platt, unas restricciones y garantías tan estrictas que la isla quedó sumisa a un virtual protectorado[103].  Para completar el cuadro, como dice textualmente Franco (1989) con Puerto Rico en su poder, adquirieron la isla de Saint-Thomas,[104] Santa Cruz y San Juan en 1.917,“convirtiendo así al Mediterráneo de América en un lago propio[105], siendo que esa posesión dominante reafirmada por la llamada acta de la Habana, acordada en 1.940, “legalizó virtualmente la expansión imperialista yanqui en la Región del Caribe[106].

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Por su parte Santana (2007), dice:

“Los Estados Unidos saldrían fortalecidos y como potencia regional emergente, pues ocupó a Cuba, para admitir en 1902 el establecimiento de una república con soberanía limitada bajo los preceptos de la Enmienda Platt; se anexó a Puerto Rico, y en el Pacífico a Filipinas, Guam y de paso a Hawai. Sólo dos años antes en una obra ampliamente divulgada denominada el “Interés de los Estados Unidos en el poder naval”, el almirante Alfred T. Mahan había proclamado que una nueva etapa del “destino manifiesto estaba en marcha y ésta demandaba la posesión de un canal en Centroamérica y el dominio de los pasos del Caribe, entre otras exigencias”[107]

 

Gaztambide (1996), (2007) y Santana (2007) enfatizan que es sólo hasta entonces cuando la nación norteña comenzó a conformar su imagen del Caribe, al considerarlo como su traspatio o mar interior e imponer el corolario Roosevelt, representado por la  política del Gran Garrote o big stick [108] A partir de ese momento la política norteamericana para la zona se caracterizó por las continuadas y repetidas intervenciones. Quién primero sufrió las consecuencias de esta política fue Panamá. En 1903 intervinieron en la zona del canal, propiciaron la separación panameña de Colombia e impusieron una suerte de protectorado a la recién estrenada República a la que ocuparían militarmente en reiteradas ocasiones. La ofensiva norteamericana continuó con la intervención de las aduanas de República Dominicana en 1905, alegando una supuesta intervención europea y la ocupación militar de la misma de 1916 a 1924. A ésta, seguirían muchas otras bajo cualquier nuevo pretexto, como las intervenciones militares de Cuba (1906 – 1909),  Nicaragua (1909, 1912 – 1924, 1927 – 1933), Haití (1915 – 1934) y México (1914 y 1917)[109]

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Esta agresiva política continuó hasta los años 30, cuando otro Roosevelt, en este caso Franklin Delano, proclamó la política de “buena vecindad”.[110] Este es el contexto en el que según Gaztambide (1996), (2007) el Caribe se inventa.

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En ese sentido, Gaztambide (2007), al respecto señala:

“Ese es el contexto del Caribe que se inventa a partir de 1898. Hasta que lo convirtieron en su mediterráneo, en su traspatio, los estadounidenses ni siquiera hablaban consistentemente de un Mar Caribe, Mucho menos de una región Caribe…… ¿Qué ocurrió? Si Estados Unidos no definió un Caribe, ¿quién lo hizo? Como cuestión de hecho, a partir de 1898 no se definió un Caribe, sino muchos Caribes. Unos por los imperios y otros de frente a los imperios, unos exclusivamente geográficos, académicos o intelectuales, y todos más o menos teñidos de geopolítica”.[111]

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Circunstancia que en cuanto a historiografía se refiere, se haya generado una nueva tendencia que nacería con el apelativo de “Yanquilandia”, para tratar con especial interés a las temáticas relativas a los espacios geográficos de los Estados Unidos, patronímico que fue puesto por el distinguido historiador venezolano Rufino Blanco Bomboná, en alusión a su posición contraria de la política norteamericana hacia el área del Caribe, y en las que lo llevó a condenar la enmienda Platt, impuesta a Cuba y de apoyar de manera solidaria la gesta del ejército revolucionario de Augusto Cesar Sandino sobre los marines yanquis en Nicaragua, lo que trajo consigo de forma implícita, la génesis de “la resistencia y rechazo a la política imperial yanqui, el desarrollo de movimientos obreros, el surgimiento de partidos de izquierda, incluidos los comunistas y la formación de las ligas antiimperialistas[112].

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Con el avance de los decenios en el siglo XX, a pesar de los detractores, el concepto de lo Caribe se populariza cada vez más, hasta el punto que hoy día por tanta diversidad de preceptos, cuando de Caribe se trata, aún no sabemos a qué Caribe nos estamos refiriendo[113].

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Continuando con el derrotero, el concepto Caribe se protocoliza cada vez más hacia las décadas de los 60´s y 70´s, primordialmente por el proceso descolonizador que se presentó con las independencias de Jamaica, Trinidad Tobago, Guyana, Barbados, Granada y. Surinam, hasta el punto que, para los países europeos que tenían incidencia sobre la región dejaba de ser cada vez más el territorio de la West Indies, para devenir de forma más constante la expresión Caribe. De ahí, lo dicho en párrafos anteriores, pues, aquí es donde de verdad empiezan a darse los primeros estudios consolidados sobre la cuenca del Caribe, pero que en primera instancia estaban representados para las ex – provincias en ultramar de Francia, Holanda e Inglaterra[114].

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Posterior a este proceso salen a la palestra pública, dos obras de similares envergaduras, donde se refleja de manera clara el proceso de caribeñización de la región. El primero de ellos del insigne historiador trinitario Eric Williams (1970), con su libro ya referenciado From Columbus to Castro: The History of the Caribbean, 1492-1970 y la del ex – presidente de la República Dominica Juan Bosh, (1970) De Cristóbal Colón a Fidel Castro: el Caribe, frontera imperial.[115] A pesar de que, las dos obras abordan la historia del Caribe, la diferencia se centra en que cada una de ellas, ofrece una versión diferente de lo que es la región Caribe, pues, la primera de ellas sólo se circunscribe al Caribe Insular como área Caribe, mientras que la segunda, tal vez es la primogénita de las obras que beneplácitamente da nacimiento al Gran Caribe, ya que no se limita al Caribe Antillano, sino que incluye además a Venezuela, Colombia, Centroamérica, y las costas mexicanas del Golfo.

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Bosh (1999) de manera expresa, sobre el caribe resalta:

Las islas antillanas que van en forma de cadena desde el canal de Yucatán hasta el golfo de Paria; la tierra continental de Venezuela, Colombia, Panamá y Costa Rica; la de Nicaragua, Honduras, Guatemala, Belice y Yucatán, y todas las islas, islotes, y cayos comprendidos dentro de esos límites.” [116]

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Nuevamente aparece el problema y la dificultad para su definición o para ser más exactos de las definiciones. Pues, evidentemente se habla de dos Caribes diferentes. Para Williams se trata del Caribe insular y para Bosch, su tesis es la que se aproxima a lo que hoy se define como Cuenca. De ahí, que no sea raro que escritores oriundos de países Caribeños, no se sientan del Caribe, por los antecedentes que, a este término en su denominación, primeramente le dieron los gringos, es el caso del Puertorriqueño Edgardo Rodríguez Juliá, quien en 1988 afirmará “…para nosotros, los puertorriqueños, el término antillanía tiene significado pleno, pero no los términos caribeño o caribeñidad”[117].

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De la misma manera, el escritor e historiador dominicano Juan Moya Ponds, tal vez sea el investigador que más severamente ha criticado el concepto del Caribe como una unidad, precisamente por las características disímiles y detractoras que según él, lo encierran. Este autor aduce, que el Caribe como entidad, sólo sirve y existe para tres clases de personas: a) para los gerentes de ventas de las grandes corporaciones que ven en el Caribe un gran mercado para sus productos; b) para los planificadores de la política norteamericana, para quienes el Caribe ha sido y es una región estratégica y c) para los intelectuales y académicos interesados en dar coherencia conceptual a la región.[118]

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Por tanto, y pese a lo anterior, después de discernir sobre distintas posturas y corrientes de los que es el Caribe, es menester aclarar, en la elaboración de este artículo a qué Caribe nos estamos refiriendo. Grosso modo, hacemos mención a la Gran Cuenca del Caribe, a la que Johanna Von Grafenstein (1997) en su libro Nueva España en el Circuncaribe, 1779 -1808. Revolución, competencia imperial y vínculos intercoloniales, define como

toda el área que abarca las costas continentales de las cuencas marítimas Golfo – Caribe, así como el arco de las Antillas”.[119]

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Donde además propone que la Cuenca del Caribe está formada por el arco de Las Antillas, las costas de Centroamérica, las Costas de Colombia y Venezuela y el litoral este de Yucatán.[120]

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Debemos hacer salvedad, que el término Cuenca no había sido aceptado plenamente antes de la década del 80. La Iniciativa de la Cuenca del Caribe proclamada por el gobierno de Ronald Reagan, le confirió un marcado carácter geopolítico y fomentó su aceptación[121], aunque en aras de evitar confusión, es preferible la denominación de Gran Caribe, porque al igual que el de Cuenca versa sobre él una idéntica zona geográfica, y porque al margen de las diferencias, los contrastes y la heterogeneidad que se puedan presentar en estos conceptos, convoca a la consideración de los factores y elementos comunes que pueden encontrarse en las 25 naciones independientes (incluido El Salvador) y los territorios dependientes,[122] llámese identidad caribeña u homogeneidad en la heterogeneidad de razas, etnias, lenguas y culturas.

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VII. Panorama Contemporáneo y perspectivas del Gran Caribe

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No cabe duda, que el Gran Caribe, es más heterogéneo que otras regiones del Nuevo Mundo. Según Ardila (2005), consta de 30 islas con diferente historia, procesos jurídicos, nivel de autonomía muy precaria, diversos niveles de desarrollo y de grupos étnicos. Circunstancia que hace, que esta diversidad constituya un obstáculo para la concreción y ejecución de mecanismos de relacionamiento.[123] No obstante, por sus características geográficas y estratégicas, el Caribe ha sido siempre objeto de disputa de las potencias hegemónicas, situación que hace imprimirle de forma particular una alta dosis de historia común.

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Desde fines del siglo XV, una potencia ha detentado el control de la zona y se le ha disputado con las otras potencias. España primero, Inglaterra después y desde el siglo XX Estados Unidos, han sido los imperios más dominantes. La historia igualmente, no es exclusivamente la de los poderes hegemónicos, sino, asimismo la historia de las resistencias a esos poderes[124].

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Sobre este aspecto, al analizar la temática de las relaciones internacionales, se observa según Ardila (2007) una serie de rasgos, como recursos naturales y militares, ubicación y tamaño, y legitimidad, definen la permisibilidad, autonomía, vulnerabilidad y sensibilidad de los países, pero que los factores sistémicos resultan cada vez más relevantes sobre todo para los más pequeños, de ahí que existan países que integran ese Gran Caribe con un bajo nivel de autonomía[125].

Aunque los integrantes del Gran Caribe poseen marcadas diferencias en cuanto a extensión territorial, densidad de población, recursos económicos, PIB, e  ingresos per cápita todos forman parte de las naciones en vías de desarrollo, eufemístico vocablo para designar al subdesarrollo. Aún el Grupo de los Tres, (G3) conformado por México, Colombia y Venezuela, considerados como “las potencias latinoamericanas en el Caribe”, con el potencial para ser actores significativos en la región, en materia económica y política no pueden ser incluidos como naciones del primer mundo.[126].

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Uno de los puntos débiles del Caribe, es su bajísimo nivel promedio de productividad frente otras áreas geográficas[127]. Por ello, “la región debe buscar cómo combinar sus esfuerzos para estimular el crecimiento con las acciones para resolver sus problemas sociales[128]. Acontecimiento titánico, si se tiene en cuenta que los países que integran el Gran Caribe, tienen una mala distribución del ingreso y al tema de la pobreza aún no se le ha dado importancia que merece, pues, a estas alturas del partido, los rangos de pobreza e improductividad, siguen en constante aumento, hasta el punto que el BID estimó que las cifras del desempleo cada vez más va en un vertiginoso ascenso.

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Fuera de lo anterior, en los Estados caribeños, se respira una tensión por la falta de gobernabilidad, situación que ha generado de forma permanente crisis al interior de las instituciones políticas,[129] ya que el sentido de la democracia como mejor ejemplo de buen Gobierno, en la población caribeña no se siente con mucha seriedad, por cuanto, hay inconformismo debido a que las expectativas e implementación de estrategias en torno a lo social siempre quedan debiendo[130], máxime por ser una región en la que existe un elemento común para todos en su condición de periférica, subordinada y dependiente a las potencias económicas mundiales[131].

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Actualmente, según Ardila (2005) los países caribeños son en su mayoría exportadores netos de capital y han presentado resultados negativos, tanto en su balanza de pagos como en las cuentas corrientes[132]. Así las cosas, en materia de exportaciones, aquellos que no dependen del turismo y/o del sector financiero, son monoexportadores de productos agrícolas[133], con escasas excepciones, es el caso de Trinidad y Tobago con el Petróleo.

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Ahora bien, mientras que en materia de operaciones comerciales los principales socios de los países caribeños centran sus ojos en Estados Unidos[134], el Reino Unido[135] y Canadá,  no se puede decir lo mismo en materia de inversión extranjera, pues, ésta procede en su mayoría de España y Canadá y en muchos de los casos se hace al interior de los Estados caribeños, especialmente de México con sus inversiones en Cuba, Colombia y República Dominicana. Estas operaciones comerciales centran su atención primordialmente en exportaciones del sector primario de la economía: azúcar, banano, algodón, productos del mar, miel, cítricos, entre otros, y en cuanto a importaciones, éstas por el contrario se ciñen especialmente en productos del sector secundario: alimentos procesados, materias primas de origen químico, medicamentos, maquinaria y equipo agrícola e industrial, textiles, plásticos y papel[136].

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Entretanto, los recursos que proceden de cooperación internacional, a excepción de Colombia que recibe su mayor porción de los Estados Unidos por lo del Plan Colombia, en su mayoría estos países reciben dineros y especies provenientes de la Unión Europea, Canadá y Japón[137].

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De ahí, la importancia de conocer cuáles son límites, quien integra la región y con quien mantiene relaciones, para así, no aislarse y mantenerse en estrechos vínculos de hermandad y de conciernas políticas, económicas, sociales y culturales.

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Aunque, el deseo no es mostrar lo negativo que tiene el Caribe, tampoco es menos importante mostrar sus debilidades, no obstante, como dice el viejo adagio popular, de toda cosa mala hay muchas cosas buenas y en esas, son en la que debemos centrarnos, en aras de mantener esa identidad que une y atrae, como una sola unidad o como una sola región, para que en conjunto la región se pueda consolidar, no sólo en términos económicos, sino también políticos, sociales, tecnológicos, ambientales y culturales.

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Para ello, es de imperiosa necesidad se rompan con las fronteras mentales y cada vez más nos acerquemos a diseñar y ejecutar unas políticas continuas y estructuradas sobre la definición de los límites, los cuales no deberán ser vistos como esquemas de rompimientos, sino por el contrario, que sirvan como mecanismos de ligadura, a fin de que en el colectivo imaginario en el concepto de límites y fronteras no se presenten: ruptura, desmembramiento o desintegración de un escenario regional sin región; en contraste, dichas políticas se desarrollen, así parezcan redundante, en virtud de hermandad, unión, ayuda mutua, colaboración, seguridad y por supuesto, el tema central de este escrito, de integración.

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Santa Marta (Colombia), Marzo de 2.008

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NOTAS

* Jorge Enrique Elías Caro es docente a Investigador de la Universidad del Magdalena, Santa Marta-Colombia.

[1] LOPEZ MICHELSEN, Alfonso (2005). Hay despreocupación por los problemas de límites. En  Colombia y El Caribe. Ediciones Uninorte. Barranquilla, Pp. 13. Este artículo fue escrito con motivo del XIII Congreso de Colombianistas, celebrado en la ciudad de Barranquilla del 12 al 15 de Agosto de 2003 y Organizado por la Universidad del Norte y la Asociación de Colombianistas.

[2] Ibíd.

[3][3] En PÉREZ BETANCOURT, Rolando (2005) Revelaciones literarias. Diccionario de Palabras Garciamarquianas de Piedad Bonnet. Periódico Granma 11 de octubre del 2005. La Habana Cuba. Gabriel García Márquez, textualmente sobre la concepción del caribe expresa “Caribe: es el único mundo en que no me siento extranjero y donde pienso mejor; Esta afirmación también es expuesta por SANTANA CASTILLO, Joaquín (2007) en su artículo Repensando el Caribe: Valoraciones sobre el Gran Caribe Hispano, Revista Clío América. Universidad del Magdalena. Vol. 1 Nro. 2. Santa Marta. Aún por publicar.

[4] El Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), entidad que en Colombia se encarga de los asuntos geográficos, enuncia que el territorio nacional colombiano, presenta una extensión de 1.114.480 Km2, espacio que no incluye el área de la plataforma marítima, pues éste aún se desconoce en su extensión.

[5] Este desconocimiento es tan abrumador que el Ex-Vicepresidente de Colombia Humberto de la Calle Lombana (1994-1996), sólo se enteró que Colombia limitaba con Jamaica hasta unos días antes de su posesión en el cargo, básicamente por el tratado limítrofe que firmó el Ex-presidente Cesar Gaviria (1990-1994) a finales de su mandato con el Gobierno de ese país, al cual la prensa colombiana le dio mucho resonancia y despliegue, por lo cual el electo vicepresidente anunció “Quien sabía hasta hace pocos días, que éramos vecinos de Jamaica”. Este hecho, fue mencionado en alusión al sistema educativo colombiano, a quien el vicepresidente catalogó con mucha crítica, puesto “se imparte con excesivo provincialismo”. En BELL LEMUS, Gustavo (2006) ¿Costa Atlántica? No: Costa Caribe. En El Caribe en la Nación Colombiana. Memorias X Cátedra Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado”. Ministerio de Cultura de Colombia, Museo Nacional de Colombia y el Observatorio del Caribe Colombiano Bogotá D.C., Pp. 123-143.

[6] ARDILA, Martha (2005) Colombia y El Caribe: Reflexión en Torno a sus Prioridades e Inserción Internacional. En Colombia y El Caribe. Ediciones Uninorte. Barranquilla, Pp. 155-171

[7] Ibíd. Pp. 155; BELL LEMUS (2006) ¿Costa Atlántica?… Op Cit.;Ver también los trabajos de; AVELLA, Francisco (2006) El Papel de la Geohistoria Para la Construcción de la Región Caribe. En El Caribe en la Nación Colombiana. Memorias X Cátedra Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado”. Ministerio de Cultura de Colombia, Museo Nacional de Colombia y el Observatorio del Caribe Colombiano Bogotá D.C., Pp. 106-122; BELL LEMUS (2006) ¿Costa Atlántica?… Op Cit.; POLO ACUÑA, José (2006) Desde la Otra Orilla: las Fronteras del Caribe en la “Historia Nacional”. En El Caribe en la Nación Colombiana. Memorias X Cátedra Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado”. Ministerio de Cultura de Colombia, Museo Nacional de Colombia y el Observatorio del Caribe Colombiano Bogotá D.C., Pp. 171-188

[8] GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel (1981) en Algo Más Sobre Literatura y Realidad. Periódico el Espectador. Bogotá. Junio 1 de 1.981 expresa “Yo nací y crecí en el Caribe. Lo conozco país por país, isla por isla, y tal vez de allí provenga mi frustración de que nunca se me ha ocurrido nada ni he podido hacer nada que sea más asombroso que la realidad”. Ver ABELLO VIVES, Alberto (2006) Una Cátedra para Entender el Caribe: Superar los Estereotipos. En El Caribe en la Nación Colombiana. Memorias X Cátedra Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado”. Ministerio de Cultura de Colombia, Museo Nacional de Colombia y el Observatorio del Caribe Colombiano. Bogotá D.C., Pp. 21-28;

[9] ARDILA (2005). Colombia y El caribe… Op. Cit. Pp. 155.

[10] ABELLO (2006). Una Cátedra… Op. Cit. Pp. 22

[11] Ibíd. Pp. 23.

[12] PEDROZA NIETO, William Tomás (2003) El Océano en las Ciencias Naturales y Sociales. Comisión Colombiana del Océano (CCO). Armada Nacional de Colombia. Cartagena. Ver también GARCIA, Angélica (2003). Colombia País Maravilloso. Situación Astronómica de Colombia. Página virtual bajada de la red el día 27 de Junio de 2007. http://pwp.supercabletv.net.co/garcru/colombia/Colombia/mapaAstronomica.html.

[13] Todas estas discrepancias fueron dirimidas definitivamente, mediante el tratado de límites entre Colombia y Venezuela, firmado el 5 de abril de 1941. No obstante, el tratado limítrofe firmado en el año de 1941, en las últimas décadas han surgido nuevos problemas, como son: El relacionado con el archipiélago de los Monjes. El problema surge debido a las dudas planteadas por Colombia relativas al derecho que tiene Venezuela sobre estos islotes, lo cual produjo una consulta Venezolana a Colombia, quien respondió en 1952 reconociendo la soberanía de Venezuela sobre el referido archipiélago, lo que es ratificado por el Consejo de Estado de Colombia en 1976. En la actualidad el problema es canalizado de acuerdo con lo pautado en laDeclaración de Ureña“, firmada por los Presidentes de Venezuela y Colombia el 28 de marzo de 1989, en virtud de la cual se designaron los miembros de la Comisión Permanente de la Conciliación, establecida en el “Tratado de No Agresión, Conciliación, Arbitraje y Arreglo Judicial de 1939″, y de cuatro altos Comisionados para hacer el inventario de las principales cuestiones por examinar entre ambos países y formular propuestas de tratamiento y de solución. También se nombraron dos comisiones, una venezolana y otra colombiana, para que se encargaran de la preparación y estudio de los Convenios y Tratados relativos al desarrollo economico y social de las áreas fronterizas. Tanto los altos comisionados como las comisiones de asuntos fronterizos han venido trabajando y han presentado los informes correspondientes a los respectivos gobiernos, los cuales están referidos a la evaluación de los problemas fronterizos, pero hasta ahora no se ha llegado al fondo del problema principal que es el de las áreas marinas y submarinas del Golfo de Venezuela. Problemas planteados en relación con la demarcación limítrofe Colombo-venezolana en BARBOZA, Elizabeth (2002) Límites de Venezuela. República Bolivariana de Venezuela. Ministerio de Educacion, Cultura y Deportes. Cabudare-Lara.

[14] Tal vez este sea el más conocido por los colombianos en cuanto a fronteras marítimas se refiere, básicamente por el pleito internacional que durante mucho años han presentado estos dos países en la corte de la Haya, por motivo de dominio sobre San Andrés y Providencia y demás islas circunvecinas.

[15] Tratado que una vez firmado, hizo que Nicaragua también entrara en discordia con Honduras y sirviera a su vez de pretexto para hacer dos demandas internacionales por temas fronterizos en la corte de la Haya, uno contra Colombia y la otra por supuesto, contra Honduras.

[16] PEDROZA (2003) El Océano. Op. Cit. A pesar de los hechos históricos que han caracterizado la relación de Colombia con el Caribe, por ser delimitado recientemente, resulta extremadamente pasmosa dicha situación, pues sólo le legalizaron estos límites, así: Con Nicaragua en 1928, con Panamá en 1976, con Costa Rica en 1977 el primer tratado, con República Dominicana en 1.978, con Haití en 1.978, con Honduras 1.986 y con Jamaica 1.993. En GRISALES, Germán (2007) Identidades, Violencia, Integración y Región Caribe.  Revista Jangwa Pana. Nro. 5 Enero – Junio. Universidad del Magdalena. Santa Marta

[17] Ver RAMÍREZ OCAMPO, Augusto. Balance y retos de la política exterior colombiana hacia el Gran Caribe: Una perspectiva política, Foro Relaciones Internacionales de Colombia con el Gran Caribe, p. 89. en GONZÁLEZ ARANA, Roberto (2007) Colombia en el Caribe. Revista Huellas. Universidad del Norte. Barranquilla.

[18] Ibid.

[19] En este contexto, Costa Rica presenta una franja entre sí de tan sólo 320 Km, con una longitud máxima de 464 Km. (dirección NO-SE, desde dos millas antes de la desembocadura del Río Sapoá hasta Punta Burica, puntos extremos en el territorio continental. Los dos puntos del territorio nacional más distantes entre sí, son Punta Castilla, en la costa del Caribe, y Cabo Dampier, en la Isla del Coco). Y la menor distancia entre los dos mares es de 119 Km. (dirección NE-SO, desde Tuba hasta boca Coronado). Así la cosas, este país tiene una latitud, así: por el norte: 11º 13′ 12″ (lugar donde el Río Sapoá entra a Nicaragua); al sur: 08º 02′ 26″ (Punta Burica, punto más meridional del territorio continental. El punto más meridional de todo el territorio nacional es Cabo Dampier, en la Isla del Coco, a 005º 30′ 06″ de Latitud Norte). Así mismo, una longitud de la siguiente manera: al este: 82º 33′ 48″ (Boca del Río Sixaola); al oeste: 85º 57′ 57″ (Cabo Santa Elena, punto más occidental del territorio continental. El punto más occidental de todo el territorio nacional se encuentra en el islote Dos Amigos, adyacente a la Isla del Coco, a 87º 06′ 06″ de longitud oeste).

[20] Instituto Geográfico Nacional de Costa Rica (2005). Dimensiones del Territorio Nacional. División Territorial Administrativa de la República de Costa Rica. Comisión Nacional de División Territorial Administrativa. www.mopt.gov.cr , tomado de la red el 20 de Mayo de 2007.

[21] CARPIO CASTILLO, Rubén (1981) Geopolitica de Venezuela. Editorial Ariel. Caracas; Ver también el trabajos de MARTINEZ, Raynell (1997) El Espacio Geográfico Venezolano. Web grafía. Caracas.

[22] AGUILERA, Jesús Antonio (1988) Las fronteras de Venezuela. Ediciones del Congreso de la República. Caracas. Ver también los trabajos de BARBOZA, Elizabeth (2002) Límites de Venezuela. República Bolivariana de Venezuela. Ministerio de Educacion, Cultura y Deportes. Cabudare-Lara; MORALES, Paul Isidro (1983) La Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas Al Norte de Venezuela. Serie estudios. Caracas.

[23] LÓPEZ GUERRA, Luís y AGUIAR DE LUQUE, Luís (2001) Las Constituciones de Iberoamérica.: Análisis de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Instituto de Derecho Público Comparado. Universidad Carlos III de Madrid.

[24] Ibíd.

[25] Para ello ver la información que difunde el Instituto Geográfico de Venezuela “Simón Bolívar” en su Página Virtual Oficial. www.igvsb.gov.ve

[26] Las costa de Mosquitos más las islas adyacentes, como las de San Andrés y Providencia, que durante la colonia permanecieron bajo la jurisdicción de la Capitanía General de Guatemala, pasaron en 1803, por recomendación de la Junta de Fortificación y Defensa de Indias, al Virreinato de Nueva Granada, que estaba en mejor aptitud para defender la costa del Caribe, desde el castillo de Chagres en Panamá hasta el Cabo Gracias a Dios.  Aunque la real orden nunca implicó segregación de territorios, sino una simple comisión de vigilancia militar, tal documento dio base a la actual Colombia para reclamar soberanía sobre la Costa Atlántica de Nicaragua e islas adyacentes. Como resultado del litigio se firmó el tratado Esguerra – Bárcenas Meneces, ratificado por el congreso de Nicaragua, en 1930, mediante el cual Colombia mantuvo su dominio en el archipiélago de San Andrés y Providencia. Sin embargo, las islas, así como los bancos de Quitasueño, Serrana y Roncador, se encuentran situados a 250 Km. al este de Puerto Cabezas (Nicaragua) y a más de 600 Km. de las costas colombianas.

[27] El Golfo de Fonseca o Chorotega es el único límite que separa a Nicaragua con El Salvador. Para el ejercicio de su soberanía se considera como propiedad de Nicaragua las islitas Farallones, frente a Cosigüina, mientras las islas de Meanguera y Meanguerita son salvadoreñas. Las aguas del Golfo son compartidas también por Honduras, única salida de este país al Pacífico. Resulta por tanto difícil de precisar qué parte del mar territorial y de la plataforma submarina, corresponde a cada uno de los tres países, resultando a veces infundados los reclamos, de un país a otro, como en el caso de la explotación pesquera en el golfo, a menos que tales acciones se circunscriban a las inmediaciones litorales, sobre las que los países ejercen natural soberanía. Ver INSTITUTO NICARAGUENSE DE INVESTIGACIÓNES ECONÓMICAS Y SOCIALES (INIES) (1995). Estudio sobre el uso de los recursos naturales en dos microcuencas hidrográficas de los municipios de Jinotega y Cua-Bocay departamento de Jinotega, República de Nicaragua. Universidad Nacional Agraria (Una). Managua.

[28] SECRETARIA DE ESTADO DE TURISMO Y COMERCIO (2000). República de Panamá. Secretaría de Turismo de Panamá. Panamá.

[29] PARME, significa Programa de Apoyo a la Reforma y Modernización del Estado de la República Dominicana. Ver en ese sentido Geografía y Estructura Económica. www.parme.gov.rd, tomado de la red el día 20 de Junio de 2007.

[30] ALARCON MENESES, Luís (2006). Representaciones Sociales y Políticas Sobre el Caribe Colombiano. En El Caribe en la Nación Colombiana. Memorias X Cátedra Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado”. Ministerio de Cultura de Colombia, Museo Nacional de Colombia y el Observatorio del Caribe Colombiano. Bogotá D.C., Pp. 214-236;

[31] Ibíd.

[32] Sobre este aspecto, las personas oriundas del interior de los países continentales, especialmente la de los suramericanos caribeños, en un falso estereotipo, consideran que los caribeños como tal, son muy poco dado al trabajo y al cultivo de la inteligencia, dejando ver una fobia hacia el proveniente de la región Caribe, pues en el imaginario nacional consideran que las elites están es en la andinización y no en las costas, básicamente por la centralización de los poderes. Esto se refuta de raíz, por cuanto esas concepciones son infundadas e inocuas, ya que del caribe han salido las personas que le dan brillo a esos países, principalmente desde la literatura, las artes, los deportes, la música, etc.

[33] BRICEÑO MÉNDEZ, Manuel (1976) Consideraciones sobre la Formación del Espacio en Venezuela. Caracas.

[34] MÉNDEZ VERGARA, Elías (1996) Geografía: Una ciencia en Construccion.  Mexico. D.F.

[35] MARTINEZ, (1997) El Espacio… Op. Cit.

[36] ANDERSON, Benedict (1993) Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y difusión del nacionalismo. México D.F.; JODELET, Denis (2000) Representaciones sociales: contribución a un saber sociocultural sin fronteras. En Denis Jodelet y Alfredo Guerrero Tapia, Develando la Cultura. Estudios en representaciones sociales. Universidad Autónoma de México. UNAM. México D.F. Pp. 7 – 30.

[37] ALARCON (2006) Representaciones Op. Cit. Pp. 216.

[38] Ibíd. En este sentido Germán Grisales (2007) establece “Sea que los llamemos regionalismos o nacionalismos, identidades regionales o nacionales no parecen constituir procesos naturales, en la mayoría de los casos, sino procesos ratifícales inducidos por la élites en gran medida con poder político o con poder económico, o, que sin tenerlos aspiran tenerlos, o están inconformes con la cuota que conservan en un momento determinado….”

[39] BELL (2006) ¿Costa Atlántica?.. Op. Cit. Pp. 130.

[40] AVELLA (2006). El Papel de… Op. Cit. Pp. 106.

[41] BRAUDEL, Fernand y DUBY, Georges (1987) El Mediterráneo, Espasa-Calpe. Madrid. Pp. 37 – 60. En BELL (2006) ¿Costa Atlántica?.. Op. Cit. Pp. 130.

[42] Germán Arciniegas en su libro Biografía del Caribe, en cuanto al fenómeno de los Huracanes, de forma pictórica denomina al mar Caribe, como un: “charco violento por donde se han paseado todos los huracanes”.

[43] BELL (2006) ¿ Costa Atlántica?.. Op. Cit. Pp. 130.

[44] QUIJADA, Mónica (2001) Imaginando la Homogeneidad: la alquimia de la Tierra. En Mónica Quijada, Carmen Bernard y Arnd Schneider. Homogeneidad y nación. Un estudio de caso. Argentina, siglos XIX y XX. CSIC. Madrid. Pp. 182. Ver ALARCON (2006) Representaciones Op. Cit. Pp. 233.

[45] Ibíd.

[46] TURNER, Frederic Jackson (1894) “The Significance of the Frontier in American History” Annual Report Of The American Historical Association, Government Printing office. Washington. Este trabajo posteriormente fue reeditato por David Weber y Jane Rausch (editores) Where Cultures Meet (Frontiers in Latin American History). Jaguar Books, Wilmington. 1994. Pp. 1-18. En POLO ACUÑA, José (2006) Desde la Otra Orilla: las Fronteras del Caribe en la “Historia Nacional”. En El Caribe en la Nación Colombiana. Memorias X Cátedra Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado”. Ministerio de Cultura de Colombia, Museo Nacional de Colombia y el Observatorio del Caribe Colombiano Bogotá D.C., Pp. 172.

[47] POLO (2006) Desde la Otra Orilla: … Op. Cit. Pp. 172.

[48] Para comprender lo anterior, ver también el trabajo de LONDOÑO MOTA, Jaime (2003) “La Frontera un Concepto en Construcción”. En Clara Inés García (Compiladora), Fronteras (Territorios y Metáforas). Hombre Nuevo Editores/Instituto Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia, Medellín, Pp. 61-83.

[49] Turner en su ensayo mezcla geografía, política, economía, y cultura y desde estas peculiaridades arguye que la vida de frontera contribuye a forjar una nueva nación, con valores y prácticas compartidas que sustituyen progresivamente a las diferentes tradiciones culturales importadas desde Europa por los primeros emigrantes, concluyendo tajantemente que todo ese proceso que vivió Estados Unidos en la primera mitad del siglo XIX, fue por las Fronteras y no por los gérmenes de identidad americana. Entendiéndose a esta frontera, sobre todo en su dimensión geográfica, como un inmenso territorio de tierras libres, abiertas a la colonización. Turner, a su vez aduce que, en la oferta de tierras sin ocupar, que proporcionan las planicies centrales del continente, apenas pobladas, estaría la clave de un sistema social extraordinariamente estable y fluido.  Por ello, su existencia explica no sólo el rápido desarrollo económico alcanzado por el país desde el momento de su independencia, sino particularidades políticas y culturales. Trabajo que fue continuado, más adelante por el mismo Turner en 1903, con su obra “Contribuciones del Oeste Americano a la democracia”, donde en esencia Turner trata de  mostrar la relación que se establece entre democracia y frontera, aduciendo que el poder se centralizaba sólo en personas que procedían de esas fronteras. Hecho que a la luz de lógica, en tiempos actuales sobre todo en Colombia, tiene una alta dosis de verdad.   Trabajos que posteriormente fueron tratados con lujos de detalle, ya sea por críticas o en apologías, por Bolton (1917), Bannon (1974), Moorhead (1975), Faulk (1976) y Langer y Jackson (1997).

[50] Bandeirantes son llamados los hombres que a partir del siglo XVI penetraban en los territorios interiores del Brasil. La villa de San Pablo (Sao Paulo) era entonces distinta de las demás poblaciones portuguesas en América porque no se encontraba en el litoral, sino enclavada sobre el altiplano que se alcanzaba después de subir la “Sierra del Mar”. Así, aislados del comercio y sin alternativas económicas, allí los hombres se hicieron bravíos y pasaron a atacar a los indígenas para hacerlos esclavos en sus plantaciones de azúcar. Los Bandeirantes étnicamente eran descendientes de portugueses, casi mestizos con elementos indígenas. Caminaban descalzados por la selva y hablaban el “tupi” enseñado por los jesuitas en la escuela creada los comienzos de la colonización de la villa. Pero sus acciones violentas contra la población indígena fueron condenadas por los sacerdotes de la Compañía de Jesús, que se volvieron sus enemigos.

[51] POLO (2006) Desde la Otra Orilla: Op. Cit. Pp. 174.

[52] Ibíd.

[53] WADE, Peter (2002) Construcción de lo negro y de África en Colombia. Política en la música costeña y el rap. Traducción de Fernando Visual. En Afrodescendientes en las Américas. Trayectorias sociales e identitarias, 150 años de la abolición de la esclavitud en Colombia. Universidad Nacional de Colombia, otros. Bogotá; AJA ESLAVA, Lorena (2007) Música, cuerpos e identidades hibridas en el Caribe: ¿Cuál música, cual cuerpo, cual identidad, cual Caribe?. Revista Jangwa Pana. Nro. 5 Enero-Junio. Universidad del Magdalena. Santa Marta. Pp. 41.

[54] Ibíd.

[55] Ibíd.

[56] RAMÍREZ, Socorro (2003) Avances y retrocesos del Gran Caribe. Etapas y resultados de la Asociación de Estados del Caribe . XXII Conferencia Anual de la Caribbean Assotiation, Barranquilla, mayo de 1997, Pp. 13- 40. En GONZALEZ ARANA (2007) Colombia en el Caribe… Op. Cit..

[57] Este tipo de trabajo especialmente en Latinoamérica y el Caribe han sido pocos, aunque con un gran avance durante la última década, sin embargo en esos pocos que se han elaborado, sobre estos apartes, se recomienda ver los trabajos de MUNERA, Alfonso (2005) Fronteras Imaginadas: La construcción de las razas y de la geografía en el siglo XIX colombiano. Editorial Planeta Colombiana S.A. Primera Edición. Bogotá D.C; GRIMSON, Alejandro (2005) Los procesos de fronterización: flujos, redes e historiocidad” en Clara Inés García (compiladora) Fronteras (Territorios-Metáforas). Hombre Nuevo Editores/Instituto Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia, Medellín, Pp. 15-33; HERNANDEZ ASENCIO, Raúl (2004) Los estudios de frontera y los discursos relativos a las fronteras tropicales a comienzos del siglo XVII. En La frontera Occidental de la Audiencia de Quito. Viajes y Relatos 1.595 – 1.630- Instituto Francés de Estudios Andinos e Instituto de Estudios Peruanos. Colección Popular. Primera Edición. Perú Septiembre de 2.004. Pp. 17 – 45.  Ya de manera más provincial, es rescatable los trabajos de Philip W. Powell y David J. Weber.  Powell (1977 y 1980) centra sus esfuerzos en analizar las relaciones entre las poblaciones sedentarias españolas al norte de México y los Pueblos Nómadas Chichimecas, fronteras que se han suscitado incluso desde épocas prehispánicas.  Así mismo, Hermes Tovar Pinzón en Convocatoria al poder del número: censos y estadísticas de la Nueva Granada 1750-1830, toca el tema de la “frontera del Nuevo Mundo y el doblamiento en la Nueva Granada”. Archivo General de la Nación. Bogotá. 1994. Pp. 17-59; el mismo José Polo Acuña, lo hace en “Contrabando y pacificación indígena en la frontera Colombo-venezolana de la Guajira 1750-1820” en América Latina en la Historia Económica, julio-diciembre 1995. México. Pp. 87-130. Igualmente “Etnicidad, conflicto social y cultura fronteriza en la Guajira 1700-1850”. Universidad de los Andes/Ministerio de Cultura/Observatorio del Caribe Colombiano. Bogotá. 2005; y “Etnicidad, poder y negociación en la frontera Guajira 1750-1850”. Instituto Colombiano de Antropología en Historia. ICANH. Bogotá. 2005; A manera de ejemplo también podemos citar a: Jane Rausch (1994) “Una frontera en la sabana tropical. Los llanos de Colombia, 1531-1831”. Banco de la República. Bogotá. (2002) la Frontera de los llanos orientales en la historia de Colombia. Banco de la República-El Ancora Editores. Bogotá; María Clemencia Ramírez de Jara (1996) Frontera fluida entra Andes, Piedemonte y Selva. El Caso del Valle del Sibundoy, siglos XVI – XVIII. Instituto Colombiano de Historia Hispánica. Bogotá; María Teresa Archiva (2003) Una sociedad de frontera: El Bajo Cauca-Nechí a finales del periodo colonial- Fronteras (Territorios-Metáforas). Hombre Nuevo Editores/Instituto Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia, Medellín, Pp. 273-287; Arístides Ramos Peñuela (1999) Los caminos al río Magdalena: la frontera del Carare y del Opón 1760-1860. Instituto Colombiano de Cultura Hispánica. Bogotá, 178 Pp. ;Richard James Goulet (2003) “Trade and Conversión: Indiens, Franciscans and Spaniards on the Upper Amazon Frontier, 1693-1790”. Tesis para optar título de Doctor en Historia de la Universidad de Massachussets; Patricia Vargas (1995). Naciones aborígenes y la estructuración del espacio colonial: fronteras internas y externas en la Nueva Granada durante los siglos XVI, XVII y XVIII. En Regiones Culturales y Fronteras entre el Magdalena y el Pacífico, siglos XVI-XVIII. Fundación para la promoción de la investigación y la Tecnología. Bogotá; Miguel García Bustamante (1997) Un Pueblo de Frontera. Villavicencio, 1840-1940. Cargraphic. Bogotá; Sandra Bravo y Medardo Restrepo (2003) La frontera desde la perspectiva económica: un estudio del caso de la vertiente Bajo Cauca-Nechí 1640-1830. en Clara Inés García Fronteras (Territorios-Metáforas). Hombre Nuevo Editores/Instituto Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia, Medellín, Pp. 265-272

[58] POLO (2006) Desde la Otra Orilla: Op. Cit. Pp. 175.

[59] DUNCAN BARETTA, Silvio y MARKOFF, John (1978) Civilization and Barbarism: Cattle Frontier in Latin America. Comparaative Studies in Society and History. Vol. 20, 4 Pp. 587-620.

[60] POLO (2006) Desde la Otra Orilla… Op. Cit. Pp. 179.

[61] Ibíd.. Pp. 178.

[62] HERNANDEZ ASENCIO (2004) Los estudios de frontera… Op. Cit. Pp. 25.

[63] Ibíd.

[64] En este sentido, se trata de una renovación general que atañe a todas las ciencias sociales. Pues, en esencia la teoría de la dependencia, es aquella que trata de estudiar las relaciones entre los diferentes espacios geográficos y culturales desde la perspectiva de los vínculos económicos que los unen entre sí.

[65] Un referente importante sobre este tema, lo constituyen los trabajos hechos en las décadas del 60 y 70, por Carlos Sempat Assadourian, quien dentro de la historiografía americanista concibe una nueva forma de percibir los espacios regionales y con ello, dándose una ruptura en la visión tradicional de áreas centrales y áreas marginales desde el punto de vista político, sustituida por la idea de espacios más o menos integrados en función de un sistema global de relaciones sociales y económicas. Sobre el particular, Assadourian (1983, 129) sintetiza: “La América española se fractura en grandes zonas económicas que se adelantan a la zonificación política o administrativa. Cada una de estas zonas conforma un verdadero y complejo espacio económico, cuyo diseño más simple sería el siguiente: (a) la estructura se asienta sobre uno o dos productos dominantes que orientan un crecimiento hacia fuera y sostienen el intercambio con la metrópoli; (b) en cada zona se genera un proceso que trae consigo una especialización regional del trabajo, lo cual estructura un sistema de intercambios que organiza o concede a cada región un nivel determinado de participación y desarrollo dentro del complejo zonal; (c) la metrópoli legisla un sistema para comunicarse directamente con cada zona, al tiempo que veda el acceso de las otras potencias; y (d) la metrópoli, igualmente, regula, interfiere o niega la relación entre grandes zonas coloniales”.

[66] HERNANDEZ (2004) Los estudios de frontera… Op. Cit. Pp. 25

[67] SANTANA (2007).  Repensando el Caribe… Op. Cit. Pp. 1.

[68] ROJAS OSORIO, Carlos (1997) La Filosofía moderna en el Caribe hispano. Universidad de Puerto Rico. Decanato de Estudios Graduados e Investigación, Rio Piedras. Editado por Miguel Ángel Porrúa. México p. 8

[69] En cuanto a la exclusión de Nicaragua, hipotéticamente tal vez tal vez tenga razón si es vista desde el siglo XIX, y de ser así es loable su pronunciamiento, pero de no ser éste su resorte, no encontramos otra razón de peso para aceptarlo.

[70] GAZTAMBIDE, Antonio (2007) La Invención del Caribe a Partir de 1.898 (Las definiciones del Caribe, revisitadas). Revista Jangwa Pana. Nro. 5 Enero- Junio. Universidad del Magdalena. Santa Marta. Pp. 1-23.  SANTANA (2007).  Repensando el Caribe… Op. Cit.

[71] Sobre esa unión fraternal caribeña, Eric Hobsbawn (2001) plantea “El Caribe se distingue en la historia Universal, porque su gran contribución ha sido el ethos caribeño”.  Entendiéndose a ethos, acorde con Geertz (1997), como: “El ethos de un pueblo, es el tono, el carácter y la calidad de su vida, su estilo moral y estético, la disposición de su ánimo. Se trata entonces de la actitud subyacente que un pueblo tiene ante sí mismo, y ante el mundo que la vida refleja. Su cosmovisión, es un retrato en que las cosas son en su pura efectividad: es su concepción de la naturaleza, de la persona de la sociedad. La cosmovisión tiene la ideas más generales de orden de ese pueblo”. Ante eso, Aja (2007) sobre el ethos Caribe, expone “Hibridación, mezcla, dominación, esclavitud, libertad, desorden, jolgorio, fiesta, ritmo, turismo, contrabando, cimarronería, risa, plantación, la raza cósmica, sistema-mundo…”. HOBSBAWM, Eric (2001) Historia del Siglo XX. Crítica. Barcelona; GEERTZ, Clifford (1997) La interpretación de las culturas. Gedisa. Barcelona; AJA ESLAVA, Lorena (2007) Música, cuerpos e identidades hibridas en el Caribe: ¿Cuál música, cual cuerpo, cual identidad, cual Caribe?. Revista Jangwa Pana. Nro. 5 Enero-Junio. Universidad del Magdalena. Santa Marta. Pp. 40.

[72] GONZALEZ ARANA (2007) Colombia en el Caribe… Op. Cit.

[73] AJA (2007) Música, Cuerpos… Op. Cit. Pp. 41

[74] No se necesitan muchos estudios para notar la diversidad de criterios que existen en cuanto a los límites y las naciones que componen el cuadro caribeño. Y más cuando de Caribe se trata, se apunta a los distintos enfoques en busca de lo homogéneo en una zona especialmente heterogénea, dada su composición étnica -  racial y su diversidad lingüística. Pluralidad de enfoques que se mueven en un complejo abanico de disciplinas y que van desde la geopolítica a los estudios culturales. Además, porque en ello, se asientan las pautas teórico metodológicas, para incluir o excluir a las naciones del universo caribeño, pese a la diversidad de sus lenguas, religiones, de su geografía fragmentada en miles de islas y en la “polvareda de países”, algunos con sólo 16.000 habitantes, que tienen voto en la ONU, como lo plantean los profesores Sandner (2001), Avella (2006) y Santana (2007).

[75] Ver los trabajos de SANDNER, Gerhard (2003) Centro América & el Caribe Occidental. Coyunturas, Crisis y Conflictos 1503-1984. Traduccón de Jaime Polanía. Universidad Nacional de Colombia. Sede San Andrés islas. Instituto de Estudios Caribeños. Bogotá; (2001) Estudios Regionales del Caribe. ¿en qué sentido?. V Seminario Internacional de Estudios del Caribe, Universidad Nacional Sede de San Andrés. Cartagena; AVELLA, Francisco (2001) Bases Geohistóricas del Caribe Colombiano. En respirando el Caribe. Memorias de la Cátedra del Caribe Colombiano. Vol. 1 Ariel Castillo Mier (Compilador). Observatorio del Caribe Colombiano, Ministerio de Cultura, Universidad del Atlántico; AVELLA (2006) El Papel… Op. Cit. Pp. 109.; AJA (2007) Música, Cuerpos… Op. Cit. Pp. 41

[76] BEJARANO, Jesús Antonio (1994) Historia Económica y Desarrollo. La historiografía económica sobre los siglos XIX y XX en Colombia. CEREC. Editorial Presencia. Bogotá. Pp. 160.

[77] Ibíd. Ver también los trabajos de ORTIZ, Luís Javier (1987) Aproximación al concepto de Región en la historia de Colombia. En Revista Otras Quijotadas. Nro. 4-5 Medellín. Agosto. Pp. 17.

[78] Este concepto básicamente se puede notar en el trabajo de KEITH, Christie (1985) Oligarcas, campesinos y política en Colombia. Aspectos de la historia sociopolítica de la frontera Antioqueña. Ed. Universidad Nacional. Bogotá.

[79] BELL (2006) ¿ Costa Atlántica?.. Op. Cit. Pp. 136.  Ver también a DUNCAN y MARKOFF, (1978) Civilization and Barbarism. Op. Cit.Pp. 587-620; POLO (2006) Desde la otra Orilla… Op. Cit. Pp. 175.

[80] ABELLO (2006) Una cátedra… Op. Cit. Pp. 22.

[81] Ibíd.  Lo anterior hecho con base en los pronunciamientos del reconocido escritor cubano Antonio Benítez Rojo.

[82] GAZTAMBIDE, (2007) La Invención del Caribe… Op. Cit.; GAZTAMBIDE – GEIGEL, Antonio (1996). La invención del Caribe. Las definiciones del Caribe como problema histórico y metodológico. Revista Mexicana del Caribe. Chetumal, Quintana Roo, México, No 1 , p.  75

[83] Ibíd. Ver también a SANTANA (2007). Repensando el Caribe….Op. Cit.  Sobre este aspecto, hay que tener en cuenta, que fuera de las pugnas que se presentaron entre Francia, Inglaterra, España y en menor medida Holanda y Dinamarca, por la hegemonía de las colonias en el Caribe en la segunda mitad del siglo XVIII, se le debe sumar que a partir de 1.776 cuando Estados Unidos se independiza, los conflictos sobre el Caribe se acrecentaron notoriamente, aunque para este periodo la supremacía recaía sobre Inglaterra y España empezaba a presentar su mayor declive. Ver también a BELL (2006)  ¿Costa Atlántica no?… Op. Cit. Pp. 126. FRANCO (1989) Ensayos Sobre… Op. Cit. Pp. 43-70.

[84] SANTANA (2007) Repensando el Caribe….Op. Cit; BELL (2006) ¿ Costa Atlántica?.. Op. Cit. Pp. 125.

[85] SANTANA (2007) Ibíd.

[86] ARROM, J. (1980). Estudios de Lexicología Antillana, Casa de las Américas. La Habana, Pág., 95.

[87] SANTANA (2007) Repensando el Caribe….Op. Cit; BELL (2006) ¿Costa Atlántica no?.. Op. Cit. Pp. 125.

[88] Ver también a BELL (2006) ¿ Costa Atlántica?.. Op. Cit. Pp. 126-128.

[89] Algunos historiadores acostumbran a llamar esta integración de países la Gran Colombia, para diferenciarla de de la actual República de Colombia.

[90] Biblioteca Nacional de Colombia. Hemeroteca. Periódico Gazeta de Santa Marta. Nro. 19. Sábado 15 de Septiembre de 1.821. Bogotá.  Ver también a Pombo y Guerra (1892) Constituciones de Colombia. Constitución de la República de Colombia, año 1821-II. Rosario de Cúcuta. Octubre 12. Bogotá. Pp. III. En ALARCON (2006) Representaciones Op. Cit. Pp. 217-218..

[91] Ibíd.

[92] LOPEZ (2005). Hay Despreocupación… Op. Cit. Hay que tener en cuenta que si analizamos la geohistoria, en este sentido al estar Venezuela integrado al territorio de Colombia en el siglo XIX, ahora si pueda ser comprensible entonces, porqué en algunos mapas aparecen fronteras de Colombia con el Océano Atlántico y sobre ellos, algunos profesores enseñen erróneamente Geografía en los colegios, como dijimos al iniciar este escrito, que Colombia limita con el Océano Atlántico, pues Venezuela como nación soberana al noroeste de sus límites, sí colinda con el Océano Atlántico.

[93] Ver también del mismo autor (1991) “La conexión jamaiquina y la Nueva Granada 1760-1840. Cartagena de Indias de la Colonia a la República. Fundación Simón y Lola Guberek. Bogotá. Además de Jamaica por múltiples razones, pero en especial por comercio licito e ilícito, el Caribe Hispano, se mantuvo ligado al Caribe francófono, anglosajón y holandés, primordialmente con Haití, Aruba y Curazao.

[94] Para Arturo Sorhegui, este proceso favoreció una mejor utilización de las aguas del Mediterráneo americano en su triple condición de puente líquido marítimo de unión entre las Antillas y el norte, sur y centro del continente; punto obligado durante dichas centurias para la intercomunicación con Europa y África, a través de la corriente ecuatorial y ruta imprescindible en la conexión con el Asia, por medio de Manila (Filipinas) que aprovechando la corriente del Gulf Stream llegaban al viejo continente. en SORHEGUI D´MARES, Arturo (2004)  La Habana y la Nueva España, el Mediterráneo Americano y la Administración Española en el siglo XVIII. Revista Chacmool. Cuadernos de Trabajo Cubano-Mexicano III. Ediciones Imagen Contemporánea. Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz. Universidad de la Habana. La Habana. Pp. 85; (2002) La Habana – Veracruz. El Mediterráneo Americano y el Circuito Imperial Hispano (1519-1821) en Bernardo García y Sergio Guerra Vilaboy (Coord.) La Habana/Veracruz-Veracruz/La Habana. Las dos orillas. Universidad Veracruzana. México; VIDAL ORTEGA, Antonino (2002) Cartagena de Indias y la región histórica del Caribe. Cartagena de Indias 1580-1640. Universidad de Sevilla,  Pp.1-9. en GONZÁLEZ ARANA, Roberto (2007) Colombia en el Caribe. Revista Huellas. Universidad del Norte. Barranquilla.

[95] FRANCO, José Luciano (1989) Ensayos sobre el Caribe. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. Pp 1-79.

[96] BELL (2006) ¿Costa Atlántica no?… Op. Cit. Pp. 126; FRANCO (1989) Ensayos Sobre…. Op. Cit.          Pp. 43-70.

[97] Para conocer de manera más profunda al respecto se recomienda ver los trabajos de GAZTAMBIDE – GEIGEL, Antonio (1996). La invención del Caribe. Las definiciones del Caribe como problema histórico y metodológico. Revista Mexicana del Caribe. Chetumal, Quintana Roo, México, No 1.  BELL (2006) ¿Costa Atlántica no?… Op. Cit. Pp. 126 y SANTANA (2007) Repensando el Caribe….Op. Cit.

[98] GAZTAMBDE (1996), (2007) La invención del Caribe… Op. Cit; SANTANA (2007) Repensando el caribe… Op. Cit.; BELL (2006) ¿Costa Atlántica no?… Op. Cit. Pp. 12.

[99] Ibíd..

[100] SANTANA (2007) Repensando el Caribe… Op. Cit.

[101] Ibíd.

[102] Ibíd. ; FRANCO (1989) Ensayos sobre el Caribe. Op. Cit. Pp. 75-79

[103] FRANCO (1989) Ensayos sobre el Caribe. Op. Cit. Pp. 75

[104] Dentro de las colonias danesas en el Caribe, al perder esta posesión, Dinamarca tal vez pierde su mayor piedra angular, por lo que geoestratégicamente a tiempos actuales le hubiese representado.

[105] FRANCO (1989) Ensayos sobre el Caribe. Op. Cit. Pp. 79

[106] Ibíd.

[107] SANTANA (2007) Repensando el Caribe… Op. Cit. Sobre este aspecto, ver también a GUERRA VILABOY, Sergio (2001) Historia mínima de América. Editorial Félix Varela. La Habana Pp. 219 – 220.

[108] El corolario Roosevelt  fue de hecho una adecuación de la Doctrina Monroe al nuevo período. T. Roosevelt Presidente en ese entonces de la nación norteña, declaró que en el Hemisferio Occidental la adhesión a la doctrina Monroe podía obligar a Estados Unidos al ejercicio de un poder de policía internacional

[109] GAZTAMBDE (1996), (2007) La invención del Caribe… Op. Cit; SANTANA (2007) Repensando el caribe… Op. Cit.

[110] SANTANA (2007) Repensando el caribe… Op. Cit.

[111] GAZTAMBIDE (2007) Op. Cit.

[112] SANTANA (2007). Repensando el Caribe…. Op. Cit. Sobre la historiografía del imperialismo e inherencia yanqui en el Caribe, es bueno ver las obras de HOSTOS, Eugenio María (1976). Obras. Casa de las Américas. La Habana, Pp. 503-512, exponente de la ideología antiimperialista antillana, quien refuta el anexionismo puertorriqueño, señalando que tenía el inconveniente de “subordinar la riqueza y la independencia económica de Puerto Rico a la torpe política económica de los Estados Unidos”.  A su vez, más adelante expresa que en 1900 veía en “el predominio de los peores representantes del espíritu americano ha resultado el robo de Puerto Rico”; Sobre este aspecto ver también a Mariano Abril Osteló; SOLER, R. (1980) Idea y cuestión nacional latinoamericanas, de la independencia a la emergencia del imperialismo, Editorial Siglo XXI, México. Pp. 225; ZÚMETA, César (1979) El Continente Enfermo. UNAM. México. Pp. 5; GUERRA VILABOY, Sergio (2003) Cinco siglos de historiografía latinoamericana. Editorial Félix Varela, La Habana, Pp. 93; VARGAS VILA, José María. Ante los bárbaros (los Estados Unidos y la Guerra).El yanqui; he aquí el enemigo. Panfleto. Bogotá.

[113] En esta referencia humildemente, fuera de lo expuesto hasta ahora, trataremos de hacer una cronología del material existente sobre el Caribe, en especial después de la concepción yanqui de lo que es denominado cómo Caribe, así: ENAMORADO CUESTA, José (1936) El Imperialismo Yanqui y la Revolución en el Caribe. Universidad de Puerto Rico. San Juan. Esta obra no se limitaba a las Antillas, pues incluía además a Panamá y la América Central; GUERRA, Ramiro (1935) La expansión territorial de los Estados Unidos a expensas de España  y de los países  hispanoamericanos. Aquí el autor pone de manifiesto la ambición expansionista norteamericana en relación con México, América Central y las Antillas, en una región que denomina también como Caribe. ARCINIEGAS, Germán (1945) Biografía del caribe. Obra reeditada en muchas ocasiones, en la cual ya extiende los escenarios hasta la ocupación del canal de Panamá de parte de los norteamericanos. Es bueno mencionar que un año antes de la publicación de la obra de Arciniegas, en Marzo de 1.944 se imprime masivamente la primera edición de Gaceta del Caribe, publicación cubana que mostraba la producción intelectual de los escritores de la época, a través de un intercambio literario, de la cual era editor principal Nicolás Guillén. Aunado a lo anterior, hay que sumarles las obras de los trinitarios JAMES, C.L.R. (1938) The Black Jacobins: Toussant L´Overture and the San Domingo Revolution. London. Secker and Warburg, Reditada posteriormente en 1963; WILLIAMS, Eric (1944) Capitalism and Slavery. Chapel Hill. University of North Carolina Press; y (1970) From Columbus to Castro: History of the Caribbean, London: Andre Deutsch. Por su parte el Jamaicano ROBERTS W,. Adolphe (1940) The Caribbean: The Story of our Sea of Destiny, New York, the Bobbs-Merill Company; Nuevamente el colombiano Germán Arciniegas en 1.946 publica en Inglés otra obra alusiva al Caribe, denominada Caribbean: Sea of the New World. New Cork. Hasta ahora, estos autores íconos y pioneros en la visión  Caribe, escribían según Santana (2007) más allá de las barreras lingüísticas y de los lazos coloniales, para centrarse en las experiencias históricas comunes: exterminio de la población aborigen, las rivalidades entre las potencias coloniales, la esclavitud y la trata, el sistema de plantaciones y la política agresiva y expansionista de Estados Unidos.

[114] Estudios que dan pie a la creación en 1.968 de la Asociación Caribeña de Libre Comercio, conocida por las siglas de CARIFTA, que se sería el punto de partida para la creación en 1973 de la Comunidad Económica del Caribe (CARICOM). Ver SANTANA (2007) Repensando el Caribe… Op. Cit.

[115] BOSCH, Juan (1999). De Cristóbal a Fidel Castro: El Caribe, frontera imperial. Santo Domingo.  (décima edición dominicana); Pp. 34. (Primera publicación 1970)

[116] Bosch, Juan. Obra citada. P. 34

[117] RODRÍGUEZ JULIÁ, Edgardo (1988) Puerto Rico y el Caribe: historia de una marginalidad, en El Nuevo Día, San Juan, 20 Noviembre. En GIRVAN, Norman (2000) Reinterpretar el Caribe. Revista Mexicana del Caribe. No 7. México.

[118] MOYA PONDS, Frank (1978) Caribbean consciousness: What the Caribbean ist not. Caribbean Educational Bulletin, vol.5, núm. 3, Septiembre. Pp.41.

[119] VON GRAFENSTEIN, Johanna (1997). Nueva España en el Circuncaribe, 1779 -1808. Revolución, competencia imperial y vínculos intercoloniales. CCYDEL – UNAM . México P. 14

[120] Ibid. P 23

[121] SANTANA (2007) Op. Cit.

[122] YANES, Hernán (2003) El Gran Caribe de los Noventa. Perspectiva sociopolítica en Feliciano J. García (comp.) Antología. Integración Latinoamericana y Caribeña. Universidad Veracruzana. Jalapa. México Pp. 205

[123] ARDILA (2005) Colombia y el Caribe. Op. Cit. Pp. 159

[124] SANTANA (2007) Repensando el Caribe… Op. Cit

[125] Tomado textualmente de ARDILA (2005) Colombia y el Caribe. Op. Cit. Pp. 157

[126] SANTANA (2007) Repensando el Caribe… Op. Cit

[127] ARDILA (2005) Colombia y el Caribe. Op. Cit. Pp. 158

[128] Ibíd.

[129] Ibíd. Pp. 158

[130] Ibíd.

[131] SANTANA (2007) Repensando el Caribe… Op. Cit.

[132] Tomado textualmente de ARDILA (2005) Colombia y el Caribe. Op. Cit. Pp. 160.

[133] Ibíd.

[134] Las estadísticas de las importaciones de EE.UU. indican que el flujo comercial de los países del Caribe, que tienen como destino final de sus productos y mercancías, oscila entre el 30 y el 50%. Fuera de los beneficios arancelarios que pueden recibir, por la inclusión de Puerto Rico, que de acuerdo a la Ley de Impuestos de los Estados Unidos, está preñada de significancia comercial, según lo estipulado en la Iniciativa de la Cuenca del Caribe.

[135] Estas operaciones comerciales se dan básicamente por la tradición histórica de sus ex – colonias, amparadas económicamente con excelentes beneficios arancelarios por medio del convenio de Lomé.

[136] Ibíd. Pp. 166

[137] ARDILA (2005) Colombia y el Caribe. Op. Cit. Pp. 160.

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Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. Nº 5. Marzo 2010-Febrero 2011

 

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