De maestro a presidente. Ideas y pensamientos de Domingo F. Sarmiento

Alejandro Pisnoy *

La especie humana marcha a reunirse en grandes grupos, por razas, por lenguas, por civilizaciones idénticas y análogas.

Prisioneros paraguayos heridos en la guerra con la Argentina. Cándido López. Museo de Bellas Artes. Buenos Aires. Argentina. Foto. Carolina Crisorio

 

¿Lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar [] Incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se les debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado


La educación pública no debe tener otro fin que el aumentar estas fuerzas de producción, de acción y de dirección, aumentando cada vez más el número de individuos que la posean.

 

Hablar de Sarmiento, es hablar de uno de los pensadores más brillantes de su época, pero a su vez es hablar de uno de los próceres menos populares de nuestra historia. No podemos desligar su pensamiento sobre el progreso del país, la educación o el proyecto Argirópolis que buscaba la unificación de Argentina, Paraguay y Uruguay, cuya capital se encontraría en la Isla Martín García[1]. Pero tampoco podemos separarlo de ser una persona que siempre estuvo en desacuerdo con los pueblos originarios que habitaban estas tierras, sus tierras; la agresión al Paraguay justificando la Guerra de la Triple Alianza analizando que ese país se encontraba bajo una tiranía, años más tarde, una vez derrotado y restablecido “el orden” elegirá esas tierras, por cuestiones de salud,  donde pasará a la inmortalidad. Tampoco podemos dejar de mencionar su opinión en contra de las Revoluciones Europeas del 48 y el Socialismo. Su “Civilización y Barbarie”, el constante enfrentamiento con el gobierno de Juan Manuel de Rosas y la oligarquía terrateniente y ganadera del país; sin olvidar tampoco, la gran cantidad de periódicos creados en este país como así también desde su exilio en Chile. Varias de estas cuestiones son las que desarrollare en estas líneas, de la manera más justa y equitativa posible, para que podamos conocer, y sacar conclusiones propias sobre la figura y el pensamiento de este hombre que además, fue presidente de nuestro país.

 

Nació en San Juan el 15 de febrero de 1811 en los inicio de la emancipación de Nuestro Continente, más precisamente en el barrio el Carrascal, uno de los más humildes de la ciudad; hijo de Don José Clemente Sarmiento y Doña Paula Albarracín. Su nombre completo era Faustino Valentín Quiroga Sarmiento, pero su familia lo llamaba con el nombre que lo conocemos, Domingo, según dicen algunas fuentes y comentarios, ese fue el nombre que le quiso dar su madre y no pudo. Cuatro años más tarde ingresa en la “Escuela de la Patria” que había fundado el gobierno revolucionario, y sus primero educadores fueron José e Ignacio Rodríguez. En 1826, fue testigo de las guerras civiles de su provincia donde a los quince años se exilia junto a su tío del pueblo José de Oro a San Francisco del Monte en San Luis, y fundan una escuela donde Sarmiento comenzó a enseñar como maestro de adultos.

 

En 1827 regresa a San Juan, no sólo trabajara en la tienda de su tía, sino que además ante la invasión de las montoneras de Facundo Quiroga a su provincia se sumó como teniente a las fuerzas unitarias que estaban al mando del Gral. Paz. Pero el triunfo de los federales en la batalla de Pilar lo llevara a tomar la decisión, en 1831, de exiliarse a Chile, más precisamente a Santa Rosa de los Andes, donde se hizo cargo de la escuela municipal, al tiempo se trasladó al pueblo de Pocura donde fundó su propia escuela; al año siguiente decide residir en Valparaiso donde trabajará como capataz en una mina de Copiapó.

 

En 1836 regresó a San Juan y junto a otros jóvenes de la ciudad crea la Sociedad de Estudios Literarios que funcionó como filial de la Asociación de Mayo; luego, no sólo fundó el Colegio de Señoritas de Santa Rosa de América, sino que también creó su primer diario, “El Zonda”, al que debió cerrar en 1840 porque el gobierno de la provincia se opuso a sus críticas y le obligaron a pagar impuestos muy altos; además fue acusado de integrar una conspiración y debió exiliarse en Chile nuevamente, y a su paso por la Quebrada del Zonda escribe “Las ideas no se matan”. Instalado en Chile nuevamente escribe como periodista en el diario “El Mercurio” y funda los periódicos “El Progreso” y “El Heraldo Argentino”, y la primera Escuela Normal de Sudamérica donde ejerció como director. Entre 1845 y 1847, fundo “El Progreso” y “La Tribuna”, desde donde crítico al gobierno de Rosas, y publicó la primera entrega de “Facundo. Civilización y Barbarie”, en el primer periódico mencionado. Además por encargo del gobierno de Chile, es enviado a Estados Unidos para entrevistarse con el educador Horace Mann, y estudiar los métodos de educación primaria, tema que además le interesará, junto con las comunicaciones, a lo largo del resto de la gira por Uruguay, Brasil, Cuba,  Argelia, España y Francia donde se reunió con José de San Martín.

 

Entre 1849 y fines de 1851, funda los periódicos “La Crónica”, “La Tribuna” y el semanario “Sud América”; además publica “Educación Popular”, “Viajes por Europa, África y América”, “Argirópolis” y “Recuerdos de Provincia”. Se incorpora junto con otros exiliados como Boletinero con el grado de teniente coronel, en Montevideo al Ejército Grande en apoyo a Urquiza quién se había levantado contra Rosas. En 1852 participa de la batalla de Caseros, pero entra en desacuerdo políticamante con Urquiza y decide regresar a Chile desde donde publica “Comentarios a la Constitución de la Confederación Argentina”. Regresa al país, ya definitivamente, en 1855 donde fue uno de los escritores más importantes del diario “El Nacional”; también fue designado miembro del Consejo Consultivo del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Buenos Aires. Al año siguiente paso a ser el Jefe del Departamento de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires.

 

En los diez años que anteceden su arribo a la presidencia en 1868, fue elegido como Senador para la Legislatura Porteña, en 1860 es nombrado por Mitre como Ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores de la Provincia de Buenos Aires. En 1862 Bartolomé Mitre llega a la presidencia de la Nación, y Sarmiento asume como gobernador de su provincia por dos años, ya que en 1864 fue designado como Ministro Plenipotenciario ante los gobiernos de Chile, Perú y EE.UU. Durante su residencia en este último país, comenzó, en 1865, la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay. En 1867 por iniciativa de Lucio Mansilla es propuesto como candidato a la presidencia, al año siguiente fue condecorado en la Universidad de Michigan (EE.UU.) con el título de Doctor en Leyes “Honoris Causa”. A comienzos de febrero los autonomistas del Club Libertad proclaman públicamente su candidatura a presidente, y en su regreso a la Argentina se entera que fue elegido como Presidente de la Nación por el término de seis años.

 

Durante su presidencia la economía fue de corte liberal. Declaro la libertad de prensa, creó el Boletín Oficial, el Registro Nacional de Agricultura, el Asilo de Inmigrantes, la Oficina Meteorológica, el Museo de Ciencias Naturales, y la realización el primer censo nacional, donde a pesar de las dificultades se supo que la Argentina estaba habitada por, alrededor de, 1.700.000 personas, de los cuales más del 70% eran analfabetos. Instalo el servicio telegráfico y profundizo la extensión del ferrocarril y el desarrollo de la educación pública y la pedagogía. En 1870 finaliza con un saldo trágico, sobre todo para Paraguay, la Guerra de la Triple Alianza que había comenzado durante la presidencia de Mitre. Al cabo de seis años de gobierno, en 1874, entregó la presidencia a su ministro Nicolás Avellaneda. Al año siguiente es elegido como Senador por su provincia, además asume como Director General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires. En 1879 es nombrado Ministro del Interior y dos años más tarde es nombrado Presidente del Consejo Nacional de Educación y se edita el primer número del “Monitor de la Educación Común”.  En sus últimos años de vida funda su último periódico, “El Censor” y publica la vida de su hijo adoptivo Dominguito, muerto en la Guerra del Paraguay. En los meses de invierno de 1888 se traslada a Paraguay donde fallece el 11 de Septiembre de ese mismo año.

Pulpería, Jean Leon Pallier.


Independencia, Imperialismo y Participación Popular

 

Un tema central en la historia de Nuestro Continente fue el período emancipatorio, y la libertad que significó para nuestros pueblos, pero, ¿con que ojos veía y analizaba Sarmiento este concepto tan importante para los hombres y los pueblos?; Sarmiento afirmaba que no hay libertad honrada; por la razón sencilla que no hay libertad pícara. No hay libertad limitada, porque la libertad desde que atropella el derecho ajeno, deja de ser liberal y se torna en violencia, tiranía, licencia; y la lengua española como todas las lenguas, tiene palabras claras y precisas para definir cada cosa y darle su nombre[2]. A estás palabras sobre el concepto de libertad agrega en su visión sobre la Revolución Francesa de 1789, que esta es la proclamación de la justicia entre los pueblos, la igualdad entre los hombres, el derecho de la razón, la abolición del antiguo derramamiento de sangre, en nombre del interés de la sociedad, como había sido abolido ya en nombre de ésta o la otra religión [] pero acostumbrémonos a la discusión de la ideas [] unámonos todos en un sólo sentimiento, en el de no derramar sangre, ni en nombre de la conservación del orden por la mano del gobierno, ni en nombre de la libertad oprimida por mano de los partidos. Este es el gran principio que ha triunfado en Francia [] Libertas: he aquí el principio de la ley civil. Igualdad: he aquí el principio de asociación. Fraternidad: he aquí el principio de la ley de las naciones[3]. Si bien resalta la libertad y la igualdad, también la crítica, y en esa crítica también los hace al país escribiendo que estas repúblicas nada han inventado en materia de constituciones políticas. En efecto, esta sería su mayor gloria, si de vez en cuando no pretendiesen ser originales. En materia de originalidad nada podemos presentar al mundo sino la tiranía de don Juan Manuel de Rosas. No está el error en haber imitado y aun plagiado, sino haber copiado pésimos modelos, y esos son los que nos ha dado la Francia, en la revolución del 89, en el imperio, en la restauración, en la república y en la revolución [] con las ideas moderadas y pretendidas sensatas no han hecho más que provocar un desquicio universal; que cuando obtuvieron la República, trajeron el socialismo, y cuando tenían en sus manos el poder, se hicieron tomar del cuello por un golpe de Estado. Citar sus doctrinas es mostrarnos el medio seguro de arribar a resultados análogos[4].

 

Hasta aquí nos encontramos con un Sarmiento que por un lado resalta el triunfo de la revolución francesa desde tres ideales centrales; pero crítica y cuestiona el camino que tomo la República y su continuidad en las independencias de América, a las cuales podemos agregar las palabras que expresa en  el capítulo IV del “Facundo”, Revolución de 1810, cuando dice que

he necesitado andar todo el camino que dejo recorrido para llegar al punto en que nuestro drama comienza. Es inútil detenerse en el carácter, objeto y fin de la Revolución de la Independencia. En toda América fueron los mismos, nacidos del mismo origen, a saber: el movimiento de las ideas europeas. La América obraba así porque así obraban todos los pueblos [] la revolución, excepto en su símbolo exterior, independencia del rey, era sólo interesante e inteligible para las ciudades argentinas, extraña y sin prestigio para las campañas [] para las campañas, la revolución era un problema; sustraerse a la autoridad del rey era agradable, por cuanto era sustraerse a la autoridad [] libertad, responsabilidad del poder, todas las cuestiones que la revolución se proponía resolver eran extrañas a su manera de vivir, a sus necesidades[5].

 

Anteriormente mencioné la visión de Sarmiento sobre los distintos sectores sociales para conformar su idea de progreso para el país; como así también su particular conclusión sobre el lugar que ocupa y que papel desarrolla cada uno. Para cerrar estas líneas sobre la independencia Sarmiento hace una interesante reflexión sobre el “Padre de la Patria” diciendo que

San Martín no fue caudillo popular, era realmente un general. Habíase educado en Europa y llegó a América, donde el Gobierno era el revolucionario, y podía formar a sus anchas el ejército europeo, disciplinarlo y dar batallas regulares según las reglas de la ciencia. Su expedición sobre Chile es una conquista en regla, como la de Italia por Napoleón. Pero si San Martín hubiese tenido que encabezar montoneras, ser vencido aquí, para ir a reunir un grupo de llaneros por allá, lo habrían colgado a su segunda tentativa[6].

 

Las palabras imperialismo y libertad son condicionales en los escritos de Sarmiento, ya que según su visión es justificado el avance del imperialismo inglés, no sólo para América, sino que también lo sostiene para África y Asia, por ejemplo para el caso de la India lo analiza desde una justificada visión sobre los problemas que sufren los británicos en su intento de dominación en la India, poniendo al país imperialista en una posición de agradecimiento al querer imponer su cultura y sus instituciones; el mismo define a

los horrores que han sido víctimas las familias inglesas en la India han despertado en nuestra población la indignación general hacia los perpetradores de tales atentados, y la merecida simpatía por los que sufren [] La insurrección de la India, originada en las filas del ejército indígena, ha tomado el carácter de un movimiento de raza y de religión, siendo los mahometanos los principales instigadores y desde entonces nuestras simpatías estarán siempre del lado de los cristianos y de la civilización a que pertenecemos [] La palabraindependenciano nos sucede hasta desearla para los pueblos que solo la obtendrían para sepultarse de nuevo en la espantosa barbarie de los despotismos asiáticos [] Donde quiera que el pueblo inglés ha enarbolado su bandera o establecido su raza, ha dejado sus bellas instituciones y su industria, pudiendo decirse que es Inglaterra la única nación europea cuyas leyes, gobierno, literatura y artes conservan los pueblos aún después de emanciparse de sus dominios [] Cualquiera que sea el destino que el porvenir reserve al imperio Británico, a su raza y a su lengua, le será deudor el mundo bárbaro que ella ha civilizado, de ponerse en corto tiempo, no sólo a la par, sino a la delantera de todos los pueblos civilizados.[7]

Esta claro después de estas palabras del propio Sarmiento que el problema eran los hindúes, y no los ingleses que se querían imponer y dominar un territorio que no les correspondía.  

 

Si bien Sarmiento no fue un pensador anti imperialista, como vimos anteriormente, condenara la Doctrina Monroe, y siendo representante argentino en los EE.UU. solicitándole al entonces presidente argentino, B. Mitre, la libertad para iniciar reclamaciones ante el gobierno norteamericano por las destrucciones que éste hiciera en las Malvinas actuando en complicidad con el gobierno británico, que se había apoderado de las mismas. En las airadas consideraciones que hacia propiciando indemnizaciones decía entre otras cosas:

Los ultrajes hechos a la soberanía de la República Argentina por un cónsul y un comandante de buque de Estado Unidos, cohonestados por un ministro de esta nación, y la negativa final de éste a discutir el asunto y a ofrecer reparación del agravio con indemnización de los daños, es el primer hecho de los que a su ejemplo repitieron más tarde las naciones europeas con las nacientes Repúblicas [] Pero no sería este el cargo más grave que habría que hacer a la diplomacia norteamericana, y por el que debería dar una reparación su gobierno, sino el de la pérdida de las Islas Malvinas [] puesto que fueron fuerzas norteamericanas las que las despoblaron, y las doctrinas del ministro Baylies las que indujeron a la Inglaterra a apoderarse de ellas[8].

 

Ante la visión que tubo Sarmiento sobre la descomposición en pequeñas Repúblicas que sufrió el continente donde plantea que

 

“las repúblicas sudamericanas han pasado todas más o menos por la propensión a descomponerse en pequeñas fracciones, solicitadas por una anárquica e irreflexiva aspiración a una independencia ruinosa, obscura, sin representación en la escala de las naciones. Centro América ha hecho un Estado soberano de cada aldea: la antigua Colombia diósela para tres repúblicas; las Provincias Unidas del Río de la Plata se descompusieron en Bolivia, Paraguay, Uruguay y la Confederación Argentina, y aun esta última llevo el afán de descomposición hasta constituirse en un caos sin Constitución y sin regla conocida, de donde ha salido la actual Confederación, encabezada en el exterior por un encargado provisorio de las relaciones exteriores[9].

 

Sí bien por momentos el pensamiento y la visión sobre las cuestiones del desarrollo y el imperialismo pueden generar disconformidad y desacuerdo, no puedo dejar de mencionar una de sus más trascendentales obras que apuntaba a la unidad de los países del Río de La Plata, esto es la conformación de los que Sarmiento en su “Argirópolis” (La Ciudad del Plata) que proponía a la Argentina, Uruguay y Paraguay como los Estados Unidos del Río de La Plata, cuya capital este ubicada en la isla Martín García; ya que esta lograba

 

conciliar los intereses y la libertad de los Estados confederados [] Militan en favor de la fusión de los tres Estado del Plata en un solo cuerpo, el espíritu de la época y las necesidades de las naciones modernas. La especie humana marcha a reunirse en grandes grupos, por razas, por lenguas, por civilizaciones idénticas y análogas.

 

El  objetivo de Argirópolis, sin perder de vista que Sarmiento estaba en contra del Paraguay de Francia y López, fue sugerir que

por el estudio de los antecedentes de la lucha, la geografía del país y las instituciones argentinas, un medio de pacificación que a la vez ponga término a los males presentes y ciegue en su fuente la causa de nuevas complicaciones, dejando definitivamente constituidos aquellos países[10].

 

Las ventajas y organización que ofrecía este proyecto para la región era

 

que la virilidad completa será contemporánea de su infancia. La aduana de los estupendos ríos que recorriendo medio mundo vienen a reunirse en sus puertos atraerá allí cien casas de comercio. El Congreso, el presidente de la Unión, el Tribunal Supremo de Justicia, una sede arzobispal, el Departamento Topográfico, la administración de vapores, la escuela náutica, la universidad, una escuela politécnica, otra de artes y oficios y otra normal para maestros de escuela, el arsenal de marina, los astilleros, y otros mil establecimientos administrativos y preparativos que supone la capital de un Estado Civilizado servirán de núcleos de población suficiente para formar una ciudad[11].


Un modelo de paíscivilizado

 

En Febrero de 1848 Sarmiento en un escrito sobre las Revoluciones en la Europa del 48 plantea claramente cual es su idea de país y sociedad desde la visión y la hipótesis de

¿Por qué son tan felices, tan ricos, tan tranquilos los Estados Unidos, y nosotros tan pobres, tan deprimidos y tan inquietos? Id a buscar el secreto en las instituciones, no hay otra causa; tan tierra es la del Norte, como la del Sur de América; allá produce mieses empero para convidar a todos los pueblos, y aquí sólo abrojos y desencantos. Allá ciudadanos, y aquírotos, aunque sea triste que en nuestra pluma esta palabra aparezca como un reproche[12]

 

Un años atrás durante su viaje por Estados Unidos resalto las virtudes de este país en una carta que le escribiera a Valentín Alsina refiriéndose a que aquella como una nación productiva y como un fenómeno económico; una

“aldea norteamericana es ya todo el Estado, en su gobierno civil, su prensa, sus escuelas, sus bancos, su municipalidad, su censo, su espíritu y su apariencia. Del seno de un bosque primitivo la diligencia o los vagones salen a un pequeño espacio desmontado en cuyo centro se alzan diez o doce casas”[13].

 

Además destaca que estas casas son de material y construidas por máquinas, con pisos y techos de madera, ventanas, puertas y cerraduras, además de destacar la prolija terminación y la similitud entre las mismas remarcando que este simple ejemplo significa millones de personas viviendo en casas, fábricas de ladrillos y cerraduras, industrias de hierro que generan ganancias y ocupación de personal, no sólo en este país, sino que también en Inglaterra. Destaca también que todos los hombres viven en casas de este estilo salvo los pioneers que siguen habitando en los bosques y los transeúntes que se encuentran en grandes hoteles.

 

Habla también sobre la región del far west donde se extingue la población en pequeñas campañas y donde la vida se modifica notablemente, pero más allá de esta región aislada para esos tiempos de lo que el denomina como una “Gran Nación” no de deja de seguir resaltando sus aspectos favorables poniéndolos por encima de Europa de donde destaca los grandes monumentos, su arte, su ciencia; pero dice que ha visto

sus millones de campesinos, proletarios y artesanos viles, degradados, indignos de ser contados entre los hombres; la costra de mugre que cubre sus cuerpos, los harapos y andrajosos de que visten, no revelan bastante las tinieblas de su espíritu; y en materia de política, de organización social, aquellas tinieblas alcanzan a oscurecer la mente de los sabios, de los banqueros y de los nobles[14].

 

También habla de su sistema educativo, pero de ese tema me ocupare en el próximo punto.

 

Este alago constante a los Estados Unidos, profundizará su idea de Nación para nuestro país, claro que antes de habar de los cambios y progresos que se deben dar, no deja de mencionar lo que él denomina claramente como “barbarie”; no sólo refiriéndose al autoritarismo del gobierno de Juan M. de Rosas[15], sino a la sociedad que integrada el país, y el continente. Sociedad o “barbarie”, según Sarmiento, que integraban pueblo originarios, negros, gauchos y caudillos; a las cuales no se las podía civilizar; por ejemplo en el caso de los pueblos originarios se planteaba la siguiente idea:

¿Lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se les debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado[16].

 

Tampoco quedaron exentos de la crítica los negros y los gauchos, de los primeros,   se refería como los que

ponían en manos de Rosas un celoso espionaje, a cargo de sirvientes y esclavos proporcionándole, además, excelentes e incorruptibles soldados de otro idioma y de una raza salvaje [] Felizmente, las continuas guerras han exterminado a la parte masculina de la población.[17]

 

Sobre el gaucho la opinión no fue diferente refiriéndose de la siguiente manera en un escrito a B. Mitre, no trate de economizar sangre de gauchos. Es lo único que tienen de humano. Este es una abono que es preciso hacer útil al país[18].


El más claro exponente de la barbarie lo refleja en el “Facundo” viendo a Rosas como heredero de Quiroga, a quién se refería como una sombra “terrible” a diez años de su muerte porque cuando

 

el hombre de las ciudades y el gaucho de los llanos argentinos, al tomar diversos senderos en el desierto, decían:¡No no ha muerto! ¡Vive aún! ¡El vendrá.¡Cierto! Facundo no ha muerto; está vivo en las tradiciones populares, en la política y revoluciones argentinas; en Rosas, su heredero, su complemento: su alma ha pasado a este otro molde, más acabado, más perfecto; y lo que en él era sólo instinto, iniciación, tendencia, convirtiéndose Rosas en sistema, efecto y fin; la naturaleza campestre, colonial y bárbara, cambiándose en esta metamorfosis en arte, en sistema y en política regular capaz de presentarse a la faz del mundo como el modo de ser un pueblo encarnado en un hombre que ha aspirado a tomar los aires de un genio que domina los acontecimientos, los hombres y las cosas. Facundo, provinciano, bárbaro, valiente, audaz, fue reemplazado por Rosas, hijo de la culta Buenos Aires, sin serlo él; por Rosas, falso. Corazón helado, espíritu calculador, que hace el mal sin pasión, y organiza lentamente el despotismo con toda la inteligencia de un Maquiavelo. Tirano sin rival hoy en la tierra…[19].

 

Pero la llamada barbarie para Sarmiento, y como mencione anteriormente en el caso de Argirópolis, trascendió las fronteras del país, porque en el periódico El Nacional del 26 de Septiembre de 1862 escribe cuando acaba de acceder Francisco Solano López a la presidencia del país hermano:

 

No; si queremos salvar nuestras libertades y nuestro porvenir, tenemos el deber de ayudar a salvar al Paraguay, obligado a sus mandatarios a entrar en la senda de la civilización[20].

 

Unos años más tarde de la asunción de López, apoyo la invasión al país que sin tener relaciones con las potencias europeas logró desarrollar el ferrocarril, el telégrafo, la fundición de hierro, la industria artesanal, y que además logró que las tierras no estén en manos de los terratenientes, sino en manos del Estado, que a su vez las entregaba a los campesinos. La trágica guerra, que culminó con grandes problemas económicos durante su presidencia, y cuyo costo más grande fue sufrido por Paraguay dadas las grandes pérdidas humanas, económicas y territoriales; también le costo a Sarmiento la muerte de su hijo adoptivo Dominguito.

 

Unos meses antes de su fallecimiento el 11 de Septiembre de 1888, y con su salud muy deteriorada se radica en Paraguay, en busca de una mejora; ya que el clima podía ayudar a suplir lo que la medicina no podía solucionar. Por parte del pueblo guaraní, no hubo casi reacción alguna; el gobierno liberal distaba mucho de querer hostilizar a Sarmiento.

 

Educación, una cuestión popular y laica

 

Uno de los temas centrales, destacados y conocidos en el pensamiento de Sarmiento fue la cuestión educativa, tal vez lo más discutido pueda ser su visión pedagógica, pero es un tema que no abordaré en este trabajo; lo que sí es poco cuestionable es la valorización y la lucha por una educación donde el Estado debe garantizar que fuera pública, gratuita y laica. Sarmiento consideraba de suma importancia que

 

un padre pobre no puede ser responsable de la educación de sus hijos; pero la sociedad en masa tiene interés vital en asegurarse de que todos los individuos que han de venir con el tiempo a formar la Nación, hayan por la educación recibida en su infancia, preparándose suficientemente para desempeñar las funciones sociales a que serán llamados. El poder, la riqueza y la fuerza de una Nación dependen de la capacidad industrial, moral, e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que el aumentar estas fuerzas de producción, de acción y de dirección, aumentando cada vez más el número de individuos que la posean. La dignidad del Estado, la gloria de una Nación no pueden ya cifrarse, pues, sino en la dignidad de condición de sus súbditos; y esta dignidad no puede obtenerse, sino elevando el carácter moral, desarrollando la inteligencia, y predisponiéndola a la acción ordenada y legítima de todas las facultades del hombre”[21].

 

Esta cuestión central de su pensamiento político-educativo, debía partir de la corrección de los problemas ocasionados por la colonización española, y para ella hace referencia a

Nuestros esfuerzos deben ser mayores para educar completamente las generaciones próximas, si se atiende a otras condiciones próximas, si se atiende a otras condiciones desfavorables que ha producido la colonización española [] Todas las colonizaciones que en estos tres últimos siglos han hecho las naciones europeas, han desarrollado delante de a los salvajes que poblaran la tierra que venían a ocupar. Los ingleses, franceses y holandeses en Norteamérica, no establecieron mancomunidad ninguna con los aborígenes, y cuando con el lapso del tiempo sus descendientes fueron llamados a formar Estados independientes, se encontraron compuestos de las razas europeas puras, con sus tradiciones de civilización cristiana y europea intactas, con su ahínco de progreso y su capacidad de desenvolvimiento, aún más pronunciado si cabe que entre sus padres, o la madre patria [] Muy distinto modo procedió la colonización española en el resto de la América. Sin ser más humana que la del Norte, por aprovechar del trabajo de las razas indígenas esclavizadas, acaso por encontrarlas más dóciles también, incorporó en su seno a los salvajes; dejando para los tiempos futuros un progenie bastarda, rebelde a la cultura, y sin aquellas tradiciones de ciencia, arte e industria, que hacen que los deportados a la Nueva Holanda reproduzcan la riqueza, la libertad, y la industria inglesa en un corto número de años [] es un hecho fatal que los hijos sigan las tradiciones de sus padres, y que el cambio de civilización, de instintos y de ideas no se haga sino por cambio de razas. ¿Qué porvenir aguarda porvenir aguarda a México, al Perú, Bolivia y otros Estados sudamericanos que tienen aún vivas en sus entrañas como no digerido alimento, las razas salvajes o bárbaras indígenas que absorbió la colonización, y que conservan obstinadamente sus tradiciones de los bosques, su odio a la civilización, sus idiomas primitivos, y sus hábitos de indolencia y de repugnancia desdeñosa contra el vestido, el aseo, las comodidades y los usos de la vida civilizada? [] Ruda es sin duda nuestra tarea, puesto que nos cumple llenar el déficit de suficiencia que ha dejado a la España en el límite dudoso que divide a los pueblos civilizados de los bárbaros y el aumento de barbarie que nos trajeron la colonización y nos conservaron los indígenas”[22].

 

El párrafo citado anteriormente remarca el problema de la colonización, la importancia de la educación laica en la idea de Sarmiento, también tiene que ver con dicha conquista, cuando dice

Nos hemos emancipado, pero no por la acción de los sacerdotes y la ignorancia de las poblaciones mediterráneas hoy alejadas de las ideas del mundo europeo, sino porque es gloria de la humanidad y de los pueblos moverse y obrar a impulso de ideas que se difunden por la redondez de la tierra [] siempre hay una cuestión de expoliación y de opresión a los débiles en las pretendidas cuestiones religiosas”[23].

 

Además la importancia de la educación laica, tiene suma importancia porque en un país donde los terratenientes o latifundistas dedicados a la vida pastoril se corresponden, como plantea L. Paso, con el atraso y la superstición. Este mismo latifundio, y el monopolio y centralismo de Buenos Aires van de la mano con otro monopolio, el de la educación religiosa; esto era la representación del atraso, la miseria, la condiciones sociales deprimentes de las masas y de la mujer, el analfabetismo, etc. Es por ello que a pesar de sus sentimientos religiosos, Sarmiento no dudaba que lo religioso, y sus privilegios, debían estar al margen de la educación pública.

 

 

Como conclusión y cometarios finales no puedo dejar de mencionar algunas consideraciones importantes para el cierre de este trabajo, donde a lo largo del mismo no podemos dejar de mencionar las diferencias entre las clases sociales que plantea, por un lado, su visión positiva del imperialismo británico en la india donde hace referencia a que el problema no es la intervención del país europeo, sino la presencia de los hindúes; hecho que podemos relacionarlo directamente con su pensamiento sobre, uno de sus pensamientos más cuestionados, los pueblos originarios de Nuestra América, y la imposibilidad de incorporarlos como parte de la sociedad porque era algo imposible e innecesario, donde sí debían ser integrados los inmigrantes que llegaban desde el otro lado del océano; y que a su vez, sí hablaba de insertar a las generaciones futuras de los europeos. Sí criticaba, la conquista y colonización de América por parte de los españoles, no por el genocidio llevado adelante por los ibéricos, sino por el atraso que significo en materia de desarrollo económico y educativo para el continente, sumado al proceso emancipatorio, el cual es planteado como un problema por la responsabilidad que significaba ser libres. A los que debemos agregar su idea y posterior enfrentamiento sobre los caudillos populares, sobre todo con Facundo Quiroga y Juan M. de Rosas.

 

En este punto tampoco hay que dejar de mencionar su defensa soberana sobre el las islas Malvinas, si bien no hablamos de un Sarmiento anti imperialista su posición en este tema, como en la condena a la Doctrina Moroe son puntos destacables, en alguien que fue un gran admirador del desarrollo económico y social de los Estados Unidos. Tampoco debemos olvidar, más allá del análisis personal que podamos hacer sobre el objetivo y la idea en la obra Argirópolis, buscando la unidad regional en el Río de la Plata.

 

Por otro lado, y relacionado con lo anteriormente mencionado sobre el desarrollo de los que Sarmiento denomina como una “Gran Nación” haciendo referencia entre otras características al desarrollo económico e industrial de los Estados Unidos. Desarrollo industrial es una idea central en su pensamiento para el desarrollo y crecimiento de nuestro país, para ello hace referencia directa a que Argentina es dirigida políticamente  por las vacas, agregando también de “una aristocracia con olor a bosta”, esta idea hizo que durante su vida, y principalmente durante su presidencia este enfrentado con la oligarquía latifundista liderada por los Anchorena, los Unzué y los Leloir entre otras familias pertenecientes a las elites terratenientes. Enfrentamiento e idea profundizada a partir de querer llevar adelante una educación y una escuela científica, igualitaria, gratuita y sobre todo laica, ya que los latifundios, la vida pastoril, el monopolio del puerto y la educación religiosa simbolizaban el atraso en todos los sentidos del país, con el objetivo de aumentar, no sólo, el desarrollo industrial sino que también la dignidad, la inteligencia y las facultades del hombre.

 

En adelante, y ya finalizada la redacción de este recorrido por la vida y el pensamiento de un hombre que tuvo una gran influencia en la historia de nuestro país, las conclusiones y opiniones sobre uno de los pensadores más importantes, y menos populares, de nuestra historia deberán ser propias.

 

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Ponce, Anibal. Sarmiento. Constructor de la Nueva Argentina. Ed. H. Matera. Bs. As. 1951.

Sarmiento, Domingo F. Las Ciento y Una Polémica con J. B. Alberdi. Ed. Colección Claridad. Bs. As. 1922.

Sarmiento, Domingo F. Argirópolis. Lo Estados Unidos del Río de la Plata. Ed. G.E.U. Buenos Aires. 2007.

Sarmiento, Domingo F. Facundo. Ed. Crítica de la Argentina Colección Bicentenario. Buenos Aires. 2010.

NOTAS

* El Prof. Alejandro Pisnoy integra el Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”. Es docente del Instituto Superior del Profesorado Joaquín V. González.   El presente trabajo ha sido presentado en el Congreso Internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC Internacional) “La formación de los Estados latinoamericanos y su papel en la historia del continente” realizado del 10 al 12 de octubre de 2011 en el Hotel Granados, Asunción, Paraguay, organizado por Repensar en la historia del Paraguay, Instituto de Estudios José Gaspar de Francia, Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe, Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” (Argentina). Entidad Itaipú Binacional. Mesa: Vida cotidiana, mentalidades, identidad y diversidad y su reflejo en los Estados latinoamericanos y caribeños.

 

[1] La Isla Martín García esta ubicada en la confluencia del Río Uruguay con el Río de la Plata. Pertenece al territorio argentino aunque se encuentra en aguas uruguayas.

[2] En: Halperín Donghi. Proyecto y Construcción de un Nación (1846-1880). Ed. Ariel. Buenos Aires. pg. 164.

[3] En: Halperín Donghi. Op. Cit. pg. 176 y 177.

[4] En: Halperín Donghi. Op. Cit. pg. 163.

[5] Sarmiento, Domingo F. Facundo. Ed. Crítica de la Argentina Colección Bicentenario. Buenos Aires. 2010. Pg. 36.

[6] Sarmiento, Domingo F. Op. Cit. Pg. 11.

[7] Sarmiento, Domingo F. En: Pomer, León. La Guerra del Paraguay. Estado, política y negocios. Ed. Colihue. Buenos Aires. 2008. pg. 262

[8] Paso, Leonardo. La idea de cambio social. Ed. CEAL. Buenos Aires. 1993. Pg. 79-80.

[9] Sarmiento, Domingo F. Argirópolis. Lo Estados Unidos del Río de la Plata. Ed. G.E.U. Buenos Aires 2007. Pg. 94

[10] Sarmiento, Domingo F. Op. Cit. 2 Pg.41.

[11] Sarmiento, Domingo F. Op. Cit. 2. Pg. 97.

[12] En: Halperín Donghi. Op. Cit. pg. 175.

[13] En: Halperín Donghi. Op. Cit. pg. 235.

[14] En: Halperín Donghi. Op. Cit. pg. 239.

[15] En este breve recorrido por los acontecimientos más importantes de la vida de Domingo F. Sarmiento no podemos dejar de mencionar a dos se sus contemporáneos más importantes, y pensadores de la conocida Generación del 37, Esteban Echeverria, autor del “Dogma Socialista entre sus obras más destacadas; y Juan B. Alberdi, de quién entre sus obras más destacadas se conoce “Bases y puntos de partida para la organización política de la Argentina”. Con ambos pensadores Sarmiento tuvo diferencias ideológicas y de proyectos para la formación del país, pero  hubo un hecho que los caracterizo a los tres, y fueron las diferencias y los enfrentamientos con Rosas, como así también el exilio que debieron emprender.

[16] En: Galasso, Norberto. Sarmiento ¿Civilizador o Bárbaro?. Cuadernos para Comprender la Historia Nº 13. pg. 5.

[17] En: Galasso, Norberto. Op. Cit 3. pg. 6.

[18] En: Galasso, Norberto. Op. Cit. 3. pg. 6.

[19] Sarmiento, Domingo F. Op. Cit. Pg. 5.

[20] Sarmiento, Domingo F. En: Pomer, León. Op. Cit. pg.120.

[21] Sarmiento, Domingo F. En: Halperín Donghi. Op. Cit. pg. 246-247.

[22] Sarmiento, Domingo F. En: Halperín Donghi. Op. Cit. pg. 246-247.

[23] Paso, Leonardo. Op. Cit. pg. 97.

 

Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. Nº  7. Marzo 2012-Febrero 2013 – Volumen III

 

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