Estados Unidos y América Latina

03 November 2006 | Historia | Tags: , ,

Destinos divergentes

Carolina Crisorio[1]

Los conquistadores en México. Mural de Diego Rivera. Palacio Nacional. México.

Tanto Estados Unidos como América Latina han tenido un pasado colonial y de subordinación a Europa. Sin embargo, el país del norte se transformó en una superpotencia nuclear mientras que los países latinoamericanos se transformaron en países periféricos. En el presente trabajo se analizan algunos procesos que permitieron estos destinos divergentes.


¿Por qué las antiguas colonias americanas hoy viven un presente tan diferente? ¿A qué se debe que Estados Unidos sea uno de los países más industrializados del mundo, y una superpotencia mundial, mientras Argentina y América Latina y el Caribe viven una realidad tan distinta? ¿Por qué Argentina o Brasil pueden ser considerados “países emergentes” mientras que existen casos de extrema pobreza como Haití? Parte de la respuesta está en el tipo de relación que establecieron las diferentes metrópolis con sus colonias.

 

Las políticas coloniales de España, Gran Bretaña, Francia, Portugal u Holanda tuvieron en común algunos elementos:

1. el interés por obtener beneficios económicos de las colonias.
2. Su posesión otorgaba poder político y prestigio en las relaciones internacionales.
3. La ubicación de estas colonias podía brindar ventajas estratégico-militares.
4. Estas posesiones eran vistas también como fichas intercambiables en los momentos de negociación entre dos contendientes de las tantas guerras europeas.

 

Pero, se pusieron en juego múltiples causas por las cuales dichas relaciones resultaron muy diversas dependiendo entre otras cosas de:

1. Cuál era el proceso político interno en el que estaba inmerso cada metrópolis en el momento en que tomaron contacto con América.
2. Cuál o cuáles eran las potencias que controlaban la región vecina donde pretendían asentarse.
3. Cómo era el poderío militar y estratégico propio o de sus contendientes que pudiera traducirse en un control efectivo de las colonias y del tráfico metropolitano-colonial.
4. Qué grupos se hicieron cargo de la explotación colonial, ya fueran los sectores privados, religiosos o estatales.
5. Cuál era, el desarrollo de las fuerzas productivas, con mayores o menores rasgos feudales de las sociedades conquistadoras, tomando en cuenta cuál era la dimensión, participación y control del comercio a larga distancia, y qué elementos favorecieron o frenaron la sociedad industrial. Así también hay que considerar el nivel de desarrollo de las sociedades conquistadas y si fueron permeables a la dominación o fueron exterminadas, o bien, marginadas.
6. Cuál era el conjunto de creencias, en definitiva, cuáles eran las mentalidades que les permitían encarar por propias manos el laboreo de la tierra o despreciar dichas tareas, estar predispuestos a la piratería, anteponer el deseo de obtener beneficios económicos en el marco del mercantilismo, o estar preocupados también por construir al mismo tiempo un edificio institucional más sólido, pensando también si era posible “salvar” las almas de los aborígenes, o si era importante o no que los esclavos hubieran sido cristianizados antes de ser incorporados como fuerza de trabajo.
7. Por último, hay que considerar la predisposición al fraude que los súbditos de cada corona estaban dispuestos a llevar a cabo, como también la “vista gorda” que las autoridades pudieran hacer al respecto, tal como tantos estudios han demostrado con el tema de la implantación del monopolio de Indias durante tres siglos, con un alto índice de fraude y contrabando, protegido y aún llevado a cabo por los funcionarios de la corona.

 

Así surgieron diversos modelos de apropiación de los excedentes económicos, de subordinación o expulsión de las naciones aborígenes, construyeron, en suma, distintos modelos de dominación colonial que condicionaron las relaciones sociales.

 

Los primeros colonos de las Trece Colonias (luego EE.UU.), llegaron a América principalmente por motivos políticos y religiosos, y se organizaron en granjas de producción familiar (el modelo farmer). También existieron otras actividades, como la producción textil que sirvió de base a una vía propia de industrialización, aprovechando la producción algodonera de las plantaciones esclavistas del sur.

 

Benjamin Franklin. Bode Museum. Berlín
Benjamin Franklin. Bode Museum. Berlín

Recordemos que los propietarios sureños, a su vez, siguieron manteniendo fuertes vínculos con económicos con la Inglaterra de la primera ola de la industrialización. Lo cierto es que las formas serviles y esclavistas quedaron subordinadas a las formas libres y, finalmente, el norte industrialista venció al sur esclavista.

 

Esta industrialización se supo alimentar también de un mercado interno que crecía a medida que llegaban los grandes flujos de inmigrantes. Todo esto fue acompañando con una política de expansión territorial – sobre las comunidades indígenas de la costa del Pacífico, sobre México y el Caribe -, sustentada en la Doctrina Monroe (1823) y el aislacionismo decimonónico. Estos son apenas algunos elementos que, sumado a la posición ventajosa que EE.UU. logró tras la Primera Guerra (1914-1918), -pasando de principal deudor a principal acreedor mundial -, explican que este país sea una superpotencia. En cambio, en otras posesiones inglesas en el Caribe se impuso el modelo esclavista y estas sociedades no estuvieron en condiciones de favorecer una vía autosustentada hacia el capitalismo.

 

Hay que buscar también en el pasado colonial iberoamericano los elementos que de un modo u otro han condicionado nuestro presente. El prestigioso investigador Ruggero Romano, – que ha dedicado más de sesenta años de su larga y productiva vida a la investigación y que ha recorrido buena parte de América Latina con este objetivo-, nos ha brindado en sus publicaciones, conferencias y seminarios, importantes aportes y reflexiones acerca de la esencia de la sociedad colonial hispana. La corona deseaba coartar el poder de los colonos y estableció que los indígenas fueran súbditos que debían pagar tributos al rey. Pero, en los hechos existieron formas coactivas en la organización de la fuerza de trabajo como la mita, el yanaconazgo, la encomienda de indios o el repartimiento en manos de los colonos o de la Iglesia.

 

Existen listas de encomenderos aún para el siglo XVII.[2] El Dr. R. Romano ha calculado que América pudo sustentar antes de la llegada de los conquistadores en 1492 entre 60 y 80 millones de personas, – una cifra asombrosamente alta frente a otras investigaciones -.

 

Pero, impacto de la conquista y colonización, con nuevas pautas culturales y la difusión de nuevas enfermedades provocaron una gran crisis demográfica. Por ejemplo, aún en 1600 apenas había 10 millones de habitantes. Eso explica por qué, Hernán Cortés, el conquistador de México llegó a tener unos 30.000 indígenas bajo su poder, y en Chile, Valdivia y su cuñado tuvieron unos 55.000 encomendados mientras que, al bajar la población, los encomenderos se conformaron con pocas decenas o centenares de indígenas.

 

También se utilizaron esclavos traídos de África – la “cría” de esclavos no fue tan difundida en las colonias hispanas – en actividades que permitieran amortizar su costo. Por ello, no fueron utilizados en la minería, y se prefirió que el peso recayera sobre las comunidades indígenas.

En "El barco de esclavos" de J.M.W. Turner (1840) se observa que los esclavos moribundos son arrojados por la borda. Museum of Fine Arts. Boston.
En “El barco de esclavos” de J.M.W. Turner (1840) se observa que los esclavos moribundos son arrojados por la borda. Museum of Fine Arts. Boston.

 

¿Existieron formas de trabajo libre que hubieran permitido un camino más propicio a la instauración del capitalismo, tal como ocurrió en las colonias inglesas de América del Norte?

 

Analicemos los obrajes textiles de México o Perú, si bien estos trabajadores recibían un salario, pronto descubrimos que funcionaba el sistema de “enganche” a cambio de comida o alcohol, iniciando su actividad con una deuda – de una semana o de seis meses – de la cual no se podía salir. Lo mismo ocurría con los trabajadores libres que, por mismo sistema de enganche entraban a trabajar a las haciendas. Allí el principal control de esta fuerza de trabajo en la hacienda era la tienda de raya, donde se llevaban asentadas las deudas del trabajador. Entonces, si bien estos trabajadores recibían un salario, éste sólo cubría los costos de reproducción – alimentación y vestimenta – pero no el pago de impuestos, por lo cual las deudas eran el método de control social más efectivo. Esto haría pensar que las relaciones sociales tenían un fuerte acento feudalizante en las colonias hispanas. Por supuesto hay que recordar que el señor feudal de la Europa medieval además de derechos sobre sus siervos tenía obligaciones. En el caso americano esto no funcionaba así y, además de esta relación altamente asimétrica que los encomenderos o la iglesia tenían sobre los indígenas, existía una segunda asimetría a favor de la metrópoli sustentada en el sistema de monopolio.

 

En conclusión, el universo de trabajadores libres quedaba reducido a pocas actividades. Los públicos y de la Aduana, los que ejercían las profesiones liberales, y los obreros que participaban, en la fabricación de moneda y del tabaco (Cuba). Poco se conoce de otras actividades con trabajadores libres: la producción de envases de cuero para acarrear el material del interior de las minas a la superficie; las velas consumidas en grandes cantidades por los trabajadores mineros y que ellos mismos debían pagar; la explotación de perlas (isla Margarita, Venezuela) y piedras preciosas (Diamantina, Brasil) y que se presume llegaban por contrabando – igual que el oro y la plata – a los mercados europeos si se toman en cuenta las oscilaciones de los precios en el siglo XVIII; la producción de naves en América, excelentes para la navegación costera, pero no aptas para cruzar el Atlántico; la fabricación de carretas que involucraba una gran diversidad de artesanos; la producción de barriles para el almacenamiento del pisco, la chicha, y otras bebidas alcohólicas. Recordemos que antes de los europeos el alcohol, al igual que las hojas de coca, sólo tenían uso ceremonial, pero bajo el sistema colonial se estimuló su consumo.

 

Por lo que vemos hubo una multiplicidad de formas productivas en la etapa colonial de América Latina desde la esclavitud al trabajo libre, pero lo que nos importa señalar es que prevalecieron las formas no libres. Por el contrario, en Estados Unidos, si bien también tuvo formas múltiples, el libre mercado se extendió y terminó derrotando al esclavismo. En otras palabras, nuestro pasado colonial ya tenía presentes elementos que explican las tendencias que impulsaron a nuestros pueblos por caminos divergentes. La Historia nos permite comprender nuestro presente pero no debemos caer en un determinismo ingenuo, justificando nuestra inoperancia en los condicionantes del pasado.

NOTAS

  1. Carolina Crisorio docente e Investigadora de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Argentina.
  2. Las opiniones del Dr. Ruggero Romano han sido tomadas del Seminario dictado en el Doctorado Iberoamericano de la Universidad de Huelva, España, marzo de 2000, pero, las afirmaciones del artículo son responsabilidad de la autora.

 

Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. Vol. 1 a 4. 2006-2009

 

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