El complejo espaciotemporal

un problema mayor en las ciencias sociales

Feliciano García Aguirre

La realización capitalista en ámbitos geográficos específicos tiene ángulos problemáticos con frecuencia omitidos a la hora de evaluar sus efectos, entre ellos están: los intereses estratégico-expansionistas estadounidenses, principalmente en América Latina. Las capacidades de resistencia de los pueblos ante las decisiones tomadas por élites gubernamentales unilateralmente.

 

Saber situarse ante la realidad es hoy una tarea imperativa pero no sólo como un desafío de conocimiento, pues más que conformarse con quedar aprisionado en el interior de determinados constructos se hace necesario trascenderlos, desde ciertas exigencias valóricas, mediante un acto deliberado de conciencia. Ello debido a que el conocer constituye cada vez más un arma de lucha para imponer y consolidar opciones que sean las puertas de entrada para hacer de la historia el espacio de gestación de proyectos. De ahí que la conciencia gnoseológica pueda devenir en conciencia política, para la cual siempre la historia será un reto de construcción, en cuyo ámbito el sujeto se obliga a enfrentar tareas ajenas a las del conocimiento en un sentido académico estricto.

Hugo Zemelman, Los horizontes de la razón


Como el espacio y el tiempo no son variables exógenas al quehacer histórico y geográfico, sucede que los lugares no están dados a priori, sino que son construidos/instituidos en el terreno movedizo de las luchas sociales, que también son luchas por atribución de sentidos.

Carlos Walter Porto Gonçalvez, Geografías, movimientos sociales, nuevas territorialidades y sustentabilidad


La realización capitalista en ámbitos geográficos específicos tiene ángulos problemáticos con frecuencia omitidos a la hora de evaluar sus efectos, entre ellos están: los intereses estratégico-expansionistas estadounidenses, principalmente en América Latina. Las capacidades de resistencia de los pueblos ante las decisiones tomadas por elites gubernamentales unilateralmente. Las capacidades de los Estados para asegurar la gubernamentalización en los momentos en que los organismos internacionales imponen la apertura comercial. Las posibilidades reales de subordinación y control de los flujos migratorios de la fuerza de trabajo hacia áreas con mayores niveles de rentabilidad y desde luego, la identificación de potencialidades para construir proyectos alternativos capaces de incidir en la organización social de nuestras naciones.

 

Buscando en las intersecciones del complejo universo aludido encontramos como ámbito digno de atención el uso de conceptos portadores de conocimientos con los cuales articulamos nuestros actos. A dos de ellos el espacio y el tiempo, voy a referirme en el presente trabajo, para llamar la atención sobre algunas fallas que se han repetido entre académicos latinoamericanos sin reparar en sus consecuencias a la hora de diagnosticar la realidad, identificar contradicciones, advertir rumbos e incluso construir alternativas estratégicas. Lo haré situando desde la perspectiva ofrecida por dos de las herramientas normativas más usadas por los científicos sociales en el contexto sociohistórico latinoamericano, para hurgar en el contrapunto de las teorías del desarrollo y políticas económicas con las que se ha intervenido la realidad económicosocial en la región. Me sirvo para tal fin de diversas investigaciones dedicadas a explorar la consistencia de tales propuestas teóricas. 1

 

Éstos grandes ámbitos de la realidad social han influenciado decididamente tanto la construcción regional como su ontologización. Lo han hecho al responder a las necesidades gubernamentales, expresadas en el control de la población, garantizar la reproducción social del sistema y la seguridad de los sujetos involucrados. A éste complejo problemático diversos científicos sociales han respondido con soluciones teóricas distintas, quedando residuos teórico-conceptuales sin atender, porque son considerados de menor importancia o porque se prefiere la empíria e intervención sociales. En los intersticios dejados por los recortes cognitivos de las ciencias sociales, tratamos de colocarnos para repensar la importancia del papel desempeñado por categorías articuladoras fundamentales como las del espacio y el tiempo.

 

Nos situamos dentro de la modernidad como proceso histórico y como frontera ideológica infranqueable por la sociedad actual, en un contexto discursivo en el que algunas concepciones postmodernas -fuertemente influidas por el hegelianismo- consideran que las categorías espaciales pasan a dominar a las de tiempo o incluso al revés, caracterizando al presente. 2Aquí mantenemos la hipótesis de que tales nociones no contribuyen a lograr una mejor comprensión de las expresiones fenoménicas en el ámbito latinoamericano, en donde a los procesos sociohistóricos constantemente se les encuentra mezclados, resignificándose. Al articularse pasado y presente con las espacialidades físicas y espirituales premodernas con los procesos de modernización se resignifican al interactuar en una compleja amalgama que conjuga las tendencias con lo contingente y relaciona las certezas con los excedentes de realidad desconocidos.

 

La presente exposición une campos de la construcción intelectual que aluden aquellas construcciones teóricas mediante las cuales se han logrado justificar diversas intervenciones de la realidad sociohistórica latinoamericana, expresadas como nociones del desarrollo. Parte del texto es empleada para ubicar de manera sucinta la importancia adquirida por los conceptos de espacio y tiempo en las construcciones de los científicos sociales en el área. Ubicando los lazos que las unen en una compleja trama en la que se entrelazan ambas categorías, dando lugar a un andamiaje teórico abigarrado que desdibuja a los sujetos históricos. Antes de proseguir considero prudente hacer una advertencia, una especie de guía de lectura. ¿Cómo procederemos? En primer lugar como marco de general referencia se efectúa una exposición grosso modo de las teorías del desarrollo 3y políticas económicas contemporáneas, con la finalidad de situar en ese ámbito el uso de los conceptos objeto de nuestra atención. En segundo lugar, es necesario tener presente que ambos cuerpos teóricos han logrado notoriedad al centrar la atención en la dialéctica de la riqueza y pobreza, en el marco histórico en el cual se responde principalmente a la solución de las crisis económicas ocurridas durante el siglo XX. En tercer lugar, pretendemos penetrar a las formas de resignificación mutua de los conceptos de espacio y tiempo. Debo señalar también que nuestra noción trata de ajustarse a todas aquellas circunstancias gnoseológicas en las cuales los antagonismos entre pares de conceptos desaparecen al involucrarse mutuamente. 4Por ello estaremos situados más cerca de la concepción elaborada por E. Levinas, que de la clásica dialéctica hegeliana. Las sostenidas pugnas entre contrarios 5-tan interiorizada en las concepciones de los científicos sociales-, tensa pares de conceptos excluyentes que se significan en y mediante la oposición de uno frente al otro. En dicho procedimiento cabe la posibilidad de eliminación de uno para mantener al otro, lo cual tiene implicaciones ideológico-políticas de enorme peso, a la hora de pensar la diversidad regional latinoamericana.

 

En la noción propuesta los extremos conceptuales se resignifican interactuando, no se violentan. Cuando nos referimos a la analéctica espaciotemporal como posibilidad cognitiva, los conceptos de espacio y tiempo se perciben influenciándose. No son concebidos como receptáculos de las construcciones sociales, sino amalgamándose permanentemente con estos. En el presente ensayo se pretende llamar la atención sobre la posibilidad analítica de considerar a tan importante par conceptual inmerso en nuestras concepciones y no como una variable más vinculada exógenamente a los fenómenos sociales. Esta dificultad que enfrentamos en ámbitos alejados de la corriente principal de los conocimientos sociohistóricos, es también la que se intenta problematizar.

 

La línea de exposición aun cuando parezca quebrarse, problematiza fundamentalmente la importancia del espacio y el tiempo tratándoles como dos categorías cruciales para la construcción de las ciencias sociales en América Latina. No busca solucionar un problema cognitivo que es producto histórico de la dominación, el colonialismo intelectual y por supuesto, una tarea que reclama esfuerzos de quienes estamos empeñados en comprender la compleja dinámica de los procesos sociohistóricos contemporáneos. Adelanta por tanto, algunas apreciaciones como punto de partida para elaboraciones posteriores y busca establecer intercambios con colegas interesados en las expresiones regionales de los fenómenos sociales, tanto como con aquellos empeñados en analizar y conceptualizar los complejos problemas ínter, intra y transfornterizos, los movimientos de la población, los efectos territoriales de la modernidad y en pensar todas aquellas formas de interiorización historiográfica de los problemas geoespaciales.

 

De donde partimos

 

Entre los instrumentos de intervención gubernamental preferidos por los científicos sociales están la política y planificación económicas. Sus antecedentes los encontramos con diversos grados de intensidad a lo largo de todo el siglo XX convocando su institucionalización. Los más firmes asideros histórico-justificativos de la primera, nacieron al calor del periodo entre las guerras mundiales y las necesidades de hacer frente a las crisis de sobreproducción enfrentadas por el capitalismo real, sustentadas en las propuestas inicialmente construidas por John Maynard Keynes y posteriormente por todo el conjunto de pensadores identificados como poskeynesianos, entre los que hay que incluir a los llamados teóricos de la modernización y el estructural funcionalismo. Corrientes que gestaron lo que el pensamiento crítico identificó como desarrollista ya en la década de los setenta, lanzado de nueva cuenta por Amartya Sen o Joseph Stiglitz en la actualidad 6 y reinterpretado por Carlos Walter Porto Gonçalves, 7como un concepto central en la construcción de la modernidad e indispensable para estudiar la geografía política de las sociedades contemporáneas.

 

Todas aquellas propuestas desarrollistas coincidieron en un solo propósito fundamental: asegurar el crecimiento económico de las naciones. Las variables relevantes de esas construcciones teóricas fueron la reactivación de la demanda vía el gasto del gobierno y la manipulación de las tasas de interés para incentivar el ahorro del cual dependía la inversión. Sus funciones de producción fueron incapaces de incluir los llamados efectos extraeconómicos, tanto como sus expresiones espaciales, siempre concebidas en sus aspectos más generales sin reparar en el papel de los sujetos sociales históricamente construidos. Con lo cual un conjunto importante de problemas sociales al ignorarse se subordinaron a los dictados de la acumulación capitalista, pretendiendo controlarse mediante cuerpos jurídicos y policíacos, que contribuyeron a ahondar las contradicciones existentes expresadas en la polarización de la miseria y opulencia, la socialización de la producción y la apropiación privada de la riqueza y el poder, la explotación acelerada de la naturaleza y los daños al medio ambiente, en fin, de la riqueza y pobreza y sus correlatos.

 

La espacialidad de los fenómenos económicos intervenidos con las propuestas teóricas regionalistas -expresadas en planes de reestructuración urbano-regional y políticas económicas anticíclicas del mismo signo teórico-, fueron reducidas principalmente a garantizar el clima de seguridad reclamada por los empresarios para extraer plusvalor, convirtiendo así a las medidas de política económica y planes regionales en meras desagregaciones de sus homólogas nacionales. Lo macro y lo micro dialectológicamente hablando trababan aquí una vez más relaciones de subordinación excluyentes.

 

Todos los discursos poco o nada tenían que ver con las situaciones vividas por los sujetos sociales que se pretendían intervenir, mediante recursos teóricos homologadores, impulsados desde los centros mundiales y nacionales del poder. Toda la gran gama cultural construida secularmente por pueblos y comunidades enteras era menospreciada o ignorada frecuentemente en aras de la modernidad. De Harrod y Domar, N. Kaldor, Albert Hirshman, Ranis y Fei, Arthur Lewis, Franςoise Perroux, etc., hasta las propuestas latinoamericanas, a las de Raúl Prebish, difundidas y promovidas por la Comisión Económica Para América Latina y el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social pudimos apreciar un ramillete de propuestas orientadas a garantizar el desarrollo capitalista privilegiando la industrialización como vía para salir del atraso.

 

Dichas propuestas anclaron sus intervenciones en favor del sistema de acumulación del capital y la modernización. Lo cual suponía poder hacer frente a las distorsiones sociales, identificadas como indeseables: el desempleo, la pobreza, la contaminación, la disgregación sociocultural, la macrocefalia urbana, la ineficiencia productiva, la concentración de la riqueza, etc. Las voces disidentes de las tres últimas décadas se consideraron gritos en el desierto y poquísimos asistieron a sus llamados. 8 La corroboración empírica se convirtió en el efecto demostración indispensable frente a la indisposición de trabajar con abstracciones conceptuales, plagando a las ciencias sociales de esa manera de altas dosis de empirismo autocomplaciente incapaz de criticarse así mismo.

 

La planificación 9 se erigió en Latinoamérica en el instrumento capaz de otorgar concreción a las construcciones teóricas expresadas por los productores de modelos desarrollistas durante las séptima y octava décadas del siglo pasado. Tales actitudes contribuyeron alimentar las condiciones teórico-académicas en las cuales la imposición del modelo neoliberal fue justificada y aplaudida por diversas inteligencias latinoamericanas. La planificación fue impulsada con tal fuerza que llegó a adquirir estatuto de obligatoriedad para el ejercicio de la administración pública hasta convertirla en lo que actualmente es: un instrumento complicadamente inútil y estéril. Las responsabilidades éticas se repartieron entre gobernantes y cierta inteligencia vinculada a los círculos del poder quienes declararon que los planificados no se dejaban planificar, por lo tanto habría que ajustar las miradas a los dictados del mercado en abstracto. El economicismo 10 sentaba así sus reales.

 

Tal situación no hubiese sido posible sin la presencia de coyunturas históricas coincidentes con el fin de la Segunda Guerra Mundial, entre las que habría que mencionar apretadamente la guerra fría y su conclusión, los movimientos de liberación en la periferia y las crisis económicas de los países centrales durante los años setentas inauguradas por los Estados Unidos. La respuesta a dicha inflexión fueron las medidas económicas adoptadas por ese país al llegar Ronald Reagan y su contraparte británica Margaret Tacher al poder -identificadas como reaganomics-, 11 y el modelo neoliberal la solución impuesta en el resto del continente, con excepción de Cuba.

 

Tales soluciones se hicieron acompañar de toda una década de recesiones sectoriales, ramales e internacionales y de una serie de cambios significativos como el desmantelamiento del sistema socialista. La sistemática opresión de los trabajadores por la vía de la reducción de los salarios reales y el control sindical por las derechas. La sobre estimulación financiera por medio de la manipulación de las tasas de interés y la reprivatización de empresas estratégicas de alta rentabilidad. La flexibilización de los procesos productivos facilitadores de la extracción acelerada de plusvalor -en lugares y culturas disímiles y distantes de los centros de decisión económica-. El fortalecimiento de la hegemonía económico-político y militar estadounidense y el desplazamiento sistemático del núcleo de acumulación del Atlántico Norte hacia el Pacífico 12 en torno a Japón, ampliaron la reproducción del capital. La finitud de éste motivó voraz competencia entre quienes aspiraban a ser beneficiarios en el corto plazo.

 

Fruto de las experiencias históricas de los últimos siglos, son algunos conceptos y categorías empleadas para armar justificaciones e instrumentos de construcción social que articularon vidas y territorios en un concierto a veces perverso y pretendidamente universal. Este es el caso de las nociones de tiempo y espacio 13 que todavía empleamos sin reparar en sus consecuencias. Las nociones dinámicas de los procesos -económicos, sociales, políticos, históricos, etc.-, aluden al movimiento de objetos de estudio en ámbitos territoriales, nutridos de concepciones físicas del tiempo y el espacio. Tales concepciones son empleadas sin cuestionar su linealidad, positividad y consecuencias epistemológicas.

 

La influencia del tiempo en la cristalización y/o disolución de estructuras, sistemas o subsistemas, procesos y sujetos, no fue evaluada sino como parte de las tendencias históricas esperables que llevarían a la humanidad de estadios subdesarrollados a los más avanzados. 14 Lo cual inhibió la percepción de la emergencia y/o dilatada presencia de fenómenos importantes alejados de las tendencias históricas menospreciados por la corriente principal de los científicos sociales durante el siglo XX. Las contingencias de los mismos no se apreciaron relevantes y las posibilidades de reversibilidad de los procesos estudiados no formó parte de las investigaciones sino marginalmente. Para sorpresa de quienes aseguraban la absoluta verdad de las tendencias, el muro que dividía a Alemania fue derribado, la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) se desmembró y la construcción del futuro se volvió incierta a la luz del despliegue cultural de los pueblos, las luchas por sus autonomías y la presencia política de las minorías, el feminismo y la preservación del medio ambiente.

 

Tales situaciones influyeron en el desencanto de que fueron presa buena parte de las inteligencias latinoamericanas. Dos actitudes se percibieron al finalizar el siglo XX como consecuencia de la escalada de las derechas en el mundo, alimentando la apatía y paralización intelectual. La aceptación generalizada del fin de los paradigmas y por ende de la historia y la paciente espera de la caída del capitalismo realmente existente por las izquierdas chabacanas, dogmáticas,. Ni la historia se terminó, ni al capitalismo le ha llegado su última hora ¿y mientras tanto que? ¿Cuántos diagnósticos son necesarios para demostrar que el capitalismo es insostenible, humanamente hablando? ¿Cuántas denuncias es necesario hacer? Las reformas economicistas propuestas para el perfeccionamiento de los mecanismos del mercado sólo han contribuido a acentuar sus perversiones. Ampliaron la concentración de las ganancias, tornaron a los ricos más ricos y a los pobres más pobres durante el último cuarto de siglo. Entre tanto los instrumentos de política económica cambiaban su signo de intervención y la planificación se institucionalizó tan sólo para recordarnos las incapacidades de ambas para distribuir los beneficios entre los sujetos sociales y cada uno de los lugares cooperantes en la acumulación de plusvalía. Si el desarrollo humano consiste en la constante ampliación de la subjetividad como sostiene H. Zemelman, 15 ¿cómo generar una división del trabajo que no sea base de ninguna relación de dominación? ¿Radicalizando la democracia infinitamente como lo sugiere Boaventura de Sousa Santos? ¿Cómo resolver la dialéctica riqueza-pobreza? ¿Es posible conceptualizar la espaciotemporalidad social de manera distinta?

 

El lugar, los lugares, los territorios, las naciones y los estados nacionales continúan garantizando la reproducción ampliada del capital. 16 Son el soporte material de los procesos de trabajo y explotación de la fuerza de trabajo. La historia del capitalismo como la de la humanidad ha demostrado que los seres humanos no se distribuyen homogéneamente como una mancha de aceite, sino más bien tendemos agruparnos como hormigas. 17 A éste agrupamiento histórico se le ha sumado la concentración económica inducida por el desarrollo industrial, comercial y de uso rentable del suelo bajo la acelerada égida del capital transnacionalizado desde sus orígenes. La globalización, ese mito formidable invento de la contemporaneidad, ni homogeniza territorios ni distribuye beneficios racionalmente entre los pueblos e individuos. Por esa vía la construcción de futuros está cancelada a no ser que sea la que impone el poder hegemónico occidental, mediante el control ejercido por las instituciones económicas como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Argentina es el ejemplo más reciente que siguió a otros como México, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, Ecuador, Colombia y Venezuela.

 

El espacio en un contexto como el descrito grosso modo, es aceptado como una categoría articuladora del movimiento de los seres humanos, atada a manipulaciones ideológico-políticas. Por eso cuando se alude a él en los análisis sociales, se le emplea generalmente como un marco general de referencia, que como entelequia, explica por sí mismo cierto comportamiento de los procesos sociohistóricos y no interviene jamás en su conformación, en la cristalización de estructuras, prácticas culturales o políticas. Aparece así como el no lugar o coordenadas en las que se diluyen todo género de explicaciones promovidas desde las cúpulas del poder para referir sin hacerlo a las consecuencias ocasionadas por la toma de decisiones. 18 La influencia de las concepciones de la física clásica también han dejado su impronta en las construcciones teóricas dominantes empleadas por los científicos sociales. La noción de receptáculo, homogéneo y a veces llano, ha servido de base a la arquitectura geopolítico-planificadora gestada por la historia del capitalismo y empleada reiteradamente para diluir los efectos indeseados de dicha organización social, invocamos aquí a todas aquellas construcciones inspiradas por los sistemas de ciudades propuestas originalmente por Agust Lösch y Walter Christaler. No obstante, la razón principal de tales representaciones ha sido históricamente utilizada para el sojuzgamiento de los pueblos. 19El espacio no ha sido considerado como elemento inherente a los procesos sociales, sino como exterioridad en la cual se expresan. Espacio y tiempo son categorías cruciales para la construcción del conocimiento en las ciencias sociales, que demandan una concepción epistemológica distinta a la dominante -capaz de tornarlos parte sustantiva de los procesos y no simples coordenadas de referencia-, tanto como son otras para la construcción de futuros, 20 he aquí su radical importancia.

 

Importancia del lugar

 

Como lo hemos venido sugiriendo, el tiempo en la dinámica de los procesos no debiera seguirse considerando como una variable más de los procesos sociohistóricos. Al ser un elemento fundamental influyente que actúa en la conformación y creación de estructuras, es un atributo fundamental de su movimiento, 21 perceptible en los diversos momentos de cambio y mutabilidad. Pero no sólo eso, es capaz de intervenir en la reversibilidad e irreversibilidad de las mismas y ha dejado de tener una sola dirección, como se le atribuía hasta hace algunos años. La flecha del tiempo no avanza en una sola dirección ni es homogénea, es heterogénea y capaz de permitirnos comprender lo tendencial, tanto como lo contingente, lo inesperado como lo probable, lo que es acto y potencia constituyente de la totalidad. Esta concepción del tiempo, alude a la temporalidad -o cualidad de ser en el tiempo-, que es particularmente importante para la comprensión de fenómenos inesperados y para la construcción de futuros alternativos. Permite por ejemplo, comprender la idea del eslabón más débil a la que hacía alusión Lenin, tanto como la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) o la emergencia del movimiento zapatista en un contexto sociohistórico en el cual la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, auguraba previsiblemente el acceso de México al primer mundo. 22

 

Las nociones de espacio no han tenido la misma fortuna. Su cosificación dio lugar a diversas mecanizaciones en las ciencias sociales y sus expresiones se redujeron a regiones que aludían reiteradamente partes de universos frecuentemente inexplicados o indefinidos. Las categorías de espacio y región mostraron rápidamente su flexibilidad hasta el punto de ser identificadas casi a capricho de sus constructores, hubo y hay tantos espacios y regiones así identificado (as) como científicos sociales hay empeñados en diseñarlas e identificarlas. Sin embargo, los esmeros por definir cada una de las regiones ex ante o ex post, dejaron al espacio como la última instancia ontologizadora en la cual aquella lograba algún tipo de explicitación. ¿Tal explosión regionalista evidenciaba una riqueza analítica inusitada? No, no estábamos en presencia de una creatividad inusual. Fue más bien efecto de la repetición, de ahondar la brecha de un camino pero con escasas bifurcaciones. Una ilustración reciente del hecho puede contribuir a situar con más claridad la actitud cognoscitiva más o menos típica en la que se encuentra atrapada la regionalística. Arturo Taracen Arriola, al problematizar en torno a la región histórica a partir de la experiencia histórica de Los Altos de Guatemala entre 1750 y 1850, destaca:

 

Es muy común observar que la noción de región en los estudios historiográficos ha estado reducida a las entidades administrativas o a los espacios geográficos, lo que no garantiza un estudio englobante de las complicadas relaciones entre los actores, intereses y procesos en el espacio regional ni de éstas con las entidades mayores, como el Estado y la Nación. El punto de partida para los historiadores regionales debe ser el análisis del espacio y el tiempo desde la actividad social producida por los humanos que los habitan y los hacen posibles. Tal actividad se traduce por actos identitarios y procesos económicos y políticos, pues la región es en sí una construcción social en la historia y no en un determinismo de origen geográfico o administrativo. 23

 

Aquí se aprecia de manera cómo las reflexiones en torno a la región y el espacio se clausuran. Por eso no es de extrañar que se proponga a los historiadores dedicados a la construcción historiográfica regional iniciar con el análisis del espacio y el tiempo desde la actividad social. Esta sugerencia no es tan sólo privativa de la historiografía, ni de los historiadores, la encontramos repetidas veces en los productos ofrecidos por los científicos sociales. ¿A qué se debe tan generalizada actitud? ¿Facilismo o ignorancia? ¿Falta de precisión en el ángulo de mirada o aceptación de teorías sin en mínimo de criticismo? En todo caso el problema persiste, de su concepción pende la solución. Las exigencias de definición continúan en función de ciertas nociones del espacio que en general tampoco son definidas o al hacerlo revelan mecanicismos insuperables. ¿En dónde y para qué surgieron estas? ¿Somos concientes de sus herencias? Si bien no son trabajadas al momento en que precisamos las aristas de nuestros objetos de investigación, tampoco desaparecen del taller. Forman parte del saber convencional y por eso tal vez no reparamos en ellas, ni en sus implicaciones.

 

Con la finalidad de tener presente la importancia de los asideros que anclaron el avance de las ciencias sociales contemporáneas conviene referir los registros epistemológicos que constituyeron las matrices del pensamiento contemporáneo. Las herencias euclidiano-aristotélicas nos hicieron que creer todo podría ser medido, que el universo podría sintetizarse en un punto. El movimiento de éste daría lugar a una línea, la translación de la línea a un plano y el movimiento de éste en un cuerpo. O a la inversa como lo sugiere el propio Aristóteles:

 

Si se consideran como principios a las líneas o de lo que de ellas se deriva (hablo de las superficies primeras), no son ellas ousías separadas, sino secciones y divisiones, las primeras, de las superficies, las otras, de los cuerpos, y los puntos, de las líneas; sólo ellos son los límites de esos mismos cuerpos; todas ellas existen en otros seres y ninguna de ellas existe en estado separado. 24

 

Baste tener presente la importancia dada por R. Descartes otorgó a las cuatro operaciones aritméticas fundamentales en la Regla XVIII, para percibir el origen o influencia que a partir de ahí ejercería el cálculo o si se prefiere la medición practicada en las ciencias sociales:

 

si llegamos al conocimiento de una magnitud porque tenemos las partes de que se compone, es por adición; si descubrimos una parte, es por sustracción. No hay más medios para deducir una magnitud cualquiera de otras magnitudes consideradas absolutamente y en las cuales esté contenida la primera. Pero si una magnitud es intermedia entre otras de las que difiere por completo, y no se halla contenida en ninguna, es necesario referirla a aquellas; y esta relación, si se busca directamente, se hallará por una multiplicación, y si indirectamente, por una división.25

 

El razonamiento cartesiano es la base de todo tipo de agregación practicada por la contabilidad económica, de la cual deviene el cálculo de las variables micro y macro de que se sirve el pensamiento económico convencional de corte keynesiano, y que en la actualidad usan los organismos internacionales. Los principios racionales que habrían de servir a toda representación gráfica expresada en una plano geométrico bidimensional conservan la misma impronta. A estas concepciones les vinieron bien las reflexiones de E. Kant e I. Newton, base de todos los instrumentales construidos más tarde por otras ciencias como la geografía económica al estilo de August Lösch, Von Thönen y Walter Chirstaller. Propuestas teóricas que fueron recicladas en el siglo XX por la escuela norteamericana de regionalistas encabezada por W. Izard, en la que incluso se hicieron aplicaciones de la teoría newtoniana de la gravitación universal a fenómenos sociales para medir los grados de interacción social. Concebido como el receptáculo de todas las cosas existentes bajo la influencia newtoniana, pero también como el conjunto de interconexiones posibles entre las partes de un fenómeno como lo sugería François Perroux, 26 el espacio era cosificado, separado de la articulación intrínseca de los procesos, era convertido en una coordenada más. Tal vez ahora no reparamos en la importancia que tales nociones tuvieron en la construcción de las sociedades latinoamericanas. 27 En el tránsito de las décadas de séptima y octava del pasado siglo -hace menos de dos décadas para el caso de México- la teoría de los polos de crecimiento jugaba el papel que ahora desempeña el modelo neoliberal. Era inspiración y norma de cualesquiera de los planes de desarrollo y de las políticas económicas impuestas en América Latina.

 

La propuesta perruoxina nacida al calor de la segunda posguerra abrigaba la idea fundamental de desmitificar los conflictos ocurridos como consecuencia de la ocupación territorial. Fue también quien acuñó el término de coexistencia pacífica en su papel de asesor de Charles de Gaulle. Proponía recorrer la atención del espacio geográfico al espacio económico abstracto en el cual los polos de crecimiento eran capaces de inducir dos movimientos complementarios, uno succionando recursos en un primer momento para en otro difundir sus efectos benefactores. Ese movimiento de atracción-repulsión tendería a homogeneizar el espacio económico entre las naciones. La condición era en ese contexto dejar de pensar en las fronteras y las naciones que distorsionaban los procesos de crecimiento económico.

 

Una vez más la mirada economicista iluminaba con sus estrategias de desarrollo para fomentar la creación de polos de crecimiento en todo el subcontinente. Tales iniciativas prefiguraba ya lo que en la década de los noventa se consideraría como parte de un modelo exitoso: la promoción de la globalización a escala mundial. La propuesta perrouxiana desde la década de los setenta había hecho creer a no pocos planificadores que la supremacía del espacio económico sobre el territorial tenía capacidades para evitar los conflictos generados por las disputas territoriales. Sin embargo, es importante insistir para los fines de nuestra exposición que el concepto articulador de dicha propuesta era justamente el concepto de espacio. Un espacio concebido como campo de fuerzas en el cual unas actuaban centrífuga y otras centrípetamente expresadas en polos de crecimiento económico. De donde era deducible que la creación de varios polos tenderían a homogeneizar las bondades del crecimiento.

 

La presencia del fisicalismo en la construcción de dicha teoría del desarrollo es innegable, tanto como lo es su mecanicismo. No es lo uno ni lo otro lo que debiera preocuparnos por pernicioso. Como construcciones intelectuales que han contribuido a cimentar a la física clásica no debieran ser objeto de discusión entre nosotros los científicos sociales, pero por las implicaciones de su uso extensivo en América Latina s, pues continúan alimentando la corriente principal de los análisis empíricos. La cuestión que nos hace sentido ahora no es si el mecanicismo es o no importante, sino si es posible dar cuenta de la complejidad social aferrados a tales prácticas.

 

Semejantes concepciones dieron pábulo a que la idea de sistema cobrara fuerza en las ciencias sociales. Los sujetos sociales, sus relaciones y experiencias culturales quedaron reducidas a un dato y el lugar o los lugares a su representación en mapas bidimensionales, convirtiéndolos en caricaturas groseras del funcionamiento de las realidades sociales intervenidas. ¿Cómo aprehender fenómenos como la recursividad en semejantes concepciones? Imposible.

 

El conocimiento construido de esa manera nos ha creado un problema mayor. El uso descuidado de categorías tan importantes está planteando por lo menos dos retos impostergables. Uno de ellos tiene que ver con la deconstrucción del conocimiento eurocentrista que hemos heredado, que articula conocimientos con los intereses del poder dominante. Otro con las posibilidades de construir categorías apropiadas a la realidad sociohistórica mexicana en particular y latinoamericana en general. Las dialécticas de lo global-local, micro-macro, geografías-territorios, Estado-Nación y riqueza-pobreza reclaman una revisión urgente a instancias de nuestras experiencias. Deconstruir lo andado implica tamizar el saber construido con la finalidad de asegurar su pertinencia, pero también identificar la manera en que constructos sociales alternativos se fueron cancelando, relegando, reprimiendo o de plano desechando. 28 Situarnos en áreas de umbral pudiera ser una alternativa, otra articular nuestros saberes desde los lugares en los cuales se materializa la vida y organización social vigente.

 

La veta de análisis evidente en los intersticios teórico-empíricos de diversas ciencias sociales, posibilita también matizar la pertinencia de la modernización capitalista tal como la vivimos actualmente, como vía para resolver en sus más gruesos términos la idea de radicalizar la democracia. Lo cual creemos permitiría rescatar experiencias culturales en las que es posible encontrar soluciones a los retos planteados por la contemporaneidad, por ejemplo, los referidos a la dialéctica individuo-comunidad. En donde la solidaridad familiar-comunal despliegan espaciotemporalidades distintas. 29

 

La actitud cognoscitiva anterior podría permitirnos respuestas a cuestiones aún sin contestar: ¿cuáles son los cambios ocurridos en los lugares concretos a instancias de la mundialización? Es posible seguir construyendo conocimiento con concepciones del espacio cosificantes? Por supuesto que sí. La justificación armada para impulsar en Plan Puebla Panamá es un buen ejemplo de eso. 30 ¿Para quién y para qué tiene importancia? 31 Sin duda para los intereses de los grupos económicos poderosos, interesa a los políticos de oficio e intelectuales a su servicio y gobernantes prosistémicos. Pues funcionan como verdaderos distractores de los problemas que el capitalismo es incapaz de solucionar. Pero realmente ¿ha sido útil incluso para sus beneficiarios? Tengo mis dudas. Porque es frecuente observar que la aplicación de las llamadas medidas correctoras -de los efectos perversos del capitalismo- con frecuencia agravan las problemáticas que se pretendían corregir. 32 La posición teórica incluida en tales concepciones o ha sido ciega al no percatarse de los excedentes de realidad dejados fuera de sus modelos -siguiendo a Zemelman-, o ingenua, al no percibir que los procedimientos estratégicos con algún grado de certeza deben estar ligados al movimiento sociohistórico de los pueblos y no cifrar sus posibilidades diseñando normas obligatorias de comportamiento social, exigentes de sistemas represivos crecientes para garantizar el logro de sus objetivos, como continúa haciéndose en todo el continente americano. ¿Cuáles son las alternativas?

 

Si centrásemos la atención en la dilatada presencia de la organización social basada en la ganancia capitalista como referente, deberíamos aceptar por principio que es el resultado de la construcción social que ha echado raíces en lo más inhumano, violento e irracional de lo humano. Su prolongación ha gestado efectos perversos en la vida de las grandes mayorías como lo continúa haciendo con en el medio ambiente. 33 ¿A qué espacio nos referimos con semejante afirmación? ¿Al recipiente de todo lo existente? Por supuesto que no. Tal categoría es insulsa, inapropiada para comprender el comportamiento de los complejos procesos sociohistóricos, si se tiene en cuenta que el 30 % de la población mundial está completamente integrada al mercado y el 70 % restante no lo está o está parcialmente. Ese espacio no es un lugar compuesto por tres dimensiones como las cartesianas, por más útil que resulte para la elaboración de planos y mapas, maquetas o modelos. Lo propio de los fenómenos sociales es su espacialidad y por ende la extensión de su movimiento lo cual se expresa histórica, lingüística y culturalmente. 34 Por eso compartimos con Alejandro Moreno un dato sociohistórico insoslayable:

 

Las mentes se despiertan en un mundo, pero también en lugares concretos, y el conocimiento local es un modo de conciencia basado en el lugar, una manera lugar-específica de otorgarle sentido al mundo. 35

 

Superar las trampas epistemológicas impuestas por la globalización y las vacuidades ofrecidas por nociones del no lugar posmoderno, 36 es afirmar la posición del lugar o los lugares, frente al espacio. La espacialidad como concepto articulador inherente a los procesos sociales ofrece alternativas contra la cosificación del espacio y las regiones, al permitir situarnos fuera de los paradigmas dominantes en la regionalística, dando paso a la pensabilidad, la intuitividad, la extensión viva y orgánica, no mecánica y agregada, que también deberíamos poner a prueba. El ejemplo que ya hemos usado en otra ocasión para referir la espacialidad de la expansión europea en la parte central del Golfo de México, resulta provechoso para expresar lo que refiero. Históricamente la expansión europea fue geografiando y subordinando procesos sociales y vidas en todo el continente americano, en algunos lugares con mayor intensidad que en otros hasta integrarlos al funcionamiento del sistema, describiendo cierta espacialidad que fue marcando los lugares de huellas que al paso del tiempo se nos fueron haciendo evidentes por familiares, como parte de estructuras culturales cristalizadas que perviven hasta el presente. El uso de los recursos naturales afectados por las nociones de lo útil a la mano depredaron, construyendo habitats y destruyendo ecosistemas irreversiblemente. Uno de los primeros lugares que sufrió las consecuencias del impacto de la colonización europea fue la costa oriental mexicana, específicamente la cabeza de playa que posteriormente se convertiría en enclave del dominio español a lo largo de trescientos años: Veracruz.

 

Veracruz al convertirse en el lugar desde el cual se vertebró la colonización de México con el transitar de personas, mercancías y conocimientos hacia el altiplano nacional, se constituyó en uno de los ejes en torno al cual girarían multitud de actos humanos que marcaron indeleblemente territorios. Esa movilidad humana gestó la apropiación de todos aquellos recursos naturales indispensables para la sobrevivencia y mantenimiento de todos los procesos de trabajo vinculados a la explotación sistemática sin reservas. Colaboraron también en la reproducción de formas culturales de poder-subordinación de los conquistadores y de todo el poderío español en el mundo. No sin influir y transformar cualesquiera de los hábitos y ámbitos de los pobladores, hasta el punto de afectar gustos culinarios, musicales, recreaciones lingüísticas y festivas, el cuidado y las nociones del cuerpo, de salud-enfermedad, la construcción arquitectónica, el trazado y localización de las ciudades, la fortificación y mantenimiento urbanos, la religión y los cultos, la educación, los roles sociales de cada uno de los miembros de la naciente sociedad, etc., confiriendo a los lugares una personalidad que habría de repetirse con sus peculiaridades -con más o menos violencia- en el resto del continente. Con ello se describirían espacialidades que compartieron rasgos comunes, a la vez que diferenciantes.

 

La ciudad puerto de Veracruz era un lugar poco propicio para las actividades que le conferían los colonizadores, movió varias veces su localización hasta quedar en donde ahora se encuentra. Pero la necesidad de transportar mercancías hacia lugares más habitables, fundaron asentamientos transitorios que después llegarían a ser ciudades, como Xalapa, Córdoba y Orizaba. Estos cuatro asentamientos jugaron en el conjunto roles diferentes. Hacia el sur de la ciudad puerto se cultivaron las primeras cañas de azúcar de tierra firme al inicio del periodo colonial. En lugares cercanos a Córdoba y Xalapa cafetales en el siglo XIX, pero en las tierras aledañas se diseminaron cabezas de ganado mayor y menor provenientes del continente europeo. Estas prácticas económicas, religiosas, militares y culturales en general, afectaron para siempre las de los antiguos pobladores de la región, diezmando a la población por efectos de la transmisión de vectores biológicos. El uso de madera como fuente de energía, materiales de construcción y transporte depredaron los bosques, especies animales y vegetales.

 

Dos maneras de concebir el mundo y resolverlo se enfrentarían permanentemente: La de los españoles y sus descendientes y la de las comunidades indígenas que poblaban la zona antes de su llegada. La primera dotada de las justificaciones que le otorgaba el rey, su fe y el poderío militar, se apropió de cuanto a su paso estuvo, sin importar los efectos de sus prácticas sobre los lugares conquistados, personas sometidas y prácticas culturales. La explotación de la fuerza de trabajo hasta la esclavitud, garantizó la extracción de metales preciosos y riquezas varias para grandeza del reino. Al cercar y delimitar sus posesiones afectaban importantes ciclos ambientales desconocidos. En oposición, los indígenas conocedores de los recursos naturales y su comportamiento histórico, los empleaban sin arrasarlos. El cultivo mediante roza y quema, por ejemplo, parecía ante los ojos de los conquistadores un uso libre de la tierra, de una tierra que no tenía propietario alguno. No es de extrañar que con frecuencia consideraran que las tierras y posesiones adquiridas por ellos eran tierras incultas. Tan dilatado fue el efecto social de dichas nociones y prácticas que no faltó quién considerase que la conquista del trópico húmedo mexicano se logró hasta bien entrado el siglo XX 37Esto incluso se ha llevado al extremo al considerar que dichos territorios eran espacio vacío en el siglo XIX, cuando la presencia de los pueblos indígenas está datada por lo menos desde 2000 años antes de la llegada de los españoles. ¿Espacio vacío o espacialidades distintas? ¿Qué importancia adquiere en el presente una noción u otra? Las exploración de tales implicaciones ofrecería material abundante para la elaboración de una serie de ensayos. Por ejemplo: baste tener presente las maneras de concebir la autonomía de los pueblos indígenas 38 en México, sus concepciones, uso de sus recursos y territorios.

 

La multitud de actividades con sus respectivos procesos de trabajo –vinculados a la producción, circulación de mercancías, extracción de recursos naturales- se desplegaron en la parte central del Golfo de México y describieron rutas de entrada y salida del país para de ahí distribuirse al puerto de Acapulco, que comunicaba con Oriente, el altiplano, el Bajío y los centros mineros del norte, fueron describiendo la espacialidad desplegada por los seres humanos en su tránsito y persistente peregrinar. Si fuésemos capaces de imaginar las rutas, ampliaciones aledañas de estas y su vinculación a los centros de vivienda y trabajo, podríamos imaginar también la telaraña de relaciones tejida a lo largo de tres siglos de dominación española en persistente movimiento, con una espaciotemporalidad muy distinta a la que tendría al finalizar el siglo XIX. Por otra parte, si la mirásemos en su constitución y funcionamiento local, a lo mejor nuestra imagen se transformaría en la de un archipiélago en un mar despoblado, en la que las ínsulas serían las actividades productivas y de servicios, los asentamientos humanos, las rutas de transportes y el mar: todo lo no sometido, ni estructurado al sistema de explotación-dominación. Pero lo no-utilizado y no-subordinado, convivían siempre con lo potencial y latente, con lo que no estaba en potencia y ni en acto. ¿Qué queremos decir con eso?

 

Primero, que si bien el centro de Veracruz describía sus límites dominantes de interacción social e individual durante la Colonia entre las márgenes de los ríos Nautla hacia el norte y Papaloapan hacia el sur, estos se verían rebasados y trastocados como consecuencia de la aplicación de las Reformas Borbónicas al final del siglo XVIII. La liberación del comercio y de los puertos aledaños al de Veracruz, trajo aparejada la reorientación de los flujos y como consecuencia el desplazamiento de las élites comerciales, al punto que estas debieron contactar directamente con los centros productores de cochinilla grana en Oaxaca, palo de tinte en Campeche y los de cacao en Tabasco. El cambio de la orientación de las actividades económicas en este caso -debido a una decisión política tomada en el centro de poder-, condujo a modificaciones importantes en la espacialidad de las actividades. Pero no sólo eso, trajo como consecuencia una participación más agresiva de los veracruzanos en la construcción de la nación durante todo el siglo XIX.

 

Las modificaciones ocurridas en el proceso de acumulación mundial comandadas por los ingleses, dieron al tendido de vías férreas y a la explotación petrolera tal prioridad que provocó el remapeamiento de las actividades al modificar las espacialidades precedentes construidas durante siglos de dominio español. Las zonas petroleras y los ferrocarriles se unieron para acelerar la extracción de riquezas. En el norte y sur de Veracruz, por ejemplo la propiedad de la tierra -suelo y subsuelo- fueron reestructurados en los lugares en donde las nuevas actividades se desplegaron. La población se movió en dirección de los centros petroleros, se crearon ciudades en donde no las había y generó una actividad portuaria insospechada. Formas culturales aparecieron combinándose en las festividades institucionalizadas por las comunidades, en las formas del uso del tiempo libre, la convivencia familiar, la educación, etc.: todos los horizontes de vida se trastocaron ante la impronta de la modernización, mezclándose de manera fecunda, capaz de asimilar formas culturales diversas. Áreas que antes estaban delimitadas política y administrativamente, eran rebasadas por las prácticas cotidianas del hacer-transformar-explotar-vivir-migrar-reproducirse.

 

Los límites de las entidades federadas se superaban, al norte de la entidad los centros de extracción petrolera se agolparon en torno a Tampico, durante el tránsito de los siglos XIX al XX como consecuencia de la febril explotación de los territorios de los huastecos. Pero durante la segunda década del siglo XX en un lugar inimaginado unos años antes, se congregaron trabajadores y prestadores(as) de todo género de servicios para dar vida a Poza Rica, surgida de la agitación provocada por el descubrimiento y explotación de enormes yacimientos petrolíferos. Al sur por su parte, los habitantes de Oaxaca y Tabasco tendieron a migrar hacia Minatitlán y Coatzacoalcos, lugares en donde la extracción, refinamiento y exportación de petróleo se llevaban a cabo. Los trabajadores se acomodaron a las exigencias de la reproducción capitalista del momento, pero no sin dotar al entorno socioambiental de su propio colorido, resistencia y participación. zapotecos, zoques, popolocas, huastecos y totonacos deambularon en las zonas petroleras como fuerza de trabajo: músicos, restauranteros, agricultores, ganaderos, cocineras, sexoservidoras y sexoservidores, líderes sindicales, campesinos, rebeldes insumisos, comerciantes y representantes oficiales de sus comunidades.

 

Los circuitos del producto como los del capital transformando la división internacional del trabajo espacializaban sus consecuencias. Subordinaron áreas a los intereses extranjeros como enclaves de explotación, íntimamente vinculadas culturas y comunidades específicas. Tales áreas no obstante, conservaron su sabor regional adaptando sus tradiciones culturales con la adopción de todo aquello que parecía novedoso, enriquecedor, que se apreciaba benéfico y provechoso no sin resistir cuando se percibía que la vida comunitaria estaba en peligro. Es el caso de las culturas: huasteca, nahua, totonaca, zoque, popoloca, zapoteca y de sus pobladores, quienes se han destacado históricamente por sus capacidades de trabajo y resistencia. La mezcla cultural generada como consecuencia de ese trasiego humano a lo largo de cinco siglos, amalgamó en una superficie de 70 mil kilómetros cuadrados a indígenas, europeos y africanos, en una espacialidad diversa ligada a lugares y medioambientes heterogéneos, que todavía ahora reclaman comprensión.

 

Sin entrar en los detalles de las maneras en las cuales los sujetos sociales se han transformado históricamente, de manera destacada o anónima, podemos recomponer con este ejemplo la espacialidad de los fenómenos sociohistóricos que se desplegaron en el tránsito de varios siglos para conformar la región del centro de Veracruz. Delimitada al norte por el río Nautla y al sur por el Papaloapan. Abierta en sus relaciones hacia el centro-occidente del país – por las ciudades de ciudades de Puebla, México y el Bajío-, y hacia el Oriente por sus relaciones con Cuba y el Caribe y por supuesto hacia el continente europeo. Región que sustentaba sus dominios locales en cuatro centros urbanos -Veracruz, Xalapa, Córdoba y Orizaba- y las principales comunidades aledañas. Cada una de éstas con funciones específicas en el conjunto, orientadas a rivalizar y complementarse sólo en aquellas partes que no afectaban las ganancias ni los ámbitos de dominio y control. Ámbito territorial en donde el puerto de Veracruz se mostraba dominante al irradiar los efectos de las actividades comerciales internas y externas, pero sobre todo por haber sido la garganta de América, la puerta de entrada al reino y sus riquezas. A finales del siglo XVIII y durante el XIX dicha región inició sus transformaciones radicalmente acelerada por efectos del cambio del centro hegemónico de poder mundial, del Mediterráneo hacia el Mar del Norte. Inglaterra desde la llegada de los Borbón al poder había iniciado la penetración por varias vías a las posesiones coloniales españolas, Tampico fue la cabeza de playa desde la cual ingresaron los vendedores de mercancías hacia las zonas mineras del norte, sin la mediación de los comerciantes que integraban el poderoso grupo de ciudad de México y Veracruz. El contrabando desde entonces ha sido perseguido al afectar los intereses de los comerciantes establecidos. En este contexto los pueblos indígenas fueron desmembrados y secularmente excluidos.

 

De manera sintética hemos descrito algunas espacialidades complejas inducidas por la construcción de la modernidad y algunos de sus efectos señeros en la parte más oriental de México. En ella la organización de las culturas prehispánicas del Golfo de México se afectaron por el contacto europeo, para dar paso a una sociedad colonializada híbrida y nueva. Lo local y mundial mostraron su dialéctico devenir al subordinar territorios, lugares, conciencias y vidas, insufladas por el sistema capitalista necesitado de la construcción de un Estado Nacional, capaz de asegurar las correas de transmisión que unían al centro con sus periferias. No obstante, la modernidad como proceso civilizatorio y cultural continúa expandiéndose, desplegando potencialidades, mostrando insuperables contradicciones al integrar territorios, recursos naturales y desintegrado e integrando pueblos, comunidades, personas y vidas.

 

En busca de soluciones

 

Después de haber hecho énfasis en la complejidad característica de los fenómenos sociales y descrito la manera en que la espaciotemporalidad agrega y se significa en y a través de ellos, ofreceré algunas miradas empeñadas en recuperar manifestaciones diversas de la espacialidad social concebida como inherente a los fenómenos y procesos sociohistóricos, habida cuenta los saldos deficitarios existentes que señalábamos caracterizan el interés puesto en ellos por los estudiosos de los fenómenos sociales.

 

No debe esperarse en el presente ensayo, una colección exhaustiva de todos los ámbitos en los cuales he percibido que la espacialidad ha sido suplida por la categoría de espacio y ésta referida a sus aspectos geométricos euclidianos, geográfico deterministas, homogéneos absolutizados, polares fisicalistas o cualesquiera de sus percepciones mecanicistas como campo de fuerzas. Pretendo llamar la atención sobre la manera en que la espacialidad puede ser comprendida, preguntando si es posible ir del ámbito psicológico hasta el económico, del sistémico y cultural, al geografiando territorios, avasallando fronteras y cualquier estatuto de lo estético o lúdico. En todo caso la selección se espera resulte sugerente a la vez que provechosa.

 

Aquí el lector tal vez se pregunte cómo vincular la exposición precedente con lo que a continuación vendrá. Le proponemos incursionar entre algunas maneras creativas, epistemológicamente hablando, de la espacialidad, categoría a la que damos mayor énfasis por ser ésta la más descuidada. Los vínculos que se establecen en el presente artículo adquieren así su carácter señero: la apertura. Una apertura que no deja de reconocer los asideros teóricos, empíricos, históricos, sociológicos, políticos, antropológicos, etc., heredados pero pretende identificar bifurcaciones antes que seguir empeñosos esfuerzos por ahondar corrientes principales.

 

Durante varios años interesado en las cuestiones que genera la espacialidad de los fenómenos sociales e incentivado por los trabajos de José Luis Coraggio al inicio de los años ochenta, como dijeran los pianistas -con la mano izquierda- fui recogiendo distintas miradas, desde las propiamente economicistas hasta las sociopsicológicas. Todas ellas referidas a los préstamos que los científicos sociales hicieron de las construcciones teóricas de los físicos en consonancia o disonancia con posiciones diversas del pensamiento filosófico occidental, matizando la percepción de las discusiones en torno a la modernidad -y por supuesto la posmodernidad-. En ese proceso tocó las puertas de la curiosidad la obra de Gastón Bachelar con su poética del espacio, que se acercaba de manera inusitada a los descubrimientos y percepciones de Jean Piaget y Rolando García. Lo cual obligó a preguntarnos ¿cómo se manifiesta la poética de nuestra espacialidad fenoménicamente hablando en una sociedad como la nuestra? ¿Cómo opera la espacialidad en el sujeto?

 

Para retomar la senda, Bachelar, Piaget y García rozan trayectorias en su encuentro con lo humano. Uno para mostrarnos cuan diversos pueden ser los espacios concebidos como lugares, desde el pórtico de la casa hasta los rincones y la íntima inmensidad y otros, para demostrar que una de las intuiciones humanas primeras es la percepción del lugar o lugares, desde que emprendemos los primeros desplazamientos,

 

… constituyendo el punto fundamental de encuentro entre las actividades del sujeto y los caracteres del sujeto. 39

 

En una y otras concepciones los lugares no son cerrados, excluyentes, ni etéreos: son abiertos, el dentro y afuera son apenas límites referenciales trastocados por la cotidianeidad y el desplazamiento humano. Lo íntimo incluso es mancillado por los avatares de la memoria, la dialéctica de lo dentro y de lo fuera, tan frecuentemente separada por el ejercicio del pensamiento y el poder, es unidad de un devenir multiformado, separado por comodidad. 40Voy a detenerme en esa dialética por sus implicaciones en la construcción cotidiana de las ciencias sociales y por que en ella -siguiendo a Bachelard-

“La metafísica más profunda ha enraizado así en una geometría implícita, en una geometría que –se quiera o no- espacializa el pensamiento…” 41

 

Lo dentro y lo fuera, fundamento de diversas formas de alienación -por simple oposición geométrica- se tiñen de agresividad y violencia, trabajada por el mito y sustentada por la ideología. Al respecto W. Mignolo ha puesto a nuestro alcance toda una arquitectura de dominación a partir de la diferenciación representada desde la colonización de los pueblos indígenas precolombinos. 42 Bachelard nos atrapa y sugiere una y otra vez:

 

El más acá y el más allá repiten sordamente la dialéctica de lo dentro y lo fuera: todo se dibuja incluso lo infinito… Se hace pasar a la categoría de absoluto la dialéctica del aquí y el allá. Se da a esos pobres adverbios de lugar poderes de determinación ontológica mal vigilados. Muchos metafísicos exigirían una cartografía… todas las facilidades se pagan y el saber… inicia mal al partir de experiencias esquematizadas. Ante todo hay que comprobar que los dos términos fuera y dentro, plantean en antropología metafísica problemas que no son simétricos. Hacer concreto lo de dentro y vasto lo de afuera, son parece ser, las tareas iniciales de una antropología de la imaginación.

 

¿Cuántas sugerencias podemos extraer de aquí? Las fronteras al mostrar lo que une y divide, tienen atrapadas las miradas de quienes observan la espacialidad porosa transfronteriza que rebasa prohibiciones al ser lugar de explotación por pescadores de plusvalía. Las fronteras nos recuerdan las diversas cualidades de las masas en movimiento, en espera, fluyentes, agitadas, densas, etc., a las que el dentro y fuera les tienen sin cuidado en horas decisivas. Fenómeno que incumbeas más específicamente a las construcciones de los científicos sociales a los que el aguijón del dentro y fuera fue puesto antes de ser lanzados al ruedo laboral y continúa repitiendo su doloroso escozor para tranquilidad de los poderosos.

 

Para los economistas por ejemplo, el comercio es interno y externo, los sistemas económicos de intercambio se realizan mediante vínculos, en una red de arreglos jerárquicos con al menos un lugar central. 43 Para los historiadores sucede lo mismo. Parafraseando a Luis González

el terruño es dueño de un espacio corto y tiempo largo, en él las familias se conocen entre sí. Las relaciones con el territorio suelen ser amorosas y con los vecinos conflictivas. 44

 

Igualmente en la antropología se muestra insuperable la noción del dentro-fuera. Eric van Young considera que

 

una región es la espacialización de una relación económica y acepta que una definición funcional sería la de un espacio geográfico con una frontera -no necesariamente impermeable- que delimita, cuyas partes interactúan más entre sí que con sistemas externos. 45

 

Similares apreciaciones son las rescatadas por Guillermo de la Peña en las nociones empleadas por arqueólogos, etnólogos, biólogos, geógrafos y antropólogos en sus análisis regionales, para quienes las expresiones espaciales suceden en el entramado sociohistórico nacional, “tejido inextricable de etnia, política, economía y religión.” 46

 

Aquí la nación, lo nacional, aparece como lo dentro, reducto de la nacionalidad, portadora y delimitada por fronteras, que separan lo no nacional, manteniendo a raya lo fuera, lo otro, lo distinto. 47Las políticas defensivas, defensivas y los ejércitos son justificados en función de los intereses nacionales, encubriendo formas de dominación y subordinación actuales o pretéritas. En un discurso como el de la globalización neoliberal ¿la dinámica del dentro-fuera ha sido superada? Definitivamente no, como se dijo antes ni todos vivimos bajo el régimen del mercado, ni la modernización capitalista llega a todos lados, aunque los daños medioambientales ocasionados por la explotación de dicho régimen amenazan los delicados equilibrios de los ecosistemas. Los sucesos desencadenados después del 11 de septiembre devinieron en castigo para los otros, los de fuera, los distintos, los terroristas, los musulmanes afganos.

 

¿Hasta donde es posible llevar las sugerentes propuestas bachelarianas? ¿Es posible relacionar tales sugerencias con la vida comunitaria, los lugares y las solidaridades humanas? Se me ocurre que casi hasta donde queramos, de los sueños y lo lúdico, hasta lo político y medioambiental. ¿Es posible describir tales arquitecturas? Algunas puertas se han abierto para nuestro beneplácito, una de las cuales nos la ha obsequiado Alejandro Moreno cuando alerta:

… el lugar y la conciencia basada en el lugar han sido marginalizadas en los debates de lo local y lo global. Esto es doblemente lamentable porque, por un lado el lugar es central al tema del desarrollo, la cultura y el medio ambiente, y es igualmente esencial, por el otro para imaginar otros contextos … de construcción de la política, el conocimiento y la identidad.” 48

 

Los lugares y la espacialidad desplegada por lo cotidiano al hacer y rehacer la vida, son los ambientes en donde se pone a prueba lo deseable con lo posible, lo imaginado con lo realizado. Las experiencias humanas pueden ser fáusticas o fantásticas como son todos los futuros y mantener mínimas coherencias es vital desplegar proyectos alternativos, están presentes débiles equilibrios –homeoestáticos, entrópicos, fractales- animados por las complejidades socioculturales, históricas y medioambientales.

 

Tomamos prestados los pensamientos y sugerencias -que son parte de las obras de colectivos y comunidades brasileñas-, de Carlos Walter Porto Gonçalves cifrados en experiencias locales de las que mucho debemos aprender los latinoamericanos. Y lo hacemos porque como él dice todo lo hemos tomado prestado y aprendido de todos: idioma, pensamientos, experiencias. ¿Qué somos sino construcciones socioculturales? Escojo tan sólo un trozo de su libro recientemente publicado en México para animar el sentido de nuestra reflexión en torno a la llamada sustentabilidad del desarrollo, entendida en el contexto de tensiones y luchas sociales prolongadas. Para otorgar sentido a la vida en el seno de una organización social insostenible, porque sus efectos son devastadores: es necesario que nos movamos dentro de una temporalidad más concreta que aquella indicada como crisis de la modernidad, de un espacio-tiempo civilizatorio y, de este modo, que profundicemos en un espacio-tiempo de una enorme complejidad, que es el histórico-geográfico, del aquí y del ahora, donde el venir está siendo concretamente decidido. 49

 

¿Cuantas reflexiones exige semejante afirmación? Todavía en el trabajo de los científicos sociales en México es frecuente apreciar que la temporalidad es reducida a priori a una década o a un siglo, o a la tan incomprendida larga duración braudeliana, como si el tiempo, los tiempos, no fueron afectados por el comportamiento de los procesos sociales, las variables seleccionadas y su forma de cuantificación. Todavía no se logra asimilar que el tiempo no es una cosa, ni un marco general de referencia que fluye en una dirección, es ante todo, cualidad intrínseca de los sujetos sociales, de los procesos y fenómenos que estudiamos. Mientras la primera posición impide mantenernos alerta sobre las reversibilidades e irrevesibilidades de los procesos y apreciar en consecuencia lo que existe en acto y en potencia. La última permitiría justamente alertarnos de lo contingente, tanto como de lo tendencial de los procesos en análisis.

 

Similares actitudes se encuentran en el tratamiento otorgado al espacio. Se concibe como objeto, como algo lleno o vacío representable mediante el sistema de coordenadas, no como algo vivo e íntimo del comportamiento de los sujetos sociales. Es empleado para otorgar cierto halo de cientificidad a las construcciones intelectuales, la dinámica espaciotemporal parece funcionar como un adorno esencial-universalista, hacia el cual todo fluye y del cual todo parte. Esa especie de no lugar, entelequia atemporal que desdibuja miserias y opulencias, posiciones de poder y exclusiones, son diseñados por el influyente privilegio otorgado al proceso modernizador que funciona bajo la égida de la producción capitalista. Sus gestores e instituciones al intentar borrar todo género de vestigio histórico de los pueblos, así como sus legítimas aspiraciones y capacidades de construir futuros alternativos, alienta perpetuando formas de dominación estructuradas generacionalmente.

 

Ambas problemáticas enrumban por diversas direcciones. Aludamos a tres de ellas que no son de poca monta siguiendo a Zemelman: Una de ellas se inscribe en el ángulo de la mirada epistémica. Otra al nivel instrumental de la representación, el cálculo y las exigencias prioritarias del modelo dominante de crecimiento. Otra referida a las condiciones político-ideológicas expresadas en las posibilidades de recuperación de la vida comunitaria y solidaria. Sabemos que las prácticas de los científicos sociales no son fortuitas, por ingenuas que parezcan. La posibilidad de construir mediciones cuantitativas alternativas es complicada debido a que lo que no interesa a los grupos dominantes, no se calcula. 50Por eso los organismos internacionales han marcado pautas de cálculo de cuanto acontece a las naciones después de la segunda Guerra Mundial. Eso explica por qué es frecuente que la mirada dominante se reproduzca sin cesar en las aulas universitarias y las conciencias de generaciones enteras, haciéndose acompañar de fuertes presiones publicitarias en favor del sistema imperante. Relativamente fácil resulta con semejantes medios difundir distractores intelectuales, rompecabezas para armar con variantes sobre el mismo tema, sueños irrealizables por insustentables, golosinas atrofiantes de conciencias, autismos políticos reverenciantes pero irreverentes a la vez, desmemoria política, incapaces de mirarse en el espejo de otras experiencias históricas.

 

¿Qué hacer cuando los planificados no se dejan planificar y las masas muestran sus rebeldías ante la imposición de los modelos económicos y normas jurídicas? ¿Explotar la sustentabilidad del sistema cuando se sabe cancelada? ¿Hacer la explotación humana cada vez más verde –más ecológica-, como lo hacen los fabricantes de automóviles a la hora de promover sus ventas? ¿Analizar el sentido estructural de la economía capitalista para crear un nuevo orden de convivencia internacional, como lo sugiere Wallerstein? 51Ante tales opciones todas las cuestiones pendientes vienen en tropel, qué hacer en las comunidades, con las migraciones, la subsistencia, la insalubridad, el hacinamiento, la promiscuidad, la educación, la tecnología, la seguridad, los medios de comunicación, las desigualdades sociales, el alcoholismo, la drogadicción, la violencia social e intrafamiliar, la calidad y esperanza de vida, los sistemas jurídicos, los órganos de gobierno, la democracia y las presiones estadounidenses, etc. ¿A qué tipos de espaciotemporalidad aludimos tratándose de la construcción de potencialidades humanamente vivibles? ¿Cuáles son las huellas que deberíamos seguir? ¿Tendremos ésta generación la capacidad para remapear nuestras conciencias y por ende nuestros variados territorios? ¿Tenemos modelos o ejemplos tan sólo? ¿Tendremos la entereza suficiente? ¿Cómo acomodar los sueños y la esperanza como lo reclama el presente? Respuestas diversas las encontramos también en los psicólogos ambientalistas y antropólogos, una de las cuales propone:

La construcción de paradigmas alternativos de producción, órdenes políticos y su sustentabilidad son aspectos de un mismo proceso, y este es impulsado en parte por la cultura de los movimientos sociales y las comunidades en defensa de sus modos de naturaleza/cultura. Es así como el proyecto de movimientos sociales constituye una expresión concreta de la búsqueda de órdenes alternativos de producción y ambientales. 52

 

Ellos confieren importancia irrestricta a los lugares, a las geografías como dice Gonçalves, pero ante todo a las actitudes responsables de los humanos y sus intercambios con la naturaleza. La cuestión estriba en no tratar de encontrar la sustentabilidad perdida del capitalismo, no reparar los daños ocasionados por su espacialidad, sino de crear otras alternativas no cifradas en la ganancia y la explotación salvaje de corto plazo o en la valoración capitalista del medioambiente, características de la modernización neoliberal. Se trata de repensar la espaciotemporalidad de todas aquellas organizaciones sociales empeñadas en recuperar la vida comunitaria de sus pueblos, sin que ello signifique la vuelta al comunitarismo o hacer la apología del buen salvaje que pretende recuperar el pasado bucólico perdido. Se trata de la construcción de la civilidad de quienes han sido perpetuamente excluidos por una organización social construida antidemocráticamente.

 

A manera de conclusión

 

Como se ha podido apreciar hemos partido de las propuestas instrumentales construidas por quienes tienen confianza en el perfeccionamiento del capitalismo -surgidas en coyunturas históricas después de la Segunda Guerra Mundial-, para identificar el papel subordinado a cierta racionalidad sistémica de los conceptos espacio y tiempo. Pero a la vez hemos dejado claro nuestra posición en favor de la vida. Posesionados de estos dos ámbitos hurgamos contenidos importantes del saber construido por las ciencias sociales durante el mismo periodo histórico, para describir las maneras en las que la espaciotemporalidad de los fenómenos sociohistóricos revelan sus geo-grafías. Señalamos también los lugares comunes de las teorías del desarrollo, tanto como la necesidad de revelar la espacialidad política del pensamiento. Ello nos ha permitido recuperar la construcción conceptual vinculada a un haz de saberes que se cruzan entre la necesidad de asegurar la existencia del poder de un régimen indispuesto a claudicar y las apremiantes necesidades de las mayorías que exigen toma de posición y consecuencia.

 

La globalización que trajo de la mano el modelo neoliberal ha tenido sonados fracasos. Algunos de ellos se pusieron de manifiesto cuando se pretendió uniformar solución a problemas de acumulación no previstas. Sobre todo cuando se impusieron a ciertos grupos humanos, poseedores de experiencias comunitarias signadas por la heterogeneidad, a quienes la pretendida homogeneización capitalista ha afectado hasta el punto de atentar contra su pervivencia. Otras fueron consecuencia de la imposición unilateral de proyectos productivos, cuya finalidad era la extracción rápida de plusvalor a expensas de la sobre explotación de la fuerza de trabajo. Las más severas se expresaron al nivel de la concentración de la riqueza y el poder, que implicaron el uso persistente de la violencia y represión con diversos grados de intensidad como consecuencia de la competencia con otros lugares en los cuales las rentas capitalistas aseguraban jugosas ganancias o el no resignamiento de la pérdida de posiciones de los grupos poderosos, largamente beneficiados por las políticas económicas y administrativas estatales. A contrapelo, la globalización neoliberal favoreció la posibilidad de desestructuración del sentido implícito en los discursos hegemónicos y la búsqueda de soluciones alternativas no capitalistas en poder de millones de personas a pesar del sistema.

 

En tales procesos sociohistóricos los lugares adquirieron el estatuto de crisol y expresión de las verdaderas intenciones del discurso neoliberal-globalizador. Los conceptos vacíos de contenido han sido suplidos lentamente por las masas con sus propios conceptos, maneras de mirar el mundo y formas alternativas de organización. Es en este contexto en el cual proponemos la sustitución del concepto de espacio por el de espacialidad para aprehender la compleja trama de las relaciones sociohistóricas, siguiendo las huellas dejadas por los sujetos como componentes esenciales de los procesos, que se extienden territorialmente en simbiosis con los procesos naturales, generando formas de ser y expresiones culturales propias en, mediante y a través de la espaciotemporalidad.

 

Para estar en posibilidad de analizar detenidamente las distintas maneras en las que la espacialidad sociohistórica de los sujetos se ha territorializado históricamente, a instancias de la dominación describiendo geo-grafías, conviviendo con otras que parecen irredentas, a veces dormidas pero indispuestas a sucumbir –mares en calma en espera de conmoción, parafraseando a Elías Canetti-, prudente sería atender lo que Zemelman señaló como exigencia epistémica fundamental, necesaria para comprender la complejidad sociocultural:

Liberarse de parámetros para reubicarse frente a la realidad y mirarla … recuperar … la exigencia de mirar la realidad antes de volcarse a su explicación. 53

 

Lo cual implica ubicar las posibilidades -individuales o comunitarias- para construir su futuro desde el presente, desde lo coyuntural, en donde se dan cita espaciotemporalidades distintas, articulaciones probables, geo-grafiando lo posible para la construcción de la historia en favor de la vida.

 

Entre las actitudes normativas y estratégicas de los promotores del cambio social existe un trecho no fácil de remontar, coincidente con ángulos de mirada distintos. A la hora de construir alternativas ambos procedimientos apuntan hacia direcciones distintas, como lo bien lo difundiera Carlos Matus en su obra Estrategia y plan, y que recuperara Enrique Dussel en sus Seis tesis para una filosofía política crítica. La racionalidad formal, normativa, sujeta al cálculo y los discursos de ocasión de los gobernantes en turno, se orienta por lo ya dado en el sistema vigente sea político, económico, jurídico, tecnológico, cultural, etc., en tanto que la racionalidad estratégica busca la compatibilidad de los fines de la acción con los de la reproducción de la vida humana. En palabras de Dussel:

 

El problema ético político de la razón estratégica consiste… en poder ver la compatibilidad de los fines de la acción (de la racionalidad formal: p. e. El fin del sistema burocrático o de las empresa capitalista) con la posibilidad de la reproducción de la vida humana (la verdad del fin) y con la legitimidad democrática de su elección (la validez del fin). Una acción será integralmente política si cumple con los tres principios enunciados. 54

 

En el recorrido que hemos realizado se ha destacado la importancia de la espaciotemporalidad en construcción de conocimientos en las ciencias sociales. En consecuencia, por la amplitud del ensayo es imposible abundar en algunos aspectos que reclaman una exposición más dilatada, razón por la cual hemos adelantado algunas reflexiones que son compartidas -en ocasiones más explícitamente que en otras- por diversos estudiosos de las ciencias sociales, al poner énfasis en la territorialidad de sus investigaciones para descubrirnos la compleja trama de relaciones que hemos subordinado a la racionalidad ecuménica eurocentrista y al hacerlo, las omitimos dejando de nombrarlas y por ende de resignificarlas. 55 Me refiero a todos aquellos aspectos de la realidad sociohistórica de nuestros pueblos, componentes de la diversidad cultural, que es donde radica la verdadera riqueza y posibilidades de construir otras espacialidades. La problematización expuesta en el presente trabajo se hizo acompañar de unos cuantos ejemplos ilustradores, más no fue nuestro propósito ofrecer soluciones alternativas. Creo que esa es una tarea colectiva que reclama la presencia de pensamiento y actitudes críticas en torno a lo que ha sido la vertiginosa eclosión de las ciencias durante el siglo pasado.

Xalapa, 2001

 

BIBLIOGRAFIA


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NOTAS


  1. Así mismo de los que hubiese adelantado en otro momento en torno a la espacialidad, como sustituto de la categoría de espacio. Feliciano García Aguirre (2001).
  2. David Harvey (1998:225), citando a Fréderic Jameson afirma que éste: “… atribuye la transformación posmoderna a una crisis de nuestra experiencia del espacio y el tiempo, crisis en la que las categorías espaciales pasan a dominar el tiempo, mientras que ellas mismas sufren una mutación que nos resulta muy difícil de dar cuenta.”
  3. Referir las teorías del desarrollo ha sido un ejercicio académico frecuente entre los economistas y científicos sociales. Las obras señeras que destacan los progresos teóricos fundaron el canon al finalizar la década de los sesenta y recorrieron el continente entero las dos décadas posteriores del siglo pasado. Un reciente esfuerzo por recuperar los aportes del pensamiento económico y sus influencias en el siglo XX latinoamericano nos lo ofrece Samuel Lichtensztejn, (2001).
  4. Aquí nos servimos de la manera en la cual E. Levinas (1998:26), concibe el acto gnoceológico: “Admiremos la inversión del esquema gnoseológico; a saber: la obra del conocimiento comienza del lado del objeto, en los bastidores del ser. El ser primero debe iluminarse y adquirir una significación refiriéndose a esa reunión, para que el sujeto pueda acogerlo. Y, sin embargo, es el sujeto encarnado el que, reuniendo el ser, va a levantar el telón. El espectador se convierte en actor. La visión no se reduce a la recepción del espectáculo; simultáneamente, la visión opera en el seno mismo del espectáculo que acoge.”
  5. Un par de ejemplos tal vez ayuden a clarificar sintéticamente a que me refiero usando las palabras del propio autor: “… el devenir es el desaparecer del ser en la nada y de la nada en el ser y desaparecer de ser y nada en general; pero reposa a la vez sobre la diferencia de ellos. Se contradice por lo tanto en sí mismo; pero una tal unificación se destruye.” O dicho de otro modo: “El infinito existe; en esta inmediación el infinito es a la vez la negación de otro, lo finito.” G. W. F. Hegel (1968: 97-123).
  6. Amartya Sen (2001: 65-84). Joseph Stiglitz (2002: 42-88).
  7. Carlos Walter Porto Gon?alves, (2001: 7-12).
  8. Al respecto habría que considerar por ejemplo las críticas elevadas a rango de contestatarias de intelectuales latinoamericanos como Carlos Matus, José Luís Coraggio, Anibal Quijano, Pablo González Casanova, Teohtonio Dos Santos, Hugo Zemelman y tantos más. Enfatizando los peligros en que incurrían las políticas y planificaciones incapaces de mirar críticamente sus instrumentos, sus procedimientos estratégicos, ni de asumir una concepción historicista que superase las miradas instrumentalmente economicistas. Sin embrago, fue tal vez Hugo Zemelman quien puso énfasis especial en el sentido ofrecido por una epistemología negadora del sujeto, fragmentadora de la realidad. “Los tipos de relaciones que la teoría establece con la realidad plantean diferentes vacíos epistemológicos. Entre estas cuestiones se encuentra la forma en que la teoría delimita a la realidad, la historicidad o formalismo de la propia teoría, y la determinación por ésta de las opciones estratégicas para la acción.” H. Zemelman (1996: 173).
  9. No se desconoce la importancia que tuvo en la construcción y mantenimiento la planificación económica centralizada, ni el hecho de que fueron los primeros planes quinquenales de la Unión Soviética los que inspiraron el uso de planificación en los países capitalistas. Así mismo, los antecedentes del cálculo económico que a la postre servirían a Vasili Leontieff en el diseño de la matriz de insumo-producto, en el seno de la escuela norteamericana de regionalistas que creara y mantuviera Walter Izard, de la que provinieron influyentes propuestas problemáticas y soluciones en las que abrevaron toda una generación de científicos sociales latinoamericanos.
  10. Con dicho término se identifica al conjunto de medidas económicas que privilegian lo económico sobre cualesquier otro ámbito de lo social, ignoran al ser humano tal cual es y todas sus relaciones culturales. Pese al espectro de combinaciones que es posible encontrar a la hora de privilegiar al mundo económico sobre cualesquier otro, siguiendo a Juan Castanigs Teillery (2002:1F), identificamos los rasgos de los economicistas fácilmente: 1). Creen firmemente en los modelos matemáticos y piensan que sus modelos representan la esencia del mundo real. 2). Piensan que todos los seres humanos actúan racionalmente, es decir que cuentan con tanta información como para maximizar sus intereses como consumidores o productores. 3). Consideran que el mercado es un centro de interacción comercial tan eficaz que si se le deja libre de cualquier traba conduce al equilibrio general. 4). Piensan que la mejor situación de una moneda es cuando esta es neutra, es decir, cuando sólo juega el papel de intercambio, pero no tiene ninguna influencia en la formación de los precios ni en las decisiones de los “agentes”. 5). Suponen que los factores políticos y las otras interacciones sociales no presentes en sus modelos, no son elementos importantes que se deban de tomar en cuenta. En síntesis: “No todos los economicistas cumplen las cinco condiciones anteriores; muchos economicistas de tipo clásico, keynesiano o marxista responden principalmente a la primera y a la última. Los economicistas neoclásicos son los que cubren las cinco condiciones. Debe de notarse que no todos los economicistas son neoliberales, aunque todos los neoliberales son economicistas.” Una mirada crítica al economicismo ya la habían adelantado Matus (1975 ) y Zemelman (1996:173-205).
  11. Con ese término fueron identificadas las medidas adoptadas por el gobierno de Ronald Reagan para hacer frente a fenómenos económicos inéditos: Recesión económica, inflación, desempleo, déficits fiscales, endeudamiento externo y crisis económicas. Problemas que se presentaron todos juntos y a los cuales se respondió con la flexibilización laboral, desestructuración de las luchas sindicales, tecnologías flexibles capaces de fraccionar los procesos productivos, salarios restringidos, tasas bajas de interés, reducción de impuestos e impulso del complejo militar-industrial activando conflictos de baja y mediana intensidad en diversas regiones del planeta.
  12. Giovanni Arrighi (1999: 400).
  13. “La objetividad del tiempo y el espacio está dada… por las prácticas materiales de la reproducción social y, si tenemos en cuenta que éstas últimas varían geográfica e históricamente, sabremos que el tiempo social y el espacio social están construidos de manera diferencial. En suma cada modo de producción o formación social encarnará un conjunto de prácticas y conceptos del tiempo y el espacio.” David Harvey, (1998: 228)
  14. Esto fue asegurado por diversos estudiosos durante buena parte del siglo pasado. Uno de los más famosos fue W.W. Rostow. Incluso Carlos Marx y Federico Engels tampoco escaparon a la tentación de referir la tendencia positiva del desarrollo.
  15. Op. Cit, pp. 58-59.
  16. “La acumulación de capital –sostiene David Harvey (1999: 49)- siempre fue un asunto profundamente geográfico. Sin las posibilidades inherentes a la expansión geográfica, la organización espacial y el desarrollo geográfico desigual, hace mucho tiempo que el capitalismo hubiera dejado de funcionar como sistema político-económico. Este perpetuo recurso “remedio espacial” a las contradicciones internas del capitalismo (muy destacadamente las que aparecen como sobre-acumulación de capital en un área geográfica particular), combinado con la inserción desigual de los territorios y formaciones sociales dentro del mercado mundial capitalista, creó una geografía histórica global de la acumulación de capital cuyo carácter se tiene que entender bien.”
  17. Pierre Chaunu (1985:205-207).
  18. Tal actitud nos recuerda otro rasgo característico del economicismo: justificar decisiones económicas tomadas o que las no se quieren tomar.
  19. Un acucioso ejemplo de la manera en que tales medios de representación fueron utilizados históricamente nos lo proporciona la obra de Walter Mignolo (1995: 219-314). Enrique Florescano (2000: 13-184), hace lo propio para referir las concepciones del tiempo y espacio prehispánicos.
  20. Aquí apelamos a la sugerente propuesta zemelmaniana referida a la apropiación del presente y el presente potencial incluidas en su idea de totalidad: “Al sintetizar lo dado y lo dándose, el presente exige en el plano del razonamiento una organización que resuelva la apertura hacia una realidad mutable, aparentemente estática, pero sujeta a movimientos engañosos. Desde esta perspectiva se debe concebir una forma de razonamiento capaz de conjugar lo determinado y lo indeterminado, lo devenido y lo deviniendo, para dar cuenta de las relaciones dado-dándose en la construcción de objetos. En este marco rescataremos a la totalidad concreta ya que, de acuerdo con su lógica, se busca incluir niveles de la realidad para dar cuenta del dándose de lo dado en todo recorte empírico determinado.” Hugo Zemelman, (1992: 239).
  21. Véase Ilya Prigogine e Isabel Stengers (1994) e Ilya Prigogine (1997).
  22. Esto nos remite a las reflexiones de Elías Canetti (1983: 79), en torno a la masa y el poder: “… los hombres que miran desde los bordes de la calle son como árboles en orillas, lo sólido encierra lo fluido. Manifestaciones en grandes ciudades tienen semejante carácter de río. De los diferentes barrios llegan afluentes, hasta que se ha construido la corriente principal propiamente tal. Los ríos son en especial un símbolo para el tiempo en el que se forma la masa, el tiempo que no ha alcanzado aquello que llegaría a ser.”
  23. (1999: 28-35). El caso extremo coincidente con el economicismo puede encontrarse en la obra de Normand E. Asuad Sanén (2001: 120-123).
  24. Metafísica: 478.
  25. René Descartes (2000: 141-144). “Como el lenguaje, advierte E. Lévinas (1998:22), la experiencia tampoco aparece compuesta por elementos aislados, alojados en cierto modo, en un espacio euclidiano en el que podrían exponerse cada uno por su cuenta, directamente visibles, significando cada uno a partir de sí mismo. Significan a partir del <> y de la posición del que mira.” Si aceptásemos esto, entonces tendríamos que meditar detenidamente -como lo sugiere Derrida (2000:192)-, el problema de la proto-fundación idealizante de la formación de sentido llamada geografía.
  26. Sobre el tema se escribió mucho en el tránsito de los años setenta a los ochenta creando una bibliografía especializada abundante; quien recogió diversas experiencias latinoamericanas fue Carlos de Mattos, vinculado al ILPES. El discurso contestatario lo diseminó principalmente José Luís Coraggio.
  27. Walter Mignolo (1995: )
  28. Edgardo Lander (2000).
  29. Alicia Lidón (1998: 167)
  30. Enrique Dávila, Georgina Kessel, Santiago Levy, ( 2000).
  31. Feliciano García Aguirre (2002).
  32. Largo sería dar cuenta aquí del hecho. El caso emblemático nos lo ofrece la obra citada de J. Stiglitz.
  33. Para David Harvey (1990: 424), no cabe duda: “La geografía histórica del capitalismo es un proceso social que descansa en la evolución de las fuerzas productivas y de las relaciones sociales que existen como configuraciones espaciales particulares.” Carlos Marx daba la pauta en El capital (1962: 284): “… la cooperación permite extender el radio de acción del trabajo, siendo, por tanto indispensable toda una serie de procesos de trabajo para la concatenación geográfica del objeto sobre el que el trabajo recae: desecación de tierras, canalización, irrigación, construcción de diques, calles, líneas ferroviarias, etc…”
  34. B. Croce (1980: 262). “Si (la) flexibilidad y educabilidad de los individuos y de los pueblos no existiese, la historia no sería evolución, sino determinismo y mecanismo; y disminuiría la fe en el continuo progreso y el entusiasmo en propugnarlo.”
  35. Alejandro Moreno, (2000:155-246).
  36. Giles Lipovetsky, (2000: 51). “la res publica está desvitalizada, las grandes cuestiones “filosóficas”. Economía, política o militares despiertan poco a poco la misma curiosa desenfadada que cualquier suceso, las “alturas” se van hundiendo, arrastradas por la vasta operación de neutralización y banalización sociales. Unicamente la esfera privada parece salir victoriosa de este maremoto apático; cuidar la salud, preservar la situación material, desprenderse de los “complejos”, esperar las vacaciones: vivir sin ideal, sin objetivo trascendente resulta posible … political solution don’t work. Fin del homo politicus y nacimiento del homo psicologicus, al acecho de su ser y su bienestar.”
  37. Jean Revel-Mouroz (1983).
  38. Héctor Díaz Polanco y Consuelo Sánchez (2002: 81-103).
  39. J. Piaget, Rolando García (1998: 104).
  40. Este importante momento del pensamiento ha sido abundantemente desplegado por Michel Serres (1996: 92). “¿El mal y el infortunio provienen pues, a la inversa, de los límites, de la pertenencia misma cerrada en ellos, en donde la pasión mortal rechaza a los excluidos?Sí, puesto que… las fronteras materiales o espaciales, temporales, mentales o lógicas, culturales, lingüísticas, religiosas, financieras, políticas, sociales… y sólo de ellas surgen las guerras, porque a partir de las cercas y sólo por ellas se pronuncian las expulsiones.” Georges Duby (1992: 43).
  41. (2000: 250-251). “No cesamos de repasar la geometría de los lugares: cosmos, polis, agora, templo, habitat… De esas formas de estos espacios ¿se escondió primero el plano, y seguidamente se ocultó una elevación? ¿Por qué ya no podemos ver el plano cuando se nos da de perfil y no advertimos el perfil cuando os hace ver el plano? ¿Quién se engaña y quien engaña? ¿La historia tal cual es o la historia como se concibe?” Advierte M. Serres, Op. Cit., p. 112.
  42. W. Mignolo, Op. Cit., p. 219. Las representaciones en mapas al centrar las posiciones dominantes dejaban fuera explícitamente todo lo diferente, alejado de sus zonas tributarias, bárbaros y salvajes. El sentido de la representación era la dominación y el situar amigos, simpatizantes y enemigos continúa siendo su función. Bachelard concibe así la diferencia:.” G. Bachelard, Ibidem, p. 251-254.
  43. La economía regional fundamenta sus construcciones teóricas en presupuestos como el siguiente: “ Un lugar central es un asentamiento o conglomerado de funciones económicas que es el eje de un sistema jerárquico que incluye otros asentamientos… un lugar central se convierte en eje de una región porque las mercancías, la gente y la información fluyen principalmente entre el centro y su poco diferenciado hinterland (zonas aledañas).” Carol A. Smith (1991: 41).
  44. Luis González y González ( 1991: 24).
  45. Eric van Young (1991: 99)
  46. Guillermo de la Peña (1997: 130).
  47. Esto trae a rendición de cuentas a otro par dialéctico extensamente usado por analistas políticos y diversos científicos sociales: lo lleno y lo vacío. Frecuentemente se refiere al vacío de poder o a territorios vacíos, en oposición a lo lleno, lo habitado. Si los seres humanos nos agrupamos como hormigas y no nos hemos desparramado como una mancha de aceite en el globo, para usar la metáfora de P. Chaunu, hablar de espacios vacíos para aludir a territorios inconocidos, es tanto como seguir empleando lenguajes propios del colonizador o ignorar que los llamados vacío de poder no revelan más que desconocimiento de los movimientos asumidos en cada coyuntura por las fuerzas políticas. Aquí Bachelard (1957: 175) nuevamente revelador: “la dialéctica de lo lleno y de lo vacío sólo corresponde a dos irrealidades geométricas. La función de habitar comunica lo lleno y lo vacío. Un ser vivo llena un refugio vacío. Y las imágenes habitan. Todos los rincones están encantados, si no habitados.” La historia nos asalta en cada recoveco de la vida, a la vuelta de la esquina, nada está vacío. En este sentido F. Fehér nos sitúa frente a otros límites que han estado implícitos en nuestra exposición: “La fábula del “péndulo de la modernidad” no es un remiendo de la vieja teoría del desarrollo cíclico, ni tampoco la comprensión estática de un mundo dinámico… Señala que nunca, en ningún lugar hay un desarrollo sin límites; que siempre hay un límite a las aspiraciones humanas definido por nuestra posición en el mundo, lo cual delimita también nuestro horizonte… el sueño de cruzar el horizonte es una peligrosa locura…” Ferenc Fehér (2001).
  48. “La desaparición del lugar es un reflejo de la asimetría existente entre lo global y lo local en la mayor parte de la literatura contemporánea sobre globalización, en la que lo global está asociado al espacio, al capital, la historia y la acción humana, mientras que lo local, por el contrario, es vinculado al lugar, al trabajo y las tradiciones, así como sucede con las mujeres, las minorías, los pobres, y uno podría añadir, las culturas locales.” Alejandro Moreno ( 2000: 178). La misma situación es percibida por Alicia Lidón (2000: 187-209), en sus investigaciones sobre el trabajar/residir: “… trabajar tiene multitud de conexiones en la cotidianeidad, que se van encadenando unas con otras para conformar particulares tramas de cotidianeidad que al reiterarse van constituyendo nuevos modos de vida dentro de la ciudad.”Esos son los laboratorios donde se gesta lo nuevo y las potencialidades se inhiben o superan inercias fundantes de prácticas socioculturales, expresadas en ritos, sostenidos por ideologías transfronterizas.
  49. Carlos Walter Gon?alves agrega a la cita anterior elementos básicos para comprender al momento actual por el que cruzamos: “No fue por otra razón que … asociamos el advenimiento civilizatorio de la modernidad a su condición histórico-geográfica inicial europeo-capitalista. Dijimos, de paso, que el excedente social en las sociedades anteriores al capitalismo… no era reintroducido en el proceso de producción (consumo improductivo). Ya en la modernidad capitalista ( y aquí estoy asociando las dos espacio-temporalidades, la civilizatoria y la histórico-geográfica) se mueve a través de esa movilización del excedente con fines de acumulación productiva, de reproducción ampliada. Entonces dijimos… que ésa era una tensión permanente entre el Estado (estabilidad) y la fluidez de capital (inestabilidad). Éste es el punto de partida… para entender la actual crisis de reproducción ampliada, es decir, sustentable del modelo actual de organización social y, en consecuencia, de los sujetos sociales que lo instituyeron. La crisis actual gana en relevancia en la medida en que se desdobla después del más largo periodo de crecimiento económico de la historia del capitalismo. En este periodo, también, la forma geográfico-política del Estado vivió su apogeo…” Carlos Walter Porto Gon?alves (2001: 48).
  50. De aquí no se debe colegir que los aspectos cuantitativos de los fenómenos sociohistóricos son irrelevantes. Señalamos que la impronta keynesiana dejada en los sistemas de cuantificación dominantes -en la gran mayoría de los registros gubernamentales de América Latina-, no han sido abandonados por los científicos sociales y continúan siendo el referente cuantificable del acontecer de las naciones. Ese hecho ha fundamentado la conformidad de los especialistas, levantado la crítica pero no permitido crear otras formas alternativas de cuantificación. Usemos las que existen, parecen decirlo, pero las sugerencias teóricas tampoco surgen al menos como posibilidad.
  51. Immanuel Wallerstein (2002).
  52. A. Moreno, Op. Cit., p. 181.
  53. Hugo Zemelman, Op. Cit., p. 32.
  54. (2001: 55)
  55. “Pero si estamos de acuerdo en que todas las cosas en la historia, como la historia misma, -Afirma E. Said (2002: 86)- están hechas por el hombre, debemos ser concientes de hasta qué punto es posible que a muchos objetos, lugares y épocas se les asignen papeles y se les den significados que adquieren una validez objetiva solo después de que hayan realizado las asignaciones. Este proceso se lleva a cabo de manera más frecuente cuando se trata de realidades relativamente inusuales, extrañas y cambiantes o de comportamientos anormales.”

 

Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. Vol. 1 a 4. 2006-2009

 

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