Reseña sobre Víctor Hugo Acuña Ortega (ed.): Filibusterismo y Destino Manifiesto en las Américas

Reseña de David Díaz-Arias

 

Víctor Acuña Ortega (editor), Filibusterismo y Destino Manifiesto en las Américas


Alajuela, Costa Rica: Museo Histórico Cultural. Review/Reseña
Juan Santamaría, 2010.

 

Portada de “Filibusterismo y Destino Manifiesto en las Américas”

Entre el 2006 y el 2007 Costa Rica celebró el sesquicentenario del enfrentamiento de sus tropas, junto con los ejércitos centroamericanos, en contra del mercenario estadounidense William Walker y sus filibusteros que se afincaron en Nicaragua entre 1855 y 1857.

 

En ese sentido, se realizaron algunas actividades académicas de análisis del periodo 1856-1860, emprendidas principalmente por la Universidad de Costa Rica, por la Municipalidad de Alajuela, y por el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, que pretendían reexaminar la guerra antifilibustera. Probablemente, una de las más importantes de esas actividades fue la que reunió en la sede de la Universidad de Costa Rica en Liberia (Guanacaste, Costa Rica), entre el 2 y el 4 de mayo del 2007, a una serie amplia de distinguidos historiadores en lo que se denominó el Simposio Internacional Filibusterismo y Destino Manifiesto en las Américas. El empeñado propiciador y empecinado organizador de ese simposio fue el historiador costarricense Víctor Hugo Acuña Ortega. El resultado de ese simposio es el libro Filibusterismo y Destino Manifiesto en las Américas.

 

La obra está constituida por 16 artículos que fueron escritos por 17 autores de diversas nacionalidades: un salvadoreño, una nicaragüense, una hondureña, 8 costarricenses, 3 estadounidenses, un suizo y una alemana. En el cierre de su valiosa introducción al texto, Víctor Hugo Acuña indica que estos artículos “son una muestra de los nuevos enfoques y de las nuevas problemáticas de que está siendo objeto el fenómeno del filibusterismo”. De acuerdo con Acuña: “Se podría sintetizar esta situación diciendo que el análisis de este tema en la actualidad ha logrado superar el estrecho marco espacial de las historias nacionales, ha podido ir más allá de la tradicional historia política y militar y, por último, por la vía de la historia de las memorias nacionales, ha logrado construir una perspectiva crítica y desmitificadora de las versiones dominantes en las distintas historiografías en relación con esta temática” (pp. 7-8). Al leer el libro, el lector podrá comprobar que Acuña tiene razón.

 

Los artículos reunidos en esta obra se distribuyen en 3 grandes partes. La primera parte, titulada “Hacia una historia global del filibusterismo” incluye 6 artículos. El adjetivo global en el título de esta parte, remite a dos caminos: el de estudiar la experiencia global del filibusterismo y el que ubica globalmente ese fenómeno, es decir, como parte de un proceso de dimensiones internacionales. En realidad los autores hacen ambas cosas en los artículos que se reúnen en esta parte. Así, lo que les interesa es, por un lado, estudiar en contexto mundial el filibusterismo y su conceptualización fuera de las fronteras costarricenses y, por el otro lado, aspiran a visualizar la relación entre los diversos actores internacionales y nacionales involucrados en la lucha contra los filibusteros. La propuesta es, en ese sentido, estudiar el filibusterismo en diversas escalas que van desde la local, la centroamericana y la americana hasta llegar a una escala mundial.

 

En el primero de los artículos, Carlos Granados presenta una síntesis de la condición geopolítica de Centroamérica, de su importancia histórica para los Estados Unidos durante los siglos XIX y XX y de la forma en que la región ha sido insertada en la lucha por el poder global. Granados argumenta que la única manera de entender lo ocurrido en el Istmo con la presencia de Walker es mirando la interacción entre las escalas ya señaladas. En el segundo trabajo, Frances Kinloch explora las causas del asenso al poder de William Walker en Nicaragua y las encuentra en los problemas de formación del Estado en ese país después de 1821. En esencia, la lucha entre León y Granada y la resistencia de las élites regionales impidió la creación de una autoridad central que asegurara y permitiera la modelación de una institucionalidad estatal. En ese contexto sin embargo, las élites nicaragüenses pensaban que el futuro les depararía un lugar privilegiado en el comercio mundial debido a su posición geográfica.  Esas ansias de redención y progreso que yacían en las élites nicaragüenses sirvieron para que vieran en Walker a su salvador tal y como quedó expresado en el sermón ofrecido por el cura Alfredo Vijil en Granada el 14 de octubre de 1855. La realidad empero, impactó de frente a los nicaragüenses y el canal interoceánico que anhelaban se volvió fundamentalmente una representación mítica. El tercer estudio fue escrito por Luis Fernando Sibaja y constituye un valioso análisis de los contratos Webster-Mora a la luz de los problemas limítrofes de Costa Rica y Nicaragua en la década de 1850 y de las ambiciones de varios empresarios estadounidenses. El cuarto análisis fue hecho por Aims Mc Guiness y en él se muestran los ecos del filibusterismo en Panamá, el incidente de la Tajada de Sandía y se sitúa a Walker en el contexto del imperialismo estadounidense que aspiraba a una expansión capitalista comercial. Mc Guiness explora también la construcción conceptual de dos Américas: la expansionista y amenazante Estados Unidos y la América Latina. El quinto estudio es el de Carmen Fallas Santana y complementa el trabajo de Mc Guiness al visualizar la manera en que la prensa costarricense reprodujo la discusión internacional sobre el enfrentamiento centroamericano contra Walker y las nociones de “raza” que se dibujaron en esa discusión. El trabajo de Antonio Rafael de la Cova cierra esta parte. En su estudio, de la Cova hace una biografía del filibustero y compañero de armas de Walker, Henry T. Titus, cuyo recuerdo filibustero se encuentra no sólo atado a Nicaragua y Cuba, sino también a Kansas y Florida.

 

La segunda parte del libro lleva el título “Por una historia social y cultural del filibusterismo” y reúne 5 estudios. En síntesis, esta parte aspira a inspeccionar el filibusterismo y su presencia en Centroamérica entre 1855 y 1860, pero no a través de los lentes de la historia anecdótica y militar, sino de los de una historia que pone más énfasis en las relaciones sociales, étnicas, religiosas y en la cultura política. De forma profunda, los autores revelan cómo el filibusterismo se insertó en una heterogénea realidad social y cómo interactuó con los actores locales y nacionales centroamericanos. Pero el asunto no se queda ahí, porque los autores muestran también el impacto de la guerra en otros ámbitos del imaginario social, cultural y político.   El primero de los trabajos de esta sección fue escrito por Michel Gobat y constituye un valioso estudio sobre la vida cotidiana en Granada en el período 1855-1857, es decir, mientras Walker tuvo el poder. Gobat expone las principales características de los filibusteros que llegaron a Nicaragua y muestra la heterogeneidad de las relaciones entre los filibusteros y los granadinos. El autor deja claro que esas relaciones fueron mucho más allá del conflicto e involucraron encuentros amenos en salones, en las casas de la élite granadina, en los clubes sociales fundados por los filibusteros, a través de uniones matrimoniales, en las playas, en eventos públicos, en momentos de diversión pública, en las fiestas populares y en las ceremonias religiosas. Gobat deja claro que esos encuentros se  verificaron al abrigo de la socialización, pero ese acercamiento no descartó la violencia y el enfrentamiento entre los filibusteros y los granadinos; enfrentamiento que aumentaron conforme se afianzó la guerra contra Walker y sus seguidores. El siguiente artículo fue escrito por Justin Wolfe y explora la diversidad étnica de León y Granada y, específicamente, el papel de esa etnicidad en los conflictos políticos al interior de Nicaragua después de la independencia, lo cual, como lo muestra Wolfe, constituyó otro de los elementos centrales que explica la llegada de Walker y su interacción con los nicaragüenses. Wolfe también explora la idea de “raza” presente en la reacción y lucha contra los filibusteros. Luego aparece el estudio de Carmela Velásquez sobre el clero y las autoridades eclesiásticas en Nicaragua y Costa Rica de cara a la invasión filibustera. Velásquez muestra bien la diferencia de actuar de ambas jerarquías eclesiásticas: así, mientras en Costa Rica la Iglesia se alió al Estado para enfrentar a los mercenarios y motivar a la población para el combate que fue presentado como una “guerra santa”, en Nicaragua la Iglesia simpatizó con los filibusteros. Velásquez explora también el papel de los capellanes de Costa Rica en la movilización de la población al frente y en la redacción de informes sobre la guerra. Velásquez deja ver que el resultado de la lucha antifilibustera también se plasmó en el ámbito de la religiosidad popular, ya que alimentó dos cultos: el de La Purísima Concepción en Nicaragua y la devoción al Dulce Nombre de Jesús en Costa Rica que se afianzó para rogar por la salud de la población. Muy acorde con eso, el estudio de Ana María Botey analiza con cuidado las condiciones sanitarias y de higiene en Costa Rica durante la guerra contra Walker y los antecedentes de la epidemia de cólera. Lo que interesa a Botey es visualizar el efecto de la falta de conocimiento médico y las malas prácticas de higiene que posibilitaron la extensión de la peste de cólera traída desde Rivas a Costa Rica por las tropas combatientes. De forma detallada, Botey rastrea la ruta de la enfermedad y su impacto en la población costarricense. Esta segunda parte cierra con un trabajo de Carlos Gregorio López acerca de las implicaciones político-sociales en El Salvador de la guerra contra los filibusteros. López expone los fracasos en la construcción de la unión centroamericana antes de la llegada de Walker a Nicaragua, la participación salvadoreña en el Campo de Marte, el asenso al poder de Gerardo Barrios y el enfrentamiento a Barrios suscitado en algunas municipalidades. Resulta novedoso visualizar la manera en que un país centroamericano diferente a Costa Rica y Nicaragua, vislumbró la amenaza filibustera, su participación en la guerra y la manera en que esa lucha impactó las estructuras de poder internas de El Salvador.

 

 

La tercera parte fue titulada “Historias, memorias, identidades y filibusterismo”. En los artículos reunidos en esta sección se explora ya no la experiencia histórica de lo vivido entre 1855 y 1860, sino las narrativas históricas que se han acercado a explicar esa experiencia. Así, los trabajos de esta parte aspiran a explicar cómo se construyeron esas narrativas sobre el pasado y su relación con ideologías nacionales y con procesos de construcción del Estado moderno en el siglo XIX. Los trabajos convincentemente parecen concluir que la manera de exponer en los diferentes momentos la guerra contra William Walker y a los actores de ese acontecimiento, estuvo impactada por los contextos y por los intereses ideológicos de los que escribieron sobre ese proceso histórico.

 

Esta última sección es abierta por Víctor Hugo Acuña quien analiza la manera en que la historiografía filibustera producida en Estados Unidos se refirió a la figura de William Walker en el periodo 1855-1860, es decir, los años en que se produjeron los acontecimientos de la invasión, presencia, expulsión, regreso y muerte del filibustero en Centroamérica. Así, Acuña analiza lo que en su momento fue la “historia inmediata” o “contemporánea” que relató lo sucedido en el Istmo. Acuña concluye que “la historiografía estadounidense sobre William Walker y el filibusterismo de la década de 1850 es una reflexión, implícita o explícita, consciente o inconsciente, propagandística o crítica, sobre el expansionismo estadounidense y, más particularmente, sobre sus relaciones con el hemisferio occidental y, dentro de este, con la América Latina” (p. 215). Así, se trató de una historiografía nacionalista que privilegió una narrativa histórica sobre ese periodo que puso énfasis en los estadounidenses y los presentó como los verdaderos protagonistas de la guerra y dejó de lado a los actores centroamericanos. Por otro lado, Acuña prueba cómo la historiografía filibustera presentó a los centroamericanos como pueblos que debían ser conquistados. De seguido, Amy S. Greenberg particulariza la visión estadounidense sobre Walker desde 1855 hasta el presente. Dos formas han prevalecido en el país del norte para ver al filibustero: la que lo presenta como un héroe y la que lo mira como un don nadie. Así, Walker emerge en ciertas coyunturas específicas del imperialismo estadounidense para volver a sumirse en el olvido en otras etapas del desarrollo de ese país. De hecho, Greenberg muestra que Walker es virtualmente desconocido entre el común de los estadounidenses hoy en día. Greenberg concluye que: “Aunque Walker puede haber sido el rey de los filibusteros, hoy el término filibustero no se refiere a un soldado de fortuna sino a un alargado discurso pronunciado en la sala de sesiones del Senado estadounidense. No importa cuántas veces se ‘recuerde’ a Walker, siempre se le volverá a olvidar” (p. 238). Siguiendo con el tema de la memoria, Raúl Aguilar Piedra y Werner Korte Núñez exploran la forma en que la historiografía estadounidense ha borrado las acciones de los costarricenses en la lucha por la Vía del Tránsito y le han dado todo el crédito de la toma de esa ruta al marino estadounidense Sylvanus Spencer, enviado por el magnate Cornelius Vanderbilt. Al contrario, Aguilar Piedra y Korte Núñez exploran con detenimiento los diarios de campaña, una maravillosa fuente que acerca a los investigadores a los testimonios de las acciones llevadas adelante durante la lucha por la Vía del Tránsito. En esa sección, los autores presentan una narrativa que pone el acento de las acciones en las tropas costarricenses y al hacerlo le dan el papel central al mayor Máximo Blanco a quien consideran “el alma” (p. 256) de las operaciones que se llevaron a cabo en el río San Juan. Luego aparece el trabajo de Elizet Payne quien estudia la historiografía hondureña que se refiere a la guerra antifilibustera y a William Walker en el periodo 1880-1980. Payne prueba que para la historia hondureña, esa lucha no ha tenido mayor importancia, excepto en momentos de enfrentamiento al imperialismo estadounidense. Esa posición de silencio frente a lo acontecido entre 1855 y 1860 en Nicaragua se expresa en un olvido constante entre los hondureños sobre la invasión filibustera. De hecho, la tumba de Walker es un sitio abandonado que no representa nada para los habitantes de Trujillo. Payne señala que pesó más en el imaginario hondureño el culto a Francisco Morazán, que en el discurso político-nacional hondureño no fueron bien vistas las manifestaciones en contra de Estados Unidos y, especialmente, que el olvido sobre Walker en Honduras está relacionado con una explícita política hacia los habitantes de la Isla de la Bahía, ya que no es útil para el Estado hondureño recordar que los antiguos súbditos británicos de esa región colaboraron con Walker. El trabajo que cierra el libro es el de Delia González de Reufels que analiza los rituales creados por William Walker durante su expedición a Baja California y Sonora entre 1853 y 1854. González Reufels deja ver la manera en que Walker imaginó una república filibustera en esa región y lo importante que para el filibustero fue la simbología republicana como la bandera, ya que la visualizaba como una necesidad para llevar adelante la construcción de un estado-nación en los sitios que invadía. Walker, así, habría apostado por crear símbolos que representaran a esos lugares, en un intento por darle coherencia imaginaria y legitimación simbólica a sus invasiones. González de Reufels inscribe así el filibusterismo como parte del proceso de invención nacional del siglo XIX.

 

Después de leer los textos reunidos en esta obra, tengo tres impresiones que quisiera compartir para ubicar el valor de este trabajo en el contexto de la historiografía internacional sobre el filibuterismo. Una primera impresión es sobre la magnitud de este libro. Hasta donde llega mi conocimiento de la historiografía publicada en Centroamérica y Estados Unidos sobre la guerra contra los filibusteros, estamos frente al único libro que reúne a una variedad tan rica de temáticas y a una cantidad tan heterogénea de autores. Esa heterogeneidad, ya señalada con respecto al origen de los que escriben en esta obra, tiene un efecto maravilloso sobre el texto porque permite una multiplicidad de voces sobre temas a veces similares, a veces diferentes, pero siempre entrecruzados. En una metáfora del proceso que exploran los artículos, sus autores y sus análisis no ubican fronteras nacionales, no se reservan a fronteras historiográficas y no se reducen a fronteras teórico-metodológicas. Esa variedad permite que el lector experimente un recorrido que lo lleva por los caminos de la geopolítica, del imperialismo, de la legalidad, de la etnicidad, de la masculinidad, del ritual, de la salud pública, de la religiosidad, de la historiografía y de la memoria. Este feliz tour ha dejado en evidencia que el suelo sobre el que crece el análisis de la lucha centroamericana contra William Walker no sólo es fecundo, sino que también precisa de la multiplicidad de voces para poder ser arado con justicia hacia el pasado y con dedicación para el crecimiento de Clío. Al respecto, debo insistir en que este es un libro importante en el paisaje de los estudios históricos centroamericanos sobre el periodo 1855-1860 en general y, con eso, un libro fundamental para la historiografía costarricense.

 

La segunda impresión, ligada a la anterior, radica en la originalidad de los trabajos reunidos en esta obra. En efecto, la mayoría de ellos dejan de lado elementos más o menos conocidos por la historiografía y se adentran en problemáticas que ponen al día el estudio de la lucha contra Walker. Abunda en las páginas de este libro la historia que había quedado en segundo plano por tanto tiempo al privilegiarse el estudio militar y político de la guerra. Los autores han sabido desenfocar el lente de los protagonistas políticos “tradicionales” y enfocarlo para mirar los sujetos subalternos, las condiciones de vida, la cotidianidad, las relaciones sociales, los discursos étnicos, las luchas internas, las mentalidades y las narrativas que subyacen más allá del teatro de guerra o dentro de ese teatro. A ese logro se une la multiplicidad de fuentes históricas de las que beben estos artículos. El tratamiento metodológico de esos documentos es también rico y múltiple, algo que en sí es fundamental para admirar la vitalidad del análisis histórico, la capacidad de la historia de dialogar con diversas disciplinas y de parir trabajos que deambulan por la interdisciplinariedad y por la multiplicidad de niveles.

 

La tercera impresión es de carácter teórico-analítico y remite a una petición. Ante ese cuadro tan rico dibujado en esta importante obra, un lector no debería pedir mucho más, pero la riqueza de lo presentado lo amerita. Es posible que una de las cosas que hicieron falta, se podrían añadir, o quizás podría generarse de este libro, es una conclusión general que ate los diversos cabos y articule, si se puede, una síntesis de lo aportado por el nuevo conocimiento del fenómeno del filibusterismo, del Destino Manifiesto y de la guerra antifilibustera ofrecido por estos estudios. Esta parte faltante realmente podría ayudar a situar con justicia la contribución del texto en cuanto a la concepción de la experiencia del periodo 1855-1860. Una discusión así podría ayudar a colocar sobre el tapete la manera en que se podría reconceptualizar el fenómeno del imperialismo estadounidense, de la construcción de la política moderna en Centroamérica y del peso de los actores, las estructuras, las instituciones, las mentalidades y las cuestiones raciales en el proceso de modelación de las sociedades actuales de la región. Nuevas preguntas sobre el proceso de lucha contra los filibusteros también saldrían de ese ejercicio. En fin, una lectura transversal que integre los hallazgos de los trabajos presentados en este libro podría aportar con mucha precisión al debate sobre la historia y las historias patrias que se da en el presente con respecto a la lucha contra los filibusteros en Costa Rica.

 

Por eso, el lector que se aproxime a este texto, no importa sus características, tiene la posibilidad de crear esa síntesis necesaria que lo ayude no sólo a entender en diversas formas la lucha contra los filibusteros, sino a visualizar el poder de la historia para decirnos por qué nuestro presente es así y recuerda así el pasado. Los trabajos reunidos en este libro tienen el mérito de situar la lucha contra Walker más allá de lo doméstico, más allá de lo militar y más allá de lo patriótico. Ese mérito alienta al lector a seguir el ejemplo. De hecho, esa es quizás una de las cosas que más le debemos a los que nos antecedieron, a esos que enfrentaron a Walker y a sus seguidores, es decir, el saber entenderlos en sus heterogeneidades y comprender la variedad del mundo en que vivieron. Este libro, tan importante y tan necesario, invita a hacer esas lecturas. Y por eso, la audiencia está invitada a devorarlo.

 

NOTA

 

* Ph.D. en Historia por Indiana University y profesor en la Escuela de Historia, en la Escuela de Estudios Generales e investigador del Centro de Investigaciones Históricas de América Central de la Universidad de Costa Rica.

 

Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. 6. Marzo 2011-Febrero 2012

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