{"id":584,"date":"2004-01-26T20:57:38","date_gmt":"2004-01-26T23:57:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ariadnatucma.com.ar\/?p=584"},"modified":"2020-12-15T09:51:47","modified_gmt":"2020-12-15T12:51:47","slug":"teoria-general-de-la-ocupacion-el-interes-y-el-dinero-fragmento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.ariadnatucma.com.ar\/?p=584","title":{"rendered":"Teor\u00eda general de la ocupaci\u00f3n, el inter\u00e9s y el dinero. J.M. Keynes"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Fragmento<\/h3>\n\n\n\n<p>John Maynard Keynes<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignleft\"><a href=\"http:\/\/www.ariadnatucma.com.ar\/wp-content\/uploads\/2004\/01\/Keynes-01.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"160\" height=\"212\" src=\"http:\/\/www.ariadnatucma.com.ar\/wp-content\/uploads\/2004\/01\/Keynes-01.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2644\" title=\"Keynes 01\"\/><\/a><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>John Maynard Keynes:&nbsp;<em>Teor\u00eda general de la ocupaci\u00f3n, el inter\u00e9s y el dinero<\/em> Fondo de Cultura Econ\u00f3mica. Buenos Aires 1992 . (<em>The General Theory of Employement interesr and money<\/em>. 1936.)<\/p>\n\n\n\n<p><strong>I.&nbsp;&nbsp; &nbsp;De la desocupaci\u00f3n y la desigual distribuci\u00f3n de la riqueza y los ingresos<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los principales inconvenientes de la sociedad econ\u00f3mica en que vivimos son su incapacidad para procurar la ocupaci\u00f3n plena y su arbitraria y desigual distribuci\u00f3n de la riqueza y los ingresos. Es evidente el nexo de la teor\u00eda anteriormente expuesta con lo primero; pero tambi\u00e9n es importante para lo segundo en dos aspectos.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Desde fines del siglo XIX se ha logrado considerable progreso en la eliminaci\u00f3n de las grandes diferencias de riqueza y de ingresos por medio de la imposici\u00f3n directa &#8211; impuesto sobre los ingresos e impuestos sobre herencias -, especialmente en la Gran Breta\u00f1a. Muchos desear\u00edan llevar este proceso mucho m\u00e1s lejos, pero se lo impiden dos reflexiones: el temor de hacer de la evasi\u00f3n h\u00e1bil un negocio demasiado atractivo y tambi\u00e9n de disminuir indebidamente el incentivo de correr riesgos; pero, principalmente, en mi opini\u00f3n, por la creencia de que el crecimiento del capital depende del vigor de las razones que impulsan ahorro individual y que una gran producci\u00f3n de ese crecimiento depende de los ahorros que hagan los ricos de lo que les sobra. Nuestro razonamiento no afecta la primera de estas reflexiones; pero puede modificar considerablemente la actitud que asumamos hacia la segunda, pues ya hemos visto que, mientras se mantenga la ocupaci\u00f3n plena, el crecimiento del capital no depende en absoluto la escasa propensi\u00f3n a consumir, sino que, por el contrario, \u00e9sta lo estorba, y s\u00f3lo en condiciones de ocupaci\u00f3n plena, una peque\u00f1a propensi\u00f3n a consumir puede llevar al aumento del capital. Adem\u00e1s, la experiencia sugiere que, en las condiciones existentes, el ahorro por medio de instituciones y de fondos de reserva es m\u00e1s que adecuado, y que las medidas tendientes a redistribuir los ingresos de una forma que tenga probabilidades de elevar la propensi\u00f3n a consumir pueden ser positivamente favorable al crecimiento del capital.<\/p>\n\n\n\n<p>La confusi\u00f3n que priva en la mente del p\u00fablico sobre este asunto se pone de relieve por la creencia generalizada de que los impuestos sobre herencias son los responsables de la reducci\u00f3n de la riqueza de capital de un pa\u00eds. Suponiendo que el Estado aplique los productos de estos impuestos a sus gastos ordinarios, de manera que los impuestos sobre ingreso y el consumo se reduzcan o eviten proporcionalmente, es claro que una pol\u00edtica fiscal de altos impuestos sobre herencias tiene el efecto de aumentar la propensi\u00f3n a consumir de la comunidad. Pero como un crecimiento de la propensi\u00f3n habitual a consumir servir\u00e1 en t\u00e9rminos generales (es decir, excepto en condiciones de ocupaci\u00f3n plena) para aumentar al mismo tiempo el aliciente para invertir, la inferencia que com\u00fanmente se hace es precisamente la opuesta a la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>De este modo nuestro razonamiento lleva a la conclusi\u00f3n de que, en las condiciones contempor\u00e1neas, el crecimiento de la riqueza, lejos de depender de la abstinencia de los ricos, como generalmente se supone, tiene m\u00e1s probabilidades de encontrar en ella un impedimento. Queda, pues eliminada una de las principales justificaciones sociales de la gran desigualdad de la riqueza. No digo que no haya otras razones, infectadas por nuestra teor\u00eda, que sean capaces de justificar cierta desigualdad en determinadas circunstancias. Pero elimina la raz\u00f3n m\u00e1s importante que hasta ahora nos ha hecho pensar en la prudencia de avanzar con cautela. Esto afecta particularmente nuestra actitud hacia los impuestos sobre herencias; porque existen ciertas justificaciones de la desigualdad de ingresos que no pueden aplicarse a la de herencias.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><a href=\"http:\/\/www.ariadnatucma.com.ar\/wp-content\/uploads\/2004\/01\/Keynes-1944-Bretton-Woods.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"468\" height=\"286\" src=\"http:\/\/www.ariadnatucma.com.ar\/wp-content\/uploads\/2004\/01\/Keynes-1944-Bretton-Woods.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2645\" title=\"Keynes 1944-Bretton Woods\" srcset=\"https:\/\/www.ariadnatucma.com.ar\/wp-content\/uploads\/2004\/01\/Keynes-1944-Bretton-Woods.jpg 468w, https:\/\/www.ariadnatucma.com.ar\/wp-content\/uploads\/2004\/01\/Keynes-1944-Bretton-Woods-300x183.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 468px) 100vw, 468px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p><em>En el centro J.M. Keynes como representante del Reino Unido en Bretton Woods. 1944<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Por mi parte creo que hay justificaci\u00f3n social y psicol\u00f3gica de grandes desigualdades en los ingresos y en la riqueza, pero no para tan grandes disparidades como existen en la actualidad. Hay valiosas actividades humanas cuyo desarrollo exige la existencia del est\u00edmulo de hacer dinero y la atm\u00f3sfera de la propiedad privada de riqueza. Adem\u00e1s, ciertas inclinaciones humanas peligrosas pueden orientarse por cauces comparativamente inofensivos con la existencia de oportunidades para hacer dinero y tener riqueza privada, que, de no ser posible satisfacerse de este modo, pueden encontrar un desahogo en la crueldad, en temeraria ambici\u00f3n de poder y autoridad y otras formas de engrandecimiento personal. Es preferible que un hombre tiranice su saldo en banco que a sus conciudadanos; y aunque se dice algunas veces que lo primero conduce a lo segundo, en ocasiones, por lo menos es una alternativa. Pero para estimular estas actividades y la satisfacci\u00f3n de estas inclinaciones no es necesario que se practique el juego con apuestas y riesgos tan grandes como ahora. Apuestas y riesgos mucho menores pueden servir para el caso, con el mismo resultado, tan pronto como los jugadores se acostumbre a ellos. La tarea de transmutar la naturaleza humana no debe confundirse con la de manejarla; aunque en el estado ideal los hombres pueden haber sido ense\u00f1ados, inspirados o educados de manera que no se interesen en tales apuestas, a\u00fan puede ser sensato y prudente para un estadista permitir que se practique el juego, bien que sujeto a reglas y limitaciones en tanto que el com\u00fan de los hombres, o por lo menos una parte importante de la comunidad, se adhiera de hecho y fuertemente a la pasi\u00f3n de hacer dinero.<\/p>\n\n\n\n<p><strong style=\"text-align: justify;\">II.&nbsp;&nbsp; &nbsp;De la tasa de inter\u00e9s<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, del argumento se puede sacar otra conclusi\u00f3n m\u00e1s fundamental, relacionada con las futuras desigualdades de riqueza; a saber, nuestra teor\u00eda del inter\u00e9s. Hasta aqu\u00ed hemos encontrado la justificaci\u00f3n de una tasa de inter\u00e9s moderadamente alta en la necesidad de dar suficiente est\u00edmulo al ahorro; pero hemos demostrado que la extensi\u00f3n del ahorro efectivo est\u00e1 determinada necesariamente por el volumen de inversi\u00f3n y que \u00e9ste se fomenta por medio de una tasa de inter\u00e9s baja, a condici\u00f3n de que no intentemos alentarla de este modo m\u00e1s all\u00e1 del nivel que corresponde a la ocupaci\u00f3n plena. As\u00ed, lo que m\u00e1s nos conviene es reducir la tasa de inter\u00e9s hasta aquel nivel en que haya, proporcionalmente a la curva de la eficiencia marginal del capital, ocupaci\u00f3n plena.<\/p>\n\n\n\n<p>No puede haber duda de que este criterio servir\u00e1 para hacer bajar la tasa de inter\u00e9s mucho m\u00e1s all\u00e1 del nivel que hasta ahora ha privado; y, en la medida en que pueden adivinarse las diversas curvas de eficiencia&nbsp; marginal del capital que corresponden a cantidades crecientes de \u00e9ste, es probable que la tasa de inter\u00e9s se reduzca en forma sostenida, si fuera posible mantener condiciones de ocupaci\u00f3n plena con mayor o menor fijeza \u2013desde luego, a menos que haya una modificaci\u00f3n excesiva en la propensi\u00f3n global a consumir (incluyendo al Estado).<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy seguro de que la demanda de capital est\u00e1 limitada estrictamente en el sentido de que no ser\u00eda dif\u00edcil aumentar la existencia del mismo hasta que su eficiencia marginal descendiera a una cifra muy baja. Esto no querr\u00eda decir que el uso de instrumentos de capital no costase casi nada, sino s\u00f3lo que su rendimiento habr\u00eda de cubrir poco m\u00e1s que su agotamiento por desgaste y obsolescencia, m\u00e1s cierto margen para cubrir el riesgo y el ejercicio de la habilidad y el juicio. En resumen, el rendimiento global de los bienes durables durante toda su vida cubrir\u00eda justamente, como en el caso de los de corta duraci\u00f3n, los costos de trabajo de la producci\u00f3n m\u00e1s un margen para el riesgo y el costo de la habilidad y la supervisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, aunque este estado de cosas ser\u00eda perfectamente compatible con cierto grado de individualismo, significar\u00eda, sin embargo, la eutanasia del rentista y, en consecuencia, la del poder de opresi\u00f3n acumulativo del capitalista para explotar el valor de la escasez del capital. Hoy el inter\u00e9s no recompensa de ning\u00fan sacrificio genuino como tampoco&nbsp; lo hace la renta de la tierra. El propietario de capital puede obtener inter\u00e9s porque aqu\u00e9l escasea, lo mismo que el due\u00f1o de la tierra puede percibir renta debido a que su provisi\u00f3n es limitada; pero mientras posiblemente haya razones intr\u00ednsecas para la escasez de tierra, no las hay para la de capital. Una raz\u00f3n intr\u00ednseca para semejante limitaci\u00f3n, en el sentido de un sacrificio genuino que s\u00f3lo pudiera originarse por la oferta de una recompensa en forma de inter\u00e9s, no existir\u00eda, a la larga, excepto en el caso de que la propensi\u00f3n individual a consumir demostrara ser de tal car\u00e1cter que el ahorro neto, en condiciones de ocupaci\u00f3n plena, terminara antes de que el capital hubiera llegado a ser lo bastante abundante. Pero a\u00fan as\u00ed, todav\u00eda ser\u00eda posible que el ahorr colectivo pudiera mantenerse, por medio de la intervenci\u00f3n del Estado, a un nivel que permitiera el crecimiento del capital hasta que dejara de ser escaso.<\/p>\n\n\n\n<p>Veo, por tanto, el aspecto rentista del capitalismo como una fase transitoria que desaparecer\u00e1 tan pronto como hay cumplido su destino y con la desaparici\u00f3n del aspecto rentista sufrir\u00e1n un cambio radical otras muchas cosas que hay en \u00e9l. Adem\u00e1s, ser\u00e1 una gran ventaja en el orden de los acontecimientos que defiendo, que la eutanasia del rentista, del inversionista que no tienen ninguna misi\u00f3n, no ser\u00e1 algo repentino, sino una continuaci\u00f3n gradual aunque prolongada de lo que hemos visto recientemente en Gran Breta\u00f1a, y no necesitar\u00e1 de un movimiento revolucionario.<\/p>\n\n\n\n<p>Por tanto, en la pr\u00e1ctica podr\u00edamos proponernos (y esto no tiene nada imposible) lograr un aumento en el volumen de capital hasta que deje de ser escaso, de manera que el inversionista sin funciones no reciba ya bonificaci\u00f3n alguna; y elaborar un plan de imposici\u00f3n directa que deje a la inteligencia, a la determinaci\u00f3n a la habilidad ejecutiva del financiero, al empresario <em>et hoc genus omne<\/em> (que seguramente est\u00e1n tan orgullosos de su funci\u00f3n que su trabajo podr\u00eda obtenerse mucho m\u00e1s barato&nbsp; que ahora) servir activamente a la comunidad en condiciones razonables de remuneraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo debemos reconocer que s\u00f3lo la experiencia puede mostrar hasta qu\u00e9 punto la voluntad popular, incorporada al a pol\u00edtica del Estado, debiera dirigirse al aumento y refuerzo del aliciente para invertir; y hasta qu\u00e9 punto es prudente estimular la propensi\u00f3n media a consumir, sin abandonar nuestro objetivo de privar al capital de su valor de escasez en una o dos generaciones. Puede resultar que la propensi\u00f3n a consumir se fortalezca con tanta facilidad&nbsp; por los efectos de una tasa de inter\u00e9s descendente, que pueda alcanzarse la ocupaci\u00f3n plena con una tasa de acumulaci\u00f3n poco mayor que la presente. En este caso, un plan para recargar m\u00e1s con impuesto a los grandes ingresos y herencias podr\u00edas estar expuesta a la objeci\u00f3n de que llevar\u00eda a la ocupaci\u00f3n plena con una tasa de acumulaci\u00f3n considerablemente inferior al nivel corriente. No debe suponerse que yo niegue la posibilidad, o aun la probabilidad, de este resultado; porque en semejantes asuntos resulta temerario predecir c\u00f3mo reaccionar\u00e1 la generalidad de los hombres ante un cambio en el medio ambiente. Sin embargo, si fuera f\u00e1cil alcanzar una aproximaci\u00f3n a la ocupaci\u00f3n plena con una tasa de acumulaci\u00f3n no mucho mayor que la presente, por lo menos se habr\u00eda resuelto un problema de relieve, quedando pendiente para decidir por separado la proporci\u00f3n y los medios seg\u00fan los cuales es debido y razonable hacer un llamamiento a la generaci\u00f3n actual para que restrinja su consumo, de manera que pueda lograrse, a trav\u00e9s del tiempo, el estado de inversi\u00f3n completa para sus descendientes.<\/p>\n\n\n\n<p><strong style=\"text-align: justify;\">III.&nbsp;&nbsp; &nbsp;Del Estado<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las consecuencias de la teor\u00eda expuesta son moderadamente conservadoras en otros aspectos, pues si bien indica la importancia vital de establecer ciertos controles centrales en asuntos que actualmente&nbsp; se dejan casi por completo en manos de la iniciativa privada, hay muchos campos de actividad a los que no afecta. El Estado tendr\u00e1 que ejercer una influencia orientadora&nbsp; sobre la propensi\u00f3n a consumir, a trav\u00e9s de su sistema de impuestos, fijando la tasa de inter\u00e9s y, quiz\u00e1s, por otros medios. Por otra parte, parece improbable que la influencia de la pol\u00edtica bancaria sobre la tasa de inter\u00e9s sea suficiente por s\u00ed misma para determinar otra de inversi\u00f3n \u00f3ptima. Creo, por lo tanto, que una socializaci\u00f3n completa de las inversiones ser\u00e1 el \u00fanico medio de aproximarse a la ocupaci\u00f3n plena; aunque esto no necesita excluir de cualquier forma, transacci\u00f3n o medio por los cuales la autoridad p\u00fablica coopere con la iniciativa privada. Pero fuera de esto, no se aboga francamente por un sistema de socialismo de Estado que abarque la mayor parte de la vida econ\u00f3mica de la comunidad. No es la propiedad de los medios de producci\u00f3n la que conviene al Estado asumir. Si \u00e9ste es capaz de determinar el monto global de los recursos destinados a aumentar esos medios y la tasa b\u00e1sica de remuneraci\u00f3n de quienes los poseen, habr\u00e1 realizado todo lo que le corresponde. Adem\u00e1s las medidas indispensables de socializaci\u00f3n pueden introducirse gradualmente sin necesidad de romper con las tradiciones generales de la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestra cr\u00edtica de la teor\u00eda econ\u00f3mica cl\u00e1sica aceptada no ha consistido tanto en buscar los defectos l\u00f3gicos de su an\u00e1lisis, como en se\u00f1alar que los supuestos t\u00e1cticos en que se basa se satisfacen rara vez o nunca, con la consecuencia de que no puede resolver los problemas econ\u00f3micos del mundo real. Pero si nuestros controles centrales logran establecer un volumen global de producci\u00f3n correspondiente a la ocupaci\u00f3n plena tan aproximadamente como sea posible, la teor\u00eda cl\u00e1sica vuelve a cobrar fuerza de aqu\u00ed en adelante. Si damos por sentado el volumen de la producci\u00f3n, es decir, que est\u00e1 determinado por fuerzas exteriores al esquema cl\u00e1sico de pensamiento, no hay objeci\u00f3n que oponer contra su an\u00e1lisis de la manera en que el inter\u00e9s personal determinar\u00e1 lo que se produce, en qu\u00e9 proporciones se combinar\u00e1n los factores de la producci\u00f3n con tal fin y c\u00f3mo se distribuir\u00e1 entre ellos el valor del producto final. Des este modo, fuera de la necesidad de controles centrales para lograr el ajuste entre la propensi\u00f3n a consumir y el aliciente para invertir no hay m\u00e1s raz\u00f3n para socializar la vida econ\u00f3mica que la que exist\u00eda antes.<\/p>\n\n\n\n<p>[De este modo]\u2026 no veo raz\u00f3n para suponer que el sistema existente emplee mal los factores de producci\u00f3n que se utilizan. Por supuesto que hay errores de previsi\u00f3n; pero \u00e9stos no podr\u00edan evitarse centralizando las decisiones. Cuando de 10 millones hombres deseosos de trabajar y h\u00e1biles para el caso est\u00e1n empleados 9 millones, no existe nada que permita afirmar que el trabajo de esos 9 millones est\u00e9 mal empleado. La queja en contra del sistema presente no consisten en que estos 9 millones deber\u00edan estar empleados en tareas diversas, sino en que las plazas debieran ser suficientes para el mill\u00f3n restante de hombres. En lo que ha fallado el sistema actual ha sido en determinar el volumen del empleo efectivo y no su direcci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>[De todos modos] \u2026 seguir\u00e1n siendo v\u00e1lidas a\u00fan las ventajas tradicionales del individualismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Deteng\u00e1monos por un momento a recordar cu\u00e1les son estas ventajas. En parte lo son de eficacia \u2013 las de la descentralizaci\u00f3n y del juego del inter\u00e9s personal \u2013 . desde el punto de vista de la eficacia, las ventajas de la descentralizaci\u00f3n de las decisiones y de la responsabilidad individual son mayores a\u00fan, quiz\u00e1s, de lo que el siglo XIX supuso; y la reacci\u00f3n contra el llamado al inter\u00e9s personal puede haber ido demasiado lejos. Pero, por encima de todo, el individualismo es la mejor salvaguarda de la libertad personal si puede ser purgado de sus defectos y abusos, en el sentido de que comparado con cualquier otro sistema, ampl\u00eda considerablemente el campo en que puede manifestarse la facultad de elecci\u00f3n personal tambi\u00e9n es la mejor protecci\u00f3n de la vida variada, que brota precisamente de este extendido campo de la facultad de elecci\u00f3n cuya p\u00e9rdida es la mayor de las desgracias del estado de elecci\u00f3n, cuya p\u00e9rdida es la mayor de las desgracias del Estado homog\u00e9neo o totalitario; porque esta variedad preserva las tradiciones que encierran lo que de m\u00e1s seguro y venturoso escogieron las generaciones pasadas, colorea el presente con las diversificaciones de su fantas\u00eda y, siendo subordinada inseparable de la experiencia, as\u00ed como de la tradici\u00f3n y la imaginaci\u00f3n, es el instrumento m\u00e1s poderoso para mejorar el futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Por consiguiente, mientras el ensanchamiento de las funciones de gobierno, que supone la tarea de ajustar la propensi\u00f3n al consumo a consumir con el aliciente para invertir, parecer\u00eda a un publicista del siglo XIX o a un financiero estadounidense contempor\u00e1neo una limitaci\u00f3n espantosa al individualismo, yo las defiendo, por el contrario, tanto porque son el \u00fanico medio practicable de evitar la destrucci\u00f3n total de las formas econ\u00f3micas existentes, como por ser condici\u00f3n del funcionamiento afortunado de la iniciativa individual.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque si la demanda efectiva es deficiente, no s\u00f3lo resulta intolerable el esc\u00e1ndalo p\u00fablico de los recursos desperdiciados, sino que el empresario individual que procura ponerlos en acci\u00f3n opera en lucha desigual contra todas las fuerzas contrarias. El juego de azar que practica est\u00e1 plagado de ceros, de tal manera que los jugadores, en conjunto, perder\u00e1n si tienen la energ\u00eda y la fe suficientes para jugar todas las cartas. Hasta ahora el crecimiento de la riqueza mundial ha sido menor que el conjunto de ahorros positivos de los individuos, y la diferencia se ha compuesto de las p\u00e9rdidas de aquellos cuyo valor e iniciativa no se han completado con habilidad excepcional o desusada buena fortuna. Pero si la demanda efectiva es adecuada, bastar\u00e1 con la habilidad y la buena suerte ordinarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Los sistemas de los Estados totalitarios de la actualidad parecen resolver el problema de la desocupaci\u00f3n a expensas de la eficacia y la libertad. En verdad el mundo no tolerar\u00e1 por mucho tiempo m\u00e1s la desocupaci\u00f3n que aparte de breves intervalos de excitaci\u00f3n, va unida \u2013y en mi opini\u00f3n inevitablemente \u2013 al capitalismo individualista de estos tiempos; pero puede ser posible que la enfermedad se cure por medio de un an\u00e1lisis adecuado del problema, conservando al mismo tiempo la eficiencia y la libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>De paso he dicho que el nuevo sistema podr\u00eda ser m\u00e1s favorable a la paz de lo que ha sido el antiguo. Vale la pena repetir y subrayar ese aspecto.<\/p>\n\n\n\n<p>La guerra tiene varias causas, los dictadores y personas semejantes, a quienes la guerra ofrece, por lo menos en calidad de esperanza, una excitaci\u00f3n placentera, no encuentran dificultad en fomentar la belicosidad natural de sus pueblos; pero, por encima de esto, facilitando su tarea de evitar la llama popular, est\u00e1n las causas econ\u00f3micas de la guerra, es decir, el empuje de la poblaci\u00f3n y la competencia por los mercados. El que interesa aqu\u00ed es el segundo factor, que represent\u00f3 un papel predominante el siglo XIX y podr\u00eda volver a representarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo anterior hice ver que, bajo el sistema de laissez-faire nacional y el patr\u00f3n oro internacional, que era el ortodoxo en la segunda mitad del siglo XIX, no hab\u00eda medio disponible de que pudiera echar mano el gobierno para mitigar la miseria econ\u00f3mica en el interior, excepto el de la competencia por los mercados; porque se desechaban todas las medidas que pudieran ayudar a un estado de desocupaci\u00f3n cr\u00f3nica o subocupaci\u00f3n intermitente, excepto las que serv\u00edan para mejorar la balanza comercial en las partidas relativas a mercanc\u00edas y servicios.<\/p>\n\n\n\n<p>De este modo, mientras los economistas estaban acostumbrados a aplaudir el sistema internacional que prevalec\u00eda, como el que proporcionaba los frutos de la divisi\u00f3n del trabajo y armonizaba al mismo tiempo los intereses de las diversas naciones, ocultamente exist\u00eda un influjo menos benigno; los estadistas que cre\u00edan que si un pa\u00eds viejo y rico descuidaba la lucha por los mercados, su prosperidad decaer\u00eda y se malograr\u00eda, se encontraban bajo la influencia del sentido com\u00fan y de la percepci\u00f3n correcta del verdadero curso de los acontecimientos. Pero si bien las naciones pueden aprender a procurarse la ocupaci\u00f3n plena con su pol\u00edtica interna (y, debemos a\u00f1adir, si pueden lograr tambi\u00e9n el equilibrio de la tendencia de su poblaci\u00f3n), no se necesita que haya fuerzas econ\u00f3micas importantes destinadas a enfrentar el inter\u00e9s de un pa\u00eds con el de sus vecinos, no porque esto fuese necesario para capacitarlo con el fin de pagar por lo que deseara comprar, sino con el objeto expreso de modificar el equilibrio de la balanza de pagos de manera que la balanza de comercio en su favor. El comercio internacional dejar\u00eda de ser lo que es, a saber, un expediente desesperado para mantener la ocupaci\u00f3n en el interior, forzando las ventas en los mercados extranjeros y restringiendo las compras, lo que de tener \u00e9xito, simplemente desplazar\u00eda el problema de la desocupaci\u00f3n hacia el vecino que estuviera peor dotado para la lucha, y vendr\u00eda convertirse un libre intercambio de bienes y servicios mutuamente ventajoso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSer\u00e1 una esperanza visionaria la realizaci\u00f3n de estas ideas? \u00bfTienen ra\u00edces insuficientes en las razones que gobiernan la evoluci\u00f3n de la sociedad pol\u00edtica? \u00bfSon m\u00e1s fuertes y obvios los intereses que contrar\u00edan que aquellos a los que favorecen?<\/p>\n\n\n\n<p>No intento dar respuesta en este lugar [\u2026] Pero, [\u2026] las ideas de los economistas y los fil\u00f3sofos pol\u00edticos, tanto cuando son correctas como cuando est\u00e1n equivocadas, son m\u00e1s poderosas de lo que com\u00fanmente se cree. En realidad el mundo est\u00e1 gobernado por poco m\u00e1s que eso. Los hombres pr\u00e1cticos, que se creen exentos por completo de cualquier influencia intelectual, son generalmente esclavos de alg\u00fan economista difunto. Los mani\u00e1ticos de la autoridad, que oyen voces en el aire, destilan su frenes\u00ed inspirados en alg\u00fan mal escritor acad\u00e9mico de algunos a\u00f1os atr\u00e1s. No por cierto, en forma inmediata, sino despu\u00e9s de un intervalo; porque en el campo de la filosof\u00eda econ\u00f3mica y pol\u00edtica no hay muchos que est\u00e9n influidos por las nuevas teor\u00edas cuando pasan de los veinticinco o treinta a\u00f1os de edad, de manera que las ideas que los funcionarios p\u00fablicos&nbsp; y pol\u00edticos, y aun los agitadores, aplica a los acontecimientos actuales, no ser\u00e1n probablemente las m\u00e1s novedosas. Pero, tarde o temprano, son las ideas y no los intereses creados las que presentan peligros, tanto para mal como para bien.<\/p>\n\n\n\n<p><em><em>Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. <\/em>N\u00ba <\/em><em>1 a 4. 2006-2009<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Publicado por \u00a9www.ariadnatucma.com.ar<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>info@ariadnatucma.com.ar<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fragmento John Maynard Keynes John Maynard Keynes:&nbsp;Teor\u00eda general de la ocupaci\u00f3n, el inter\u00e9s y el dinero Fondo de Cultura Econ\u00f3mica. Buenos Aires 1992 . (The General Theory of Employement interesr and money. 1936.) I.&nbsp;&nbsp; &nbsp;De la desocupaci\u00f3n y la desigual distribuci\u00f3n de la riqueza y los ingresos Los principales inconvenientes de la sociedad econ\u00f3mica en &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/www.ariadnatucma.com.ar\/?p=584\" class=\"more-link\">Seguir leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTeor\u00eda general de la ocupaci\u00f3n, el inter\u00e9s y el dinero. J.M. 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