Bolívar e Irvine. La naciente política exterior de la tercera República

Sergio Rodríguez Gelfenstein*

Resumen/ Abstract VER

Derecha:  Simon Bolivar, Caracas. Venezuela. Imagen Carolina Crisorio

 

Antecedentes **


La declaración de Independencia de Venezuela que se produjo  en Caracas el 19 de abril de 1810, no contó con el apoyo de la Provincia de Guayana. Eso podría explicarse por la carencia de vínculos  entre las élites de Caracas y Angostura. Al contrario, las autoridades de la provincia tomaron medidas para resguardar y defender el territorio de manera de no producir cambios que alteraran la situación de privilegios con que contaban. En el fondo, desconocían la profundidad del movimiento y actuaron a partir de intereses locales, declarando fidelidad al rey. (Cabello Requena, 2014). Sin embargo, algunos ciudadanos manifestaron apoyo a la corriente patriótica que se desarrollaba en Caracas y a favor de la República.

 

Fueron perseguidos, arrestados y enviados al destierro  en Puerto Cabello, Puerto Rico y Ceuta. Durante los años de la Primera República e incluso de la Segunda (1813-1814), Guayana se mantuvo leal a la Corona. (García Castro, 1997). Una y otra vez, en marzo de 1812, mayo de 1815 y enero de 1817,  los ejércitos patriotas fueron rechazados a las puertas de Angostura. Ésta se transformó en refugio y arsenal del realismo criollo.

 

 

Izquierda: General Manuel de Piar

 

 

Después de este último intento, conducido por el General Manuel Piar,  los patriotas desistieron del ataque directo a la ciudad y optaron por el sitio de la misma. En abril, Piar derrotó en San Félix a las fuerzas realistas comandadas por el General  Miguel de la Torre. El General José Francisco Bermúdez dirigía el asedio a Angostura mientras el propio Bolívar retuvo para sí el que se ejecutaba contra Los Castillos, también llamada Guayana la Vieja. Angostura resistió durante meses el bloqueo impuesto por las fuerzas patriotas  hasta que el 17 de julio de 1817 los realistas abandonaron la ciudad.

 

 

 

El 11 de agosto, el Libertador se instalaba en el Palacio de Centurión. El comercio en la ciudad se reactivó inmediatamente, barcos de distintas banderas remontaban el Orinoco  trayendo implementos bélicos, a cambio de ganado y productos agrícolas. Ante la imposibilidad del nuevo gobierno por estructurar de inmediato el comercio, negociantes ingleses venidos de las islas  coparon la actividad económica y financiera a través del río. La ciudad comenzó a rehacer su vida normal, produciéndose una elevación de la población por la gran cantidad de  efectivos militares por un lado, y artesanos traídos para trabajar en los astilleros, maestranzas y otras labores de apoyo al componente militar que prevalecía en la ciudad, por el otro.

 

Primeras medidas organizativas de la nueva república


 

Arriba: Capitanía General de Venezuela en 1810.


En comunicación dirigida a Martín Tovar Ponte, quien posteriormente sería miembro del Consejo de Estado, fechada el 6 de agosto desde Guayana, Bolívar exclamaba que “Por fin tenemos a Guayana libre e independiente” (Bolívar, 1947). En esa misma carta, al valorar la situación creada a partir del abandono de Angostura y Guayana por parte de los españoles y la ocupación de la misma por los patriotas, el Libertador apreciaba que “Esta provincia es un punto capital: tomamos la espalda al enemigo desde aquí hasta Santafé, y poseemos un inmenso territorio en una y otra ribera del Orinoco, Apure, Meta y Arauca. Además poseemos ganados y caballos. Como el día de lucha se reduce a mantener territorio y a prolongar la campaña, el que más logre esta ventaja será el vencedor”. En ese mismo sentido escribe el 1° de septiembre a Fernando Peñalver cuando le expresa que “La posesión del Orinoco nos proporciona una brecha a todas las provincias de la Costa Firme. (Bolívar. Ibid.)

 

A partir de ese momento, Bolívar comienza a desarrollar una intensa actividad política como Jefe de Estado, dándose a la tarea de organizar y crear leyes que dieran forma a la República. Además de involucrarse en funciones de su propia investidura,  incluye en sus labores la actividad legislativa, la diplomacia  y la planificación de las acciones bélicas y de fortalecimiento del Ejército y la Marina de Guerra ante la eventual etapa decisiva de la confrontación con España.

 

En otra dimensión, el Jefe de Estado implanta estrictas medidas para el comercio de ganado y mulas, toda vez que esos eran los únicos productos de intercambio de la provincia de Guayana, tomando en consideración que de su comercio o trueque, -en algunas ocasiones-  dependía el financiamiento de la guerra. Así mismo, pero en menor dimensión se comerciaba sebo y cueros. Estas necesidades lo llevaron a regular los asuntos navales, fijando normas para el reparto de los bienes obtenidos al enemigo, así como los sueldos que cobrarían los empleados del almirantazgo por el despacho de buques, creando también un cuerpo de prácticos para la navegación en el Río Orinoco.

 

Las incipientes acciones diplomáticas de la Tercera República


La instalación del nuevo gobierno en Angostura obligaba a desarrollar gestiones de política exterior que coadyuvaran a la consecución de los objetivos propuestos en el corto plazo, encaminados a consolidar el gobierno y preparar las acciones combativas que culminaran el proceso de Independencia.  En ese sentido, las tareas encomendadas a los agentes diplomáticos venezolanos superaban la mera búsqueda de conseguir el reconocimiento político de otras naciones, en particular el de las grandes potencias. El abastecimiento con material bélico y logístico se transformó en misión de primer orden para los funcionarios que actuaban a favor de la República, fuera de sus fronteras.

 

En este contexto, Estados Unidos preparaba la conquista total de la península de la Florida, que ya había comenzado a ocupar desde 1810 cuando colonos estadounidenses instigados por el gobierno se rebelaron contra el poder español y solicitaron su anexión a la nueva nación surgida en 1776. Para ello, aducían una alianza de los indios seminoles (que poblaban esa región) con  España y Gran Bretaña para  generar incursiones a territorio estadounidense desde la Florida española. La ambición expansionista de Estados Unidos, que manifestaba interés en extenderse hacia el sur a fin de tener costas en el Golfo de México y ocupar Cuba como la prenda más preciada del Mar Caribe, chocaba con la soberanía española sobre estos territorios. En esa medida, y también a diferencia de lo que había ocurrido en los primeros años de vida de las nuevas repúblicas independientes, ahora Estados Unidos, comenzaba a mostrar simpatía por la lucha que los americanos españoles realizaban contra la metrópoli.

 

Izquierda: Gregor MacGregor.

Sin embargo,  estaba en desarrollo un suceso que vino  a sentar una opinión en el ánimo de Bolívar, dando señales respecto de cómo iba a manejar la relación con Estados Unidos. En lo inmediato, significó un contratiempo en el posible avance hacia la normalización de las relaciones con ese país. El 29 de junio de 1817, un grupo de 150 venezolanos desembarcaron y ocuparon la Isla Amelia la cual tiene una superficie de alrededor de 100 km cuadrados  y está ubicada en la costa atlántica de la Florida, frente a la ciudad de Cowford, hoy llamada Jacksonville, en el territorio español de la Florida, muy cerca del límite con Georgia en Estados Unidos. El jefe de la expedición era el General de origen escocés Gregor Mc Gregor quien ocupó el Fuerte Fernandina e izó la bandera venezolana y la de la Cruz Verde de Florida, designando las máximas autoridades civiles y militares y dando origen  a la República de la Florida el 1° de julio de ese año. (Pividal, 1977).

 

Bolívar jamás dio órdenes para efectuar esta operación bélica. La misma surgió de la iniciativa de Lino de Clemente, designado representante de Venezuela en Washington y del Dr. Pedro Gual quien se encontraba en la capital de Estados Unidos como agente diplomático del gobierno de Cartagena. Es imposible que Bolívar haya ordenado tal misión a Mac Gregor cuando en carta del 14 de junio dirigida al General Manuel Piar  le informa que espera el arribo del general escocés con siete barcos procedentes de Baltimore cargados de armas y municiones.(Bolívar, Op.Cit.) No es coherente que esté aguardando a Mac Gregor en Venezuela, si lo hubiera enviado en misión a ocupar la Isla Amelia o algún otro lugar de la Florida.

 

Las referidas instrucciones que según el Libertador acompañaban la misiva estaban referidas a conceder facultades  a Clemente y Gual para  gestionar asuntos políticos y comerciales, así como representar legalmente a la República en el caso de firma de cualquier instrumento comercial o contrato que juzgaran apropiado. (Pividal, Op.Cit).

 

Las relaciones de la Tercera República con Estados Unidos


Casi un año después de los sucesos de Isla Amelia que habían tensado las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela,  y creado un impasse en la posibilidad de apoyo a la causa independentista, el 19 de mayo de 1818, el General Lino de Clemente, informa al Jefe Supremo respecto de los hechos acaecidos. Le dice que tanto españoles como  estadounidenses denigraban de la acción emprendida por los patriotas, por lo que seguía pensando que tal objetivo era “útil y conveniente a la libertad de la América del Sur y de México”. (Pividal, 1977). Tan sólo, una semana después, insistía con tozudez ante el Libertador en la idea de un plan que implicaba la ocupación de toda la Florida.

 

 

El 12 de julio de ese año arribaba el agente diplomático de Estados Unidos,  Juan Bautista Irvine. El General O´Leary lo reporta en su diario de Operaciones diciendo que llegaba junto al Almirante Brion, después de haber embarcado en Margarita. Al día siguiente, el acontecimiento  fue anunciado con una salva de artillería. (O´Leary, 1881). El 18 de julio el “Correo del Orinoco lo reportaba de la siguiente manera “Hemos tenido (…) la satisfacción de ver entre nosotros a un agente de los Estados Unidos de Norte América que ha sido conducido en su embarcación por el señor Almirante. Este es el señor Juan Bautista Irvine, ventajosamente conocido por sus principios filantrópicos y republicanos, y por la liberalidad de ideas que ha manifestado en los escritos, con que ha ilustrado al público” (Correo del Orinoco, 1998).

 

Tan lisonjeras palabras para con el huésped provenían de seguro de información obtenida directamente en Estados Unidos en la que se recogían antecedentes conocidos del visitante. Irvine había realizado labores políticas y periodísticas. En tal función, colaboró en Filadelfia con “The Aurore” y más tarde publicó su propio periódico, “The Columbian” en Nueva York. En este último, divulgó en septiembre  de 1816 la primera biografía de Bolívar escrita en inglés que se dio a conocer en Estados Unidos. Su autor, el general John Robertson, había muerto en Jamaica el año anterior. (Fortique, 1997) Este historial hizo que el 31 de enero de 1818, el Secretario de Estado John Quincy Adams le entregara sus cartas credenciales como agente diplomático en misión especial ante el gobierno de Venezuela, junto con las disposiciones e instrucciones necesarias para el cumplimiento de los objetivos de su misión.

 

Derecha John Quincy Adams

 

 

En el papel, tres eran las tareas encomendadas por Adams a Irvine. 1. Manifestar la simpatía de su país hacia las nuevas repúblicas que nacían en América del Sur. Explícitamente no mencionaban a México, el Caribe, ni Centroamérica, donde se orientaban los ánimos expansionistas de Estados Unidos. 2.  Protestar por los dos barcos capturados (Tigre y Libertad) por las fuerzas patriotas en el Orinoco y 3. Esclarecer el curso que tomarían las relaciones entre su país y Venezuela después de las acciones de Isla Amelia. (Pividal, 1977). Los acontecimientos futuros mostrarían otro derrotero respecto de las prioridades de la misión del agente estadounidense.

 

 

 

Las goletas Tigre y Libertad habían sido capturadas por la flota republicana comandadas por el Almirante Brion  cuando intentaban burlar el bloqueo del Orinoco a fin de evitar el abastecimiento de los españoles sitiados en Angostura y en los Castillos de Guayana La Vieja. Eran propiedad de los armadores estadounidenses Peabody, Tucker y Coulter y habían sido contratadas por el gobernador español de Guayana Lorenzo Fitzgerald.

 

Las naves fueron  apresadas en fechas distintas. La Tigre salió del Orinoco con la misión de traer armas, municiones y tabaco que habían sido comprados por Fitzgerald al comerciante británico Lamson. El 17 de marzo izó velas en Salem, puerto del estado de Massachusetts en Estados Unidos y entró en  puerto en el Orinoco el mes de abril. Posteriormente, saldría llevando otro cargamento cuando fue capturada el 4 de julio de 1817. Por otro lado, la goleta Libertad había salido de Martinica en junio, cargando municiones. Ya navegando por el río se encontró con los buques patriotas que lo bloqueaban y, no obstante le advirtieron que estaba violando el bloqueo y le dieron órdenes de devolverse, intentó regresar de manera furtiva para remontar el Orinoco, cuando fue apresada por la escuadrilla del Capitán de Navío Antonio Díaz. (Fernández, 2012)

 

A pesar de la controversia de la Florida y la situación de las goletas capturadas, Bolívar recibió a Irvine en medio de grandes expectativas acerca de su misión. El 13 de julio había escrito al General Páez anunciándole la llegada del agente diplomático estadounidense e informándole que al día siguiente presentaría sus cartas credenciales con lo cual podría comenzar a realizar sus funciones. En la comunicación al general llanero, exteriorizaba una gran esperanza cuando le explicaba que “De antemano, aseguro a Us. que las hostilidades entre el Norte América (sic) y la España, han comenzado ya, apoderándose los primeros de San Agustín, capital de la Florida. La guerra, pues, entre estas dos potencias, no admite duda, y nuestro reconocimiento es una consecuencia necesaria de ella” (O´Leary, Op.Cit). Lamentablemente, muy pronto sus expectativas iban a ser frustradas.

 

La benevolencia del Libertador para con el visitante se manifestó en la recepción que le ofreció el 19 de julio cerca de las 12, hora en que el Jefe Supremo recibía a las autoridades civiles y militares según reseñó O´Leary (1881) en sus memorias. El enviado especial de Estados Unidos se presentó escoltado por el Almirante Brion recibiendo los honores correspondientes a su dignidad. Bolívar manifestó el regocijo del gobierno y pueblo de Venezuela por tener en su territorio  al representante de un gobierno por el cual los venezolanos siempre han manifestado “sentimientos de predilección”. Irvine respondió en términos similares, procedió a entregar sus cartas credenciales, le obsequió una biografía de George Washington y  se retiró. Esa misma noche, el Jefe Supremo dio un banquete en honor del agente estadounidense al cual asistieron las más altas autoridades civiles y militares de Venezuela.  Según el despacho del Correo del Orinoco (1998) en su N°5 del 25 de julio  “…nadie podía contener en su corazón los ardientes votos que hacía por la amistad y la unión eterna de la América del Norte con la del Sur.  Es increíble el entusiasmo que inspiraron los brindis del Gefe Supremo a la salud del PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS JAMES MONROE, una vez el Soldado y siempre el Abogado de la Libertad…”[1]. Y agrega más adelante para finalizar “En suma, la satisfacción que reinaba en este Convite, sólo puede compararse á la que experimentan quando inesperadamente se reconocen y se abrazan dos hermanos”[2]

 

Todavía exultante, consecuente con el entusiasmo propio de su personalidad, Bolívar le escribe a Páez el 1° de agosto informándole que ya Irvine había presentado sus cartas credenciales, hace una  muy positiva y optimista reseña  del cometido de Irvine. Circunscribe la misión de éste al examen de la situación en Venezuela para informar a su gobierno al respecto. El mensaje del Libertador a Páez está plagado de alabanzas al estadounidense, llega a decir que éste le “…ha hablado con amistad y sinceridad…”. Apunta que el diplomático le ha asegurado que su país está dispuesto favorablemente hacia  Venezuela y que la guerra de Estados Unidos con España es inevitable, toda vez que las acciones bélicas habían comenzado muchos meses antes con la invasión comandada por el general Jackson a las Floridas (O´Leary, Op.Cit).

 

En este marco  Bolívar decidió el 24 de julio, nombrar a Lino de Clemente como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Venezuela ante el gobierno de Estados Unidos. De esta manera, Bolívar acepta positivamente los informes de Clemente  respecto de los hechos de la Isla Amelia y obliga a la Cancillería estadounidense, -toda vez que había recibido a su agente diplomático- a aceptar o no tal designación, lo que en los hechos significaba un reconocimiento a la nueva República. (Pividal, Op.Cit). El Libertador entendió erróneamente que el envío de Irvine daba por sentado tal reconocimiento y que el reclamo de las dos goletas era objetivo secundario en la misión del diplomático.  Estados Unidos, rechazó darle el placet a Clemente, negándose incluso a recibirlo.

 

El mismo 1° de agosto, fecha de la última de carta que Bolívar envía a Páez, se publica el N° 6 del Correo del Orinoco (1998). Un artículo titulado “Relaciones de la América del Norte con la del Sur”, encabeza la primera página. En él se exponen largamente las decisiones del gobierno de Estados Unidos para incrementar sus vínculos con la América meridional. Se reitera la valoración que Bolívar expresara en la misiva a Páez, en el sentido que el objetivo de los nombramientos de diplomáticos a acreditarse tanto en Chile como en Buenos Aires obedecía al interés del Presidente Monroe por conocer de cerca el desarrollo de los acontecimientos en estas repúblicas. Razona que ello se debe a la decisión de Estados Unidos de asumir una posición  de rechazo a España en sus intentos de perpetuar su dominio en las Américas.  Estima que hasta ahora, la nación norteamericana se ha limitado a observar los acontecimientos que ocurren al sur de sus fronteras, sin tener una participación real en el curso de los acontecimientos. El artículo aprecia que esa política es la que está  comenzando a ser modificada.

 

Izquierda: Henry Clay

 

Informa  de la invasión de Estados Unidos en la Florida, los avances obtenidos en las acciones bélicas y las condiciones que está poniendo a España a cambio del cese de hostilidades, evaluando que no tiene capacidad para satisfacer tales demandas, toda vez que no tiene posibilidades de enfrentar simultáneamente una guerra a “todos los Estados Unidos de las dos Américas”.

 

 

 

A su vez, en Estados Unidos crecía la corriente de apoyo  a la independencia hispanoamericana. Desde 1816, el Presidente de la Cámara de Representantes Henry Clay, favorecía en el Congreso la defensa de la emancipación de la América meridional, lo cual tuvo un efecto positivo en algunos sectores de Estados Unidos. (Böersner, 1996) Por su parte, la legislatura de Kentucky había  dirigido una comunicación al Gobierno Federal en la que manifestaba  “una expresión de sus sentimientos  por la causa de la América del Sur” como lo señala el Correo del Orinoco (1998) en su edición número 12, del 10 de octubre de 1818.

 

 

La controversia entre Bolívar e Irvine


Irvine escribió dos notas a Bolívar el 25 y 27  de julio. El Libertador acusa  recibo y le responde el día 29.  Es la primera de diez cartas que va a escribir al diplomático estadounidense entre esta fecha y el 12 de octubre cuando data la última de ellas.  El tenor de la carta de respuesta da cuenta que el tema único de la misiva de Irvine es el de las goletas Tigre y Libertad, es decir uno solo de los objetivos de su misión a Venezuela.

 

El Jefe Supremo explica a Irvine que la contestación a su mensaje del 25, debe esperar por la consulta del proceso seguido a los dueños de los barcos.  Así mismo, con respecto a su nota del 27, le informa que los mismos recibirán las indemnizaciones del caso, siempre que sea aceptada la justicia con la cual actuaron las armas de Venezuela. Repite su opinión de alta valía respecto de la misión del estadounidense en Venezuela, pero advierte que los barcos norteamericanos “…olvidando lo que se debe a la fraternidad, a la amistad  y a los principios liberales que seguimos, han intentado y ejecutado burlar el bloqueo (…) para dar armas unos verdugos y para alimentar unos tigres que por tres siglos han derramado la mayor parte de la sangre americana…” (Bolívar, Op.cit).

 

En su carta, Bolívar expone con precisión y firmeza que  bloqueo y sitio de las ciudades dominadas por los españoles eran parte de la misma acción, en la cual la segunda se circunscribe a la primera,  despliega rigor jurídico cuando dice que “los sitiadores gozan, por los menos, de los mismos derechos de los bloqueadores”. Así mismo, rechaza y refuta la idea de Irvine en el sentido de que Estados Unidos era neutral en el conflicto que se vivía en Venezuela  al recordarle que “No son neutrales  los que prestan armas y municiones (…) a unas plazas sitiadas y legalmente bloqueadas”.

 

El 6 de agosto, el Libertador redacta una nueva carta para, una vez hecha las consultas, responder la de Irvine del 25 del mes pasado.  Esta vez,  se toma un tiempo para escribir de forma muy larga y detallada, respecto de la reclamación de Irvine. Le presenta con extraordinaria suma de detalles las circunstancias en la que fueron capturadas las goletas impugnando punto a punto los argumentos del capitán de la Tigre, así como del comerciante que fletó el viaje, lo mismo hace respecto de la Libertad, con la diferencia que en este caso, su capitán Guillermo Hill declaró aceptando los hechos, aunque posteriormente de desdijera de ello.

 

 

Izquierda: Simón Bolívar. Quinta de San Pedro Alejandrino. Colombia. Imagen: Carolina Crisorio

 

 

Las evidencias presentadas concurrieron para tipificar la violación del bloqueo y sitio decretado por las autoridades venezolanas, explicando que si bien los dueños de la Tigre no son responsables del delito, si lo es el comerciante que la fletó y concientemente intentó violar las leyes de una república soberana. Expone que si a alguien le deben reclamar los propietarios de la goleta no es a Venezuela sino al señor Lamson, quien contrató la misma. Bolívar le recuerda a Irvine que  “…la prestación de auxilios militares a una potencia beligerante es una declaratoria implícita contra su enemiga, es un principio incontrovertible y que está confirmado por la misma conducta de Estados Unidos , donde no se permite que se hagan armamentos  de ninguna especie por independientes contra los países españoles…” agregando que “La diferencia única que hay es, que cuando es el gobierno quien lo presta, la Nación se declara enemiga  y cuando son los particulares sin conocimiento de él, ellos solos se comprometen, y no se hace responsable la Nación”. (Bolívar, Ib.id). Le  advierte además con sabiduría proverbial que  “Si las naciones neutrales hubiesen obligado a nuestros enemigos a respetar estrictamente el derecho público y de gentes, nuestras ventajas habrán sido infinitas, y menos tendríamos que quejarnos de los neutros”.

 

 

 

Catorce días después,  acusa recibo de la nota de Irvine del 17 de agosto en la que éste anuncia que está preparando respuesta a la de Bolívar del 6 del mismo mes. Sin embargo, el Jefe Supremo se adelanta y decide  “anticipar algunas reflexiones que nacen de los principios admitidos en ella por V.S. “. Con suma habilidad, Bolívar no deja transcurrir el tiempo e intenta transformar las aceptaciones de Irvine en jurisprudencia que sirva a eventuales litigios jurídicos o incluso e orden político y moral.  A pesar de sus múltiples responsabilidades, en momentos en que emite órdenes a los generales Pedro Zaraza, José Tadeo Monagas, José Francisco Bermúdez y al Coronel Justo Briceño para la preparación logística de los combates que se avecinan, no descansa, ni da tregua a Irvine, ni deja pasar oportunidad en sentar, a través de sus escritos, las bases jurídicas de la razón del gobierno de Venezuela en actuar como autoridad política del territorio que controla.

 

En este mensaje de 20 de agosto, retoma los fundamentos para rebatir los criterios de Irvine respecto a neutralidad e imparcialidad. Le dice que “La imparcialidad que es la gran base de la neutralidad desaparece en el acto en que se socorre a una parte contra la voluntad bien expresada de la otra, que se opone justamente y que a además no exige ser ella socorrida”. Elevando, por primera vez, el tono del debate le dice que el derecho de Venezuela de condenar las acciones de las goletas da lugar a recordar hechos que ”desearía ignorar para no verme forzado a lamentarlos”. Se refiere directamente a la conducta de Estados Unidos respecto de la lucha independentista en la América meridional y de la absoluta ausencia de apoyo que han recibido, en situaciones en que se ha llegado incluso a aplicar leyes que castigan con severas penas  a ciudadanos que han querido  sostener y proteger la causa de la justicia y la libertad de los pueblos del sur de América.

 

Se pregunta, y le pregunta a Irvine que opción le da a los independentistas que luchan por su emancipación,  y contesta que solo tienen dos opciones,  negar su derecho de bloquear y sitiar o,  permitir que los neutrales entren y  salgan sin control de los puertos bloqueados. Afirma que lo primero sería declarar a los independentistas al margen del derecho internacional y por consiguiente sin obligación de respetarlo y a lo segundo lo califica de “monstruoso” porque choca con todas las leyes y prácticas de las naciones. (Bolívar, Ib.id).

 

 

 

Arriba: Fragmento de una carta firmada por Simón Bolívar

 

En la cuarta carta, fechada  24 de agosto, la más extensa de todas las que escribió a Irvine, Bolívar alega que suponía haber satisfecho en sus comunicaciones anteriores, las demandas del diplomático estadounidense creyendo que existían condiciones para entrar a debatir los otros temas que incumbían a las relaciones bilaterales. Ante la continuidad de la reclamación, el Jefe Supremo insiste en explicar los móviles de la actuación de Venezuela sujeta a derecho, respecto del apresamiento de las goletas. Incluso, enuncia la posibilidad de que ante el hecho de que no haya un acuerdo, se pudiera volver a realizar el proceso. En esta comunicación, Bolívar dice que se limitará a exponer los “principios del derecho” que motivan el caso. A continuación refrenda sus argumentos anteriores respecto de los conceptos de libertad, beligerancia, neutralidad, imparcialidad. Con erudito conocimiento de la historia y la jurisprudencia va desgranando una a una las tesis de Irvine, haciendo uso de tratados y prácticas europeas en la materia (Bolívar, Ib.id).

 

Finaliza, reiterándole a Irvine su opinión en torno a que cree haber colmado su reclamo, opinando que desde su punto de vista, tal tema se ha extendido demasiado “hasta llegar a hacerse molesto para una y otra parte, distrayéndonos  del objeto principal con discusiones prolijas  sobre el derecho y con episodios, que sin tener una estrecha conexión con los hechos no pueden servir de base a la resolución”. Es la primera manifestación escrita de desagrado que el Libertador manifiesta en su correspondencia con el agente estadounidense, lo cual da cuenta de un escalamiento en la tirantez del intercambio, ante la urgencia, -en las condiciones del conflicto bélico- de pasar a otros temas que Bolívar juzgaba más relevantes para el futuro de la República y de toda América.

 

Irvine respondió esta carta con dos notas de 25 y 29 de septiembre, en la primera de las cuales se queja de que Bolívar ha introducido  una nueva materia en la discusión. El Libertador esperó la segunda nota para esbozar una respuesta que escribe el 6 de septiembre (Bolívar, 1947a).  En ella le insiste en la necesidad de empezar a conversar lo que estima es el asunto principal, es decir el del reconocimiento político de Venezuela como república independiente.  Antes, agrega un nuevo elemento que dice haber tocado tangencialmente en su última carta por haberle parecido insignificante. Tiene que ver con lo referente a la apropiación por parte de Venezuela de las goletas, asunto sobre el cual los armadores estadounidenses presentaron reclamo, arguyendo que no era posible realizarse tal acción hasta tanto no haber finalizado el juicio. Nuevamente Bolívar hace uso del derecho retomando el artículo 33  de las Ordenanzas de Corso españolas para sostener la posición de Venezuela. Por segunda vez, le expone a Irvine, que la República no ha tenido tiempo de legislar totalmente por encontrarse en situación de guerra, lo que ha impedido construir un entramado legal completo. En esa medida, “Esta ley española, única que puede regir nuestra conducta, así porque no conocemos otra, como porque la represalia nos obliga a aplicarla, fue promulgada en 1796, y desde entonces ha estado en uso, en presencia de toda la Europa y de los mismos Estados Unidos del Norte” (Bolívar, Ib.id). Reitera la justicia con que ha actuado Venezuela y enuncia algunas contradicciones en la que ha entrado el propio Irvine en su afán de demostrar el carácter neutral de su país y de los negocios que realizan sus comerciantes. Afirma con solidez que “Mientras V.S. no me persuada que el derecho de retaliación es injusto, creeré que este solo argumento (prescindiendo del bloqueo marítimo) es suficiente para calificar la justicia con que procedimos en las condenas de las goletas Tigre y Libertad”.

 

El 25 de septiembre Bolívar escribe una corta nota que contesta mensajes de Irvine del 6 y 10 del mismo mes. En ella, vistas las circunstancias en que Estados Unidos y Venezuela no han podido ponerse de acuerdo propone un arbitraje para que decida respecto del litigio de las goletas.

 

Ese mismo día escribe una misiva un poco más amplia, en la que reitera los argumentos de Venezuela respecto del litigio y manifiesta su desesperanza por un debate en el que ambas partes, habiendo puesto de manifiesto sus puntos de vista, no han podido llegar a arreglo alguno, por lo que se está corriendo el riesgo de hacer “interminable la discusión”. En ese marco porfía en su ofrecimiento de la nota anterior en la que propone el nombramiento de árbitros que se “pronuncien sobre la legalidad del bloqueo”. Con ello, busca no seguir extendiendo un debate fatuo. Le requiere dar contestación a la fórmula presentada, explicándole que ella es expresión de  la rectitud e imparcialidad de sus intenciones. (Bolívar, Ib.id).

 

El 29 de septiembre redacta una nueva nota en la que replica las evidencias expuestas el 25, lamentando que Irvine en carta del 26 del mismo mes las haya rechazado. Por enésima vez, expone las razones de Venezuela, pero ahora dice tajante que dadas las circunstancias se ve obligado  “a resolver de una vez la cuestión”. (Bolívar, Ib.id)

 

Esta situación conlleva una carta de Irvine de 1° de octubre en la que éste da por finalizado el debate por el tema de las goletas, juzgando que Venezuela actuó ilegalmente. Bolívar contesta el día 7 sin dejar pasar la oportunidad de decirle que se va a desentender del penúltimo párrafo de su carta por considerarla “en extremo chocante e injurioso al gobierno de Venezuela” y que para contestarlo sería preciso usar el mismo lenguaje  de Irvine “contrario a la modestia y el decoro con que por mi parte he conducido la cuestión”.

 

Le dice que no va a forzarlo  a reciprocar los insultos, pero que aunque no lo hará, no va a permitir que  Irvine, “ultraje ni desprecie al Gobierno y a los derechos de Venezuela”. Finaliza contundente “Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra todo el mundo entero, si todo el mundo la ofende”. (Bolívar, Ib.id)

 

No obstante todo eso, se despide con los usos protocolares de su elevada investidura, el respeto, la decencia y la alta responsabilidad que tiene al regir los destinos de Venezuela y su representación en el escenario internacional. A pesar que  Venezuela no había consolidado su independencia y el gobierno aún no tenía autoridad sobre todo el territorio de la república, Bolívar actuó como un avezado Jefe de Estado en términos del manejo de la diplomacia, con honor, dignidad y firmeza, entendiendo la valía de establecer –en ese contexto-  sólidas relaciones de amistad con Estados Unidos, sin dejar de salvaguardar los intereses soberanos de la naciente República, sembrando con ello parámetros insoslayables de comportamiento republicano, independiente y soberano en los manejos de la política exterior de la Nación.

 

Todavía, vuelve a escribir a Irvine el 12 de octubre como respuesta a una nota de éste del 8 del mismo mes. En ella el agente diplomático manifiesta su extrañeza por la respuesta de 7 de octubre del  Libertador. Bolívar le dice que así hubiera sido, si Irvine se hubiera limitado a  dar por cerrado el asunto, pero que el tenor de la misma le obligaba a responder para no dar por ciertos ninguno de los argumentos expuestos en la carta y que no son sino la reiteración de los anteriores,  refutados uno a uno y en su momento. De esa  manera, el Jefe Supremo cerraba toda posibilidad a dejar asuntos abiertos con la posibilidad de ser usados contra la República. (Bolívar, Ib.id)

 

Con esto, Bolívar da por finalizada su comunicación con Irvine, no recibe ni envía ninguna nueva correspondencia  al representante del gobierno de Estados Unidos. Lo que había comenzado con grandes augurios y esperanzas 4 meses antes, había resultado un fiasco, ante la desatención de Irvine a la propuesta amistosa y apegada a derecho de Bolívar y el posterior escalamiento del discurso agresivo, incluso amenazante del estadounidense.

 

Epílogo


Juan Bautista Irvine no regresó de inmediato a su país. Incluso participó como invitado especial en la instalación del Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819. Irvine informó de su misión al Secretario de Estado John Adams, en los que destilaba rencor por su fracaso, tildando a Bolívar de  dictador y tirano, así como iluso y quijotesco. El 27 de febrero de 1819, abandonó la ciudad, frustrado por la ruina de su gestión. En su país se consagró a escribir artículos periodísticos en los que  calificó a Bolívar de “`general charlatán y político truhán´” (Fortique,  Op.cit.).

 

Unos meses después de la partida de Irvine, el gobierno de Estados Unidos envió a Venezuela al Comodoro Oliver H. Perry quien arribó a Angostura el 25 de julio de 1819. Su misión era dar y recibir explicaciones sobre el fracaso de la misión de Irvine. Así mismo, venía a solicitar la salida del territorio estadounidense de Lino de Clemente. El gobierno de Estados Unidos consideraba que éste había violado su neutralidad.

 

Bolívar había abandonado Angostura el 23 de mayo en dirección a los llanos occidentales donde habría de reunir a los más destacados jefes del ejército a fin de convencerlos de la necesidad de trasladar las operaciones bélicas  a Nueva Granada.  La jefatura del gobierno había sido asumida por el vicepresidente Francisco Antonio Zea, quien tuvo una desacertada gestión en el manejo de los asuntos gubernamentales. Perry logró de Zea lo que Irvine no pudo conseguir de Bolívar: la devolución de las goletas Tigre y Libertad en lo que Manuel Alfredo Rodríguez (1983) considera el primer revés de la diplomacia venezolana. Según Francisco Pividal (1977) cuando el Libertador tuvo conocimiento del hecho, “consideró humillante tal proceder”.

 

Estados Unidos solo reconoció a la República de Colombia surgida del Congreso de Angostura y a Venezuela como parte de ella, el 8 de marzo de 1822, doce años después de la solicitud que la Junta Suprema de Caracas había realizado en junio de 1810.  Ya habían acontecido las Batallas de Boyacá y Carabobo y Bolívar había entrado triunfante en Caracas el 29 de junio de 1821.

 

Antes, el 25 de mayo de 1820, en carta a José Rafael Revenga, ministro de Relaciones Exteriores y de Hacienda, El Libertador le había manifestado con contundencia sus aprehensiones respecto a la política de Estados Unidos. Le dice “Jamás conducta ha sido más infame que la de los americanos con nosotros: ya ven decidida la suerte de las cosas y con protestas y ofertas, quien sabe si falsas, nos quieren  lisonjear para intimidar a los españoles y hacerles entrar en sus intereses”, (Bolívar, 1976) y  agrega a continuación “Yo no sé lo que deba pensar de esta extraordinaria franqueza  con que ahora se muestran los norteamericanos: por una parte dudo, por otra me afirmo en la confianza de que habiendo llegado nuestra causa a su máximo, ya es tiempo de reparar los antiguos agravios.  (…). Ya que por su anti-neutralidad la América del Norte nos ha vejado tanto, exijámosle servicios que nos compensen sus humillaciones y fratricidios. Pidamos mucho y mostrémonos circunspectos para valer más o hacernos valer”. (Bolívar, Ib.id) Seguramente, estaba pensando en su nefasta experiencia con Irvine de dos años atrás.

 

 

La Habana, 7 de septiembre de 2015

 

Bibliografía.

Böersner, Demetrio. Relaciones Internacionales de América Latina. Breve historia. Quinta edición. Nueva Sociedad. (Caracas, 1996)

Bolívar, Simón. Obras Completas. Vol. I. Editorial Lex. (La Habana, 1947)

Bolívar, Simón. Doctrina del Libertador. Biblioteca Ayacucho. (Caracas, 1976)

Cabello Requena, Hildelisa. Historia regional del Estado Bolívar. Tomo I. Segunda Edición. Academia Nacional de la Historia /Corporación Venezolana de Guayana (CVG). (Caracas, 1997)

Correo del Orinoco N° 4. 18 de julio de 1818. en Correo del Orinoco. Angostura (Venezuela) 1818-1821. Edición facsimilar. Gerardo Rivas Moreno (editor). Primera edición colombiana.  (Bogotá, 1998)

Correo del Orinoco N° 5. 25 de julio de 1818. en Correo del Orinoco. Op.Cit

Correo del Orinoco N° 6. 1° de agosto de 1818. en Correo del Orinoco. Op.Cit

Correo del Orinoco N° 12. 10 de octubre de 1818. en Correo del Orinoco. Op.Cit

Correo del Orinoco N° 16. 30 de enero de 1819 de 1818. en Correo del Orinoco. Op.Cit

Fernández, Américo, “Las goletas Tigre y Libertad” en Cronología del Estado Bolívar en http://cronologiadelestadobolivar.blogspot.com/2012/11/las-goletas-tigre-y libertad.html 14 de noviembre de 2012.

Fortique, José Rafael. “John Baptiste Irvine” en Diccionario de Historia de Venezuela. Fundación Polar. 2da. Edición. Tomo II. (Caracas, 1997)

García Castro, Álvaro. “Ciudad Bolívar” en  Diccionario de Historia de Venezuela. Fundación Polar. 2da. Edición. Tomo 1. (Caracas, 1997)

O´Leary, Daniel F. Memorias del General O´Leary. Documentos Tomo XVI.  Gobierno de Venezuela. (Caracas, 1881)

Pividal, Francisco.  Bolívar: pensamiento precursor del antimperialismo. Casa de las Américas. (La Habana, 1977).

Rodríguez, Manuel Alfredo. Bolívar en Guayana. Editorial Cejota. (Caracas, 1983)

 

NOTAS

* Sergio Rodríguez Gelfenstein es venezolano y chileno, licenciado en Estudio Internacionales de la Universidad Central de Venezuela. Candidato a Doctor en Estudios Políticos por la Universidad de los Andes (ULA) Mérida. Venezuela. Investigador del Centro de Estudios Sociales y Políticos de América Latina de la Universidad de los Andes en Mérida, Venezuela y profesor del Instituto de Altos Estudios Avanzados (IDEA) en Caracas, Venezuela.

Desde 2015 es profesor invitado del Centro de Estudios Globales de la Universidad de Shanghái en China. En junio de 2016 le fue otorgado el Premio Nacional de Periodismo de Venezuela en la Mención “Periodismo de Opinión”.

** El presente trabajo ha sido presentado en el Coloquio Internacional “La integración en América Latina y el Caribe: alternativas históricas y proyección actual, a 200 años de la Carta de Jamaica de Simón Bolívar. A 200 años de la Carta de Jamaica de Simón Bolívar. Organizado por la Sección Cubana de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) y la Cátedra Bolivariana de la Universidad de La Habana. La Habana, Cuba. 6 a 9 de septiembre de 2015.

[1] Cita textual del original

[2] Idem.

Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. Nº 11/12. Marzo 2016 – Julio 2017.

 

Publicado por ©www.ariadnatucma.com.ar

 

Contacto: info@ariadnatucma.com.ar

 

INDICE (VER)

 


Comments are closed.