Deuda ecológica en América Latina, escenario histórico y condiciones

Aleida Azamar Alonso*

 

Resumen/Abstract (VER)

 

Izquierda: Cordillera de los Andes. Imagen Carolina Crisorio.


Actualmente, el crecimiento económico de Latinoamérica es un dilema entre la conservación de sus bienes naturales o la reducción intensiva de estos vía actividades extractivas. Históricamente dicho comportamiento se ha presentado desde la época de la colonia como parte del proceso de explotación hispánica pero no había alcanzado niveles como los que actualmente se observan en los procesos extractivos modernos, los cuales son resultado de un escenario económicamente desfavorable para la región puesto que se ha tenido que intensificar el nivel de explotación ambiental para responder a las obligaciones económicas adquiridas por varios países del Continente Latinoamericano.

 

Las actividades extractivas resuelven problemas inmediatos para la generación de ingresos y ayudan a  financiar objetivos políticos y sociales, pero también fomentan nuevas dependencias estructurales. Tanto el beneficio social como el aumento productivo han resultado en un gran incremento del comercio internacional de bienes primarios durante el presente siglo (2), el cual está acompañado del inusitado crecimiento de la deuda económica en las naciones extractivas.

 

Por lo que es necesario mencionar que el aumento del extractivismo en Latinoamérica se encuentra vinculado al comportamiento de la deuda externa que presenta la región. Es decir, se manifiesta una tendencia a estimular las actividades de explotación ambiental para poder cubrir los altos intereses de deuda. (3) Sin embargo, no se presenta una conducta coherente en el pago de la deuda por parte de los países de la región ya que en lugar de disminuir, esta se ha incrementado por lo que se exige un mayor nivel de pagos y explotación de materias primas. Un comportamiento que se ha observado desde la década de los ochenta del siglo pasado y que Azamar y Ponce (2014:5-6)  exponen de la siguiente forma:

 

“Desde 1980 y hasta 1996 las exportaciones latinoamericanas de minerales y petróleo crecieron en más del 245%; sin embargo, el balance de la deuda externa de la región no disminuyó, sino que se duplicó pasando de 300 mil millones de dólares hasta los 607 mil millones de dólares, aunque durante ese periodo se hayan pagado 739 mil millones de dólares por concepto de deuda (Schatan, 1999).”

“También se observa un comportamiento parecido en la deuda externa de estos mismos países a inicios del presente siglo, duplicando nuevamente los valores de la deuda externa para la región a pesar del continuo incremento de las exportaciones […] (Toussaint, 2006).”

 


Además, en la actualidad se presenta una tendencia de las naciones desarrolladas a favorecer condiciones económicamente adversas hacía la región latinoamericana con la finalidad de generar sumisión y facilidad de negociación sobre sus recursos. Por lo que bajo estos mismos términos, el impacto de la deuda externa, la sobreexplotación ambiental y otros comportamientos de apropiación de los recursos naturales tienen graves consecuencias de largo plazo que son minimizadas debido a las ganancias económicas inmediatas.

 

 

 

Actualmente, las naciones desarrolladas han intensificado la demanda por los recursos naturales. Sin embargo, dicha conducta es insostenible en el largo plazo ya que el esfuerzo que se le exige a Latinoamérica -región que provee cerca del 15% del total de las exportaciones mundiales de materias primas (Azamar y Ponce, 2014)-, para solventar la exigencia mundial de estos bienes sobrepasa la capacidad natural para cubrirlo. Esta situación genera un escenario progresivamente dañino, en términos ambientales y económicos.

 

 

En este marco, favorece principalmente a los países desarrollados, elevando su nivel de ingreso por los bajos costos a los que adquieren las materias primas, es por ello que se puede señalar la creación de otro tipo de deuda, una en la que las naciones del centro le deben su actual prosperidad a la periferia; es decir, la deuda ecológica. (4)

 

Conviene aclarar el concepto de deuda ecológica, por lo que se usará la definición expresada por Balanyá y Ortega (2005:20-21) -ya que es el concepto que aplica para el interés de este trabajo-, además de los alcances de la misma:

 

“La Deuda ecológica es la deuda contraída por los países industrializados con los demás países a causa del expolio histórico y presente de los recursos naturales, los impactos ambientales exportados y la libre utilización del espacio ambiental global para depositar sus residuos.”


Como se ha mencionado, existe una alta demanda internacional de bienes primarios, la cual se manifiesta como una respuesta del modelo económico capitalista para maximizar los beneficios económicos que obtienen las naciones desarrolladas, las cuales ocupan de forma intensiva dichos bienes para la producción con mayor valor agregado. Un ciclo de apropiación y producción.

 

La deuda externa latinoamericana

 

Varios países de América Latina han orientado su proceso productivo hacia la explotación intensiva de bienes primarios; sin embargo, debido a la falta de un proyecto integral que vinculara el aprovechamiento de los bienes naturales y el desarrollo industrial de la región se llegó a la situación actual de “reprimarización económica”. En este escenario los países con mayor cantidad de bienes primarios en sus territorios se encuentran en  situaciones con mayor desventaja tanto social, económica y ambiental  (Khodeli, 2009). De esta forma, la falta de capacidad industrial para realizar dicha explotación, así como la gran cantidad de capital que se requiere son una paradoja para la mayor parte de la región ya que poseen una gran cantidad bienes con una alta demanda en el mercado mundial.

 

En palabras de Touya (2013:01):

 

“12 de los 25 Estados más dependientes en minerales a nivel mundial y seis de los 25 Estados más dependientes en petróleo a nivel mundial son clasificados por el Banco Mundial como los países pobres más altamente endeudados con algunos de los peores indicadores mundiales de desarrollo.”


La raíz de la paradoja (5) en la que se desenvuelven estas economías radica en la naturaleza de los bienes primarios ya que estos se encuentran disponibles para su explotación de forma independiente al desarrollo económico o industrial de las naciones (Humphreys et al., 2007). La dinámica necesaria para el aprovechamiento de estos bienes se vincula a factores externos a la economía local, por lo que el desarrollo de la industria extractiva depende del interés económico exógeno y variable, tanto por los niveles de demanda como por las fluctuaciones de los precios.

 

 

Por otro lado, en la última década del siglo pasado Latinoamérica se vio forzada a solicitar créditos financieros a diversas instituciones internacionales para mantener una economía competitiva debido a que en los años ochenta la región sufrió una severa crisis económica -conocida como la “década perdida”-.

 

 

El intermediario para negociar las condiciones en que se otorgarían los créditos a la región fue el Fondo Monetario Internacional (FMI). (6)  Dicha institución también fue promotora del interés que los países desarrollados tienen sobre los bienes naturales que existen en Latinoamérica. En este sentido el inconveniente principal fue que los acuerdos no estaban pensados para ayudar a solventar los problemas económicos de la región en el largo plazo, ni tampoco para ayudarle a disminuir su deuda económica (Stiglitz, 2002; Russi, et al, 2003).

 

 

Las reformas impulsadas por el FMI en Latinoamérica generaron en la década de los noventa desempleos (7) y crisis económicas continuas (8) a pesar de que la mayor parte de las reformas se cumplieron a cabalidad por los países de la región los problemas económicos no fueron superados y la deuda externa aumentó notablemente (ver gráfica 1) en proporción al incremento de la exportaciones primarias.

 

 

Gráfica 1. Composición del total de las exportaciones en América Latina y el Caribe* y crecimiento de la deuda externa de la región en millones de dólares (1990-2013)

*No incluye a Cuba, y antes de 1999 tampoco incluía a Belice, Ecuador, El Salvador, Jamaica, Suriname, Trinidad y Tobago (estos países se fueron integrando gradualmente durante ese periodo, en 1997 sólo faltaban por integrarse Suriname y Belice).

Fuente: Elaboración propia con datos de CEPALSTAT.


En la gráfica 1 se observa una relación progresiva entre el comportamiento de las exportaciones de los bienes primarios de la región y la deuda externa. La cantidad de exportaciones de bienes primarios de Latinoamérica disminuyó gradualmente en 38.05 de 1990 a 1998. Esta situación se relaciona con el impulso económico que se manifestó en el sector servicios, principalmente por la privatización del sector bancario en varias partes de la región.

 

De 1998 al 2004 los bienes manufacturados dominaron las exportaciones regionales, con 58.5% y 53.4% respectivamente, lo que coincide con el comportamiento de la deuda externa –la cual en estos años se mantuvo constante. Sin embargo, en el 2005 las materias primas nuevamente cobraron importancia en la región -principalmente son impulsadas por el crecimiento de los precios del petróleo debido a los conflictos internacionales que se presentaron- y de forma paralela la deuda externa se incrementó en 88% de 2005 a 2013.

 

Particularidades  de la deuda ecológica


La metodología sobre la que se pueden establecer los niveles de deuda que presentan los países por efecto del consumo de sus bienes primarios resulta ajena a la lógica económica. Antes de realizar ciertos cálculos nos debemos preguntar ¿Qué cantidad de recursos naturales requiere una nación para cubrir las necesidades básicas de sus ciudadanos? ¿Las necesidades humanas pueden ajustarse a los recursos naturales disponibles? Generalmente estas preguntas no se realizan debido a que los recursos requeridos igual que los gustos de los seres humanos, varían en función de los objetivos de los modelos económicos.

 

Para responder a lo anterior, es necesaria una medida o un estándar que ejemplifique los impactos asociados a la presencia humana en el planeta, es por ello que surge el indicador denominado “huella ecológica” (Rees, 1996). Dicho indicador calcula la cantidad de bienes primarios requeridos para sostener a una población con cualquier número de habitantes. (9) Es decir, la cantidad de tierra y agua capaces de producir elementos necesarios para la subsistencia humana y al mismo tiempo resistir todos los desechos originados durante el proceso productivo.

 

Sin embargo, la huella ecológica no es un indicador que por sí solo pueda cubrir de forma integral el requerimiento de información para comprender el riesgo ecológico vinculado a la existencia humana y su demanda de bienes y servicios ya que indica únicamente los recursos a ocupar haciendo el cálculo en función de la cantidad de individuos que realizarán acciones productivas sin considerar si este número de personas representa una carga adecuada para el terreno donde se asientan o si sobrepasan los niveles del espacio ocupado.

 

Para saber hasta qué nivel el planeta tierra es capaz de sostener la productividad humana se requiere un segundo indicador, la capacidad de carga (biocapacidad), el cual se define como la cantidad de recursos necesarios dentro de una determinada extensión de territorio que pueda cubrir las necesidades de un número fijo de personas. Al contabilizarlo se considera la capacidad real de la tierra sobre la que se asientan las actividades productivas. (10) Asimismo, debe considerarse que existen porciones territoriales con una mayor calidad que otras, lo que implicaría una mayor capacidad de carga de un lugar a otro con similar tamaño pero de menor calidad (Informe planeta vivo, 2010).

 

En la gráfica 2 se observa la disminución constante de la biocapacidad del mundo a partir del año 1961. Este indicador se vio superado por la huella ecológica durante las décadas de los setenta y ochenta. Sin embargo, esto no responde a un incremento drástico de la población mundial durante este tiempo, sino que concuerda con un cambio en el sistema productivo mundial, el cual establece una orientación de explotación ambiental intensiva en la región de Latinoamérica.

 

Existe una evidente correlación entre la gradual disminución de la biocapacidad y el cambio de la actividad productiva y económica de la región periférica a partir de la década de los sesenta.

 

Gráfica 2. Cambios en la Huella Ecológica y en la biocapacidad global disponible por persona entre 1961 y 2007 (Índice Ha/H)

Fuente: Elaboración propia con datos de Global Footprint Network

 

Entre 1960 y el año 2007 la huella ecológica global creció en promedio en 12.5%; sin embargo, tuvo su máximo histórico en 1980 con 2.8 Ha/H y su mínimo en el año 2000 con 2.5 Ha/H. A partir del año 2000 -momento que coincide con el incremento en el precio de las materias primas- el indicador  aumentó en 8%.

 

 

Ante esta situación es preciso señalar que de acuerdo con Russi, et al. (2003), la sostenibilidad de las actividades de explotación ambiental varían desde el interés bajo el cual serán tratadas, mismo que puede transitar entre la cuestión ecológica y la productividad económica ya que mientras la biocapacidad mundial es relativamente baja (1,8 ha/personas) (11), la de varios países puede ser muy alta -debido al reducido tamaño de su población en relación con la gran superficie territorial que poseen-, y esto genera confrontaciones entre la responsabilidad que debe asumir cada nación.

 

Un acercamiento a la aplicación de la deuda ecológica


El concepto de deuda ecológica es fundamentalmente una forma de fincar responsabilidades sobre los países del centro, quienes han obtenido grandes beneficios económicos por efecto de realizar actividades extractivas en las naciones periféricas sin retribuirles adecuadamente (y en muchos casos sin retribuirles nada). Por ello, es importante puntualizar que la intención no es solamente señalar responsabilidades, también es pugnar activamente para compensar los daños. (12)

 

Sin embargo, es importante establecer que es imposible valorizar el total del daño ecológico ocasionado en Latinoamérica por efecto de las actividades extractivas ejecutadas, por lo que resulta complicado generar en las naciones del centro una conciencia de reconocimiento, ya que no existe un respaldo adecuado y eficaz para demostrar el perjuicio en términos económicos (Barcena y Lago, 2009). En este sentido la deuda ecológica permite identificar los impactos económicos-ambientales más actuales, pero aún no se tienen métodos precisos para comprobar una relación entre el extractivismo anterior y los problemas ecológicos actuales, ya que deben considerarse las características de los acuerdos comerciales vigentes y anteriores entre las naciones del centro y la periferia.

 

Debido a lo anterior, resulta relevante establecer un método general que permita considerar las implicaciones graduales del proceso degenerativo que se da a partir de la explotación ambiental ya que los agentes contaminantes y los impactos ambientales suelen ser acumulativos llegando a aumentar la negatividad de la actividad local.

 

 

Es por ello que de acuerdo a Barcena y Lago (2010:150-151), el reconocimiento del concepto de deuda ecológica depende de que se cumplan los siguientes puntos:

 

· El reconocimiento del desequilibrio en el uso de los recursos naturales y en la contaminación producida, ayudados por indicadores como la capacidad de carga, el espacio ambiental y la huella ecológica que reproducen de manera concisa y plástica la insostenibilidad de nuestro modelo de producción y consumo.
· La prevención, es decir, una serie de políticas ambientales y económicas que impidan la producción de nueva deuda, el dictado de normativas que pongan freno a la esquilmación (13) de los ecosistemas y busquen la reparación de los daños sociales y ambientales infringidos.
· La reparación, monetaria y política de la deuda adquirida, asumiendo que una gran parte del deterioro natural y social producido no tiene vuelta atrás, porque es irreversible y no puede ser reparado.
· La compensación (en la medida de lo posible) de la deuda ya creada y la abolición de la deuda externa. Lo cual supone la disposición a pagar por un uso abusivo o indebido reconocido y la disposición a aceptar tales compensaciones.

 

 

Cabe aclarar que en caso de que los países desarrollados decidieran asumir la responsabilidad que se les imputa en base a los puntos mencionados anteriormente, esto equivaldría a un importante impacto en sus economías, pues de acuerdo con Norberto Galasso (2002:7): En este momento, la deuda externa es una garantía para la continuidad de la política económica que conviene a los acreedores. (…) es requisito indispensable para el acceso a otros préstamos o inversiones externas. Por lo que la existencia de la deuda externa es necesaria en las relaciones comerciales y políticas actuales; asimismo, la condonación de la misma o si acaso la disminución de ésta al reconocer la responsabilidad de los desastres ecológicos, contraviene el interés económico dominante.

La deuda ecológica es una respuesta al problema ambiental degenerativo y constante que la actividad extractiva produce por medio de las empresas y cuya matriz generalmente se encuentra en los países desarrollados.

 

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Conclusiones

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Actualmente, las políticas económicas que se aplican en Latinoamérica tienen gran influencia en el comportamiento del mercado internacional, puesto que la región contribuye con 15% del total de la mercancía exportada de materias primas. Por otra parte, el continuo favorecimiento en el desarrollo de proyectos de explotación ambiental ha dado como resultado un incremento notable en la dependencia de estos bienes. Actualmente, en la composición de las exportaciones de la región, los bienes primarios son superiores a la cantidad de productos manufacturados localmente, lo que refleja un comportamiento muy cercano al que se tuvo durante la década de los noventa del siglo pasado.

 

 

En este sentido, es relevante señalar que dichas actividades de explotación ambiental no manifiestan los beneficios económicos en las naciones donde se desarrollan. Por una parte, se debe de considerar que los principales  ingresos por este tipo de actividades suelen ser obtenidos por empresas regionales e internacionales que emprenden proyectos de explotación ambiental en América Latina y cuyo principal interés es comerciar con estos bienes en los mercados internacionales sin previo proceso de transformación local.

 

 

Otro elemento, relevante es que las políticas económicas regionales están orientadas a la creación de condiciones para el desarrollo de estas actividades y tienden a favorecer los intereses económicos internacionales y privados antes que los requerimientos de cada país. De esta forma la región se establece como espacio territorial susceptible de ser explotado ambientalmente, sin recibir grandes beneficios económicos que compensen dicha situación, por lo que el concepto de deuda ecológica es trascendental en este escenario.
Se debe reconocer la importancia de la deuda monetaria ya que obliga a la región Latinoamericana a optar por la aplicación de políticas que no favorecen su desarrollo económico, social y ambiental, pero si facilitan la explotación y exportación de sus recursos naturales.

La relevancia de reconocer el daño causado a los países en desarrollo por una explotación ambiental desmedida y por un excesivo esquema de pago de deuda externa monetaria que se sostiene con las naciones desarrolladas es algo fundamental para alcanzar un equilibrio mundial, no sólo en términos económicos, también ambientales y sociales.

 

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Bibliografía


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Notas

 

 

* Profesora-Investigadora, Departamento de Producción Económica. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. México. Correo electrónico: gioconda15@gmail.com 

 

 

2. Al respecto Heinrich-Böll-Stiftung (2015), señalan que en 1990 el porcentaje de los bienes primarios en el total de las exportaciones de Latinoamérica era del 68%, en 2000 se redujeron al 40% y en 2010 se incrementaron nuevamente a 60%.

 

3. De acuerdo con Martínez, et al (2015), el pago de la deuda externa representó para México el 15% del total del PIB en 2011, a pesar de que en años anteriores el porcentaje fue menor, la tendencia es creciente año con año. Por otra parte, Cardoso (2014), señala que el incremento de intereses por concepto del pago de deuda externa pública y privada fue de 14% entre 2012 y 2013, generando un desbalance en la cuenta corriente.

 

4. Es en la cumbre de la Tierra ECO 92 (2002:253 y 283) que se utiliza por primera vez el término “Deuda Ecológica” proporcionándole la siguiente definición: “El Norte posee una deuda ecológica con el planeta, constituida fundamentalmente por relaciones económicas y comerciales basadas en la explotación indiscriminada de los recursos, y que debe hacerse responsable de las consecuencias ecológicas y del deterioro global del medio ambiente que resultan de dicha explotación”, caracterizándola e identificándola de la siguiente forma: “Este modelo de desarrollo impuesto garantiza la destrucción acelerada de la naturaleza y la marginación de importantes sectores de la población del Tercer Mundo.”… Sin embargo, dicha definición es corta en cuanto a su alcance debido al momento en que fue planteada. Por lo que se utilizará la presentada por Balanyá y Ortega (2005), además de las puntualizaciones sobre su puesta en práctica, realizadas por Barcena y Lago (2010).

 

5. Originalmente el término de paradoja de la abundancia localiza en el texto de Richard Auty Sustaining Development in Mineral Economies: The Resource Curse Thesis (1993), en dicho texto se refiere a esta situación económica como una paradoja de la abundancia o maldición de los recursos naturales.

 

6. Es importante considerar que para la obtención de créditos a través de esta institución los países que los solicitan se comprometen a llevar a cabo ciertas políticas planteadas por el FMI. Es así que durante la década de los noventa Latinoamérica adoptó reformas económicas para poder obtener ayuda financiera. Estas reformas impulsaron (entre otras cosas) el desarrollo del libre mercado por medio de la apertura de capitales y la liberalización de la IED en sectores reservados exclusivamente para el Estado o los ciudadanos (Ruggiero, 1999).

 

7. De acuerdo con datos de CEPALSTAT, desde 1990 hasta el año 2003 el desempleo en la región creció desde  7.5% hasta  11.2%.

 

8. De acuerdo con Sánchez (2009) la región se ha vuelto sumamente sensible a las variaciones económicas regionales debido al nuevo rol asumido de exportadores de bienes primarios y manufacturas con poco valor agregado.

 

9. Para calcularlo se utilizan las hectáreas que cada habitante requiere para subsistir en base a las actividades productivas realizadas (Han/h).

 

10. Y sigue siendo, como sucede con la Huella ecológica, las hectáreas disponibles para satisfacer las necesidades de la población (Had/h).

 

11. Esta es la cantidad total de espacio territorial que se calcula (WWF, 2006) en el planeta capaz de usarse para cubrir las necesidades básicas de alimentación y refugio de su población, entre el total de la población humana.

 

12. Durante la Cubre de la Tierra 92 en Río de Janeiro, se acuñó y caracterizó el término de deuda ecológica, también se declararon los objetivos que se seguirían a partir del uso de este concepto, los cuales son: nos comprometemos a reconocer los acreedores ecológicos (grupos étnicos, comunidades, regiones o países afectados por el agotamiento de recursos) y los deudores ecológicos (responsables del deterioro social y ecológico). También reconocemos la necesidad de aplicar medidas de ajuste ecológico (modificación necesaria en los esquemas actuales de producción y consumo) para que la devastación y contaminación se detenga lo antes posible (La cumbre de la Tierra 92, 2002:283).

 

13. En referencia al daño continuo y elevado sobre los bienes naturales de la región Latinoamericana.

 

Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. Nº 10. Marzo 2015 – Febrero 2016. Volumen II

 

 

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