Testimonios y explicaciones del “giro” de la política petrolera de Frondizi

Pablo Jaitte*

RESUMEN/ABSTRACT (Ver)

Introducción

“[…] Cuando Frondizi encaró la denominada “batalla del petróleo”, Babini se vio obligado a observarle que las diferencias de esa política con dichos y documentos anteriores eran muy crudas, y por lo tanto difíciles de tragar para correligionarios y simpatizantes, a lo que su interlocutor respondió, con mucho pragmatismo, que esas eran las “macanas de las que tendrían que olvidarse”. ” Gómez, Alejandro, Un siglo…Una vida, De la soberanía a la dependencia[1]

“Esta etapa se caracteriza por el abandono del criterio nacionalista, suplantándoselo por lo que se dio en llamar “línea realista”. “La política económica argentina –dice la revista “Qué” en su número del 30 de diciembre de 1958-, es ahora una política realista, y no basada en supersticiones y lemas de pretendida popularidad” (…) la actitud de este gobierno…ha sido muy curiosa: se toman medidas contrarias a lo que hasta las vísperas se aseguraba que debía hacerse, y en una línea que se execraba hasta minutos antes, y se proclamaba eso como un triunfo, asegurándose que se va a dominar el proceso, que se está ante un proceso cuidadosamente calculado y manejado”, Ismael Viñas

“…para que una línea económica distinta hubiese sido posible habría sido necesario que “el gran triunfo popular del 23 de febrero” hubiese sido en efecto un gran triunfo popular, y no una obra maestra cuyo mérito mayor es haber llevado al plano de la política de masas una maniobra que la Argentina oligárquica conoció de sobra: la doble maniobra extorsiva, sobre el gobierno impopular y la oposición perseguida…”, Tulio Halperín Donghi

 

Desde el punto de vista que aquí se intenta desarrollar tratar de analizar la “política económica” de un gobierno implica, justamente, no sólo pensar en cierta batería de medidas dirigidas al ámbito de la producción-circulación-consumo (el terreno de la economía) sino también buscar dar cuenta de los motivos para que, en determinado turno gubernamental (con determinado personal burocrático-administrativo), se articule cierta orientación, favorable a ciertos intereses, y no otra (esto es el campo de la política). Destacamos entonces la necesidad de articular en el análisis la estructura económico-social con la coyuntura político-gubernamental y su inter-juego. Esta puntualización nos resulta importante ya que una gran cantidad de trabajos, en nuestra opinión, sólo hacen una parte de este recorrido imprescindible, es decir, el que liga la política económica con sus resultados, mientras que no avanzan en la cuestión de qué aspectos extra-políticos, por llamarlos de algún modo, son los que conducen a los gobiernos a determinadas orientaciones en política económica. De hecho la corriente historiográfica que aún se puede caracterizar como predominante en la academia plantea explícitamente que la nueva historiografía política (a la que consideran en auge) se basa en:

 

“(…) la consideración de la política como una instancia relativamente autónoma de la vida social, pasible de análisis específicos. Más allá de las discusiones acerca de qué se incluye en esa instancia y de cómo se definen sus límites y sus interrelaciones con las otras dimensiones, lo cierto es que los nuevos trabajos funcionan con ese supuesto…”.[2]

 

Aquí en particular nos apartamos de ese enfoque que pareciera afirmar que para dar cuenta de cierto aspecto del pasado es necesario “desgajarlo” de los otros. Nos referiremos entonces al grupo de funcionarios (y, veremos aún más importante: para-funcionarios) y a la política petrolera que llevaron adelante entre 1958-62, tratando, inversamente, de reponer las relaciones entre los diferentes niveles de la vida social, y en concreto, entre la estructura económica argentina semi-industrial y dependiente, y las políticas desarrollistas.

 

La aclaración se hace aún más necesaria en este caso porque siempre han destacado de Frondizi su virtual carácter de “rehén” de los planteos militares, algo así como una “víctima” de presiones múltiples (aludidos como los factores de poder) y con escasa autonomía, o dicho de otra forma: se lo muestra como no pudiendo realizar su política “libremente”, atrapado por las opciones impuestas por otras corrientes político-militares (sobre todo hay mucha literatura que enfatiza el relevante aspecto castrense). Veremos que hay otros modos de pensar su presidencia, no tan dispendiosos hacia su responsabilidad por las decisiones tomadas en aquel proceso.[3] Frondizi sin embargo, como consignaremos más adelante, nunca se cansó de justificar sus medidas como realismo frente a poderosas circunstancias que le hacían variar sus propósitos o compromisos previos, jerarquizando presuntamente determinados objetivos prioritarios y sacrificando otros.

 

Un muy habitual tópico de polémica en la bibliografía sobre la historia del petróleo en nuestro país es el correspondiente a este período desarrollista encabezado por Arturo Frondizi y secundado por Rogelio Frigerio (segundo al menos formalmente), con los contratos con capitales imperialistas celebrados entre 1958 y 1962. Las discusiones alrededor de esta etapa siguen girando en torno al interrogante acerca de si el “modelo desarrollista” puso verdaderamente al país en una senda liberadora de las capacidades de su economía. Y si estas cuestiones se ventilan y aún tiene sentido estudiarlas es porque, de algún modo, parte de su carga contradictoria mantiene vigencia para la actualidad (al final de este trabajo aportaremos nuestro punto de vista sobre esta materia). En esta senda recordemos que el relativamente largo e impensado ciclo kirchnerista que atravesamos fue considerado a veces, a nuestro juicio en forma esencialmente pertinente, como de cuño neo – desarrollista, es decir de alguna manera emparentado con el ideario y la práctica que levantaron el líder proveniente del radicalismo y su adlátere integrista Frigerio. Y realmente veremos que es posible señalar semejanzas en el tratamiento de ciertas cuestiones claves (atravesando las naturales distancias temporales y epocales).

 

Los historiadores revisionistas suelen mencionar la ocurrencia de Homero Manzi cuando señalara que Bartolomé Mitre se había dejado un diario (La Nación) de guardaespaldas. En este caso podríamos señalar que cuando el fundador del diario Clarín, Roberto Noble, decidió unir la suerte de su diario a la del grupo liderado por Frigerio-Frondizi se obtuvo como consecuencia que ese medio pasara a practicar, a través de los años, una continua operación de embellecimiento de la presidencia de Frondizi al que reiteradamente se ha ocupado de definir como “el último estadista”, el “intelectual-político”, etc.[4] El coro de políticos e intelectuales que a lo largo del tiempo ha repetido esta presunta “verdad consabida” es grande. Pero como lo nuevo no para de nacer ocurrió que el poderosísimo monopolio Clarín, pasó a la oposición del kirchnerismo (por motivos que exceden los objetivos de este trabajo), es decir que el grupo de multimedios más poderoso, tradicionalmente perfumado de “desarrollismo”, se divorció de un gobierno que también se podría caracterizar como “desarrollista”. Sea lo que fuere que esa etiqueta ideológica aún signifique, hoy tenemos “desarrollistas” aquí y allá, tanto en el oficialismo como en cierta oposición (tal vez la principal oposición dentro del sistema) con fuerte sostén mediático.[5]

 

Debates acerca del grupo Fro-Fri

 

“Entre nosotros este sistema de gobernar con hombres de otros partidos y con asesores independientes, es designado despectivamente como “gobierno paralelo”.” Discurso de Arturo Frondizi dentro de la campaña electoral de febrero de 1962.

 

“Mi experiencia de estos cuatro años me demuestra que todos nuestros planes habrían naufragado en el océano de la rutina si no hubiera contado con el empuje y la decisión de un equipo de asesores competentes y dinámicos que me ayudaron realmente a ejecutar las medidas básicas de la recuperación nacional”, Discurso de Arturo Frondizi dentro de la campaña electoral de febrero de 1962.

 

En el análisis histórico de los fenómenos políticos, desde una perspectiva con pretensiones científicas, puede ser útil tener en cuenta varios niveles simultáneos de análisis: a- clases sociales y sus intereses objetivos, b- corrientes ideológico-políticas, c- estructuras o aparatos (tanto sean partidarios, o instituciones como organismos estatales, etc.), así como también d- grupos de afinidad identificables en el seno de dichas unidades y, finalmente, a nivel molecular, e- individualidades y referencias personales (de dirigentes, cuadros, etc.). En el caso de un país dependiente, oprimido y disputado por diversas potencias, todos estos niveles deben ser conectados con la operatoria de los diferentes grupos imperialistas y su entrelazamiento con la estructura de nuestra formación económico-social y, esencialmente, del Estado.

 

Esto también parece válido a la hora de desentrañar la trayectoria del “desarrollismo”. Este punteo de niveles a relacionar, ponderar y jerarquizar en el estudio concreto de la política lo entendemos imprescindible ya que la tendencia a unilateralizar alguno de esos aspectos de un proceso único, que siempre combina de algún modo todas esas cuerdas, puede descaminar las investigaciones más documentadas, honestas y esforzadas. Para graficar, si uno tuviera en cuenta sólo el plano ideológico, tal vez resultara difícil encontrar la solución al enigma de cómo el núcleo duro del desarrollismo argentino, otrora impulsor teórico de la “industrialización por la base” y enemigo de aquello que solían llamar “modelo agroimportador” fuera, luego de atravesar su experiencia de gobierno ´58-´62, entre otras delicias, partícipe del desindustrializador golpe de 1976 o incluso que algunos de sus integrantes más conspicuos fueran compañeros de ruta del reprimarizador ciclo menemista.[6]

 

Suele señalarse como fecha de nacimiento o despegue del “desarrollismo” vernáculo el momento en que Frondizi y Frigerio se habrían conocido, en enero de 1956, en la casa de Delia Machinandiarena de Jaramillo.[7] Esto es bastante arbitrario ya que toma lo anecdótico como “factor” decisivo en el proceso histórico. La verdad es que la génesis del “desarrollismo” fue un producto más complejo y su constitución no dependió demasiado de aquel encuentro (no tan) fortuito. De un lado como formulaciones teóricas desarrollistas (o mejor expresado con ciertas aspiraciones teoréticas no tan sistematizadas) ese conjunto ya estaba en avanzado proceso de elaboración (dentro y fuera del país). Del otro, como sociedad política, en realidad se podría ver cómo múltiples lazos entre los grupos en los que participaban ambos personajes venían de tiempo atrás. Frigerio, con experiencia como “empresario”, era una de los impulsores de un “grupo de estudio” cuyos integrantes provenían fundamentalmente de la militancia universitaria ligada al PC (Narciso Machinandiarena, Eduardo Aragón, Carlos Hojvat, Jacobo Gringauz, Ernesto y Arturo Sábato, etc.) que estaba en funcionamiento desde los años ´40, y fue delineando su perfil programático.[8]

 

Por su parte Frondizi venía relacionado a similar entorno por haber sido partícipe del movimiento de solidaridad con los republicanos españoles, por su destacado rol como defensor de presos políticos, como los radicales del ´33, (e incluso por desarrollar esa labor dentro de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, LADH, con fuerte presencia del PCA), amén de sus posiciones declaradamente “antiimperialistas” (en especial en el tema petrolero), lo que lo convertía en importante referente de la corriente de izquierda del radicalismo que cobraría más forma desde la reunión en Avellaneda en abril de 1945.[9] En todo caso la mencionada reunión de comienzos del ´56 sirvió sí para terminar de ensamblar un tándem y un proyecto político que tendría posibilidad de plasmarse: por un lado Frondizi buscaría alzarse con la candidatura a presidente dentro de una UCR de interna caldeada (objetivo que al concretarse, con una maniobra un tanto forzada, llevó a la necesaria ruptura –UCRI / UCRP- de esa formación partidaria)[10]; mientras tanto Frigerio desde la revista “Qué” consolidaría un grupo que tendría gran participación en el futuro gobierno, a la vez que ejercía su función proselitista desde posiciones llamadas “nacionales” o de tintes antiimperialistas (justamente contaba con columnistas fundamentales para cubrir esa función, entre ellos Raúl Scalabrini Ortíz y Arturo Jauretche), con numerosos guiños hacia el peronismo.

 

Se plantea también una polémica historiográfica en relación al denominado “cripto-comunismo” de Frondizi. Primero creemos necesario descartar, aunque haya quienes les resulte una obviedad, un equívoco habitual (que a veces incluso reaparece en la bibliografía de hoy), se trata del uso indistinto de “pro comunista” o “pro soviético” como equivalentes. En este caso (casi como marca de época) queda bastante claro que ambas categorías de ningún modo se implicaban recíprocamente: los alineados (abierta o sigilosamente) con los intereses de la URSS no tenían porqué adherir (con mayor o menor sinceridad o fervor) a la corriente ideológica del marxismo-leninismo[11] (de hecho Frondizi se encargó en numerosas oportunidades de resaltar, con palabras y obras, que distaba mucho de ser “comunista”, aunque también, cuando fue oportuno, supo coquetear coyunturalmente con las ideas reflejadas en El Imperialismo, fase superior…de Lenin).

 

Tampoco, por contraste, los simpatizantes del socialismo científico, en aquellos fines de la década de 1950, se identificaban necesariamente con la superpotencia del este ya inmersa en un proceso de restauración capitalista por vías originales (ni tampoco obligadamente entonces con el PC vernáculo, orientado desde Moscú). En tanto que historiadores, seguir reproduciendo actualmente el solapamiento que por la época se daba entre ambas categorías (conscientemente o no) conduce a errores en general gruesos; el meollo de la discusión en este caso pasaba por si Frondizi-Frigerio era un binomio con intenciones de hacer marchar a la Argentina discretamente a un re-alineamiento internacional más congruente con el despliegue de los intereses de la URSS a nivel global (quizás esto se jugaba a través de la línea que declamaba un “occidentalismo multilateral y abierto”). Todo esto a pesar del natural y arraigado peso de los intereses “hemisféricos” en nuestro país.[12] Discreción precisa justamente por el tradicional peso “occidentalista” y más estrechamente anglo-norteamericano, de manera algo similar al tacto que debieron tener décadas antes los simpatizantes locales de Alemania nazi.[13]

 

Saliendo de esta disquisición, pero manteniéndola in mente, podemos abordar algunos testimonios (comenzando con los de los protagonistas centrales) que despliegan ideas y referencias sobre estos nudos en el debate sobre las inclinaciones del equipo gubernativo 1958-62 entre política exterior y política petrolera.

 

Testimonios de protagonistas centrales

 

Primero debemos recordar lo que Frondizi había afirmado, de una manera que no admite dudas en relación a su significado, en 1954 en Petróleo y política:

 

“Necesitamos una fuerte industria nacional independiente, es decir, que no sea un apéndice de los centros imperiales. Su desarrollo tiene que fundarse especialmente en el ahorro, en el trabajo, en la voluntad y en la inteligencia del pueblo argentino. Como necesitamos una industria que utilice las formas técnicas más adelantadas será indispensable importar máquinas modernas para lo cual, las divisas que resulten del comercio exterior deberán ser usadas fundamentalmente para importar bienes de producción. A fin de ir liberando al país de la dependencia en materia de máquinas, deberá asegurarse la creación y el funcionamiento de una industria pesada –que será clave de nuestro desarrollo económico- en base al esfuerzo del pueblo y del Estado argentino o sea, sin ser entregada a las influencias imperialistas. Todo plan de industrialización está necesariamente ligado a un gran consumo de energía. Debemos pues, alcanzar autonomía energética, para lo cual se aprovecharán las fuentes hidroeléctricas, se impulsará la búsqueda de carbón, y se entregará en forma exclusiva a YPF el abastecimiento de petróleo”.[14]

 

Años más tarde, intentando explicar o justificar su “giro” en materia petrolera durante la experiencia gubernamental 1958-1962, Arturo Frondizi arrancaba, en diálogo con Félix Luna, con estas palabras: “Yo siempre sostuve la necesidad del autoabastecimiento por la vía del monopolio estatal. Es decir, un fin: el autoabastecimiento, y un medio: el monopolio estatal”.[15] Pero acto seguido matizaba y comenzaba a “flexibilizar” discursivamente aquel medio recién aludido:

 

“Alguien me recordaba, hace poco, una reunión que había mantenido conmigo en 1954, en que se discutió la cuestión petróleo. Yo sostuve entonces mi tesis, pero planteada la hipótesis de la falta de recursos, admití que podría recurrirse directamente a la actividad privada para complementar la de YPF”.[16]

 

Es interesante la referencia temporal, porque 1954 fue justamente el año en el que Frondizi se convirtió en jefe de la UCR a la vez que publicó la citada Petróleo y política que lo consagró como adalid del nacionalismo petrolero. Opus firmado por el futuro presidenciable pero de la que en realidad está cuestionada su verdadera autoría.[17]

 

Para intentar explicar la trama sobre la que se asentó la “versatilidad” política de Frondizi juega un rol necesario el conocimiento de la lucha interna en el radicalismo (tanto en un plazo más largo como esencialmente en la coyuntura post-“libertadora”). Es entonces imprescindible recordar que la vieja dirección “unionista” de la UCR (llamada así porque había impulsado la Unión Democrática) había sufrido un gran desgaste tanto por los reveses políticos y electorales, como por haber participado en negociados y corrupciones de gran calibre.[18] El grupo de Sabattini tampoco pudo estabilizarse como recambio de aquella dirección. Y entonces se fue constituyendo un nuevo grupo interno (Movimiento de Intransigencia y Renovación, MIR), que perfilaría a Frondizi como uno de sus referentes (el otro era Moisés Lebensohn, prematuramente desaparecido), corriente que sostenía posiciones “a gauche” con tintes entre nacionalistas y antiimperialistas así como antiterratenientes, con un programa muy avanzado que se expresó en la renombrada “Declaración de Avellaneda” de 1945.

 

Con respecto a todo ese proceso y específicamente a su nuevo “punto de vista”, en 1963, Frondizi se sinceraba ante su correligionario Luna:

 

“Producida la caída de Perón en 1955, es decir abierta la posibilidad de que llegáramos al gobierno, el examen de los distintos problemas concretos puso en evidencia que la Declaración de Avellaneda no podía ya servir de base a un plan de transformación del país”.[19]

 

Frondizi planteaba entonces que esa declaración, nacida como instrumento en la lucha interna del radicalismo (como decíamos, del Movimiento de Intransigencia y Renovación contra el “unionismo”) se había convertido en documento oficial con su acceso a la dirección de la UCR. Sin embargo sobre esa declaración, a pesar de haber sido uno de sus elaboradores, se sinceraba: “(…) nunca me conformó totalmente”.[20] En especial porque a su juicio, por lo menos el del Frondizi-presidente y a posteriori, la Declaración de Avellaneda confundía medios y fines así como lo estructural-económico con lo jurídico.

 

En términos más llanos interpretamos que A.F. está diciendo: el “nacionalismo” (o cierto módico antiimperialismo) podía ser un buen principio en la oposición a Perón pero dejaba de ser atractivo a la hora de ejercer el gobierno (que de paso ahora sí se podía alcanzar por la proscripción que impedía expresarse a la anterior mayoría electoral).[21] Incluso durante la campaña proselitista del ´58 las posiciones “nacionales y populares” tenían un sentido y un rol que cumplir: el de atraer a la masa obrera y procurar resolver el “problema peronista” de un modo distinto al más brutal que había intentado Aramburu. Porque en ese sentido Frondizi intentaba argumentar (sin excesiva vehemencia) que el archiconocido “pacto” con Perón había sido en realidad una coincidencia relativamente espontánea entre “el pueblo intransigente y el pueblo peronista”.[22]

 

Desarrollaba entonces, en aquel diálogo con su compañero de ruta Luna[23], la tesis de que su “giro” habría devenido como resultado del choque del “criterio doctrinario con la realidad”.[24] Añadía además que él siguió sosteniendo principios correctos de fondo como la industrialización, la siderurgia, la hidroelectricidad. Es decir que su presunta guía habría consistido en el desarrollo de las fuerzas productivas en un sentido moderno/modernizante. Y no aquel otro principio de la “liberación nacional”, entendido aun en el estrecho formato de reducir lo máximo posible el rol del capital extranjero y, por el contrario, aumentar el giro del capital local tanto el privado como el estatal nacional. Sin embargo, como veremos, el historiador honesto debe dar cuenta de la torsión del discurso (y de la práctica) del desarrollismo desde el “nacionalismo de medios” al “nacionalismo de fines” de un modo más profundo, develando lo que los protagonistas pudorosamente escondieron.

 

En el caso del petróleo Frondizi afirmaba que:

 

“(…) una posición doctrinariamente antiimperialista como es el monopolio estatal en materia de petróleo, nos iba a conducir a una detención del proceso industrial, que es lo que interesa a los sectores imperialistas más retrógrados del mundo”.[25]

 

Amparaba esta idea en la tesis de que YPF y el Estado no estaban, a su juicio, en condiciones “técnicas ni financieras” de lograr el auto-abasto, lo que hubiera obligado a seguir importando combustibles a la vez que restando divisas a otras importaciones imprescindibles para la industria (que así aletargaría su ritmo).

 

Frondizi contraponía entonces dos cuestiones (ideas que en nuestra historia lamentablemente siempre fueron más bien abstractas y retóricas antes que materiales): ellas son “auto-abastecimiento” y “monopolio estatal”, tan llevadas y traídas en la cuestión petrolera. Explicaba que:

 

“(…) YPF no estaba en condiciones técnicas ni el país en condiciones financieras para llegar al autoabastecimiento a través de esa empresa…nos iba a obligar a contener el ritmo de desarrollo industrial al no poder importar todo lo necesario por falta de divisas”.[26]

 

Se nos ocurre que en estas afirmaciones hay varios puntos a cuestionar. En primer lugar, obviamente, continúa siendo un debate, ahora principalmente entre historiadores, si la empresa estatal argentina estaba o no en condiciones de conseguir avances sustanciales en la producción hidrocarburífera (al punto de la autosuficiencia o no). A lo que se añade el detalle de si realmente se logró “ahorrar” divisas ya que las empresas debieron importar equipos para operar o liquidar ganancias a los inversionistas externos, etc. En segundo lugar, caprichosa y capciosamente, Frondizi expresaba la idea de que el “antiimperialismo doctrinario” coincidiría exactamente con el “monopolio estatal” y éste con llevar hasta el fin la lógica del “autoabastecimiento”. Incluso concluía, más o menos solapadamente, que dentro del frente imperialista habrían los “más retrógrados” (que en este punto petrolero serían los que pretenden que sigamos dependiendo de importaciones) y entonces, tácitamente, habrían los “menos retrógrados” que serían los interesados en el desarrollo petrolero local (del que incluso participarían, como lo comprobó en su práctica presidencial el propio Frondizi, entusiásticamente). Pero los historiadores de la cuestión petrolera en el plano mundial certifican que la política de los monopolios imperialistas (como por ejemplo las denominadas “siete hermanas”) se hacía, durante el transcurso del siglo XX, cada vez más agresiva fuera de sus países en la búsqueda de desarrollo de fuentes alternativas de hidrocarburos y, antes que nada, de ganancias. Por lo tanto es falso que tan tarde como en los años 50 y 60 los trusts petroleros prefirieran estructuralmente una forma a otra.[27] E incluso más: la rápida expansión de las empresas mal llamadas multinacionales por el tercer mundo y especialmente en América Latina requería fuentes crecientes de hidrocarburos y energía barata para su operatoria. En ese sentido es poco menos que asombroso que los historiadores hayan relacionado tan escasamente la retórica “batalla del petróleo” de Frondizi con la fuerte penetración de las terminales auto-motrices que al mismo tiempo él propiciaba. Entonces ¿Qué significado cobra la cuestión del “autoabastecimiento” con estos elementos a la vista? ¿Auto-abastecimiento para quienes?

 

De paso señalemos que si el punto liberador en el terreno petrolero fuera la no dependencia de importaciones de combustibles entonces los países con escasas reservas o con reservas declinantes serían, por ello, automáticamente dependientes por “naturaleza”. Sin embargo, como es obvio pero necesario puntualizar, grandes potencias imperialistas no se autoabastecen de combustibles en su propio territorio sino que lo hacen a través de sus relaciones económicas y políticas con otras naciones. Al mismo tiempo países que no sólo se autoabastecen sino que son grandes exportadores de crudo no por eso son menos dependientes en términos generales. Incluso la escasa necesidad de energía es síntoma de raquitismo económico, atraso y dependencia, aspectos que pueden llevarse muy bien con el autoabastecimiento. Mientras que crecientes déficits de energía se conjugan con fuerte desarrollo de las fuerzas productivas (sea cual sea el signo de quienes lo propician). Es que esto del “auto-abastecimiento” planteado como objetivo “liberador” es muy resbaladizo, tanto ayer como hoy. La trampa es que la dependencia o independencia de una nación no depende de una relación entre los “hombres” con los “hidrocarburos”, sino en todo caso de la relación de unas sociedades nacionales con otras.

 

Por otro lado, en cuanto al punto “monopolio estatal”. En primer lugar, como nuestra experiencia histórica indica, no alcanza con este aspecto jurídico o formal para tener como resultado “independencia económica”. ¿De qué Estado estaríamos hablando? ¿Conducido por qué clases y sectores? ¿En función de qué proyecto productivo? ¿Proveedor de energía para quienes? ¿Definidos los objetivos y los medios energéticos por quiénes? ¿Evaluados los costos sociales y/o ambientales/ecológicos de qué forma? Si Frondizi hubiera sido tan sólo por un instante consecuente con su propio razonamiento, debería haber señalado que el “monopolio estatal” y/o “nacional” en términos jurídicos no implicaba (ni implica actualmente) de ninguna manera su vigencia material, concreta. YPF tiene en su historia tanto de recuperable y aleccionador como demostración de lo capaces que han sido los obreros y cuadros técnicos argentinos para proveer a nuestro propio desarrollo la energía vital como de desechable en referencia al vaciamiento y negociados a favor de los intereses oligárquicos e imperialistas que se ejecutaron desde adentro de la empresa “nacional” (demostrativo del carácter general acerca de qué intereses cobija en su seno el Estado argentino).

 

Sin embargo Frondizi pretende que su política petrolera no dejó de ser nacionalista:

 

“¿Qué hicimos nosotros al llegar al poder? Por una ley nacionalizamos todas las fuentes de petróleo, siguiendo en esto la doctrina histórica del radicalismo; resolvimos que toda la política de petróleo debía ser manejada por YPF; le dimos apoyo decidido a esta repartición y planteamos la necesidad de una reorganización a fondo de la misma para que pudiera producir la mayor cantidad de petróleo al más bajo costo posible”.[28]

 

Según Frondizi en su diálogo con Félix Luna de 1962 (publicado a inicios de 1963) que venimos reseñando, luego de anunciada (oficialmente) la política petrolera en julio de 1958 esta “(….) provocó muy pocas reacciones en contra dentro de la UCRI”. A lo que agregaba: “Yo llegué a suponer que las duras medidas de gobierno que estaba tomando provocarían disconformidad en algunos sectores importantes de mi partido. Sin embargo, no fue así…”.[29] Es increíble que Frondizi sea capaz de desconocer (o negar toda vinculación con) la crisis que representó la renuncia del vicepresidente ucrista Gómez a los pocos meses de comenzado el gobierno, Pero este detalle del comportamiento de la UCRI ante la torsión del programa partidario rememorado por A. F. también cambió con el paso del tiempo ya que en la versión del “Frondizi por él mismo”, (publicado en 1968 por Rodolfo Pandolfi también en base a entrevistas) se dice: “En la UCRI, el partido oficialista, crece todos los días la irritación por el abandono del programa electoral…”.[30]

 

Rogelio Frigerio también ha dejado por escrito sus ideas acerca del proceso petrolero que lo tuvo como un protagonista muy destacado del ciclo 58-62. En el largo reportaje publicado con el concurso de Fanor Díaz utiliza como recurso auto-legitimante una carta que le habría escrito Raúl Scalabrini Ortíz (columnista en Qué) diciéndole que: “Lo que usted va a hacer (se sobreentendería, en materia petrolera) es lo que el país necesita que se haga, pero lo van a comer los lobos” y expresándole que el aislamiento político sería su consecuencia.[31] Y también muestra a Jauretche buscando un proyecto político de peronismo sin Perón, a la vez que critica a ambos colaboradores de Qué, por populistas, en el sentido de que no estaban dispuestos a llevar adelante medidas que las masas no aprobaran entusiastamente (a diferencia de ellos, Fro-Fri, que sí se animaron).

 

También según Frigerio el programa desarrollista, incluyendo la política petrolera y hacia el capital extranjero, ya había sido planteado claramente en la campaña, por lo que descarta que haya habido una traición o “voltereta”. Dice: “De modo que hay que encontrar algo en esos veinte discursos electorales  que esté en contradicción con lo que hicimos en el gobierno”.[32] En relación al acuerdo con Perón enuncia que tuvieron coincidencias profundas aún en el tema petrolero y sugiere como prueba de ello el texto que el exiliado firmaría: La fuerza es el derecho de las bestias.

 

Testimonios de personajes secundarios y testigos:


Isidoro Gilbert (hombre que estuvo abiertamente ligado a los intereses de la URSS en nuestro país) plantea que en Moscú “se vio con muchas simpatías” el triunfo de la dupla Frondizi-Gómez en febrero de 1958, aquel Estado envió una delegación de primer nivel al acto de asunción, asistieron el vice del Presidium del Soviet supremo M. Tarasov y el vice canciller V. Kuznetsov (algunos historiadores parecen recordar sólo que asistió el vice de la otra superpotencia: Richard Nixon).[33] Gilbert afirma que apenas confirmada la victoria, Frondizi y Frigerio dispusieron el envío de un hombre que también provenía del Partido Comunista (PC) y que era su estrecho colaborador, Isidro Odena, para que viajara a negociar con los soviéticos (de hecho se entrevistó con el entonces jefe máximo, Nikita Jruschov). Gilbert, como cronista y además como actor contemporáneo de lo narrado, muestra una amplia gama de relaciones entre el gobierno de la UCRI y los intereses soviéticos (o de sus personeros) en el país. Así se contextualizaría mejor el entusiasmo del PC con el ascenso de Frondizi (tituló en su periódico: “El pueblo entra a la casa rosada”), así también los numerosos ex – militantes del comunismo local que integraron los equipos gubernamentales, así incluso los afiliados “tapados” del PCA que entraron en funciones estatales en aquel período.[34] Sin embargo el periodista Gilbert concluye que las concesiones de Frondizi ante las crecientes presiones que recibía el gobierno llevaron al deterioro de esas relaciones argentino – soviéticas, así como de forma general, al desgaste y aislamiento del gobierno hasta el golpe final.[35]

 

Otro protagonista de la época que ha dejado testimonio, el entonces joven Otto Vargas, cuadro del PCA que desempeñaba tareas internacionales ligado al aparato internacional del PCUS y a los PPCC orientados por él, plantea que el ciclo frondicista habría tenido importante influencia de la URSS a través de algunos hombres que él destaca:

 

“(…) Juan José Real, que había sido secretario de Organización del PC y uno de los cuadros más destacados de los que participaron en la Guerra Civil Española…pese a haber sido expulsado del PC continuaba vinculado a la URSS, era un funcionario con oficinas en la Casa Rosada junto al despacho de Frondizi”.[36]

 

También incluye en esa enumeración a Ramón Prieto, Mario Valotta, Simón Makler, etc. Explica que si bien, en la dirección de la FJC, que Vargas integraba, se decodificó la actuación en 1958-62 del PCA como signada por errores de seguidismo a la burguesía nacional (así caracterizaban los intereses de clase expresados por Frondizi), mientras que bastante posteriormente pasarían a interpretar aquel equipo gobernante como uno manejado por sectores afines a la súper-potencia social-imperialista. En ese sentido enuncia que aunque el PC pasó formalmente a la oposición del gobierno de Frondizi (incluso con algunos gestos amigables hacia el peronismo que preanunciaban el giro posterior) sin embargo en momentos claves (por ejemplo en la huelga ferroviaria de 1961 o luego de conocido el resultado de las elecciones de marzo de 1962) la línea efectivamente concretada de la dirección de aquel partido (diferente de la declamada) fue “(…) preservar el gobierno de Frondizi”.[37] Veremos que este testimonio es compatible con el punto de vista, que referiremos, del efímero vice, Alejandro Gómez.

 

Pero sigamos con protagonistas que dejaron testimonio: Gustavo Caraballo que, siendo muy joven, fue Director General de Asuntos Jurídicos de la Presidencia (´58-´62) entre otras tareas que cumplió durante aquel gobierno, ha ensayado asimismo unas memorias.[38] Dice Caraballo:

 

“Yo tenía atracción por la figura de Frondizi porque representaba un radicalismo más moderno, con acento en el desarrollo, antiimperialista y ajeno a los matices gorilas del radicalismo de Balbín y el unionismo que yo detestaba”.[39]

 

Caraballo recuenta algunas de las personas del grupo que rodeaba a Frondizi en su carrera presidencial. Por una parte un grupo que venía con él desde el radicalismo: Roberto Nasute, Nicolás Babini, Mariano Wainfeld, David Blejer, Juan Ovidio Zavala, etc.; por otro Caraballo explica que Frondizi pensaba que sus apoyos radicales no eran suficientes como para llegar al rivadaviano sillón de la calle Balcarce, entonces el otro grupo, operado por Frigerio, el “Movimiento por Frondizi Presidente”, por fuera de la UCRI, con “gente de variada orientación que no se hubiera sentido cómoda dentro del radicalismo” como el ya destacado Isidro Odena, Dardo Cúneo, Noé Jitrik, Moisés Ikonicoff, el citado Narciso Machinandiarena, Marcos Merchensky, Samuel Schmukler, Aldo Ferrer, Félix Luna[40], Moises Constantinosky (más conocido por su seudónimo, Emilio Perina: uno de los negociadores en el tema petrolero), etc. Siempre según Caraballo los funcionarios más cercanos al Presidente no eran precisamente los ministros (“…estos no eran generalmente de su “palo” pues muchos habían sido nombrados para descomprimir presiones militares”[41]) sino hombres como el Rubio Zavala, Frigerio, David Blejer, Mariano Wainfeld y Alfredo Vítolo (ministro de Interior clave que, algo llamativamente, venía del otro radicalismo). Caraballo señala algunas de las contradicciones que existieron entre ambos subgrupos, sin profundizar demasiado en ellas (como por ejemplo la que llevaría a la renuncia, en febrero de 1959, del primer Secretario Técnico de la presidencia, Nicolás Babini[42], por choques con Frigerio). Caraballo plantea que él trabajaba bajo dependencia del Coronel Juan Enrique Guglialmelli (Secretario de Enlace y Coordinación: “una suerte de Secretario General de la Presidencia”) que a su vez orientaba a un grupo de militares afines a ese proceso entre los que se nombra al Cnel. Fernández Cendoya, al Mayor Garasino, al Capitan Ezcurra y al Mayor Cornicelli (luego también menciona al capitán naval Recaredo Vázquez, que fue puesto al frente de la policía). Por otra parte es interesante también consultar este testimonio de Caraballo ya que explica descarnadamente las ideas que, bajo el desarrollista Frondizi, guiaron procesos de privatización como el del sistema de transporte de la capital (“Nunca más el Estado volvió a tener un colectivo, no tenía sentido”[43]), de DINIE, del hipódromo, etc.[44] Asimismo Caraballo cuenta que Frondizi le asigna una función “fuera de libreto”: el seguimiento de los planteos militares. Así explica que monta una “red de informantes paralelos” porque, entre otras cosas, al General Juan Lagalaye, quien sería auditor del ejército y jefe formal del espionaje estatal, los opositores a Frondizi le hacían llegar “información cambiada”.[45]

 

Repasando varios de los “planteos” militares vemos cómo el debate historiográfico acerca de las “simpatías exteriores” de Frondizi en aquella “guerra fría” es, en realidad como muchos nudos polémicos de la ciencia histórica, uno nacido ya en forma contemporánea al proceso.[46] Y obviamente ya por la época había quienes comprendían la “chicana” implícita en la acusación de “comunista” cuando en realidad de lo que se trataba era de afirmar que las simpatías profundas de Frondizi eran hacia la súper-potencia rival de EEUU (y no de ningún supuesto marxismo-leninismo ni de un proyectado socialismo a la argentina). Volviendo a las internas del gobierno, Caraballo aprecia que Álvaro Alsogaray habría arribado al gobierno apoyándose (deja entender exclusivamente) en la situación castrense (“los militares eran profundamente liberales”[47]) y especialmente en su hermano Julio, en tanto que Simón Mackler y el mismo Caraballo habrían desempeñado un papel relevante en impulsar la decisión de Frondizi de pedirle la renuncia. Este operador tras bambalinas explica que Frondizi falló en su armado político, ya que cuando el presidente “(…) se inclina a los militares” y admite no sólo a Alsogaray sino a conservadores como Diógenes Taboada, Adolfo Mujica (progenitor del luego famoso Padre Mujica), Miguel Ángel Cárcano, etc., entonces pierde a los “sectores más progresistas del radicalismo intransigente, como a Babini, Ricardo Rojo…Valotta y otros…”.[48] En el final Caraballo pondera como error el haber aceptado anular las elecciones del ´62 así como la pérdida de la “última carta” que, afirma, no era otra que Aramburu. El final que cuenta es impiadoso con “el estadista”: “[…] Frondizi había ofrecido casi todo para mantener el rol constitucional aunque de hecho un primer ministro ejerciera la dirección ejecutiva del Gobierno”.[49] Pero no alcanzó.

 

Albino Gómez[50], quien desempeñó tareas diplomáticas y políticas durante el ciclo Frondizi, (en primer instancia con el canciller Florit, y luego adscripto a la Secretaría General de la Presidencia) y que se ligó profundamente al grupo frigerista, ha publicado algo así como su “diario” que desde el vamos despeja dudas (“Frondizi, El último estadista”) y que ha sido prologado por Rosendo Fraga, quién plantea allí que la “oportunidad excepcional” que según él habría representado el frondo-frigerismo se vio frustrada por “[…] la incomprensión de los contemporáneos, más los errores de algunos protagonistas”.[51] Para Albino Gómez, desde el principio de su gestión, Frondizi debió hacer frente a “dos focos perturbadores”: por un lado los militares antiperonistas, por el otro Perón “[…] quien, atento y expectante, tomaría examen al gobierno”.[52] En ese sentido, para eludir el acoso de militares y servicios, Frondizi habría debido armar un “gobierno paralelo” integrado por gente de su mayor confianza (“la usina”). Se trataba obviamente del equipo de Frigerio que, acota Gómez, tuvo que actuar más como un grupo de conspiradores que como funcionarios.[53] Y explica que, por lo menos, esto tenía la ventaja de que “[…] no se hallaban sometidos a las trabas de la burocracia estatal”.[54] Mantengamos esto fresco en la memoria porque tiene su miga para cuando corresponda referirnos a cómo se tejieron los acuerdos petroleros. Para Albino Gómez, Frigerio fue “[…] la persona más influyente…y proveedor, con su equipo, de todas las estrategias políticas de orden nacional e internacional de su gobierno”.[55] Clave en la negociación con Perón que daría los votos necesarios, así como también nombra a Ramón Prieto “integrante conspicuo del equipo de Frigerio” y “pieza fundamental” en el pacto. Esto evidentemente es cierto pero resulta discutible la interpretación (retomada por el autor del mismo testimonio de Prieto) de que: “[…] el tan famoso y discutido Pacto…no fue más que el reconocimiento de Frondizi y de Perón de la objetividad de las coincidencias esenciales de los movimientos que dirigían” (subrayado propio).[56] A nuestro juicio ni cuantitativamente, ni por su composición, ni por su programática, (ni desde luego por su práctica), estos fenómenos políticos (peronismo y frondo-frigerismo) son equiparables.

 

Albino Gómez como otros desarrollistas parece olvidar que Perón fue, en esa coyuntura, receptivo a sus propuestas, también y fundamentalmente, por la situación de debilidad en que se encontraba. En este sentido se nos ocurre que así como es un tópico válido el análisis del “peronismo sin Perón” (aplicable sino en todo al menos en parte al propio proyecto del desarrollismo, en tanto que intento de montarse sobre su base social) sería interesante pensar en las opciones que fue tomando Perón sin el peronismo (o por lo menos muy distante del movimiento que había prohijado). La negociación con Perón siguió luego del triunfo electoral: Frigerio advirtió al líder exiliado que había peligro de desestabilización (e incluso de anulación de las elecciones), junto con la idea de que “Frondizi tendría el gobierno pero no el poder”. Perón habría orientado entonces al peronismo en el sentido de que “(…) no tenía que reclamar ningún botín de la victoria”.[57] Albino Gómez interpreta esto como la conciencia de Perón de la necesidad de “reconstruir el frente nacional y popular”. Nosotros, en cambio, apreciamos que en realidad elegía un “mal menor”, dejar las manos relativamente libres al núcleo desarrollista, debido a la situación de vulnerabilidad que transcurría en el exilio (y el peligro de la reinstalación de los antiperonistas más desembozados).

 

Así también se explica que Frondizi nombrara entonces a una serie de funcionarios “libertadores”, que uno pensaría en principio incompatibles con el acuerdo tejido con Perón, pero no tanto en el caso de los que venían de la breve experiencia de Lonardi: Luis María Pablo Pardo, consejero legal-político de Cancillería (ex ministro de Interior de Lonardi), Mario Amadeo, embajador ante la ONU (había sido canciller de la “Libertadora”), Teodoro Hartung, embajador ante Reino Unido (fue Ministro de Marina de Lonardi), Carlos Muñiz, embajador en Brasil (ex subsecretario de Interior en el ´55), Carlos Coll Benegas, ministro de Economía (asesor de Prebisch); aunque también hubo algunos del ciclo de Aramburu: entre ellos destaca Álvaro Alsogaray, que había sido ministro de Industria de aquella dictadura, etc.[58]

 

Para Albino Gómez el carácter “paralelo” del gobierno real se agudizó cuando Frigerio debió renunciar a su Secretaría a los pocos meses del comienzo del mandato (recordemos que Frondizi se lo lleva con “cama adentro” a Olivos).[59] Para él ese también fue el momento en que se “abrió una herida grave en la alianza con el sindicalismo peronista” en referencia al papel clave de Frigerio en la negociación (“integración”) con ese actor político.[60] Veamos entonces, de paso, que este testimoniante dice sindicalismo, no habla de la base obrera sobre la que ese aparato sindical se erigía. Pero lo evidente es obliterado: la política privatista, de acuerdos con el FMI, de lo que llamaron plan de “austeridad” (ajuste), más la represión, más la concreción sólo muy parcial del levantamiento de la proscripción del peronismo; todo eso fue lo que abrió un abismo no meramente con cúpulas sindicales sino con la clase proletaria mayoritariamente peronista.

 

De allí que análisis tan sesgadamente pro-desarrollistas como el de Albino Gómez recurran a la tesis del complot anti Frondizi cuasi-universal que, según él, iba desde el generalato hasta los sindicalistas, pasando por la Iglesia, etc. La crisis de junio de 1959, a su juicio, demostraría la soledad del gobierno que, ante rumores de golpe, pasa a reorganizar el gabinete “[…] nombrando en puestos claves a figuras de reconocida simpatía en los círculos militares”.[61] Allí (re)aparece Alsogaray que, Gómez no puede dejar de señalar, era un asiduo visitante de la casa de Frigerio.[62] Explica que ambos concordaban casi 100% y que Frigerio insistía ante Frondizi para incorporarlo al gabinete.

 

Como vimos, Albino Gómez, llama al grupo de Frigerio, al que considera el verdadero motor del gobierno de Frondizi, la “usina”. Y describe a quienes participaron directamente en ella o a quienes eran sus amigos. Entre los primeros destaca a Arnaldo Musich (dice que fue él quien recomendó a Roberto Alemann para Economía), luego sería importante ejecutivo de Techint y presidente de FIEL, a Marcos Merchensky (“excelente periodista”), a Dardo Cúneo, a Isidro Odena (“del riñón de la Usina”), Oscar Camilión (luego dice sería el más “brillante editorialista” de Clarín), José María Rivera (“columnista de Clarín muy vinculado a la Usina” que también provenía de Qué), etc. Entre las amistades nombra a José Gelbard, (“extraordinario operador político y económico” que acompañaba al presidente en sus giras al exterior), líder de la CGE, dicho sea de paso institución rehabilitada por Frondizi, el mismo Gelbard, con quien luego trabajaría el propio Albino Gómez (así como Archibaldo Lanús y no casualmente también otros como Gustavo Caraballo).[63] Son nombrados otros personajes que también tenían cierto grado de parentesco político con “la Usina”: Horacio Rodríguez Larreta (padre), Alberto Salem, Alejandro Orfila, Jacobo Timerman, etc. Esa usina se habría erizado de debates internos cuando Frondizi decidió romper relaciones con Cuba (en un gesto más de su consecuente inconsecuencia).[64] Gómez plantea que Florit, Camilión y Musich no estaban, por lo menos en principio, dispuestos a acompañar esa determinación. Según el relato de Gómez, Frigerio, el jefe del grupo, se indignó ante la rebeldía y le dijo a Florit que “debía haber disciplina y que en caso de que no fuera así, él prefería trabajar solo”.[65]

 

El vicepresidente Alejandro Gómez, también ha testimoniado. En Política de entrega (1963) planteaba que: “Por debajo de las apariencias, Frondizi conducía en secreto otra política, la que después se vio en los pactos petroleros y en sus relaciones con el FMI (…) Así terminó el anti-imperialismo de Arturo Frondizi”. También narra el “secretismo” y los “dobles juegos” que rodearon las negociaciones petroleras:

 

“De inmediato pasé a la habitación donde estaba Frondizi y le expresé en forma violenta que me acababa de enterar de que Perina era su gestor petrolero (en EEUU), y que de hecho resultaba ser verdad todo lo que se decía, motivos por los cuales me alejaba definitivamente del gobierno. Frondizi sin inmutarse, me dijo: – Pero, ¿usted le cree a Perina? ¿No sabe que es un vanidoso? ¿Cómo cree, Gómez, que un asunto de esa importancia, si existiera, se lo iba a confiar a Perina?”[66]

 

Asimismo el “renunciado”, formal número dos del Ejecutivo, describe la soledad en la que quedaron sectores nacionalistas-petroleros ante la “guerra psicológica” desplegada por el gobierno:

 

“La propaganda oficial y de las empresas petroleras, por medios directos o indirectos –éstos últimos mucho más eficaces- destacaban el supuesto éxito de la política petrolera. Frondizi había descubierto una fórmula para que el capital de los monstruos financieros internacionales, hasta ayer “imperialistas”, se convirtiera en fecundo aliado de la liberación nacional.

Diarios, revistas, “estudios”, radio, televisión, todo se volcó en la gran campaña de ablandamiento de la opinión pública argentina. En la lucha en contra se quedaron solos los viejos amigos de Frondizi, reunidos en el Movimiento en Defensa del Petróleo Argentino. Pero eran muy pocos y carentes de dinero”.[67]

 

Por otra parte, este maestro de Beravevú devenido político, plantea que la instalación del eje “laica o libre” fue una siniestra maniobra para hacer pasar los contratos petroleros.[68] El otro tipo de resistencia que intentó frenar los contratos fue la huelga de los obreros petroleros en Mendoza. En este caso, según el punto de vista de Gómez, se dio la paradoja de que mientras los medios acusaban a presuntos “agitadores comunistas” con planes de sabotaje antigubernamental, en verdad era el Partido Comunista (orientado por Codovilla) quien habría quebrado esa huelga con el pretexto de evitar un golpe fascista.[69]

 

Finalmente, en relación a su rol en la interna gubernamental Alejandro Gómez expresa que su forzada salida del gobierno tuvo que ver con una maniobra que habría urdido el grupo Fro-Fri, que habría tenido el objeto de:

 

“[…] acallar de una vez esa voz que constantemente denunciaba al sector no radical del gobierno, ese que había tramitado “la orden” de Perón y en cuyas manos se hallaba realmente el poder, produciendo actos de gobierno que traicionaban al pueblo y al Programa  que éste había votado en febrero de 1958”.[70]

 

Seguidamente agrega que muchos radicales fueron cómplices de ese juego que tuvo como objetivos salientes de disputa la cuestión de DINIE y CADE, y los meneados contratos petroleros (por lo que en definitiva la opción no era tan sencilla como “radicalizar” al gobierno). Gómez renunció el 18 de noviembre de 1958.[71] Además, en un largo apartado de su libro, Gómez consigna detalles sobre un grupo grande de “desencantados” del gobierno desarrollista, que irían abandonándolo con el correr de los días y la política asumida. Allí ubica a gente con diversos matices, entre ellos Nicolás Babini, ciertos integrantes y partícipes de la revista Contorno como León Rozitchner, Ismael Viñas[72], Tulio Halperín Donghi, también nombra a Crisólogo Larralde, Jorge del Río, Luciano Catalano, Adolfo Silenzi de Stagni, Leónidas Barletta, Noé Jitrik, Gregorio Meira, Blanca Stábile, Augusto Bayol, etc.

 

Oscar Camilión fue un funcionario relevante para la política exterior del frondicismo y se integró de manera muy orgánica al grupo de Frigerio (sólo por ejemplificar llegaría a ser editorialista de Clarín[73] durante varios años, embajador en Brasil con Videla y canciller en el turno dictatorial de Viola, siempre con el padrinazgo de los líderes del MID). Por eso sus memorias, editadas en el año 2000, son un material pertinente para continuar este recorrido.

 

En principio resulta de interés que Camilión consigne su desilusionante primer encuentro con Frondizi durante la campaña presidencial de 1951 (cuando la fórmula radical estaba compuesta por el binomio Balbín-Frondizi), cuando éste calificaba al peronismo de fascista, punto de vista que no compartía ya que por entonces estaba encuadrado en el ala de Solano Lima del conservadurismo (más conciliadora con Perón). A lo que suma su desagrado por el “leninismo doméstico” que, a su juicio, rezumaba el prólogo de Petróleo y política. Es sorprendente que, con esa trayectoria, apenas unas líneas más abajo Camilión exprese que la aparición del “radicalismo jacobino” de Frondizi lo va a aproximar a esas ideas.[74] Sin embargo aún a la altura del proceso de la constituyente de 1957 Camilión era parte de una facción conservadora orientada por Emilio Hardoy aunque dice que se sentía cada vez más atraído por el programa que propagandizaba Qué. Y que ya trabajaba con de Pablo Pardo, Musich y Florit, siendo este último el medio que lo acercaría al grupo Fro-Fri y a la actividad en Cancillería (en ese sentido aclara oscuramente que Florit “(…) se había hecho amigo de Frigerio, ignoro la forma”[75]).

 

En cuanto a la conformación del gobierno del ´58 Camilión plantea que si por un lado el gabinete fue básicamente partidario (radical), con algunas excepciones como Quijano y Florit; la realidad era otra:“(…) Frigerio tenía una influencia tan grande como la de todo el gabinete junto”.[76] Luego reafirma: “[…] no cabe la menor duda de que la política que se aplicó en el gobierno desarrollista fue básicamente la que proponía Frigerio y que eso significó un cambio radical con el enfoque que traía Frondizi…”.[77] Cuando Camilión tiene que explicar la influencia enorme de Frigerio la adjudica meramente a sus características personales: conocimientos económicos oceánicos (obtenidos de varias fuentes entre ellas su juvenil aproximación íntima al PC), su gran experiencia práctica en el mundo de los negocios, y su significativa fortuna personal, (incluso agrega: fundamentalmente sabía ganar dinero).[78] Cuando describe a los amigos de Frigerio y de la usina, cita a otros provenientes del PC como Narciso Machinandiarena y Eduardo Aragón (también grandes empresarios), a Merchensky (socialista democrático), a Odena (según él afín a la experiencia de la República española por sobre todas las cosas), a Real (el ex – secretario de organización del PC), a Prieto (destacado en la guerra civil española). A ellos agrega a los hermanos Ernesto[79] y Arturo Sábato (el primero, dice, desde fuera de la usina).

 

Subraya Camilión que Frigerio habría captado el despliegue de la tendencia a la “coexistencia pacífica” entre las súper-potencias y las perspectivas que, a su juicio, se generaban para los países caracterizados como subdesarrollados. En línea con el XXº Congreso del PCUS y el equilibrio armamentístico logrado por la URSS.[80] Frondizi se habría plegado a esos puntos de vista. En cuanto al pacto con Perón, Camilión es de la idea de que este acuerdo habría dotado al gobierno ucrista de una “semilegitimidad” así como plantea la, por lo menos, polémica idea de que Frondizi habría efectivamente cumplido la cláusula de devolver al peronismo a la actividad legal. Del lado de Perón, Camilión refleja que era su natural tendencia el no mirar con buenos ojos un fenómeno político (el desarrollismo) que tenía como intención arrebatar al movimiento obrero de su influencia (y podríamos agregar también a sectores de la burguesía nacional).

 

Frigerio debe ser tenido en cuenta, opina Camilión, como el verdadero arquitecto de la línea del gobierno desarrollista.[81] En ese sentido se debe entender, siempre según razonamiento de Camilión, que la ruptura de la UCRI (de la que luego expondremos la visión de Nicolás Babini) se debió a que Frigerio tenía el enfoque de lo que llamaba “movimiento nacional”, a la vez que era indiferente a los partidos y, paradójicamente, era un cultor de un cierto “leninismo”, entendido como una vanguardia ilustrada. Claro que esto podría tener también otra interpretación, que estimamos más ajustada: el frigerismo quería montarse sobre el movimiento peronista (cambiando el jinete) y produciendo un cambio de timón en la línea. Aquí destacamos el razonamiento de Camilión y otros desarrollistas en el sentido de que el hombre de las gruesas gafas habría sido un “seguidor” del Perón de sus últimos años (pongamos 1952-1955), años en los cuales se abrió al capital extranjero y ensayó un giro en la política hacia el agro. Aquí entonces el secreto de su repulsa del Programa de Avellaneda (más compatible con el primer peronismo).[82]

 

Isidro Odena, como hemos señalado, fue un protagonista que también se convirtió, no casualmente, en “historiador” del período (como parte de la colección dirigida por su compañero de ruta Félix Luna), él aporta una voz más a este conjunto.[83] En su caso plantea que el grupo proveniente de “Qué” fue:

 

“[…] elaborando una doctrina nacional, un método científico para interpretar nuestra realidad…Qué no era producto de un ejercicio meramente intelectual periodístico. Era –y lo sería más aún, a medida que se iba caldeando el proceso electoral- órgano de acción y de lucha política”.[84]

 

De hecho Odena afirma que la doctrina desarrollista (la “filosofía de la integración nacional y el desarrollo”) fue creación de Frigerio, y que ese fue su aporte, en el que afirma no tan providencial, encuentro con Frondizi. Completa aseverando que la unidad entre esas dos personalidades se basaba en una “firme identidad de pensamiento” que a su juicio permitiría explicar porqué fueron inseparables durante largos años. Añade que convinieron la estrategia de negar la antinomia peronismo-antiperonismo y que la ya aludida “usina” introdujo el trabajo en equipo en la política argentina. Además Odena marca que a partir de la Convención de la UCRI de 1957, con el nuevo programa frigerista, quedaba sepultada la Declaración de Avellaneda de 1945 (que era la doctrina que correspondía a la tradición radical) y que según él ya no se correspondía con las nuevas necesidades. Mientras que, según Odena, la flamante línea, sin tabúes, fue adoptada definitivamente por la UCRI, no sin resistencias, recién en diciembre de 1960.

 

Pasando al tema del pacto Frigerio/Frondizi – Perón, Odena reafirma la idea de que Ramón Prieto jugó un rol importante en establecer dicho contacto. A lo que agrega que el que habría tomado la iniciativa del acercamiento habría sido el líder depuesto en 1955, al ver la futilidad de continuar en una táctica voto-blanquista.[85]

 

Odena no hace demasiado hincapié en caracterizar quiénes integraban el “grupo chico”, la usina frigerista del gobierno, incluso pretende que el llamarlo “gobierno paralelo” implicaba una cierta intención crítica. Sin embargo no puede dejar de señalar que Frigerio era, al menos en los primeros meses, un “súper-ministro”. Prefiere nombrar a quienes estima hombres claves en el proyecto desarrollista, incluyendo a los gobernadores (por ejemplo Begnis en Santa Fe, Alende en Buenos Aires, Zanichelli en Córdoba, etc.), y a legisladores como Breyter, Gómez Machado, José y Marisa Liceaga, Monjardín, Posse, Guzmán, etc. Pero más adelante no puede obviar que en uno de sus últimos discursos como presidente, el 15 de marzo de 1962, Frondizi hizo una defensa del sistema de “gobierno paralelo”, momento postrero en el que incluyó una defensa alegórica pero bastante directa de su adlátere Frigerio.[86] El texto es también desmentido por otros testimonios ya reseñados cuando afirma erróneamente que Frigerio “[…] quedó como asesor oficioso del Presidente (luego de su renuncia de noviembre de 1958), hasta que nuevas presiones lo obligaron a alejarse totalmente del gobierno el 13 de mayo de 1959”.[87] ¿Por qué sino tan tarde como en 1962 hubo de hacer Frondizi la defensa del funcionario alejado “definitivamente” en 1959?

 

Política y petróleo:

 

“La respuesta de Frondizi fue de gran jerarquía: -En la Argentina toda política está guiada por la palabra petróleo. No se extrañen de nada: Hipólito Yrigoyen cayó por defender el petróleo y yo jamás me apartaré de la línea que me he trazado”. Alejandro Gómez, Política de entrega

“Pregunta: doctor Frondizi, ¿tiene usted soluciones concretas para una fórmula de soberanía nacional con respecto a los recursos nacionales? Respuesta: Nuestra posición sobre el petróleo es bien conocida. No ha cambiado”, entrevista radial, 21 de febrero de 1958, citado en  Robert Potash, El ejército y la política en la Argentina, 1945-62

 

En relación a la política petrolera de Frondizi los debates, a pesar de todo lo escrito (y re-escrito), no se han agotado. Por un lado aún es materia opinable la explicación del consabido giro copernicano del enfoque del líder radical (en sus aspectos moral, económico y político). En este sentido recordemos que el joven de la UCRI, devenido importante divulgador histórico, Félix Luna, siempre estuvo dispuesto a apostrofar a Perón por su oportunismo y su volubilidad, a la vez que supo perdonar (e incluso ensalzar) a sus, nada coyunturales, compañeros de ruta desarrollistas, por su “flexibilidad” e inteligencia al trocar su línea política en relación a los hidrocarburos.[88]

 

Por otro lado los historiadores suelen plantearse, más o menos directamente, si la batería de medidas de Frondizi en el plano petrolero representa continuidad o ruptura con el último tramo de Perón. O al revés, si es posible afirmar que el contrato ensayado (y frustrado por el golpe) con la Standard Oil de California, prefiguraba la política que el grupo gobernante habría de darse entre 1958 y 1962.[89] En esas coyunturas aparecía la cuestión del peso que representaba la importación de combustibles sobre las cuentas externas y la disposición de saldos de divisas con ese fin. Sin embargo ambos líderes difirieron en el diagnóstico global de la situación: Perón siguió planteando la necesidad de desarrollo del empresariado nacional mientras que, como veremos, Frondizi argumentó teóricamente (“con audacia” y “anti-dogmáticamente” diría el ideólogo Frigerio) la posibilidad de desarrollo industrial de base de la mano del capital imperialista. Estos problemas del campo historiográfico, primero fueron material de lucha política entre los propios contemporáneos. Recordemos que así como hubo peronistas y nacionalistas que se opusieron al entramado del acuerdo que Perón llevó adelante con aquellos intereses norteamericanos sobre enormes extensiones de tierras de promisión santacruceñas también los hubo que acompañaron el proyecto apelando, como lo harían luego los núcleos desarrollistas, a similar retórica patriótica (ver por ejemplo el caso del parlamentario peronista Eduardo Rumbo en su libro Petróleo y vasallaje, Carne de vaca y carnero contra carbón más petróleo).

 

Potash aclara especialmente un punto: muchos de los votantes de Frondizi creían que el político ucrista iba a mantener, desde la presidencia, sus conocidas posiciones a favor del monopolio estatal ya que si bien durante la campaña había mencionado la necesidad de atraer capitales del exterior este aspecto, petrolero, de su discurso no aparecía alterado. Esto es discutido, en un intento de justificar que no hubo “voltereta” post – electoral, por diferentes autores pro – desarrollistas que pretenden que Frondizi adhirió a la idea de contratos con monopolios privados en 1957 (y se amparan en que habría dado señales, por cierto muy discretas, del cambio). Sin embargo Potash expresa lo comprobable empíricamente (y que venimos desarrollando en estas líneas), Frondizi no dejó ver públicamente su verdadero juego en materia petrolera sino hasta el discurso del 24 de julio de 1958.[90] E incluso a posteriori pretendió seguir embolsando a sectores nacionalistas y antiimperialistas a través del recurso, más propio del relato que de la realidad, de que los contratos significaban acuerdos por servicios y no concesiones. Lo que tal vez sea criticable en el análisis de Potash es que acepta sin dudar que el objetivo declamado por Frondizi, el tan meneado autoabastecimiento, constituyera su auténtico objetivo.[91] En noviembre de 1958, ante la huelga de los petroleros mendocinos que se oponían al contrato que daba a la banca Loeb (Cities Service) un área de importantes existencias hidrocarboníferas ya probadas y en explotación por YPF, Frondizi decreta el Estado de Sitio (posibilidad concretada en estrecha relación con el clima creado falazmente a través del declamado complot-Gómez). La utilización de las FFAA en la represión interna se constituía nuevamente en otro factor de una cierta manera de politización de este instrumento estatal. Estos incidentes son eficientes para explicar, según Potash, la ruptura de Perón (y específicamente de su representante J. W. Cooke) con el gobierno entre fines de 1958 y mediados de 1959, (cuando el líder exiliado hizo público el pacto incumplido), y por lo tanto, el fracaso de la política “integracionista” de Frigerio.[92]

 

La retórica del desarrollismo

 

“Faltando sólo diez días para las elecciones que determinarán, casi con seguridad, la continuidad o no del gobierno, registro en mi Diario político este nuevo mensaje del presidente, en su esfuerzo por esclarecer a la opinión pública, ya que sólo contamos con dos medios de prensa, y del resto sólo se reciben ataques de todo tipo. Este discurso es sobre los dos extremismos [se refiere a gorilas antiperonistas y peronistas duros]. (Los medios referidos eran Clarín y Democracia)”. Albino Gómez, anotación del 8 de marzo de 1962.

“Todo eso fue dramático y sigue siéndolo. La gran mentira que fue Frondizi inauguró un inédito “modelo” de presidente “democrático””, Alejandro Gómez, Un siglo…una vida

 

Frondizi, sostenemos, fue un presidente híper-moderno desde el punto de vista del cuidado y la atención prioritaria que daba a lo que hoy llaman “el relato”. “La Usina trabaja a todo vapor, como una verdadera “fábrica” discursiva” dice en su diario Albino Gómez.[93] Con una performance que comienza con la prédica de la revista “Qué” y se prolonga con el entrelazamiento profundo con Clarín. Y con numerosas apariciones radiales y televisivas.

 

Las tres banderas (remedando las otras, las del peronismo) que levantó el frondo-frigerismo como objetivo a conseguir con su dirección política eran: “legalidad, paz social y desarrollo”. Fácil es constatar que no sólo no logró ninguna de ellas sino que su accionar (se discutirá cuánto por motu proprio, cuánto por “presiones” y planteos que aparecían como meramente castrenses) conllevó todo lo contrario de aquello declamado.

 

En el terreno petrolero, en el que focalizamos, también hubo teatralizaciones para encubrir lo esencial, por ejemplo en el acto del 24 de julio de 1958, narra el vice:

 

“Frondizi había pronunciado un discurso extraordinario en el que ofrecía el aporte extranjero a YPF de más de mil millones de dólares sin compromisos. La sala de la Casa de Gobierno en la que estaba la hija sobreviviente de Hipólito Yrigoyen, la esposa de Moisés Lebensohn y dos de los obreros alemanes que habían descubierto el 13 de diciembre de 1907 el petróleo en Comodoro Rivadavia, todos los ministros…”.[94]

 

Por lo que se ve no tan diferente de la actualidad mediática y la utilización de emblemas para destruir las mismas causas que parecen representar.

 

Los resultados de “la batalla del petróleo”

 

“Los que nos acusan de ´entreguistas´ dicen que no hay mérito alguno en pagar a los contratistas extranjeros por un petróleo que es nuestro. Se les debe contestar que nada es nuestro si está enterrado bajo el suelo. Es nuestro cuando sale a la superficie. Los peces del mar no son nuestros hasta que los pescamos”, Discurso de Arturo Frondizi dentro de la campaña electoral de febrero de 1962

“Los contratos petroleros resultan excepcionales, no sólo por su importancia económica, sino porque fueron suscriptos por un método también realmente excepcional. Por acuerdo directo y sin licitación. La opinión pública nacional e internacional justificó el procedimiento y nadie con seriedad ha impugnado la honradez de las tratativas. En el exterior se lo ha elogiado unánimemente. Pues bien, estos contratos, que importan cientos de millones de dólares, no han maculado a ningún funcionario y llevan tres años de ejecución. Entretanto, paradójicamente, el rumor sobre negociados se vierte una y otra vez en torno a operaciones de menor cuantía”, Discurso de Arturo Frondizi dentro de la campaña electoral de febrero de 1962

“-Yo le dije al Presidente el viernes 7 del corriente que los contratos deben ir al Parlamento y así lo creí siempre. Creo que el tema número uno es que el pueblo conozca los contratos. Creo que tan inmensa riqueza no puede adjudicarse por un simple acto administrativo”, Alejandro Gómez, Un siglo…una vida[95]

“El desarrollo significa quebrar la relación de dependencia de una economía estancada y sustituirla por la independencia de una economía en expansión”, Discurso de Arturo Frondizi dentro de la campaña electoral de febrero de 1962

“También ha quedado en claro contra lo que tanto han reclamado los sostenedores del nacionalismo formalista en nuestro continente, que el endeudamiento es mucho más peligroso que la inversión directa: que es mucho más conveniente tener asociada una empresa industrial o minera que asuma riesgos que deber dinero a un banco”, Rogelio Frigerio, entrevista con Albino Gómez, 1982

 

Gustavo Caraballo plantea descarnadamente: “En materia de petróleo lo primero que él hizo (Frondizi) fueron los contratos con el Banco Loeb y Panamerican, que en realidad eran malos contratos. Yo mismo se lo dije a Frondizi”.[96] Caraballo plantea como un sin sentido darle un contrato petrolero a un banco (“y tampoco a Panamerican”) y afirma que las cláusulas era malas pero que se mejoraron en los contratos posteriores (con Esso, Shell, etc.). Intenta disculpar al presidente enunciando que así “Entró Frondizi por los pequeños contratos a romper la hegemonía del lobby petrolero” (subrayado propio).[97]

 

Albino Gómez afirma que la Constitución de 1949 (particularmente el artículo 40) dejaba las cosas de tal manera que los inversores extranjeros exigirían muchas ventajas para operar en nuestro país con tal base legal. De esta forma parece contextualizar el acuerdo entre Perón y la SOCAL, pero a la vez deja planteada la cuestión para los acuerdos que trabaría Frondizi (aunque la constitución peronista ya hubiera sido dejada sin efecto).[98] Para este desarrollista, amigo íntimo de Frigerio[99], era necesario “romper el aislamiento de los centros inversores”, y en ese sentido durante el gobierno de Frondizi sólo se habría perfeccionado una orientación que había comenzado en los últimos años del gobierno de Perón.[100] En el caso específico del petróleo expresa el dogma frondo-frigerista al pié de la letra:

 

“[…] la radicación de técnica y capitales ajenos en el área del petróleo era una solución infinitamente más “nacionalista” que su importación mediante préstamos del exterior, porque el autoabastecimiento conducía a la liberación progresiva de la economía nacional de todo interés mediatizador. La multiplicación de la deuda exterior para satisfacer nuestras necesidades de consumo no aflojaba, sino que reforzaba los lazos de dependencia. Entre usar el capital extranjero para comprar petróleo y utilizarlo para extraer el propio, la reacción, por boca del gobierno provisional, optó por el primero” (en este final de la frase se refiere al gobierno de Aramburu).[101]

 

Tal vez sea imposible realizar afirmaciones más capciosas que esas: por un lado se debe recordar que el ciclo frondicista aumentó fuertemente la deuda externa, por otro no se entiende que sea menor mediatización la operatoria de pulpos petroleros en nuestro suelo que la importación de crudo (en todo caso el galimatías termina en que son dos maneras diferentes de mediatización). Además, cuando plantea que el país ahorra más de 200 millones de dólares anuales en importación de combustibles, parece no tener en cuenta la salida de divisas en función de los beneficios de los monopolios petroleros (argumento especialmente desarrollado por Adolfo Silenzi). Por último, pero no menos relevante, es preciso recordar que la tendencia mundial que impulsaban los centros imperialistas era orientarse al aprovechamiento de las fuentes petroleras en terceros países para mantener las propias como reserva estratégica.

 

Fue una etapa de fuerte expansión de los negocios de las corporaciones petroleras, por lo que la política frondicista (“nacionalista de fines”) empalmó al milímetro con esa tendencia. Es asimismo necesario remarcar las peculiaridades de la industria petrolera: el carácter limitado y no renovable del recurso hace que su “alegre” utilización sea luego una pérdida irreparable.[102] Desde ese punto de vista nos parece a todas luces contraproducente el gran cambio que proponían Frondizi-Frigerio, de “importar torres de bombeo en lugar de petróleo” ya que, a diferencia de lo que pudieran argumentar para el acero o las máquinas-herramienta, sin petróleo no hay industria petrolera posible. Los dólares acumulados por Esso, Shell, Amoco o la Banca Loeb, representaban entonces un crudo, o si se quiere un capital, que “no volvería jamás”.

 

Sin embargo Albino Gómez continúa ofreciendo la ya añeja idea de que conseguir el “auto-abastecimiento” representaba un “cambio estructural” para nuestra economía. Al respecto cabe preguntarse si verdaderamente tuvo carácter liberador el no depender de combustibles importados (objetivo que por otra parte algunos estudiosos plantean no llegó a concretarse nunca totalmente) cuando se dependía de capitales y tecnología importada para extraer ese crudo: ¿es esto “auto-abastecimiento”? Evidentemente no. Concluimos que es una falacia presentar la idea de que el origen del combustible da la nota sobre el grado de independencia de nuestra economía (“local=independiente, importado=dependiente”). En nuestro caso hubo dependencia tanto con la importación de combustibles como con el incremento de la extracción local que casi evitó por completo esa importación (incluso fuimos dependientes en el breve período más cercano en el tiempo en el que no sólo fuimos “autosuficientes” sino que exportamos). Reiteramos: lo que se debe discutir si realmente se desea saber el grado de “liberación” alcanzado es ¿a quién sirvió esa energía? ¿Quiénes acumularon con esa actividad? ¿Qué proyecto productivo se impulsó? ¿Quiénes tomaron las decisiones?

 

Los 13 contratos petroleros[103] suscriptos por Frondizi, que al decir de Albino Gómez significaron un “cambio fundamental” en la línea del “Perón de la clase media”, generaron fricciones no sólo por su sentido profundo sino también por la metodología con la que se los impuso, ya que como vimos no fueron sometidos a la consideración del Congreso. Frondizi aprovechó que la dictadura 1955-58 había modificado la Ley Orgánica de YPF y por lo tanto la empresa estatal podía aprobar esos contratos sin que pasaran por el parlamento.[104] Pero para este analista, Frigerio “[…] seguía trabajando para romper, mediante los primeros contratos, el frente monolítico del pool petrolero internacional…”.[105] La oposición de los obreros petroleros de Mendoza (mientras un líder nacional de ese sindicato, Cavalli, parecía simpatizar con la política gubernamental) sirvió para que Frondizi demostrara qué tipo de “sacrificios” estaba dispuesto a hacer para imponer el flamante rumbo privatista: reprimió y encarceló a los huelguistas sin miramientos.[106] A su vez Albino Gómez cuenta que fue partícipe del viaje de Frigerio a Ciudad Trujillo para un nuevo encuentro con Perón, del que colige (aparte de que Perón habría cobrado una nueva “cuota”) que el presidente depuesto apoyaba la nueva política petrolera de Frondizi (y agrega que sin embargo los sindicalistas no acompañaron esa opción de Perón).

 

Para el fugaz vice Alejandro Gómez en cambio:

 

“Poco después se comenzaron a conocer los contratos y la opinión pública quedó sorprendida por sus contenidos negativos. ¡Peores que el de la California, pues en aquél los concesionarios tenían que buscar el petróleo pero en éstos era plato servido, pues se les daban zonas donde ya YPF extraía el mineral!”.[107]

 

El vice renunciante cuenta, desde su óptica, otros detalles de la política petrolera del presidente: (…) a su juicio esta fue hecha posible por la represión y el estado de sitio (por ejemplo el mencionado en contra de la huelga petrolera mendocina[108]) y por la prenda de cambio que representó la Ley de Asociaciones Profesionales frente a las direcciones sindicales “permeables”.

 

Por otro lado Gómez explica que la negociación con el denominado “grupo estadounidense” (Atlas, Ferrostal, etc.), fue un bluf para poder avanzar más definidamente con la Loeb y la Panamerican “[…] a pesar de ser más onerosas y no ser locaciones de obras”. Recordemos entonces aquello de la “clandestinidad” y el “secretismo” que planteábamos como formas más generales de este equipo gubernativo, para entender la firma de estos contratos por el delegado personal del presidente en YPF, Arturo Sábato.

 

 

El ex – vice de Frondizi adhiere entonces a las conclusiones de la Comisión Investigadora que actuó durante la presidencia de Illia, por ejemplo cuando dice que YPF podría haber obtenido la misma producción de crudo entre 1959 y 1963, con una inversión mucho menor: ahorrando 285 millones de dólares de los 666 millones que aplicó en ese lapso (y se afirma que el fisco, en general, perdió 2465 millones de pesos, por las exenciones impositivas). En ese informe también se explica que se hizo caso omiso a las recomendaciones de los especialistas en la materia (Gómez nombra a Silenzi, Jorge del Río, Gandolfi, Clara, etc.). Y expresa una certeza, ese “precio internacional” del petróleo, al que se atan los contratos:

 

“[…] es una ficción que se mantiene por conveniencia de las compañías y por situaciones derivadas de las concesiones con regalías…los precios reales resultan extraños al llamado “precio internacional”.”

 

Recuerda incluso que el precio de los derivados del petróleo debía elevarse un 200% en promedio en relación al acuerdo firmado con el FMI de diciembre de 1958. Además Gómez, frente a la idea de que “no había otra salida”, revela que:

 

“[…] el embajador de Rumania…me hizo saber el pesar de su país ante el rechazo del convenio comercial propuesto al nuestro, por el cual se ofrecían a la Argentina cien perforadoras, cincuenta en entrega inmediata y cincuenta dentro de un plazo de dos años, y la instalación completa de una fábrica de perforadoras antes de tres años, todo a pagar con nuestros productos y a largos plazos”.[109]

 

Siempre según el relato de Alejandro Gómez, el presidente desestimó la propuesta con “una gran alharaca sobre el comunismo”.[110]

Adolfo Silenzi de Stagni da cuenta de la declaración ante la fiscalía del agregado naval en Washington, Vicente Baroja, que plantea que desde antes de asumir Frondizi hubo personajes (Frigerio, Perina, Víctor Madanes y un tal Baridón –uruguayo-) que pidieron adelantos a empresas petroleras a cambio de futuros contratos. Entre las empresas con las que contactaron, afirma Silenzi, estaba el grupo de Floyd Odlum. Toda esta operatoria estaría a su vez confirmada por diversas vías, una de ellas la de los representantes de Gulf Oil en Argentina que recibieron un pedido de informes de su casa central sobre la fiabilidad de los citados personajes y sus sondeos.[111] También a través de los diplomáticos argentinos radicados en la República Federal Alemana, y en Italia, que confirmaron que se movieron varios emisarios del grupo Fro-Fri, en el primer caso se trató de Jacobo Timerman, Coire y Rolando Lagomarsino, en el segundo aparentemente el propio Frigerio habría tanteado a Enrico Mattei de ENI.[112]

 

A esos emisarios, Alejandro Gómez, recordando el dictamen parlamentario que investigó los contratos en 1964, agrega a Luis Peralta Ramos, que habría recibido “comisiones” importantes de Pan American, y a Antonio Díaz en idéntico accionar con la Southeastern Drilling Co.[113] En otro nivel, quien es señalado por Babini y Alejandro Gómez, como un propiciador clave de algunos de los contratos era el ex subsecretario para Latinoamérica del Departamento de Estado de EEUU, Henry Holland, de numerosos viajes al país por aquellos días.[114]

 

En el prólogo a una obra editada en 1973 (Los tratantes de petróleo, del Centro de Estudios General Mosconi) Silenzi de Stagni, luego de relatar que la acción penal por los contratos frondo-frigeristas había prescripto afirma que es necesario:

 

“(…) radiografiar con precisión a los personajes centrales de este drama nacional: políticos sin escrúpulos, astutos en el manejo de la publicidad y diestros en recursos tendientes a confundir a la opinión pública con el objeto de disfrazar sus actos delictivos como si éstos fueran promotores del desarrollo económico del país”.[115]

 

También agrega que, a su juicio, las medidas tomadas por Illia “(…) nunca llegaron al núcleo de los problemas…para desmantelar toda la estructura de la entrega de nuestro patrimonio nacional, ejecutada durante el período frondicista”.[116] Luego retoma el eje de su argumentación. Plantea que el desarrollismo ha intentado defender su política petrolera amparado en tres bazas: a- que se consiguió el auto-abastecimiento, b- que quienes atacan su línea lo hacen por respaldar los intereses de los importadores de crudo, y c- que gracias a los contratos “el país” se ahorró divisas. Luego pasa a refutar los tres argumentos. Sobre el primero expresa que no es cierto que se haya logrado el autoabasto en ese período: aporta el dato de importación por valor de 97 y 76 millones de dólares respectivamente en 1961 y 1962. Plantea, en un exacto reverso de Frigerio[117], que YPF sí tenía capacidad técnica y financiera para alcanzar esa autarquía (objetivo al que se interpusieron, en primer lugar, los funcionarios “libertadores”).

 

Agrega que las tres principales adjudicatarias de contratos (Loeb luego Cities Service, Panamerican luego Amoco, y Tenessee) no ingresaron ni el 10% de las inversiones declaradas (103 millones de dólares) siendo beneficiadas con las mejores áreas de YPF, (cubicadas y en producción, es decir con riesgo 0). Se pregunta también cómo YPF pagó el crudo a esas empresas si su incapacidad financiera era tan importante. Acto seguido despliega cifras que demostrarían que YPF hizo en tal período gastos mayores (y superfluos e ineficientes).[118]

 

Con respecto al segundo punto Silenzi da vuelta la acusación ya que expresa que Frondizi, al lanzar la meneada “batalla del petróleo”: “(…) le ordenó (a YPF) retirarse de la actividad importadora con el solo objeto de dejar a la Shell y a la Esso el virtual monopolio de ese negocio”, entonces ambas empresas pasaron a controlar el 95% de esas operaciones, y simultáneamente “el país” pasó a pagar precios más caros por ellas (consigna que la cotización internacional tendía a la baja).[119]

 

Finalmente, frente al tercer fundamento esgrimido por los desarrollistas, Silenzi afirma que las utilidades de las 3 empresas mencionadas, más favorecidas, fueron de entre 163 y 204%. Explica que la inversión implícita en las tareas que YPF había realizado en las zonas adjudicadas ascendía a más de U$S 1000 millones. Además que el petróleo que les compró a esas mismas corporaciones resultó un 70% más caro que si lo hubiera producido por “administración” y aún más caro que si se hubiera importado. Además alude a las exenciones impositivas a esas empresas, que habrían alcanzado a $ 16.000 millones.

Harvey O`Connor dedica algunas palabras en su obra sobre el proceso petrolero contemporáneo al ciclo desarrollista:

 

“Frondizi tocaba el rataplán del antiimperialismo y tenía al mismo tiempo secretos contactos con compañías petroleras…a un año de su ascensión al poder Frondizi había concedido 17.850 millas cuadradas de terrenos argentinos a cinco compañías norteamericanas y una británica, en contraste con las 190 millas cuadradas concedidas por la Argentina en toda su historia petrolera”.[120]

 

Oscar Camilión propone que para Frigerio el tema del petróleo en tanto que eje de la política gubernamental no tenía tanto una prioridad lógica como cronológica, ya que “[…] era el recurso rápidamente desarrollable de Argentina y donde se podían volcar recursos externos con mayor facilidad”.[121] En sus Memorias políticas Camilión refresca el hecho de que Alsogaray fue “precursor” en levantar la idea de la participación de capitales extranjeros en la actividad hidrocarburífera a través del slogan “que la crisis la pague el petróleo”, pero que Frigerio fue sin duda quien tuvo la paternidad de su puesta en práctica en aquel período.

 

Según su óptica, en el caso de YPF, ya que no se podía privatizar, lo que se hizo fue “aumentar la eficiencia”, destinando “(…) determinados sectores de la producción a la actividad privada que sí tenía capital internacional disponible”.[122] Explica que no hubo reducción drástica de personal pero sí aumento de la productividad de la estatal, como particular aporte de Frigerio y de Arturo Sábato.

 

Conclusión

 

Aunque el tiempo de Frigerio-Frondizi haya quedado en un pasado cada día más remoto las tesis del “desarrollismo”, si bien con nuevos matices, siguen circulando. Esto es lo que justifica esta parcial revisión de testimonios que hemos ido desgranando desde una perspectiva crítica y desde un presente de nuevos “contratos” petroleros que lesionan nuestra soberanía.

 

 

 

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NOTAS

 

* Pablo Jaitte es docente e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas y de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

 

** Testimonies and explanations of the “turn” in Frondizi´s oil policy.

Abstract:

In this paper we critically analyze the repertoire of explanations and arguments offered by different exponents regarding the causes as well as results of the “turn” in Arturo Frondizi’s governmental oil policy, together with Rogelio Frigerio as his man of action. A general description of that government is deduced from such focal point.

 

Key words: Argentina, Oil, Desarrollismo, Economic History.

[1] Ver Gómez, Alejandro, Un siglo…Una vida, De la soberanía a la dependencia, Editores de América Latina, Bs As, 2001, p. 345.

 

[2] Destacado propio. Ver Sábato, Hilda, “La política argentina en el siglo XIX: notas sobre una historia renovada”, Publicado en Guillermo Palacios (coord.): Ensayos sobre la nueva historia política de América Latina, s. XIX, México, El Colegio de México, 2007, donde Sábato no se refiere sólo a la historiografía sobre el S. XIX sino más en general, y donde expresa que la “nueva” historia política ha partido de la “(…) falta de confianza en cualquier interrogación que se pretenda omnicomprensiva”.

 

[3] Veremos por ejemplo que hay quienes enfatizan su carácter dúplice y pro-activo, es decir no simplemente un rehén de factores de presión, un caso es el de su vice Alejandro Gómez, otro el de uno de sus ghost writers, Nicolás Babini.

 

[4] Ver por ejemplo Frigerio, Rogelio, Roberto Noble, Legislador de la Cultura, colección Vidas, Ideas y Obras de los Legisladores Argentinos, Círculo de Legisladores, Bs As, 1999 o Llonto, Pablo, La Noble Ernestina, El misterio de la mujer más poderosa de la Argentina, Punto de Encuentro, Bs As, 2007.

 

[5] Solo a manera de muestra ofrecemos el caso de Mercedes Marcó del Pont, emparentada  con Rogelio Frigerio y reivindicadora del ideologema desarrollista. Ver http://www.lanacion.com.ar/995788-mercedes-marco-del-pont-una-heredera-del-desarrollismo.

 

[6] De hecho el enorme trabajo de Robert Potash, que luego citaremos más profundamente, parece cometer un pecado como el que describimos, cuando al respecto considera en un epílogo los motivos que él cree están detrás del apoyo frondicista al golpe contra Illia: “En el caso del doctor Frondizi, no fue simplemente un asunto de revancha política contra la UCRP, muchos de cuyos dirigentes habían colaborado en la destitución de su gobierno; fue más bien que había llegado a la conclusión de que los gobiernos electos no podían producir los cambios sociales, políticos y económicos de largo alcance que él consideraba esenciales…”. Parece perder de vista que Frondizi y su grupo (y los intereses políticos y sociales que expresaba) no orientaban sus accionar por ideas tan altruistas como estas sino más bien por otras consideraciones entre las cuales en un lugar destacado la vuelta a lugares de poder político claves. Desde ese punto de vista se entiende mejor, ya que en el golpe “azul” estaban también embarcados amigos o compañeros de ruta militares de la “corriente desarrollista” como el representado por el desarrollista Juan Enrique Guglialmelli o el liberal Alejandro Lanusse (ver por ejemplo Larra, R., La batalla del Gral Guglialmelli, Distal, Bs As, 1995, y Camilión, O., Memorias políticas de Frondizi a Menem (1956-1996), Planeta, Bs As, 2000, p. 136 y 137). Ver Potash, Robert, El ejército y la política en la Argentina 1945-1962, Sudamericana, Bs As, 1981, p. 505.

 

[7] La fuente de esta interpretación es uno de los mismos protagonistas e interesados, dice el humilde Frigerio: “[…] aquel maratónico encuentro que mantuve con el Dr. Frondizi…el más relevante dirigente del más antiguo partido político de la Argentina, la UCR, (el que) demostrase su grandeza al comprender en un solo día lo esencial de todos los problemas nacionales e internacionales, y hacer suya esta concepción nacional de los problemas argentinos que veníamos elaborando desde hacía tanto tiempo en “Qué”” (subrayado propio). Tomado de Frigerio, Rogelio, Roberto Noble, Legislador de la Cultura, colección Vidas, Ideas y Obras de los Legisladores Argentinos, Círculo de Legisladores, Bs As, 1999, p. 20 y 21 (prólogo).

 

[8] Ver Frigerio, Rogelio, Rogelio Frigerio, Abril, Bs As, 1983, p. 16 y el artículo de Longoni, René, “Los jóvenes “desarrollistas” y sus emprendimientos “nacionales” en los años ´40”, en Todo es Historia Nº466.

[9] Ver por ejemplo Del Mazo, Gabriel, El radicalismo, Notas sobre su historia y doctrina 1922-1952, Raigal, Bs As, 1955, p. 415 y ss.; Galasso, Norberto, Perón, T. 2, Colihue, Bs As, 2005, p. 837; y Brega, Jorge, ¿Ha muerto el comunismo? Conversaciones con Otto Vargas, Agora, Bs As, 2008, página 20.

 

[10] Nosiglia, Julio, El desarrollismo, CEAL, Bs As, 1983, página 11 y subsiguientes.

 

[11] Esto puede apreciarse aún mejor en la llamada “apertura al este a través de hombres de derecha” del período signado por el General Alejandro Lanusse. Ver por ejemplo Rapoport, Spiguel, Política exterior argentina, Capital Intelectual, Bs As, 2005, p. 45 y 46.

 

[12] Ver por ejemplo el artículo de Míguez, María Cecilia, “La relación entre política interna y política externa en el proyecto desarrollista argentino (1958-62)”, donde se concluye que los “márgenes de autonomía” frente a EEUU en materia de política exterior de Frondizi, estaban en relación con una “estrategia de inserción multilateral” posibilitada por el escenario de “guerra fría”.

 

[13] Ver por ejemplo Newton, Ronald, El cuarto lado del triángulo, Sudamericana, Bs As, 1995.

 

[14] Frondizi, A., Petróleo y política. Contribución al estudio de la historia económica argentina y de las relaciones entre el imperialismo y la vida política nacional, Raigal, Bs As, 1954, p. 37 y ss (subrayado propio).

 

[15] Luna, Félix, Diálogos con Frondizi, Editorial Desarrollo, Buenos Aires, 1963, pp. 51, 52.

 

[16] Op. Cit., p. 52.

 

[17] Nicolás Babini dice: “Conocí a don Mariano (Hurtado de Mendoza), como lo llamaban sus admiradores, cuando a instancias de Frondizi debí recoger su opinión acerca de declaraciones o discursos que preparaba para el candidato presidencial. No sabía nada de él, quizá me llegó algún rumor de su existencia pero parecía gozar de gran prestigio en los sectores izquierdistas del partido, que le atribuían conocimientos excepcionales en materia económica y de petróleo en particular. Mucho tiempo después supe que era el autor del prólogo de Petróleo y política (si no de todo el libro)”, subrayado propio, ver Babini, N., Frondizi y la Argentina moderna, La forja de una ilusión, Gedisa, Bs As, 2006, pp. 268 y 269.

 

[18] Alieto Guadagni explica que, por los negociados/corruptelas en la prórroga de la concesión a la CHADE, en 1936, a la Casa Radical de la calle Tucumán se la conocía popularmente como “La Casa Eléctrica”. Ver Lucchini, C. y San Román, C., Del pozo al surtidor, Biblos, Bs As, 2012, p. 20.

 

[19] Op. Cit., p. 52.

 

[20] Recuerda también que aquel escrito estaba influido por las ideas del laborismo inglés y de un teórico de moda en aquel tiempo: Harold Laski.

 

[21] Es un detalle interesante notar que Frondizi diferencia entre la “revolución” del 16 de septiembre de 1955 y el “golpe” del 13 de noviembre del mismo año, haciendo explícito, una vez más, su guiño hacia sectores nacionalistas del ejército (sin por ello dejar de “trabajar” con los liberales). Op. Cit., p. 38.

 

[22] Op. Cit., pp. 42-43.

 

[23] Que entre otras cosas recaló en el Clarín comandado por Frigerio entre 1965 y 1973 (Todo es historia comenzó a salir en 1967). Martín Sivak lo caracteriza como frondicista y con roces con Frigerio. Ver Sivak, M., Clarín, una historia, Planeta, Bs As, 2013, pp. 237 y 238.

 

[24] Op. Cit., p. 53.

 

[25] Op. Cit., p. 56.

 

[26] Op. Cit., p. 56.

 

[27] Si se intenta afirmar que los sectores “más retrógrados” del imperialismo serían los británicos vinculados tradicionalmente a lo que los desarrollistas bautizaron “intereses agro-importadores” frente a los norteamericanos al estilo de la Standard ni siquiera es necesario que utilicemos elementos del presente para refutar esa idea, ya el propio Mosconi había caracterizado correctamente sus matices con la figura de la soga de cáñamo (yanqui) y la de seda (inglesa), ambas con idéntico resultado para nosotros: el ahorcamiento de nuestras potencialidades.

 

[28] Op. Cit., p. 69.

 

[29] Op. Cit., pp. 57 y 58.

 

[30] Pandolfi, R., Frondizi por él mismo, Galerna, Bs As, 1968, p. 77.

 

[31] Ver Díaz, F., Conversaciones con Rogelio Frigerio, Colihue-Hachette, Bs As, 1977, p. 27.

 

[32] Op. cit, p. 44.

 

[33] Ver Gilbert, Isidoro, El oro de Moscú, Planeta, Bs As, 1994, página 200 y subsiguientes.

 

[34] Gilbert menciona, muy incompletamente, por ejemplo a Héctor González y a José Liceaga., ver op. Cit., página 204.

 

[35] Ver op. Cit., páginas 206 a 212.

 

[36] Brega, Jorge, ¿Ha muerto el comunismo? Conversaciones con Otto Vargas, Agora, Bs As, 2008, página 20 y subsiguientes. Dice Gilbert: “Real no rompió jamás con los soviéticos. Viajó a Moscú en más de una oportunidad, y no hay rastros que indiquen con quién mantenía sus diálogos. Con el PCUS, difícil. Fue más tarde un íntimo colaborador de Rogelio Frigerio, quien también fuera miembro del PCA en su mocedad, y llegó a dirigir la editorial Problemas. No pocos ex comunistas decidieron adscribirse al desarrollismo luego de dejar el PCA”, Gilbert, op. Cit., p.184. Para otra interpretación sobre el “caso Real” se puede consultar Gurbanov A. y Rodríguez S., “El peronismo en los debates del Partido Comunista Argentino 1945-1953”, publicado originalmente en A contracorriente, North Carolina University, abril 2012, donde recuperan a la vez que critican (“fundamentos poco claros”) la tesis de Gilbert en el sentido de que Moscú estaba interesada en el desplazamiento de Codovilla por su acérrimo anti-peronismo que obstaculizaba los acuerdos de 1953 con Perón, y en ese sentido el rol opositor interno de J.J. Real. Los autores mencionados explican que el cambio conciliador de la línea del PC ante Perón en 1952 habría tenido inicialmente el visto bueno del propio Codovilla (antes de ausentarse del país por sus tareas en el movimiento comunista internacional).

 

[37] Brega, Jorge, ¿Ha muerto el comunismo? Conversaciones con Otto Vargas, Agora, Bs As, 2008, página 23.

 

[38] Caraballo, Gustavo, Tras las bambalinas del poder, Corregidor, Bs As, 2007, página 28 y ss.

 

[39] Caraballo, op. Cit., página 28. O como plantea otro testimonio desarrollista: “[…] entendemos la función del Estado como la de estimular, facilitar y requerir la participación fundamental de la iniciativa privada en la actividad económica”, ver Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 157 y 158.

 

[40] En realidad Luna venía del radicalismo pero se ligaría a hombres de este segundo grupo como puede constatarse si se analiza su periplo posterior como divulgador histórico (incluyendo la revista Todo es Historia). En el prólogo a su Alvear dice: “Todo el proceso de elaboración de este libro como también de su publicación estuvieron…enmarcados por las circunstancias políticas derivadas del gobierno de facto de Aramburu y la lucha por el poder librada por dos versiones antagónicas del radicalismo tradicional. En consecuencia, no es aventurado suponer que el joven militante del radicalismo intransigente que en aquellos años se dedicó a revivir el itinerario de Alvear, estuviera condicionado por el marco de la época y por su propia lucha, y a veces incurriera en analogías, alusiones, parábolas y comparancias (dixit) tendientes a llevar agua al molino de su partido…”. Ver Luna, Félix, Alvear, Hyspamérica, Bs As, 1986, p. 9.

 

[41] Caraballo, op. Cit., página 51.

 

[42] Que además fue el redactor de algunos de los discursos de Frondizi, como por ejemplo el de asunción del 1º de mayo de 1958. Dice en la reedición de Frondizi, de la oposición al gobierno: “[…] el mensaje se basó en apuntes de Frondizi pero ninguna de las ideas que debí desarrollar era nueva para mí, inclusive las más distantes de la ideología documental de la intransigencia. Traté de suavizar las afirmaciones más irritativas, como la participación del capital extranjero en la explotación petrolera…”. Babini, N., Frondizi y la Argentina moderna, La forja de una ilusión, Gedisa, Bs As, 2006, p. 199.

 

[43] Caraballo, op. Cit., p. 40

 

[44] Caraballo, op. Cit., páginas 40 y 41.

 

[45] Caraballo, op. Cit., páginas 48 y 50.

 

[46] Ver por ejemplo las acusaciones de “comunismo” realizadas por jefes de la Armada, en op. cit., páginas 47 y 49.

 

[47] Caraballo, Gustavo, Tras las bambalinas del poder, Corregidor, Bs As, 2007, página 56.

 

[48] Caraballo, Gustavo, Tras las bambalinas del poder, Corregidor, Bs As, 2007, página 57.

 

[49] Caraballo, Gustavo, Tras las bambalinas del poder, Corregidor, Bs As, 2007, página 59.

 

[50] Este personaje, describe en su diario cómo se convirtió en escriba de los discursos de Frondizi (e incluso de su postrera carta a Alfredo García, poco antes de su derrocamiento) y cómo era el mecanismo de su elaboración, en el que intervenía destacadamente Frigerio, ver Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, entre otras p. 100 y ss.

 

[51] Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 19.

 

[52] Es particularmente indigesta esta idea de los historiadores filo – desarrollistas de mostrarnos un Frondizi “rehén” y “débil”, mientras el exiliado Perón, le “toma examen” desde su ostracismo, ver Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 28.

 

[53] Por ejemplo habla de “[…] “los bulines del desarrollo nacional”, eran los pequeños departamentos que, para eludir a los Servicios de Inteligencia, usaba la Usina en sus reuniones de trabajo”, Op. Cit., p. 120. O también: “El presidente me dijo que los servicios han pinchado mi teléfono, de modo tal que debo cuidarme en mis conversaciones, y que les avise a los ´amigos´, o sea a los integrantes de la Usina”, op. Cit. P. 140. Porque, se sincera Albino, “…los servicios no trabajaban para el gobierno sino para el golpismo. Al menos, los de las fuerzas armadas” (destacado propio), p. 152.

 

[54] Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 29.

 

[55] Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, pp. 46 y 47.

 

[56] Ver Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 48; y Prieto, Ramón, Correspondencia Perón-Frigerio, Macacha Guemes, Bs As, p. 14 y ss.

 

[57] Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 50. Se nos ocurre pensar, para estos casos, que no hay gobierno tan fuerte como uno débil.

 

[58] Ver en López, Ernesto, Seguridad nacional y sedición militar, Legasa, Bs As, 1989, capítulo 2, una interpretación de las contradicciones y la dinámica castrense entre el grupo nacionalista antiperonista de Lonardi y la corriente liberal “restaurada” durante aquella dictadura 1955-58.

 

[59] Incluso cuando más tarde Frigerio debió renunciar como asesor oficial, dice Albino Gómez: “De todos modos, el Presidente sigue recibiendo en Olivos a Frigerio. Claro está que lo hace de noche”. Ver Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 114. Otro testigo de la furtividad a la que pasó la relación Frondizi-Frigerio fue el vice Alejandro Gómez: “Días más tarde, al llegar al chalet de Olivos, vi a Frigerio ocultarse detrás de una columna. En la conversación…pregunté al presidente por su amigo, y me contestó: “Ya no viene a la residencia, donde no tiene nada que hacer”. Cuando le dije que lo acababa de ver detrás de una columna, Frondizi se quedó mudo”, ver Gómez, Alejandro, Un siglo…Una vida, De la soberanía a la dependencia, Editores de América Latina, Bs As, 2001, p. 278.

 

[60] Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 65.

 

[61] Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 79. Por ejemplo arrancan los 22 meses de ministro de economía de Alsogaray (hasta abril de 1961). De paso recordemos que en enero de ese año asumía JFK en EEUU. Y un detalle de color: el desarrollista Albino Gómez critica amargamente a Alsogaray por haber sido…estatista durante ese lapso: “(…) en lugar de podar la burocracia, la regó masiva y generosamente”, op. Cit, p. 100.

 

[62] Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 80.

 

[63] Ver Caraballo, Gustavo, Tras las bambalinas del poder, Corregidor, Bs As, 2007, pp. 100, 133 y especialmente 151.

 

[64] Frondizi lo intentó justificar así: “El discurso de Paraná fue, objetivamente, un testamento político –recuerde que el golpe de Estado que me derrocó se produjo el 29 de marzo de 1962-…El rompimiento de relaciones con Cuba…fue…una medida destinada a contrarrestar el golpe de Estado que gestaba la extrema derecha militar y las fuerzas económicas y políticas que instrumentaban a ese grupo de militares. Fue, simplemente, un frustrado esfuerzo para tratar de preservar la legalidad…que constituía nuestra primera obligación…”, entrevista con Albino Gómez en 1983, op. Cit., p. 250.

 

[65] Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 166 y ss. El incidente tiene más miga ya que Frigerio se habría referido a que él hacía el sacrificio de renunciar a “sus ideas marxista-leninistas” para asumir posiciones desarrollistas. Lo que a su vez es interpretado por Gómez como una “boutade” ya que esas ideas de juventud ya las “había dejado completamente atrás”.

 

[66] Ver Gómez, Alejandro, Un siglo…Una vida, De la soberanía a la dependencia, Editores de América Latina, Bs As, 2001, p. 219 y ss.

 

[67] Ver Gómez, Alejandro, Un siglo…Una vida, De la soberanía a la dependencia, Editores de América Latina, Bs As, 2001, p. 281.

 

[68] Ver Gómez, Alejandro, Un siglo…Una vida, De la soberanía a la dependencia, Editores de América Latina, Bs As, 2001, p. 282.

 

[69] Ver Gómez, Alejandro, p. 282.

 

[70] Gómez, Alejandro, op. Cit., p. 307 y 308.

 

[71] El historiador Robert Potash acompaña la tesis de que se trató de una maniobra de Frondizi para sacarse de encima a un “enemigo íntimo” opuesto al grupo frigerista y al rumbo general del gobierno.

 

[72] Llegó a ser nombrado Subsecretario nacional de Cultura. Renunció.

 

[73] Y pareja sui generis de la viuda de Noble.

 

[74] Más adelante señala que “Frondizi, en definitiva, era de alguna manera la izquierda del radicalismo…”, ver Camilión, Memorias políticas, Planeta, Bs As, 2000, página 36.

 

[75] Camilión, Memorias políticas, Planeta, Bs As, 2000, página 24.

 

[76] Camilión, op. Cit., página 31.

 

[77] Camilión, op. Cit., página 40.

 

[78] Camilión, op. Cit., página 32.

 

[79] A Rogelio Frigerio dedicó el Sábato escritor su novela El Túnel, en sus diversas ediciones.

 

[80] Op. Cit., página 33.

 

[81] Camilión, op. Cit., página 40.

 

[82] Camilión, op. Cit., página 41.

 

[83] Odena, I., Libertadores y desarrollistas, Colección Memorial de la Patria, Ediciones La Bastilla, Bs As, 1977.

 

[84] Op. Cit., pp. 47 y 49.

 

[85] Op. Cit., pp. 79 y subsiguientes.

 

[86] Con un “humilde” paralelo entre Roosevelt – Hopkins y el dúo vernáculo. Ver Odena, op. Cit., páginas 341 y 342.

 

[87] Op. Cit., p. 160.

 

[88] No es menor el peso de aquella divulgación histórica en la entronización del mito de Frondizi como un gran “estadista”. Ver por ejemplo Luna, Félix, Argentina de Perón a Lanusse, Planeta, Barcelona, 1972.

 

[89] En carta de Perón dirigida a Kennedy el general afirmaba que él había sido el verdadero iniciador de una política petrolera que podía permitirle a la armada de EEUU abastecerse aquí para sus operaciones.

 

[90] Potash, op. Cit., p. 382.

 

[91] Ver Potash, op. Cit., p. 383.

 

[92] Ver Correspondencia Perón-Cooke y Potash, op. Cit., p. 403.

 

[93] Op. Cit., p. 147.

 

[94] Gómez, Alejandro, op. Cit., p. 222.

 

[95] Gómez, Alejandro, op. Cit., p. 302.

 

[96] Caraballo, Gustavo, Tras las bambalinas del poder, Corregidor, Bs As, 2007, página 54.

 

[97] Caraballo, Gustavo, Tras las bambalinas del poder, Corregidor, Bs As, 2007, página 55.

 

[98] Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 31.

 

[99] Ver discurso que pronunció en su entierro el 15/09/2006 en Recoleta: http://www.terapiatanguera.com.ar/Notas%20y%20articulos/rogelio_frigerio.htm

 

[100] Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 54.

 

[101] Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 54 y 55.

 

[102] El caso más notable y extremo, pero como vemos no el único, de esa enajenación ha sido el ligado a la privatización.

 

[103] Ellos fueron con Banca Loeb (Henry Holland), Pan American Oil Company, Tenessee, Esso, Shell, etc.

 

[104] Ver por ejemplo Gómez, Alejandro, op. Cit., p. 223.

 

[105] Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 64.

 

[106] Según este testimonio esta fue la causa inmediata de la renuncia de Frigerio. Ver Gómez, Albino, Arturo Frondizi, El último estadista, Lumiere, Bs As, 2004, p. 70.

 

[107] Ver Gómez, Alejandro, op. Cit., p. 223.

 

[108] Gómez narra un encuentro con el presidente donde éste la planteó que para terminar con esa huelga estaba dispuesto a “meterles balas”. Ver Gómez, Alejandro, op. Cit., p. 286.

 

[109] Ver Gómez, Alejandro, op. Cit., pp. 255 a 257.

 

[110] Ver Gómez, Alejandro, op. Cit., p. 257.

 

[111] Ver Gómez, Alejandro, op. Cit., p. 247/8.

 

[112] Ver Gómez, Alejandro, op. Cit., p. 248/9.

 

[113] Ver Gómez, Alejandro, op. Cit., p. 251.

 

[114] Ver Gómez, Alejandro, op. Cit., p. 346.

 

[115] Centro de Estudios General Mosconi, Los tratantes de petróleo, Achával Solo, Bs As, 1973, p. 7 y 8.

 

[116] Op. Cit., p. 8.

 

[117] “Nosotros en 30 meses conseguimos el autoabastecimiento, pasamos de una producción anual de 5,6 millones de metros cúbicos a producir 16 millones anuales. En dos años y medio conseguimos lo que YPF había perseguido vanamente durante 50 años”, ver Díaz, F., Conversaciones con Rogelio Frigerio, Colihue-Hachette, Bs As, 1977, p. 50.

 

[118] Así: “229 millones U$S en gastos superfluos” y “fueron mal invertidos 666 millones…se realizaron perforaciones, por contrato, por un total de 2105 pozos absolutamente innecesarios…se deriva un perjuicio de 285 millones de dólares”, ver Centro de Estudios General Mosconi, Los tratantes de petróleo, Achával Solo, Bs As, 1973, p. 10.

 

 

[119] Ver Centro de Estudios General Mosconi, Los tratantes de petróleo, Achával Solo, Bs As, 1973, p. 11.

 

[120] O´Connor, H, La crisis mundial del petróleo.

 

[121] Camilión, op. Cit., página 35.

 

[122] Camilión, op. Cit., página 38.

 

 

Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. Nº 9. Marzo 2014 – Febrero 2015. Volumen I

 

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