Rivera. “Pioneros, Granjeros y Unidos”. De las Sociedades de Beneficencia y Socorro Mutuo al Cooperativismo

Olga G. Lima *

Alejandro E. Pisnoy **

 

Izquierda: Inmigrantes de la colonia de Moises Ville en la provincia de Santa Fe Argentina.

 

Los términos pobreza y emigración para el período que comprende mediados y finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX (la mayoría de los autores comprende el período 1850-80 a 1930 como el de mayor movimiento de personas de Asia y Europa hacia América), son términos que aparecen ligados desde la escuela primaria basados en un fenómeno que se sostuvo con el apoyo de la literatura (basado en el push y pull/expulsión y atracción de la literatura anglosajona) quién se encargó de resaltar los aspectos más bajos de la migración basados en las deplorables condiciones sanitarias de los barcos y la violencia con que eran tratados los migrantes por parte de las compañías transportadoras, de esta manera se forjó la idea de que este había sido un movimiento de masas hambrientas empujadas por una miseria extrema, esta idea es cuestionada por diferentes historiadores, por ejemplo F. Devoto, quién profundiza esta idea diciendo que sí la pobreza hubiese sido extrema, no sólo no pudo haber sido un promotor de la emigración, sino que pasa a ser un obstáculo de la misma. Encuestas realizadas a comienzos del siglo XX demuestran que en las provincias meridionales de Italia los campesinos relataban que no pudieron emigrar hacia la Argentina porque no contaban con el dinero para poder costear el pasaje. En España un estudio demuestra que hubo una correlación positiva entre los años de buenas cosechas y el crecimiento migratorio. Estos son sólo algunos de los casos que Devoto menciona en su trabajo, además de mencionar las distintas causas (no sólo las referidas a lo económico, lo social o demográfico; sino también a los factores de atracción) que produjeron la emigración.

 

J. Moya plantea que la emigración no surgió del atraso como argumentaron muchos estudiosos españoles, sino que fue a partir de la modernización capitalista o “progreso” (más precisamente la transición de la agricultura de subsistencia hacia la comercial) que incluyó pobreza para muchos, oportunidades para otros; perturbación, movimiento y dinamismo para muchos más. Agregando que para él es irrisorio argumentar que la pobreza y la falta de oportunidades económicas, entre otros muchos males abarcados en el término “factores de expulsión” fueron las causas de la emigración, uno de los factores más importante para este proceso fue la ubicación, la situación estratégica en las vías de comunicación y transporte, ya que la mayoría de los migrantes se encontraban sobre la costa de la península, o muy cerca de ella, sobre las llanuras o valles, o en pequeñas islas. De esta intenta explicar la importancia del factor geográfico como un agente importante durante el proceso migratorio.

 

Sánchez Albornoz también desestima y critica la idea de pobreza o miseria como consecuencia de la emigración al igual que Devoto y Moya, sosteniendo que la emigración, principalmente española, formó parte o fue impulsada por la apertura económica y del mercado de trabajo. Vale la pena mencionar dos planteos en los que profundiza para rechazar esta idea de pobreza igual emigración. La primera explicación es monetaria, esto hizo que la emigración española haya tenido un arranque tardío, y presenta como factor de expulsión la protección arancelaria para retener a la gente en el campo ante la revalorización de la moneda española a comienzos del siglo XX. Los precios de las subsistencias importadas y la rentabilidad del suelo bajaron, hecho que tuvo como consecuencia el abandono de la tierra por parte de los campesinos.

 

La segunda idea, que es menos compleja, y se basa en la emigración como una gigantesca empresa de índole privada que generó un gran negocio partiendo de la base que para emigrar había que tener dinero para costear el pasaje.

 

Hasta acá queda claro que la correlación pobreza emigración no es sostenible, ya que la emigración se dio por diferentes cuestiones que incluyen a las causas económicas sociales y demográficas, pero tampoco podemos dejar de lado las causas políticas que también impulsaron a la emigración como persecuciones ideológicas (políticas o religiosas), marginación e intolerancia. Tampoco podemos dejar de volver a mencionar el negocio que hubo detrás de este proceso, empresas privadas que se dedicaron a obtener ganancia por medio de la venta de pasajes, papeles y además; hecho que también en algunas épocas fue apoyado por las políticas de los gobiernos en América que se encargaban de hacer propaganda para que la gente emigre hacia los nuevos mercados prometiendo una imagen de buen futuro. Para esto los Estados se hicieron cargo de los transportes como así también del recibimiento, como ejemplo en la Argentina se construyó el hotel de inmigrantes (1).

 

Sociedades de Beneficencia y Socorros Mutuos

 

La experiencia mutualista de los países de inmigración constituye una de las formas institucionales y culturales que los migrantes trajeron desde Europa. El origen de las sociedades de socorros mutuos se da en los países europeos a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX como respuesta a la crisis de las corporaciones del Antiguo Régimen, y que a la vez anticipó otras formas de organización como los sindicatos u otras estructuras de previsión social.

 

Creadas en su mayoría por inmigrantes desde mediados del siglo XIX,  hasta 1930, las sociedades de socorros mutuos fueron “una nota distintiva de la vida institucional y de la sociabilidad de la Argentina urbana”.

 

Las más antiguas de las sociedades mutuales en Argentina nacieron aprovechando el espacio político dado a partir de la caída de Rosas en 1852, y contaron con un alto porcentaje participativo de los recién llegados. En 1857 un pequeño grupo de comerciantes y empleados españoles fundo la primera entidad de carácter mutual en Buenos Aires, la Asociación Española de Socorros Mutuos. Al tiempo un grupo de inmigrantes catalanes creo la Asociación Catalana Montepío de Monserrat, la italiana  Unione e Benevolenza, la francesa Societé Francaise de Secours Mutuels; y quizás la más llamativa, por no ser integrada por migrantes europeos, fue la de ex esclavos liberados de la región de Cabo Verde.

 

Si bien el modelo mutualista reconoce su origen en Europa, el desarrollo del mismo en nuestro país presenta dos innovaciones: por un lado, es su influencia en sectores sociales y grupos regionales que no habían sido afectados por la experiencia en sus sociedades de origen y que adquirieron otra forma de organización en el país al que arribaron. Por otro lado, la diferencia de la experiencia asociativa en los países de inmigración con relación a aquella de los países de origen, que se deriva de la anterior.

 

Los objetivos de las asociaciones mutuales fueron la protección de sus miembros en dos planos: primero estaba el conjunto de prestaciones sanitarias a los socios como la atención médica, los medicamentos y la ayuda financiera en caso de enfermedad o invalidez. En segundo lugar, se ocuparon de brindad a los integrantes, los servicios fúnebres, y la participación de otros socios. (2)

 

La historiografía argentina ha incluido dentro de un mismo grupo a las “sociedades benéficas”, pero en nuestro país se pudieron diferenciar tres tipos de sociedades, las de beneficencia, las de socorros mutuos y los centros regionales; si bien el objetivo de ayudar a los inmigrantes fue el mismo, entre ellas hubo diferencias. Las primeras sociedades de beneficencia, como ya mencionamos anteriormente, se crearon a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX tras las caída de Rosas, por inmigrantes Españoles e Italianos en su mayoría, tanto en Buenos Aires como así también en Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Entre Ríos. Aunque la mayoría de estas asociaciones mantuvieron sus objetivos fundacionales, con el paso del tiempo la mayor parte de estas ampliaron sus actividades desarrollando acciones mutuales para sus asociados, diferenciándose de las benéficas, apoyando a los inmigrantes españolas, a los hijos de emigrantes y a los huérfanos; como así también en cumplimiento de un compatriota fallecido, en 1870, se comenzó la construcción del Hospital Español. Otro ejemplo fue la creación de la Asociación Patriótica Española de Buenos Aires en 1896 cuando los Estados Unidos amenazaban con derrotar el último dominio español en América, Cuba.

 

Las Sociedades de Socorros Mutuos son consideradas por parte de la historiografía como antecesoras de las organizaciones obreras; y surgieron en América en la segunda mitad del siglo XIX, al igual que las de beneficencia, como “una forma de organización artesanal según los oficios, barrios y castas” (Melgar Bao, R.). Para el médico catalán Pere Felip Monlau, la sociedad de ayuda mutua es una “institución cuyo efecto inmediato es socorrer al obrero en los casos de enfermedad o de imposibilidad para el trabajo, y cuyo efecto moral es enlazar a las poblaciones laboriosas como por vínculo de familia”.

 

El mutualismo surge como una forma de organización gremial y su desarrollo fue impulsado por la movilidad de la fuerza de trabajo urbano entre la fábrica, la industria a domicilio y el trabajo eventual jornalero sin oficio, y que aumentaba continuamente la emigración durante el siglo XIX. Con el objetivo de las necesidades socio-culturales de los inmigrantes, en nuestro país, fundamentalmente en la Provincia de Buenos Aires fue donde el asociacionismo mutual español constituyo el mayor número de instituciones a partir de 1857 cuando se organizó la Asociación Española de Socorros Mutuos de Buenos Aires y la Asociación Catalana Montepío, ambas en el barrio de Monserrat.

 

La tercera de los tres tipos de sociedades que surgieron en  Argentina, fueron los Centros Regionales organizados fundamentalmente por inmigrantes gallegos. Este modelo regionalista sufrió la constante agresión por la colectividad española en nuestro país a través del periódico El Correo Español, por considerar este modelo secesionista, pero que con el correr de los años este sistema fue adoptado, sin dejar sin Centro Regional o Provincial a ningún grupo de inmigrantes. (3)

 

 

Las primeras experiencias cooperativas

 

 

Desde mediados del siglo XIX, más precisamente en 1844, cuando en una pequeña villa industrial de Inglaterra llamada Rochdale, un grupo de obreros intentó organizar una cooperativa de consumo, el cooperativismo comenzó a proyectarse por Europa, primero llegó a Alemania, Italia y Francia, para luego con el arribo de los inmigrantes europeos a nuestro continente, y con la misma fuerza, optimismo y experiencias necesarias para contribuir al desarrollo de la actividad agraria en su conjunto, sin dejar de lado la educación y la participación en las cooperativas; y la defensa frente a la explotación capitalista.

 

No sólo las Sociedades de Beneficencia y de Socorros Mutuos se crearon a partir de la segunda mitad del siglo XIX con la llegada de inmigrantes, principalmente españoles e italianos para estas. En las últimas décadas del siglo, y con el arribo de otros grupos de inmigrantes llegados desde Europa como Rusos, Alemanes (en su mayoría judíos), Ingleses y Franceses, como así también españoles, surgirá, basada en las organización y las corrientes de pensamientos socialista y anarquista, la solidaridad y la cooperación a través de distintas instituciones agrupadas por nacionalidad, colectividad, religión, clase social y oficios o actividad, una nueva alternativa a las ya mencionadas, el cooperativismo.

 

En nuestro país el cooperativismo desarrolló dos experiencias diferentes; por un lado, estuvieron las cooperativas creadas por los obreros con el objetivo de liberarse de la explotación capitalista, o intentar reducir sus efectos. Por otro,  surgieron las cooperativas promovidas por integrantes de las capas medias y la pequeña y mediana burguesía con la idea de encontrar una solución a los problemas sociales y económicos para poder desarrollar su actividad comercial o industrial. Y es en relación a esto último que podemos mencionar que las primeras experiencias del movimiento cooperativo en Argentina, correspondieron a la rama del consumo. (4)

 

La primera cooperativa fue creada por un grupo de inmigrantes franceses en 1875, apoyada por el sociólogo francés Adolfo Vaillant, impulsor del cooperativismo en el Río de la Plata, fue la “Sociedad Cooperativa de Producción y Consumo de Buenos Aires” de la que no se registra que haya podido concretar su actividad; lo mismo ocurrió con una cooperativa de consumo creada en 1878 por colonos suizos-alemanes en Esperanza, Santa Fe. La cooperativa que sí comenzó a funcionar en 1884, fue la “Sociedad Cooperativa de Almacenes” creada por David Atwell, hijo de inmigrantes británicos. Su objetivo fue comercializar alimentos como así también la posibilidad de operar en otros ramos de la industria y el comercio. Claro que este no fue un caso de cooperativismo, ya que el capital de la misma cotizó en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, y su estatuto establecía que ningún socio podía tener más de 30 acciones; su dirección fue democrática, ya que el 75% de las utilidades se repartía sobre las acciones y se fijaba un porcentaje de esas utilidades como retribución a su fundador y herederos. (5)

 

El Hogar Obrero

 

Varios fueron los intentos por formar cooperativas en los últimos años del siglo XIX, a los mencionados anteriormente como las francesas “Sociedad Cooperativa de Producción y Consumo” y la “Cooperativa de Consumo Les Egaux”, la inglesa “Sociedad Cooperativa de Almacenes”, la cooperativa de colonos suizo-alemanes; podemos mencionar a la galesa “Compañía Mercantil del Chubut” que finalmente se convirtió en una sociedad anónima, otra cooperativa creada por socialistas alemanes que funcionó en el club Vorwaerts; y la “Cooperativa Cosmopolita de Consumo” en la ciudad de Campana (Buenos Aires) que luego paso a ser la “Primera Cooperativa de Consumo, Provisión de Electricidad y Servicios anexos Ltda.”.

 

En 1898, la “Cooperativa Obrera de Consumo” fue creada por el fundador del Partido Socialista en nuestro país, Dr. Juan B. Justo, y que funcionó en la sede del partido hasta 1902, esta dispuso que cada socio tuviera un voto, además las ventas debían ser de contado y sólo a sus asociados. El 60% de los excedentes se repartían entre los asociados dependiendo del consumo; el 40% restante se repartía entre el fondo de reserva y el personal.

 

El 30 de julio de 1905, nuevamente con el impulso de Juan B. Justo y 19 asociados, se crea “El Hogar Obrero”; durante los primeros ocho años funcionó como una cooperativa de ahorro y crédito para la edificación, en ese tiempo se construyeron 160 casas independientes y dos barrios obreros en Ramos Mejía y Turdera (Buenos Aires). En 1912 la cooperativa obtuvo un terreno en Barracas en el que logró construir la primera vivienda colectiva de departamentos para ser alquilados a los socios a costos muy bajos; además, en la planta baja ubicaron una sección de consumo.

 

Con el paso de los años, a los artículos de almacén se les fueron incorporando mercaderías de otros rubros, lo que obligó a la cooperativa a construir un galpón de depósitos, además de implementar el reparto a domicilio. En la década del ´20 el “Hogar Obrero” estableció relaciones internacionales con otras cooperativas de Inglaterra, España e Italia; además comenzó a operar Cajas de Ahorros y construyo tres complejos de edificios. Fue la primera entidad argentina y del continente en ser aceptada en la Alianza Cooperativa Internacional.

 

Al mismo tiempo que Juan B. Justo  impulso la creación del “Hogar Obrero, se realizó el 3º Congreso de la Unión General de Trabajadores incentivando a los trabajadores organizados en sindicatos a formar cooperativas con el objetivo de

“mejorar las condiciones de trabajo y hacer más intensa la propaganda obrera, procurando excluir de ellas el sentimiento de estrecho espíritu de corporación y robustecer su resistencia al capitalismo”. (6)

 

Las Cooperativas Agrarias

 

La primera experiencia cooperativa del sector agrícola se creó en 1898 por iniciativa del fundador de la ciudad de Pigue (Pcia. De Buenos Aires), Clementes Cabanetes, un grupo de colonos franceses y chacareros pampeanos, fue la “Sociedad Cooperativa de Seguros Agrícolas y Anexos Ltda. El Progreso Agrícola”; con el objetivo de formar un fondo común para solventar las constates perdidas por problemas climatológicos como el granizo, y poder volver a cultivar al año siguiente, ya que las aseguradoras de la Capital realizaban los pagos en forma tardía y escasa.

 

A comienzos del siglo XX se funda en Basavibaso, Entre Ríos, la primera cooperativa agrícola de nuestro país, “Primera Sociedad Agrícola Israelita Argentina”, por un grupo de colonos judíos llegados al país por medio de la Jewish Colonization Association (JCA). (7)  Dentro de sus primeras actividades económicas la cooperativa adquirió bolsas vacías e hilo sisal para envasar la cosecha, y al poco tiempo comenzó la comercialización de cereales. También cumplió objetivos comunitarios realizando actos culturales, obras de teatro hechas por sus integrantes y la creación de una biblioteca.

 

 

Unos años después su denominación paso a ser “Sociedad Agrícola Lucienville Cooperativa Limitada”, el acta original de la misma fue escrito en Idishi (idioma que hablaban las comunidades judías en el centro de Europa), y sus objetivos fueron: primero, la adquisición de conocimientos agrícolas; segundo, arbitrar medios para la formación de una caja de ahorros y préstamos; por último, comprar toda clase de artículos para proporcionárselos a sus miembros a precios convenientes.

 

El desarrollo del cooperativismo agrario entre los colonos judíos  tuvo su origen en la existencia de prácticas solidarias comunitarias denominadas “Grimilat Gesed” (apoyo mutuo), que se desarrollaron en Rusia, ante la necesidad de enfrentarse colectivamente a los monopolios cerealeros como Dreyfuss y Bunge y Born que acrecentaban sus ganancias gracias al modelo agroexportador que se establecía cada vez más en el país. Estos esfuerzos de solidaridad dieron como resultado la formación de cooperativas como un instrumento de lucha y resistencia; y que además de enfrentarse a los grandes monopolios también lograron frenar las presiones constantes de la JCA. Pero cabe destacar que el objetivo de estas cooperativas también fue la enseñanza, el servicio religioso, la asistencia sanitaria, la creación de cementerios y la relación con otras instituciones.

 

 

 

 

Luego de la formación de la “Sociedad Agrícola de Lucienville Cooperativa Limitada” en Basavilbaso, su ejemplo fue seguido por un grupo de emprendedores dirigentes comunitarios de las colonias judías entre los que se encontraron Miguel Sajaroff, Miguel Kipen, Noé Yarcho y David Merener, de quienes hablaremos luego. En 1904, en Villa Dominguez, Entre Ríos, se crea la cooperativa “Fondo Comunal”, en la misma provincia, pero en el pueblo de Urdinarrain, cuatro años más tarde se funda la “Unión entre Agricultores” y la “Palmar Yatay” de Ubajay en 1916. En la localidad de Moisesville, Santa Fe, se crea la “Mutual Agrícola” en  1908. En la provincia de Buenos Aires se crea la cooperativa “Granjeros Unidos de Rivera”, caso en el que haremos hincapié y desarrollaremos luego; y en Bernasconi, La Pampa, se funda la cooperativa “El Progreso”.

 

 

Arriba: Picnic organizado en Moises Ville en 1930.

 

En 1904, se fundó en Junín, provincia de Buenos Aires, la “Liga Agrícola Ganadera”, fue la primera cooperativa autónoma, ya que no tuvo relaciones con otras cooperativas, y su objetivo fue diferente al de otras instituciones, porque privilegió la actividad económica a la social.

 

En este breve recorrido por las primeras cooperativas agrícolas debemos mencionar también la cooperativa algodonera creada en 1905 en el pueblo de Margarita Belén, Chaco; la vitivinícola en la Colonia Gral. Roca, Río Negro, en 1913; la frutihortícola en Concordia, Entre Ríos, en 1915 y la tambera “Sociedad Cooperativa de Lechería” en Zavalla, Santa Fe en 1918.

 

En la década de 1910, el cooperativismo agrario, con el objetivo de la integración,  comienza un proceso que lo lleva a crear federaciones y/o cooperativas denominadas de segundo grado. La primera, en 1913, fue la “Confederación Entrerriana de Cooperativas” que duro poco tiempo, y en 1930, fue refundada como “Federación de Cooperativas Entrerrianas”, en este mismo año también se funda en la provincia la cooperativa “Fondo Comunal”, contó con más de 1000 asociados y su objetivo fue la provisión de herramientas agrícolas, artículos de consumo y comercialización de cereales ya que contaba con galpones ferroviarios y embarcaderos en varios puertos de la provincia.

 

En 1922 se crea la “Asociación de Cooperativas Rurales de Zona Central” en Rosario, Santa Fe, que luego pasa a llamarse “Asociación de Cooperativas Argentinas”; finalmente en 1928 se conformó la agrupación de cooperativas tamberas, la “Unión de Cooperativas Ltda. San Carlos”.

 

Emprendedores del Cooperativismo

 

 

Entre los primeros emprendedores del cooperativismo en nuestro país podemos mencionar al francés Alejo Peyret, el catalán Victory y Suarez y el alemán Germán L´Allamant. El primero de ellos, Peyret, en el discurso dado en Colonia San José (Entre Ríos), en 1878, dijo:

 

“No basta fundar una colonia en un punto dado y abandonarla a si misma. Al cabo de algunos años verán reproducirse en su seno los vicios sociales del viejo mundo agregados a los inconvenientes del nuevo: es decir, la ilegalidad, la ususra y la explotación del hombre por el hombre […] Quisiera, pues, que hubiera en las colonias instituciones cooperativas y bancos de crédito agrícola para proveer de capitales en módicas condiciones a los trabajadores rurales; y ponerlos así al cubierto de un probable desalojo […] Quisiera que hubiera depósitos de cooperativas donde el agricultor pudiera guardar su cosecha y esperar el momento de poder venderla a buenos precios […] Quisiera que hubiera cooperativas que provean a los socios colonos a “precio de costo” todos los artículos de consumo local […] Quisiera que hubiera fábricas cooperativas para el aprovechamiento de los productos agrícolas”. (8)

 

 

Miguel Sajaroff, Miguel Kipen y David Merener, fueron conocedores del sistema cooperativo

 

“observado y practicado en Alemania desde sus épocas de estudiantes, llegaron al convencimiento de su necesaria introducción en las colonias desde dos vertientes ideológicas diferentes: el idealismo tolstoiano y el socialismo. Dando muestras de una clara conciencia de su rol comunitario, interpretaron el sentir de sus paisanos, programaron con optimismo una solución a los problemas laborales del cambiante mudo rural y apostaron al cooperativismo como la única y eficaz herramienta de progreso material y moral, apuntando a elevar no sólo el nivel de vida sino también la cultura y la autoestima”. (9)

 

En 1909, David Merener afirmaba en una carta dirigida a Miguel Sajaroff que,

 

“Tenemos que pasar a una vida más justa, en que los intereses de todos los compañeros sean los de cada socio en particular y en que los intereses de cada uno sean contemplados como cosa de todos. Nuestras dificultades económicas no devienen solamente del hecho de que se nos cobra muy caro lo que consumimos, o de que se nos suele pagar por la producción menos de los que vale, sino que en ambos casos las mayores ganancias quedan en manos de quienes están situados superfluamente entre los dos factores: productores y consumidores. Por ello, el productor y el consumidor deben hermanarse, vincularse directamente, crear en primer lugar una gran familia de cooperativistas en el país y unirse más tarde también con otros compañeros de las fronteras de la República, a quienes se enviaría la producción en naves cooperativas que cruzarían los mares y traerían al regresar, en trueque, los productos e implementos que los cooperativistas de otras latitudes elaborasen y crearan. De esta manera, las personas y los pueblos se unirán bajo la bandera del cooperativismo, que es la justicia e igualdad de todos”. (10)

 

 

Dijo también D. Merener

 

“nuestro país, de economía esencialmente agraria, se ha desenvuelto siempre, como es sabido, con agricultores sin tierra y con un gran volumen de producción destinada a la exportación, sin depósitos para su almacenamiento y buena conservación”. (11)

 

En la inauguración del Primer Congreso de las Cooperativas de Entre Ríos realizado en junio de 1913 en el pueblo de Lucas González, Miguel Sajaroff se refirió a los alcances y ventajas de la cooperación diciendo que

 

“la vida del hombre gira alrededor de dos polos opuestos. Por un lado el “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, y por el otro, la lucha por la existencia según la cual, “el hombre es un lobo hambriento para su semejante”, como reza el proverbio latino [...] Es indudable que el sentimiento humano debe tender a extirpar en nosotros el lobo. Mantenemos una dura lucha por la vida diaria, pero al mismo tiempo trabajamos también por el bienestar general. Tenemos un ideal superior, consiste en realizar día tras día obras de la cooperación, de la sociedad futura, a la que a diferencia de la sociedad comercial, no le interesa la especulación, ni ambiciona obtener una ganancia cada vez mayor”. (12)

 

Sobre la figura de Miguel Kipen en “La Cooperación”, periódico de la Asociación de Cooperativas Argentina de Rosario (junio 1933) decían:

 

“Kipen sabía como el que más, porque conocía a fondo las leyes que rigen la evolución humana, que la distancia que media entre lo real y lo ideal no podía se cubierta de otra manera que trabajando todos los días con el material que se tiene a mano. Creía, con Juan B. Justo, que la doctrina era buena en tanto es aplicable a la labor diaria para materializarlas”. (13)

 

Marcos Wortman, compañero de lucha de M. Kipen, define al dirigente cooperativista como uno de los precursores y realizadores del socialismo en nuestro país, pero

 

“que por medio de la cooperación, aun practicada ampliamente en todos los campos de la actividad humana, se podían resolver todos los problemas económicos y sociales. De allí que fuera un ferviente partidario de la acción gremial y la política de los agricultores”. (14)

 

M. Kipen opina sobre la existencia y el sistema de representación en la Cámara de Senadores:

 

“En nuestro propio país, 80.000 habitantes de La Rioja tiene la misma representación, en el Senado, que 2.180.000 habitantes que tiene la provincia de Buenos Aires […] Creo que el Senado será útil para todos los terratenientes, los especuladores, los patrones. Su utilidad para los agricultores, los obreros y los consumidores, la desconozco en absoluto […] No somos dogmáticos, no tenemos fórmulas hechas para todas las ocasiones. Queremos, por ejemplo, la jornada de 8 horas de trabajo, pero no perdemos la ocasión de reducirla de 12 a 10, donde las circunstancias no permitan hacer más […] Queremos la supresión del Senado, pero no hemos de perder ninguna ocasión de “democratizarlo”, porque es el mejor método para llegar a su supresión”. (15)

 

Kipen también tuvo un destacado papel en la construcción del primer elevador entrerriano de granos, esto fue en el Congreso Cooperativo de Rosario del Tala, Entre Ríos, en agosto de 1918, cuando junto a M. Sajaroff

 

“…resuelven llamar la atención de los poderes públicos nacionales y provinciales, sobre la necesidad de transformar el actual sistema de transporte de cereales, suprimiendo los envases y haciéndolos a granel, para lo cual habría que construir elevadores y graneros sencillos en los puntos de embarque y estaciones de ferrocarril”. (16)

 

Por último, mencionamos el problema de los créditos agrarios y la participación del Estado para ayudar a los campesinos; y donde Kipen nos deja en claro la necesidad de seguir profundizando y desarrollando el sistema cooperativo;

 

“no existe en la República Argentina base para resolver el problema y no existirá tampoco mientras el agricultor no tenga un mínimo de estabilidad que lo ponga en condiciones de formar un cierto capital propio, capital que servirá de garantía al crédito que le acordara una u otra institución bancaria”.(17)

 

El tercero de los pioneros judíos del cooperativismo que ya hemos mencionado anteriormente, fue Miguel Sajaroff, del quién conoceremos su pensamiento a partir de algunos fragmentos de su discurso pronunciado en el Congreso Nacional de Cooperativas que se realizó en noviembre de 1937, en la Capital Federal, y donde hizo hincapié en que la solución a salir de la pobreza es la solidaridad. Además mencionará las dificultades del territorio, pero puntualizando en las oportunidades del mismo.

 

“Yo creo que este poco progreso de la cooperación entre las masas de los agricultores, no se refiere solamente a ellos, sino que comprende a toda la cooperación en general. Yo soy un agricultor auténtico; hasta hoy día trabajo y amaso la tierra con mis propias manos y puedo, con conocimiento de causa decir que el movimiento cooperativo es, en su esencia, la resultante de la necesidad […] Nosotros tenemos que reconocer, con todas las miserias que pintamos aquí, que en este vasto país, con su clima benigno, con sus tierras feraces, todavía no hemos llegado a esa conciencia orgánica de sentir en carne propia la necesidad de buscar amparo en el terreno de la solidaridad. Todavía tenemos muchas posibilidades de defendernos individualmente […] A mi me parece que en el mismo sentido, si vamos a quitar a la cooperación este principio de libertad, esta posibilidad de entrar en una cooperativa como hombres que desean cooperar y salir de ella cuando no se desea ser más cooperador, le vamos a quitar lo característico, lo esencial de la verdadera cooperación”. (18)

 

Llegar en el medio de “la nada”

 

Después de recorrer miles de kilómetros, cruzar el Océano Atlántico en barcos en malas condiciones y con pasajes de cuarta categoría; corridos por el hambre, las persecuciones, la intolerancia, la miseria, la falta de perspectivas, de vivir en “guettos”, padeciendo el desprecio, la marginación, la violencia económica, religiosa y social; los “pogroms”, la falta de educación y el trabajo de la Rusia Zarista y autocrática comenzaron a arribar a estas tierras los judíos-rusos en buscar de recuperar y encontrar la dignidad de volver a sentirse hombres y mujeres plenos, de encontrar un trabajo fecundo y la posibilidad de labrar la tierra. (19)

 

Pero, al igual que la mayoría de los inmigrantes, nada fue sencillo al llegar a estas tierras, porque no fue algo que se realizó en forma espontánea, sino que era una costumbre por aquellos años, hacerlo bajo el control de la empresas de colonización, en el caso de la colectividad judía fue la Jewish Colonizatión Association (JCA) que dirigía el financista francés Barón Mauricio Hirsch, y que ya mencionamos anteriormente. (20)

 

 

Arriba: Barón Moritz von Hirsch auf Gereuth quien financió la instalación de colonos judíos en la Argentina.

 

El primer habitante de Rivera fue el colono judío Mauricio Guerchunoff quién trabajo como representante de la JCA en lo que estaba destinado a ser la Colonia Barón Hirsch, y que tendría como centro urbano a Rivera, los pueblos o campos aledaños de la zona y que comprendían poco más de 100.000 hectáreas, iban a ser Lapín, Montefiore, Philipson, Veneziani, Leven, Clara y Baron Guinzburg.

 

En 1905 se fundó la colonia en los terrenos que la JCA le compró al terrateniente oligarca Federico Leloir. Los primeros colonos que llegaron a Rivera habían arribado al país un año atrás, pero fueron informados por las oficinas de la JCA que todavía no estaban otorgados los títulos y que debían esperar. Fue aquí, cuentan los primeros pobladores que fueron engañados, ya que cuando los representantes de la JCA los llevaron a conocer los campos, no lo hicieron donde se iba a instalar la colonia sino que lo hicieron por las zonas de Santa Fe y Entre Ríos. Ante este panorama desolador

 

“algunas familias se trasladaron en tren a la ciudad de Coronel Suárez, alentados por la noticia de que ese año hubieron buenas cosechas. Otros inmigrantes fueron al puerto a cargar bolsas o a trabajar en la herrería. Recién para la Pesaj (21) de 1905 la JCA tuvo tierras para ser colonizadas. Se eligieron, entonces, tres adelantados para reconocer los campos. Volvieron desalentados a las tres semanas. En Rivera sólo habían encontrado un galpón, para “guarecer” ovejas, pertenecientes a un tal Lucas Torres. Y se lo compraron: al menos tendrían un techo. Partiendo hacia Carhué, donde se encontraron con las familias que venían de Coronel Suárez no los recibió ningún baqueano que los ayudara a guiarse; y como no había huellas en el camino, se perdieron entre lagunas, abrojos, arbustos y hoyos, y tuvieron que dormir dos noches a campo abierto y salvaje. No pararon de maldecir a la JCA, mientras en Rusia embarcaba el segundo grupo de inmigrantes”. (22)

 

Claro que en medio de las pampas no había tiempo para lamentarse, ni siquiera por la falta de agua que tuvieron que buscarla a una gran profundidad, lo que les demando un esfuerzo extra. El galpón obtenido, antes mencionado, comenzó a transformarse, pasando de ser un lugar inhabitable a funcionar como hotel de inmigrantes, utilizando telas para separar a una familia de otra; luego se agregó un hospital, una sinagoga, un salón de baile y un teatro. Pero no sólo faltaba el agua y hubo que transformar un galpón, sino que también tuvieron que aprender a encender el fuego con la materia fecal de los animales, tomar mate y cavar pozos para  levantar o construir una especie de cuevas en la tierra que con dos chapas y una puerta sirvieron de casas mientras se repartían las chacras, estas viviendas fueron conocidas como “zemliankas”. Algunas costumbres comenzaron a cambiar, sobre todos en los hijos de los inmigrantes, ya que mezclaban el castellano y las canciones patrias con su idioma materno, el idish. Para cazar animales siguieron manteniendo una vieja tradición que consistía en comer carne “casher” , ya que el animal no sufría cuando esta por morir; para ello, arribo con la primera tanda de colonos el “shojet” Abraham Spiegelan.

 

Cuentan algunas historias en el libro Pioneros (1957) (23) que el primer Rosh Ashana (24), en 1905, lo celebraron en una sinagoga improvisada en el galpón del colono Kuris. Unos días más tarde, al terminar Iom Kipur (25)se desató una tormenta sobre los campos sembrados que hizo creer a los nuevos campesinos que el milagro se había producido, pero finalmente, esa primera cosecha fracasó. También debemos contar que los primeros colonos, los que llegaron en 1905, lo hicieron antes que el ferrocarril, que llegaría dos años más tarde, en 1907, y cuya estación llevaría el nombre de “Rivera”. Los nuevos inmigrantes ya no debían llegar en carros, sino que lo hacían en tren. Algunos arribaban con un folleto que decía

“Ferrocarril de Buenos Aires al Pacífico. En todas las naciones faltan alimentos. Si es agricultor cultive hasta el último palmo de tierra. Siembre toda la tierra que le quede disponible. Todos saben que el mundo padece hambre por la falta de cereales, que los stocks están agotados y que los precios han alcanzado cifras jamás vistas. La riqueza se la brindará ud. la próxima cosecha. Haga un esfuerzo y labre su fortuna engrandeciendo al país. Abril de 1917”.

 

De acuerdo a los informes de la JCA en 1908 las familias de Rivera llegaron a ser 186. Dos años más tarde pasaron a ser 251, obteniendo la categoría de localidad con representación en las casas cerealeras e importantes negocios, también contaban con  artesanos dedicados a la herrería, hojalatería, carpintería, zapatería y sastrería. Además disponían de una guardia propia en caso de posibles robos. En 1935 la población judía de Rivera llego a 5000 pobladores, pero a partir de fines de la década del 40 la población empezó a descender.

 

Antes de ver como funcionó el cooperativismo en Rivera, no podemos dejar pasar el papel que tuvo la mujer en este proceso. Si bien sus opiniones no fueron tenidas en cuenta en las asambleas, su esfuerzo si fue reconocido. Desde el comienzo, debió quedarse solo con sus hijos mientras que los hombres viajaban a estas tierras a ver las promesas que les hacían, para luego sí trasladar a toda la familia, y ponerse a la par de su marido y las demás familias para lo que sea necesario, ya sea desde labrar la tierra, a  atender las tareas del hogar, enviar a los chicos a la escuela o cuidar de los más pequeños.

 

También cumplieron un papel muy importarte en la fundación del Hospital Dr. Yarcho, ya que la mujer estaba expuesta a  los mayores peligros sanitarios, sobre todo cuando estaban embarazadas. Pero no se conformaron con ello, y con el objetivo de ayudar a familias necesitadas, especialmente en casos de enfermedad donde el enfermo debía viajar a Capital Federal a curarse, crearon la “Sociedad de Damas”. También se organizaron para realizar colectas, cuando las cosechas eran buenas, en beneficio de instituciones filantrópicas de Buenos Aires, como el Hospital Israelita, el Asilo de Huérfanos y Ancianos, la Liga contra la Tuberculosis entre otras. “No hubo en las colonias ningún dominio de la actividad cultural o social en el que no participara activamente la mujer. Así en las representaciones teatrales, la mujer fue decisiva e imprescindible. En invierno, en los fríos más crudos, mujeres con pequeños en brazos concurrían a los ensayos luego de una fatigosa jornada doméstica. Asimismo en las veladas literarias, con las que se hizo célebre la colonia Montefiore, la mujer daba su aporte significativo”. (26)

 

El Cooperativismo en Rivera. El nacimiento de la Cooperativa “Granjeros Unidos”

 

Con el objetivo de formar una cooperativa agraria y el gran entusiasmo de la colonia, en octubre de 1909, fueron invitados a Rivera, los dirigentes cooperativistas Miguel Sajaroff y Noé Yarcho quienes dieron sus discursos el primero en ruso, y el segundo en idish; llamaron a la unidad, a la responsabilidad colectiva, “porque todo el pueblo judío tiene los ojos puestos en el experimento histórico que se estaba realizando con los colonos judíos en la Argentina”.(27) El resultado de esta visita, fue la creación en ese mismo momento de la primera cooperativa agraria “Barón Hirsch”, la designación de Molt Chorne como presidente y de Arturo Bab como secretario. El capital social se formó mediante la adquisición de acciones de $100 por parte de cada colono.

 

“Los colonos más antiguos recuerdan los lunes y jueves, cuando toda la comisión se reunía en torno a la cooperativa. No quedaba espacio para estacionar los carros y los sulkys. Los días cuando los colonos concurrían a la cooperativa parecían verdaderos días de feria. Dentro, fuera y alrededor de la cooperativa, los colonos se agitaban, discutían, intercambiaban experiencias e impresiones”. (28)

 

Todo funcionaba correctamente, cada año se renovaban las autoridades, algunos de sus presidentes fueron Aaron Brodsky, Abraham Schlapacoff, Jacobo Kataschinsky, entre otros. Pero en 1919 la cooperativa estaba al borde de la quiebra. Lo que se creó para desligarse de los negociados de la JCA y cooperar con los campesinos se estaba derrumbando, según “Pioneros”, no fueron claras las causas de ellos porque se carece de documentación, pero llegan a la conclusión de que

 

“la raíz del desastre se hallaba en la falta de concepción cooperativista en la conducción de la institución. Se la manejó como un comercio privado. Sus conductores se creían dueños de la institución y repartían con toda libertad créditos exagerados a sus asociados, que en buena parte no fueron devueltos. En su mayor parte estos créditos se otorgaron a colonos acomodados. Al igual que en el comercio privado, la no recaudación de las deudas conduce a la bancarrota” . (29)

 

Esta fue la primera experiencia de los colonos rivereños, con un triste final en 1920; dolor que se agudizaría aún más cuando fue la propia JCA que se hizo cargo de todo el activo y pasivo de la cooperativa; como así también se encargo de cobrar a los campesinos, hasta el último centavo, incluyendo los intereses. “Cuando el colono concurría a la administración a pagar su anualidad, se le descontaba previamente su deuda con la cooperativa desaparecida”. (30) Aún después de creada la cooperativa “Granjeros Unidos”, de la que hablaremos a continuación, en 1928, los dirigente de la misma se reunieron con el director general de la JCA, Louis Ungré, para reclamarle la rendición de cuentas sobre los activos y pasivos, como así también los archivos de la misma, la repuesta fue contundente “esta fue una operación realizada por la JCA; y sólo a ella le compete; adquirió el activo y pasivo de la cooperativa en quiebra por lo que ustedes nada tienen que ver con ella […] los archivos son propiedad de la JCA, y en su poder deben quedar”.(31)

 

Dos años más tarde, algunos viejos dirigentes cooperativistas de la colonia, entre los que se encontraron Aarón Brodsky, Saúl Pirotzky, Isaac Marchevsky, Simón Vodovosoff y Lázaro Melamed, crearon la Cooperativa “Granjeros Unidos Sociedad Cooperativa Agraria Ltda.”. En sus comienzos, sólo contó con 70 socios, ya que entre la mayoría de los campesinos no inspiraba confianza dada la decepción que causo la quiebra y desaparición de la cooperativa mencionada anteriormente, “Barón Hirsch”. Pero este no fue el único problema con el que se encontraron los socios de la naciente cooperativa, ya que la JCA comenzó las persecuciones contra la cooperativa y sus socios  no permitiendo arrendar nuevas tierras, ni permitiendo adquirir más tierras a los colonos para poder cultivar, tierras que les eran cedidas a grandes terratenientes y comerciantes de la zona.

 

Ante la imposibilidad, tanto de la cooperativa, como de los colonos, y con el objetivo de conseguir y reclamar el arrendamiento y la adjudicación de tierras a la JCA a fines de 1924, se creó la organización gremial “Unión Agraria”, de la misma Naúm Schamsanovsky fue nombrado presidente y Zise Javkin secretario. Tras el congreso campesino llevado a cabo ese mismo año en Villa Dominguez, Entre Ríos, y donde estuvieron representadas ambas cooperativas mencionadas, “Granjeros Unidos” y “Unión Agraria”; por recomendación de toda la asamblea, llegaron al acuerdo de que las dos organizaciones de la colonia Barón Hirsch se fusionaran en la Cooperativa “Granjeros Unidos”. Como autoridades fueron elegidos el presidente y secretario de la “Unión Agraria”. Cuatro años más tarde tuvieron la iniciativa de crear una colonización autónoma con el objetivo de ampliar el área colonizada, y para ello lograron adquirir a nombre de 40 campesinos unas ocho mil hectáreas en la zona aledaña a la colonia Mari Manuel. En homenaje al benefactor de la colonia Barón Hirsch le pusieron el nombre de “Akivah Etinger”.

 

“Pioneros”, cuenta que las intenciones de la cooperativa fueron buenas y honestas, pero en la práctica, a pesar de su iniciativa, no resolvieron el problema de la falta de tierras porque la compra de las mismas dependían de grandes inversiones, que sólo los más acomodados lo afrontaron; el resto de las tierras quedó en manos de algunos comerciantes y profesionales. Los campesinos más pobres se quedaban sin nada, o con muy poco, “la única solución para el problema de la tierra, en aquel entonces, y en todos los tiempos, radica en una profunda y justa reforma agraria”(32), hecho imposible para un país gobernado por la burguesía terrateniente y basado en un modelo agro-exportador para pocos. A este problema que atravesó la cooperativa y los campesinos, hay que sumarle que estos últimos, los de menor cantidad de hectáreas, nunca se animaron a participar en la dirección por miedo a perjudicarla, quedando la conducción de la cooperativa en manos de los colonos con mayor cantidad hectáreas.

 

A comienzos de la década del ´30, o “Década Infame” como también se la conoce, algo cambió, los colonos más pobres fueron elegidos para  la dirección de la cooperativa, eligiendo como presidente a Ziame Jersonsky, claro que este cambio de conducción lleva a la quiebra a la cooperativa, no por mala administración, sino porque la cooperativa no recibía los créditos necesarios para la cosecha; por ejemplo, la gerencia de Louis Dreyffus y Cia. le comunicó al nuevo presidente que cancelaba los créditos porque la nueva dirección era comunista. Después de varias presiones de privados, insistencia de los colonos y en vísperas de la época de siembra, la medida fue revocada. Claro que el círculo volvió a ser de la misma manera, los beneficiados siguieron siendo los colonos más acomodados, que a causa de los bajos precios del cereal quedaron con importantes deudas hacia la cooperativa; mientras que los colonos más pobres, debieron recurrir a préstamos por parte de comerciantes privados que cobraban grandes sumas de interés, además de tener que vender el cereal cuando a estos les convenía.

 

Al finalizar la década del ´30, y con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial la situación de los colonos campesinos comenzaba a mejorar dado que los productos agrícolas aumentaron sus precios de venta y con esto muchos campesinos pudieron empezar a saldar sus deudas. Claro que con el nuevo golpe militar de 1943 las cosas comenzaron a tomar nuevos rumbos; el gobierno haciendo uso de los medios de comunicación comenzó una campaña de carácter demagógica prometiendo mejoras para la gente que trabaja. Ya en la antesala de las elecciones de 1946

 

“la demagogia peronista no se abstuvo tampoco de asegurarle a los colonos una próxima y justa distribución de las tierras lanzando la consigna de “la tierra para quien la trabaja” […] La demagogia del gobierno obraba en base a consideraciones internacionales “propicias”. El mundo y, fundamentalmente, la destruida Europa necesitaba de los productos argentinos: carne, trigo, algodón, cueros, lanas, etc.; habiéndose previsto y especulando con la posibilidad de vender nuestros productos de exportación a precios elevados, el Gobierno Nacional inicio de inmediato la comercialización de las cosechas. Los colonos, luego de tantos años de dependencia y de desvergonzada explotación por parte de los grandes trust cerealeros, acogieron la medida con entusiasmo. Tanto más cuanto el gobierno, como primera providencia, había fijado el precio del trigo en 15 pesos el quintal (Luego lo vendió a 50 pesos). Pero este entusiasmo inicial comenzó pronto a disiparse cuando constataron que los artículos que debían adquirir iban encareciendo en proporciones alarmantes. La moneda se desvalorizaba y los precios aumentaban incesantemente” (33).

 

La situación era casi insostenible para los campesinos, y si bien no fue en su mayoría de colonos judíos, la migración hacia la ciudad estaba comenzando.

 

“Granjeros Unidos”, fue la histórica cooperativa de Rivera, aun hoy en día sigue funcionando como autoservicio; hubo otras cooperativas menores en la colonia que vale la pena que las destaquemos. La más importante de ellas fue la “Cooperativa de Tamberos “Baron Hisch”, creada en 1931, sus productos era conocidos por la marca “Lácteos la Baronesa”, funcionó de la forma en que nació hasta 1994 cuando fue privatizada. Rivera también contó con una carnicería conformada como cooperativa, cada colono aportaba un animal por el que recibía carne de buena calidad y cubría los gastos de la cooperativa; a esta llegaban para abastecerse por unos días desde las colonias cercanas. Con la creación de está, los campesinos evitaban malvender su ganado a un carnicero, que además le vendía a precios altos. La última de esta serie de pequeñas cooperativas es la “Cooperativa Agropecuaria de Rivera”, creada en 1946, poseía los principales potreros de la colonia, y su objetivo fue la reserva de pastoreo para los colonos en casos de emergencia.

 

Podríamos extendernos mucho más sobre los orígenes del cooperativismo y la historia de Rivera, pero los más destacado está en estas líneas que escribimos, es resaltar no sólo el esfuerzo que realizaron la mayor parte de los inmigrantes que llegaron a nuestro país desde mitad del siglo XIX. Distintas fueron las formas que presentamos de organización, desde la segunda las sociedades de beneficencia y socorros mutuos, a los distintos tipos y estilos cooperativos, pero más allá de sus diferencias ideológicas, de nacionalidad, religiosa y social, todas tienen un mismo origen, un mismo objetivo, la ayuda y la cooperación a sus compañeros, a las familias que lo necesiten, ese es el punto esencial a remarcar.

 

Tomamos el caso de Rivera, no sólo por una cuestión familiar, sino que además lo hicimos para ejemplificar lo que fue, como surgió y se organizó el cooperativismo agrario y de consumo en nuestro país. Además de ser una de las representaciones del esfuerzo,  construir una colonia en medio de la región pampeana, “desierta” después de que los pueblos originarios fueran expulsados y asesinados; engañados y sin agua siquiera. Pero ese compromiso de ser “Pioneros” los hizo crecer y construir con sus propias manos. “Granjeros”, porque esa fue su arma de subsistencia y de crecimiento, inclusive para aquellos que nunca había trabajado la tierra. Y “Unidos”, porque fue la unión de hombres, mujeres y niños que escapando de las persecuciones zaristas y los pogroms llegaron a sentir que “la nada” era todo, y mucho más.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

 

 

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NOTAS

 

Trabajo realizado para el Seminario sobre inmigración dictado por M. Iriani en la Lic. en historia de la FCH-UNCPBA (2011); y presentado en el Congreso Internacional de ADHILAC y III Jornadas de Historia del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” realizado en septiembre de 2012.

 

(1) Cabe destacar y señalar, para enriquecer el debate, la idea de Bodnar quién sí presenta y sostiene a la economía como punto central de la correlación de pobreza y emigración, claro que el texto se refiere al caso de Estados Unidos, por lo que podemos interpretar que no cabe interés en desacreditar esta correlación en pos de presentar a una nación en crecimiento capaz de aceptar a cualquier persona que quiera ingresar al país. Bodnar dice que la emigración fue simplemente una huida de campesinos empobrecidos que abandonaron sus regiones atrasadas y subdesarrolladas en pos de obtener riquezas y oportunidades ilimitadas que ofrecía la economía norteamericana.

 

(2) Devoto,Fernando: Las Asociaciones Mutuales Españolas en la Argentina de una perspectiva histórica. En: Miñambres M.(Comp.)  Acerca  de  las  Migraciones Centroeuropeas y Mediterráneas a  Iberoamérica:  Aspectos Sociales y Culturales. Ed. Universidad de Oviedo.

 

(3) Miñambres M. (Comp.) Op. Cit.

 

(4) Además de las cooperativas de consumo, comenzó a surgir a finales del siglo XIX el cooperativismo de crédito a partir de cinco diferentes experiencias: “los bancos populares”, “las cajas rurales”, “las cajas regionales de préstamos y ahorro”, “las secciones de crédito” y “las cajas y cooperativas de crédito y cajas populares”.

 

(5) Para uno de los más importantes dirigentes del socialismo, Nicolás Repetto, este tipo de sociedad creada por Atwell fue de tipo burgués, y que no fue propiamente una cooperativa obrera; “el señor Atwell quizo hacer eneste país un ensayo de cooperativa de acuerdo a los sistemas que ya estabandifundidos en Inglaterra, y entonces fundó ésta, que fue principalmente deempleados. Parece que los 2 o 3 primeros años de esta sociedad fueron de unavida realmente próspera, satisfactoria, pero poco a poco esta prosperidad fuedeclinando, y en el año 1890, con motivo de la gran crisis económica que huboen el país, esta cooperativa desapareció”.La crítica también se extiende a la “Cooperativa de Consumo Les Egaux” creada por inmigrantes franceses, en 1885, que llegaron al país tras la represión que siguió a la derrota de la Comuna de París. Dicha cooperativa comercializaba todo tipo de artículos, pero su desempeño fue breve porque “sus fundadores habían introducido elcrédito, y para aumentar los atractivos de la cooperación, ya que no habían sidocapaces de despertar un sano interés en los socios, establecieron también unpequeño despacho de bebidas. Y ustedes ya se imaginan que un despacho debebidas asociado al crédito debía terminar con su existencia en pocos años. Yasí fue en efecto: en el año 1888 esta cooperativa desapareciódefinitivamente”.En: Plotinsky, Daniel. El Cooperativismo de Crédito en laArgentina. Breve Historia. Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito. Bs. As. 2002. http://www.archicoop.com.ar/documentos/cooperativismo_de_credito_en_argentina.pdf

 

(6) Repetto, N. En: Plotinsky, Daniel. Op. Cit.

 

(7) Fueron los judíos asquenazíes perseguidos en la Rusia zarista, que recibieron con agrado el proyecto del Barón Mauricio de Hirsch, quién fundo en 1891 la “Jewish Colonization Asociation” (JCA), para lograr ser colonos agricultores en la pampa Argentina. La JCA tuvo como objetivo facilitar la emigración de la comunidad judía de los países de Europa y Asia hacia donde pudieran tener derechos inherentes al hombre. Y para ello, la Jewish se propuso establecer colonias agrícolas en diversas regiones de América.                          En su artículo sexto precisa los caracteres puramente filantrópicos (amor a la humanidad) de la institución expresados de la siguiente manera: “Las entradas y los bienes de la sociedad serán empleados exclusivamente para la realización del objeto establecido en sus estatutos. De ninguna manera y en ninguna forma, directa ni indirectamente será destinada una parte cualquiera de sus utilidades o bienes en calidad de dividendos o primas de beneficios a favor de los miembros de la Asociación”. Su fundador creía que sólo en Argentina se ofrecían todas las condiciones necesarias para implementar una inmigración y colonización masiva de judíos rusos. No obstante, la JCA no tuvo relación alguna con el primer contingente pionero que llegó en agosto de 1889, a bordo del vapor Wesser, con pasajes subsidiados por el gobierno argentino.

(8) En: Plotinsky, Daniel. Op. Cit.

(9) En: Plotinsky, Daniel. Op. Cit.

(10) En: Plotinsky, Daniel. Op. Cit.

 

(11) Streiger, Manuel. Historia y Doctrina. Miguel Kipen (1878-1933). Revista Idelcoop Nº31 Vol. 8. 1981.

 

(12)  En: Plotinsky, Daniel. Op. Cit.

 

(13) En: Streiger, Manuel. Op. Cit.

 

(14) En: Streiger, Manuel. Op. Cit.

 

(15) Kipen, Miguel. En: Streiger, Manuel. Op. Cit.

 

(16) Kipen, M. y Sajaroff, M. En: Streiger, Manuel. Op. Cit.

 

(17) Kipen, M. En: Streiger, Manuel. Op. Cit.

 

(18) Sajaroff, M. En: Merener, David. Historia y Doctrina. Miguel Sajaroff(1873-1958). Revista Idelcoop Nº22 Vol. 6. 1979.

 

(19) Silber, Daniel.Los Primeros Cien Años de la Colonización Judía enArgentina. Revista Idelcoop Nº63 Vol. 16. 1989.

 

(20) En 1879 la Ley de Inmigración vino a justificar el lema “Gobernar es poblar”; frase de cabecera en la Argentina las últimas décadas del siglo XX, sobre todo cuando primero como ministro de guerra, y luego como presidente, Julio A. Roca se encargo de asesinar y expropiar a los dueños de estas tierras para repartirlas entre los grandes terratenientes y empresas extranjeras e instalando en el país un modelo económico basado en la agro exportación.

 

(21) Festividad judía que conmemora la liberación y la salida del pueblo judío de Egipto.

 

(22) Huellas de la Colonización Judía. Ed. Ministerio de Turismo, Cultura y Deportes de la Nación. 2001.

 

(23) Pioneros (En Homenaje al Cincuentenario de Rivera “Baron Hirsch”).Movimiento de ex-colonos residentes en la Capital. 1957.

 

(24)  Celebración del Año Nuevo judío.

 

(25)  Celebración del Día del Perdon, donde se realiza un ayundo desde que sale hasta que vuelve a salir la primera estrella.

 

(26) Pioneros. Op. Cit. Pg.136

 

(27) Pioneros. Op. Cit. Pg. 213

 

(28) Pioneros. Op. Cit. Pg. 213

 

(29) Pioneros. Op. Cit. Pg. 214

 

(30) Pioneros. Op. Cit. Pg. 211

 

(31) Pioneros. Op. Cit. Pg. 212

 

(32) Pioneros. Op. Cit. Pg. 220

 

(33) Pioneros. Op. Cit. Pg. 221 y 222.

Ariadna Tucma Revista Latinoamericana. Nº 9. Marzo 2014 – Febrero 2015. Volumen I

 

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